Entre la tumba y el ataúd

8º parte

            No contestó porque no quería romper el ritmo de sus respiraciones. Pensó que el médico Hergozo sería mejor para su dolencia, pero sintió curiosidad por su hermana. Nunca había escuchado el nombre de Génesis, salvo el primer libro de la Biblia y, la verdad, como nombre de mujer sonaba tremendamente exótico y bonito.

            - ¿Quién... - preguntó.

            - Mi hermana gemela. Se marchó de casa hace tiempo, tuvo una fuerte discusión con nuestro padre.

            Antonio se estaba sintiendo mejor.

            - ¿Era enfermera? - preguntó.

            - No... Ella... Ella curaba - se limitó a responder Ana.

            - Que pena que no esté aquí.

            - Sí, eso dice mi padre todos los días... Por eso te necesita. Lleva mucho tiempo intentando encontrarla.

            Aquella revelación fue como abrir una ventana y ver el océano en toda su bravura. La verdad y la razón por la que habían organizado su retiro anticipado acababa de desvelarse y tanta sinceridad le sentó mejor que cualquier medicina. Antonio se incorporó pesadamente y miró a Ana, asombrado.

            - ¿Y por qué no me pregunta a mí directamente? - preguntó -. Yo puedo decírselo.

            - No, eso no funcionaría.

            Aquello no tenía mucho sentido. ¿Acaso Génesis también podía adivinar y ver cosas futuras?

            - ¿Si no quiere ser encontrada, por qué insiste tu padre?

            - Porque es su hija... ella es la heredera de todo su poder -respondió con tristeza.

            - ¿Y tú? - preguntó, sintiendo lástima por ella.

            - Yo nunca me molesté en aprender. Ella parecía que lo llevaba en la sangre, no le costaba nada aprender. La memoria y las habilidades se las quedó todas ella. Somos idénticas, pero ella es más poderosa que mi padre. Yo, en cambio, solo tengo su belleza. Nunca pensé que fueran necesarios más dones.

            Antonio suspiró sin saber qué decirle. ¿Estaba quejándose o simplemente le contaba lo que había ocurrido?

            - Lo entiendo - replicó, indeciso sin entender nada en realidad.

            - Trata de descansar - ordenó Ana -. Padre llegará después del medio día y querrá verte mejorado. No hagas que se enoje conmigo y mejórate, ¿OK?

            Él asintió y cerró los ojos.

            - No sé cómo será tu hermana - susurró, antes de dormir -. Pero me alegro de que estuvieras aquí cuando me desmayé. Gracias...

            - No tienes por qué darlas, cumplía órdenes - dijo ella, antes de cerrar la puerta. 

 

           

            Un hombre estaba por el cuello de una soga y daba vueltas sobre su eje en el comedor de una casa. No podía verle la cara, pero tenía la extraña sensación que sabía de quién se trataba. El cuerpo siguió girando hasta que pudo ver su rostro. Era un hombre de unos sesenta años y pelo canoso. La puerta de la calle se abrió y una mujer entraba cargando dos bolsas pesadas de la compra. La mujer encendió la luz y al ver el cuerpo de su esposo muerto gritó y se derrumbó por el dolor de ver la tragedia.

 

 

            Antonio despertó bruscamente con el corazón acelerado. Tenía sudores fríos y era de noche pues apenas veía nada en la habitación donde dormía. Respiró agitadamente y volvió a recostarse. Conocía a ese hombre y a esa mujer, pero asumió que solo había sido una pesadilla y no tenía por qué ser cierta. No, su padre nunca se suicidaría. ¿Por qué iba a hacerlo?

            Se recostó de nuevo y se preguntó dónde estaba. Su mente fue dándole los detalles a cuentagotas. No podía ser de noche, Alastor iba a llegar a medio día. Se levantó pesadamente de la cama y buscó el interruptor de la lámpara.

            Cuando lo encontró y encendió la luz se encontró a Alastor mirándolo fijamente desde la oscuridad. Se llevó tal susto que dio un salto en la cama.

            - ¡Dios! - exclamó -. Qué susto me ha dado.

            - Dígame, ¿qué ha soñado?

            - Pues... He visto...

            - No me lo diga - interrumpió el viejo -. Ha visto a sus padres. Él se suicidaba.

            Antonio se quedó boquiabierto.

            - ¿He soñado en voz alta?

            - No, ha soñado lo que yo le he mostrado - replicó el viejo, retador.

            - Pues no tiene gracia.

