Entre la tumba y el ataúd

9º parte

            Antonio suspiró aliviado. Quizás había adivinado que ella no diría nada en su presencia. Estaba intrigado por saber qué más poderes tenía aunque ya conocía un par de ellos. De todo lo que habían hablado lo que más quería saber era qué fue lo que Génesis aprendió antes de irse, aunque bien pensado, más que eso necesitaba conocer cómo estuvo a punto de morir. El astuto anciano había omitido los detalles para que no tuviera tentaciones, pero si su hija casi lo mata, era porque no era un ser indestructible. Era mortal.

            - Verónica - la llamó -. ¿Puedes explicarme con qué clase de personajes estoy?

            Ella tardó en contestar, como casi siempre que le hablaba, pero vació su mente hasta que ella apareció.

            «Te dije que tuvieras cuidado e hicieras exactamente lo que te dijera»

            - ¿Por qué lo dices, no parece que sea tan temible? - pensó.

            «Pronto será el momento de contarte todo lo que necesitas saber»

            - Pero tienes que decirme dónde está Génesis.

            «Eso es lo que quiere, pero pregúntate por qué ella, que puede ver el futuro, escapa de él. Solo dale una vuelta y deduce tu respuesta.»

            - En realidad quiere matarla... - dedujo Antonio -. Pero también asegura que es más poderosa y a mí lo único que me interesa es que me devuelva mis cosas y me deje marchar. ¿Por qué no deberíamos encontrarla? Cuando lo haga, ella se ocupará de destruirle y misión cumplida.

            «Antonio, eres demasiado ingenuo.»

            - Solo dime dónde está, yo se lo digo a él y nos vamos a casa. Asunto resuelto.

            «¿Y si te digo que esa mujer, Génesis, es la que está evitando la autodestrucción de la raza humana? Se trata de la única persona capaz de torcer los caminos que Alastor. No la quiere matar por celos de poder, sino porque una piedra en su zapato. Pero Alastor está tan obsesionado con el avance tecnológico, con dominar el mundo... que no se da cuenta de que él solo habría llevado al mundo a la destrucción. Génesis es la única que puede hacer fracasar sus planes y de hecho, lo hace continuamente.»

            - ¿Cómo puede una sola mujer salvar el destino del mundo? - preguntó, confuso.

            «No es una sola mujer»- replicó Verónica -. «Son miles de personas que sabiéndolo o no, cumplen sus deseos. Ella también ha visto a Dios con la única diferencia de que ella es inmortal y sigue en el mundo, pero se esconde de la vista. Es la única criatura divina que puede caminar entre los mortales, a parte de Dios, claro.»

            - ¿Quieres decir que es invisible? - rehusó Antonio incrédulo.

            Verónica no respondió inmediatamente y el detective se puso nervioso, impaciente por la respuesta.

            Esperó tanto que se quedó dormido, esperando.

 

 

 

            Había perdido la noción del tiempo y durmió sin soñar hasta que la luz del Sol entró por la ventana y le despertó.

            Se incorporó con un leve picor en el pecho. Se miró el pecho y vio que tenía manchados los apósitos con sangre. Se palpó las heridas por encima de la piel y notó que la piel se le había endurecido. Además podía mover el brazo derecho sin dificultad y respiraba sin dolores ni pinchazos molestos.

            - Genial otro día aquí encerrado - gruñó.

            Se levantó de la cama, estaba hambriento. Se puso las zapatillas y bajó las escaleras como un zombi. Esperaba que al menos estuviera ahí su anfitriona con su perro. Cuando se asomó abajo vio que el pastor alemán no estaba al pie de las escaleras. Tampoco se escuchaba ruido en la cocina. Se preguntó si Ana se habría tomado el día libre y le habían dejado completamente solo.

            Vio una nota sobre la mesa de la cocina, se acercó y vio que ponía "Sr. Jurado" en el sobre. Lo cogió y lo abrió. Se trataba de una nota escrita a mano donde decía:

 

            Encuentre a mi hija

                                   Alastor

 

            Frunció el ceño y vio que sobre la mesa había una bolsa de plástico verde llena de cosas. La abrió y encontró un traje nuevo de marca cara. Él no entendía de trajes pero por el tacto debía ser bueno. Lo sacó y vio que también había una camisa y unos zapatos, calcetines y gemelos.

            Se preguntó si todo eso era para él. Al tantear la ropa notó que había algo en el bolsillo izquierdo interior de la chaqueta. Lo sacó y se llevó una alegría al ver su cartera intacta. Incluso tenía todo el dinero que llevaba en efectivo cuando le dispararon. Supuso que eso significaba que ese traje era todo suyo y que no había nadie vigilando porque le estaban dejando marcharse.

            - Me acaban de asignar un caso - dedujo, sonriente.