            - Claro que no, solo ha visto lo que ha pasado tan solo hace unas horas. Le he hecho ver todo lo que he estado haciendo y por eso no ha podido despertar hasta ahora.

            Antonio se levantó como si le faltara el aire.

            - ¿Qué está diciendo?

            - Estoy tratando de borrar su rastro por el mundo para que pueda unirse a mi familia. ¿Le importa? - dijo el viejo, sin sentimiento alguno.

            - ¿Ha matado a mi padre? -vociferó.

            - Pensé que le gustaría. ¿No le detestaba? -tanteó el viejo.

            Antonio se negaba a creerlo, horrorizado.

            - No puedo creerle...

            - Puedo entrar en la mente de la gente -precisó Alastor- y obligarles a pensar lo que yo les dicte. Así es como consigo que se sometan a mi voluntad. Así hice que se colgara en el ventilador de techo de su casa. No solo puedo ver lo que piensan y sienten las personas, también puedo inducirles a tomar decisiones.

            Aquello sonaba espeluznante.

            - ¿Siempre supo que ella me hablaba? - expuso, entendiendo que podía escuchar a Verónica desde el principio.

            - Por supuesto, pero quiero que me hable a mí.

            - Si quiere que colabore con usted, no vuelva a acercarse a nadie de mi familia. Deje a mi madre y a...

            - Su mujer... - Alastor sonrió complacido -. Por supuesto, tiene mi palabra. No quiero que se ponga en mi contra, soy su amigo. Quiero que confíe en mí.

            - Matar a mi padre no es la mejor forma - sostuvo.

            - Pensé que le gustaría. Por activa y por pasiva ha manifestado que le detestaba. No le apoyaron cuando le acusaron del doble asesinato, declararon contra usted en el juicio al que no asistió por fuga. Es evidente que su familia no le quiere y si tengo que limpiar su nombre es necesario que desaparezcan todas las personas de mala fe que puedan suponer un tropiezo para usted.

            Sus padres no tenían la culpa de ignorar los hechos reales, pero no quería discutir con el viejo. Saber que podía manipular su mente le dejaba completamente intimidado. Incluso podía estar manipulándole ahora haciéndole pensar cualquier cosa.

            - Hace tiempo que no le habla - dijo Alastor, con los ojos entrecerrados -.  Vamos, hágala decir algo. Me gusta su voz melódica.

            Esa invitación no sonaba nada bien.

            - Pregúntele por mi hija, tiene que conocerla.

            Verónica no se manifestó y eso alivió a Antonio.

            - Vamos, llámela - invitó -. Soy su amigo, esta vez no le estoy amenazando de ninguna manera. Complázcame, como yo le complací a usted.

            Era evidente que se estaba resignando. No estaba seguro de que pudiera llegar a escucharla él mismo y por tanto había dado los primeros pasos para la solución alternativa. Le quería en su familia, deseaba complacerle y había matado a su padre para demostrárselo. Era puro interés por Verónica, en absoluto le estaba concediendo un rango.

            - ¿Por qué se marchó Génesis? - cuestionó, con curiosidad.

            - Cree que estoy enojado con ella. Huye de mí porque piensa que intentaré destruirla.

            - ¿Y no es así?

            - Por supuesto que no... Puede que lo merezca, pero es la persona más importante de este mundo para mí.

            Antonio pensó que podía estar mintiéndole. Su subconsciente le había arrojado información valiosa sobre sus conversaciones pasadas. Verónica le había recomendado que le dijera que se volara la cabeza y no le transmitió el mensaje exacto, conversación que parecía haber escuchado. Por eso no le dio el arma y decidió demostrarle hasta donde llegaba su capacidad de regeneración.  Empezaba a creer que era una especie de dios ya que el conocimiento de que podía leerle la mente como un libro abierto le estaba impidiendo llamar a Verónica. Ella no suponía una ventaja contra él y nunca lo fue. Ya se lo había advertido, no debía subestimarlo porque era la persona más poderosa del mundo.

            - Me intriga Verónica - formuló el viejo -. ¿Cómo puede saber lo que va a pasar si ella impide que pase? No se puede decir que vea el futuro, más bien ve el posible futuro. Es... Fascinante. Hace muchos años yo tenía capacidad de ver el futuro, pero desde que Génesis se fue, no veo nada.

            - Verónica está en el cielo - explicó Antonio -. Y Dios lo sabe todo.

            - Otra vez Dios - renegó Alastor -. Si existiera, ¿por qué no se me ha manifestado? Soy el ser más poderoso del mundo.