            Cogió los apósitos manchados de su pecho y se los arrancó. El esparadrapo le arrancó varios pelos pero las heridas estaban completamente cicatrizadas. Aún sentía algo de debilidad en el brazo derecho.

            - Dime una cosa, Verónica - susurró -. Sabe que queremos matarle, ¿por qué me permite seguir con vida?

            «Esa es la trampa» - replicó Verónica -. «Sabe que lo quieres matar, por eso vas a encontrar a su hija.»

            - Ese viejo es un pellejo - resopló Antonio, poniéndose la camisa. Luego se quitó el pantalón de pijama, y se terminó de vestir completo. El traje le quedaba como un guante y quería verse en un espejo para saber el resultado de vestirse bien. Entró en el baño de la planta baja y se vio.

            Tuvo que sonreír, orgulloso de su nuevo aspecto. Parecía James Bond, solo le faltaba el arma y la corbata. Mientras se observaba pensó en Brigitte con tristeza, deseó que pudiera verle así. Volvió a la cocina donde se puso los calcetines y los zapatos. Eran cómodos y de muy buen material. Ese viejo no había reparado en gastos.

            Volvió a leer la nota y seguía sin poder creer lo que ponía. Le estaba dando total y absoluta libertad para salir de la casa, pero... ¿cómo iba a caminar veinte kilómetros?

            «Te tiene una sorpresa preparada» - explicó Verónica.

            - No me lo digas, me esperan sus matones en la puerta para "ayudarme".

            «No te lo digo, sal y mira tú mismo.»

            Caminó por el corredor hacia la salida causando sonidos huecos con los zapatos contra el suelo, resultaba imposible ser sigiloso con ellos.

            Abrió la puerta y se asomó al exterior. Esperaba encontrarás un comité de espera, pensaba que estarían cinco tipos de negro esperando impacientes pero firmes como robots. Lo que le causó una profunda impresión. Allí estaba su mazda RX8, aparcado en la puerta. No había nadie más. ¿Acaso no pensaban vigilarle?

            Se introdujo en su coche emocionado, tocó el volante con entusiasmo. Recordó el día que fue a comprarlo con Brigitte, ésta le pedía que comprara el coche que más le gustara, que tenía dinero de sobra y podía darse el lujo de comprar un Corvette, un Lotus o un Lamborghini. Pero él no quería llamar tanto la atención y desde que vio ese coche en un videojuego era el que más le gustaba. Así que lo compraron... Suspiró y acarició la tapicería de cuero. Allí al lado debería estar Brigitte.

            - Voy a buscarte - proclamó.

            Arrancó el motor y condujo por el camino de piedras varios minutos hasta llegar a la carretera. Las señales indicaban que Madrid estaba a menos de cuarenta kilómetros. En apenas diez minutos pasó por Villalba, claro diez minutos porque iba a ciento ochenta por la autopista casi vacía. En cuanto pudo salió en el primer desvío y buscó una cabina de teléfonos. Debía llamar a Brigitte para avisarle que iba para casa.

            Se detuvo ante la cabina y se dio cuenta de que no tenía cambio. Pensó que mejor se compraba un teléfono móvil ya que le daba reparo entrar en un bar y pedir que le cambiaran quinientos euros. Y no iba a pedir que le sirvieran un refresco y pagar con un billete tan grande.

            Entró en un centro comercial, eran las once de la mañana de un día laborable. No tenía ni idea de qué día era, suponía que llevaba una o dos semanas desaparecido pero no tenía ni idea del tiempo que había estado inconsciente después de la operación, ni sabía cuántos días había pasado en esa casa. Recordaba haber hablado con el viejo pero también que cuando dormía podían pasar horas o días y se sentía mucho mejor. 

            Cuando compró el teléfono más caro que tenían, se llevó la sorpresa de que no estaba en hora. Entonces recordó el ticket y vio la fecha.

            - Caramba, hace casi dos semanas que me dispararon...  Cómo pasa el tiempo - se dijo.

            «No deberías llamarla, vete a casa directamente.» - aconsejó Verónica.

            Marcó el teléfono de su casa y éste comenzó a sonar. No podía esperar, tenía que decirle que estaba vivo.

            - Diga - respondió su voz femenina inconfundible, una voz que enamoró a Antonio en cuanto la escuchó por primera vez en aquel Starbucks de Nueva York.

            Antonio se quedó sin aliento al notar el tono de voz tan triste que tenía.

            - Amor - dijo, emocionado -. No te lo vas a creer...

            - ¿Quién es? - preguntó enfadada.

            - Soy yo, estoy vivo.

            Hubo silencio al otro lado del auricular.

            - Amor... - dijo él, pensando que estaba tan emocionada que no podía responder.

            - No puede ser... Hijo de puta insensible...

            - No pude...