            - ¿Qué fue lo que pasó con Génesis? - preguntó él, cambiando de tema

            Era agobiante no poder pensar nada sabiendo que ese viejo vería todo lo que pasaba por su cabeza. Quería preguntarle a Verónica por qué no le había dicho nada de que la escuchaba pero era evidente que no lo hacía para protegerle. Cualquier cosa que él supiera, lo sabría Alastor. Se preguntó si tenía que ver con esa energía que le inoculó en el pecho cuando le vio por primera vez.

            - Mi hija lo aprendió todo de mí. Llegó a conseguir todas mis habilidades excepto una, que nunca se la mostré porque temía que la pudiera imitar y utilizar contra mí - Alastor suspiró y negó con la cabeza, apenado -. Ella conocía mi punto débil y no dudó en usarlo. Estuvo a punto de matarme y me amenazó con no salvarme a menos que le enseñara mi poder oculto.

            - ¿Qué poder era ese?

            - No le incumbe, aunque supongo que si quisiera podría saberlo... Pregúntele a su amiga.

            Antonio tenía demasiada curiosidad y le pidió a Verónica que le sacara de dudas. Sin embargo se dio cuenta de que le había interrumpido y no esperó que contestara.

            - ¿Se lo mostró? - preguntó, intrigado -. El poder, quiero decir.

            - Hubiera muerto si no lo hubiera hecho - musitó Alastor, resignado.

            - ¿Y lo aprendió?

            - Pues claro que lo aprendió, es mi hija. En cuanto me curó me enojé con ella y la habría matado si no fuera porque estaba muy lejos para cuando estaba completamente recuperado.

            - Pero Génesis tiene el don de la adivinación - adujo -. ¿Lo aprendió de usted y ahora lo ha olvidado?

            - Hace mucho tiempo que mi hija me ha superado. La quiero y la echo de menos, la vida no es tan interesante sin ella a mi lado.

            - Vamos, no menosprecie así a Ana.

            - No la menosprecio -corrigió -. Verla a ella continuamente a su hermana.

            - Aún así, tiene sus sentimientos, no es Génesis y debería quererla como es.

            Alastor se sentó en la cama y miró hacia el infinito.

            - Lo que es una decepción. Solo sabe hacer dos cosas, ambas prácticamente inútiles.

            - ¿Qué sabe hacer? - preguntó Antonio.

            La conversación estaba siendo de lo más interesante.

            - Coquetear y bailar - respondió, seco -. No me diga que no lo había notado...

            - ¿Coquetear? - preguntó, nervioso -. Sí, supongo que lo hizo conmigo.

            - Y no le pida que baile o será capaz de llevarlo a hacer locuras por ella. Admito que me ha sido útil. He llegado a dominar los entresijos de este mundo gracias a ella y sus capacidades seductoras. Donde todo lo demás falla, ella tiene éxito.

            - ¿La hace acostarse con líderes políticos? - preguntó asqueado.

            Alastor esbozó una sonrisa complacida.

            - Eso no es necesario, es francamente buena estimulando a la gente.

            Antonio se electrizó solo de imaginarla bailar. Si tenía tanta habilidad podía ser realmente peligrosa... sobre todo para su fidelidad.

            - Un presidente tiene mucho que perder ante el mundo y ante su familia. Lo ha entendido perfectamente, ella consigue seducir hasta a los más castos. Pero si me permite un consejo, no la mire, no se la imagine, no la compadezca. Le necesito con todos los sentidos y sentimientos intactos.

            - ¿Para qué?

            - Ya se lo he dicho. Apenas se restablezca de sus heridas, saldremos a buscar a Génesis.

            Alastor se levantó con intención de marcharse.

            - ¿No piensa esperar a escuchar a Verónica? -inquirió, extrañado.

            El viejo le miró con seriedad y siguió caminando hacia la puerta.

            - Encuentre a mi hija - siseó -. Y le prometo que le dejaré marchar. Ya no quiero nada más.

            Dicho eso, salió de la habitación.

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Comentarios: 2
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 02 septiembre 2011 16:20)

    Vamos, si tienes algo que comentar, dilo ahora o calla para siempre.
    También podéis decir algo de la nueva contraportada de "El asesino que escribía cartas de amor".

    Y si eso también podéis entrar en la web y comentar el libro, aunque solo sea para que la gente sienta curiosidad cuando lo vea.

  • #2

    Hernan Aponte (domingo, 01 junio 2014 00:27)

    Excelente historia!

Animal es el que abandona a su mascota.

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