            - No vuelva a llamarme o le denunciaré a la policía.  Cabrón de mierda, jugar así con los sentimientos de la gente. No sé quién es ni qué quiere, pero le advierto que como se me acerque le mataré.

            - Pero si soy yo, Brigitte... Vamos...

            Estaba hablando solo. Su mujer había colgado.

            «El día que me hagas caso harás las cosas bien» - se mofó Verónica.

            - Mierda - se quejó.

            Volvió al coche sin poder creer la conversación que había tenido. No dejaba de negar con la cabeza como si eso fuera a borrar la estupidez de haber intentado llamarla.

            «No puedes ir a verla» - aleccionó Verónica -. «Déjala tranquila mientras terminamos esta misión. Alastor es peligroso y...» 

            - ¿Pero qué dices? - protestó, enojado -. Tengo que decirle que estoy vivo, ¿No has oído lo mal que lo está pasando?

            «No te abrirá la puerta y no tienes las llaves.»

            - La esperaré.

            «Lleva días sin salir de casa. Te voy a decir lo que pasaría si vas. Llamarás, ella llamará a la policía y te acusará de cualquier cosa con tal de que la dejes en paz.»

            - Vamos se asomará a la terraza cuando la llame y me tendrá que ver.

            «No vayas. Nunca podrías hacer este trabajo con ella» - advirtió Verónica-. «Y ya sabes qué ocurrió la última vez. Por salvarla a ella estuvieron a punto de matarte.»

            - Puede que tengas razón - admitió al fin, triste.

            «Deberías entender que yo siempre tengo razón, cabezota» - regañó Verónica.

            - Sí, perdona - admitió.

            Negó con la cabeza y suspiró. ¿Qué iba a hacer ahora? No sabía a dónde ir, no tenía la más remota idea de dónde estaba Génesis y mucho menos dónde empezar a buscar.

            - ¿Vas a decirme dónde ir? - preguntó, impaciente.

            «No sé dónde está» - reconoció Verónica.

            - Pues vaya, suponía que lo sabías todo.

            «No está en un lugar, es como yo, no podrías encontrarme porque ya no soy de este mundo.»

            - ¿No decías que estaba viva? - preguntó.

            «Y lo está... pero cuando quiere no está en ninguna parte física. Tiene capacidad de desplazarse por todos los planos de la existencia.»        

            - ¿Podemos dejarnos de misterios? - inquirió aburrido.

            «Nunca la encontrarás si no dejas que ella te encuentre a ti antes. Pero puedo decirte dónde puedes empezar.»

            - Quizás en Internet pueda averiguar algo - adujo él.

            Ni siquiera se habla de ella por ese nombre. Te puedo decir lo que dicen algunos. Los wikanos la veneran como a su diosa, los cristianos la llaman Virgen María, hay centenares de cultos a la diosa de blanco, todos ellos coinciden en una cosa, ella es el origen de sus creencias.

            - Vaya, demasiado importante para tener veinte años, ¿no crees?

            «No tiene veinte años, no te enteras de nada. Tiene más de diez mil, al igual que Alastor y Ana. Esa familia ha sido la responsable directa de que la humanidad sea el parásito más peligroso de este planeta.»

            - No puedes hablar en serio.

            « ¿Cuándo empezó el ser humano a ser civilizado?, ¿sabes algo de historia?»

            - Cuando aprendimos a escribir -dedujo él.

            «Piensa un poco más, quítate el cubo de la cabeza y piensa con inteligencia por favor...» - Antonio sonrió, Verónica tenía genio y le hacía gracia que le regañara desde el más allá.

 

 

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Comentarios: 5
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 04 septiembre 2011 12:36)

    Escribe aquí qué te está pareciendo la historia.

  • #2

    yenny (domingo, 04 septiembre 2011 18:34)

    Esta muy interesante y cuando me referia a que comienze la acción no era porque esperaba grandes peleas sino era para que Antonio empieze a investigar ya aburria un poco verlo tanto en cama.

  • #3

    x-zero (lunes, 05 septiembre 2011 00:15)

    muy bueno, la historia ahora si toma su curso y se pone mas interesante, concuerdo con yenny, era entretenido leer las batallas psicologicas que tenia con alastor en su casa y esa familia, pero no tanto como ahora que esta libre de vuelta en el juego

    salu2 :)

  • #4

    x-zero (lunes, 05 septiembre 2011 00:32)

    hay 2 errores, para no tener que decirte xD, presiona control+f y pon en la barra "encontrars" sin comillas y estara tu error :) y mas arriva, como 2 o 5 renglones mas hay otro, donde dice "- No me lo digas - me esperan sus matones en la puerta para "ayudarme"." donde esta el guion creo que deberia estar una coma

  • #5

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 05 septiembre 2011 08:00)

    Ya está corregido, sigue así x-zero ^^

Animal es el que abandona a su mascota.

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