Hermanas de sangre

3ª parte

 

 

            Aquel día tuvo mucho sueño y no despertó la noche siguiente. Había bebido tanta sangre que no volvió a despertar hasta  pasados unos meses, cuando el invierno azotaba la zona con la violencia habitual.

            Estaba hambrienta y necesitó varias horas para encontrar un poblado en el que poder alimentarse. Su único pensamiento era localizar a ese tal Marco y averiguar todo sobre él.

            La llevó semanas descubrir su procedencia y necesitó hacerse pasar por humana. Obtenía el dinero de sus víctimas, a las que trataba de dejar con vida por miedo a despertar de nuevo la ira de las masas. La sociedad tranquila la dejaría vivir.

            Llegó a Florencia y se hizo pasar por una huérfana en la parroquia donde Marco ejercía su magisterio. Pidió asilo y los sacerdotes de la orden la invitaron a dormir en la sala de peregrinos.

            ¿Entrar en una iglesia? Ni loca, les dijo que había sido violada y temía a las multitudes y el sacerdote la miró con lástima y finalmente la invitó al atrio de los religiosos.

            Vio numerosas ocasiones al padre Marco Fontani, pero nunca se acercó a él por miedo a que la reconociera. Cuando todos dormían, después de cazar, estudió los papeles de la oficina parroquial buscando pistas sobre la familia de Marco.

            Lamentablemente nunca encontró nada y comenzó a preguntar a los otros sacerdotes.

            La vida monacal hacía que todos se mostraron muy serviciales. Olía el deseo repugnante por debajo de sus sotanas y aunque ninguno trató de poseerla, sabía que todos se mojaban los calzones con solo pensar en ella. Así aprendió lo fáciles que eran los hombres y que una sonrisa bonita abría más puertas que cien cañones.

            El padre Félix era un buenazo y confiaba en todos sin medida. Era la persona idónea y lo manipuló sin dificultad. Lo primero que hizo fue pedirle confesión y en ella le contó sus pecados aunque hablaba de comida en lugar de mencionar sus víctimas y el cura le quitó importancia diciéndole que no era pecado si no estaba obesa.

            - Pero no puedo evitarlo, a veces como sin necesidad, simplemente por saber que es posible hacerlo.

            - Si ese es tu pecado no necesitas absolución, mírame a mí, yo sí que necesito el perdón de Dios.

            Se palmeó la prominente barriga soltando una carcajada.

            - Pero de donde yo vengo la gente no come. Tengo miedo de estar fallando a los míos por abusar de la gula en lugar de llevarles comida.

            - No exageres, hija mía. Te vengo observando desde que llegaste y aun no te he visto probar bocado.

            - Me avergüenza hacerlo en público.

            - No tienes por qué. Aunque entiendo tu dilema, pero no es un pecado.

            - Si no me absuelve usted, buscaré al padre Marco. Me han dicho que es de los que han hecho voto de ayuno.

            - ¿De qué? Tal cosa no existe y créeme, él come más que yo pero no engorda.

            - El otro día me dijo el padre Vicente que se alimenta de pan desde que salió de Nápoles. Su familia no aceptó su sacerdocio y hace ayuno voluntario para conseguir su perdón.

            - ¿Los Fontani? ¿Qué sandeces te han contado? Es el segundo hijo y se consagró a Dios cumpliendo la antigua tradición como muchos de nosotros.

            - ¿Me mintió? Los curas no mienten.

            - Hay los que hablan sin saber todos los detalles. No es mentir, aunque lo parezca. Si nos enteramos de algo lo recordamos un tiempo. Lo más probable es que Vicente ha conocido a alguien que ha tenido que pasar por eso y te ha dicho que era Marco como pudo mencionar que fui yo. Recordamos el pecado pero no el pecador, ¿entiendes? Si tuviera que acordarme de cada una de las cosas que han contado en confesión y quién ha sido... Administro el sacramento a más de veinte personas diarias.

            Ella nunca tuvo ese problema ya que poca gente le había confiado secretos y los recordaba perfectamente.

            - No importa demasiado, sería otro cura. Lo importante es que comer en exceso es pecado.

            - Te digo que tú no comes de más. Pero si te sientes más tranquila te doy la absolución.

            Razda se puso en tensión. ¿Dios la iba a perdonar? Si la mano de Félix escribiendo la cruz en el aire escupía una lengua de fuego la convertiría en cenizas.

            - Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del hijo y del espíritu santo. Vete en paz.

            No pasó nada.

 

            Aquel día entendió mal lo ocurrido. Pensó que realmente Dios la perdonaba y sin duda consiguió que dejara de matar en el futuro por dos razones en lugar de por una. La primera era el miedo a la furia de la plebe y la otra que Dios no la condenaba por ser lo que era.

            Con el paso de los días comprendió perfectamente su error. Se enfrentó a Marco frontalmente para sonsacarle de dónde era exactamente y llegar a su familia pero éste en cuanto la reconoció levantó un crucifijo y al mostrárselo le quemó la cara. ¿Por qué? Félix no tenía la fe de Marco.

            - No venía a por ti, quiero saborear la sangre de cada uno de los miembros de tu familia y después te mataré a ti.

            Saltó por la ventana mientras Fontani le arrojaba una botella de agua sagrada y la salpicó en la espalda provocándola dolorosas quemaduras.

            - ¡Arde en el infierno y no vuelvas a hacer daño a los inocentes!

            Corrió cuanto pudo y llegó a su habitación con lágrimas de dolor en sus ojos esperando que la oscuridad sanara su rostro y su espalda, pero el flagelo del fuego iba a más y parecía adentrarse en sus entrañas sin piedad.

            La puerta de su habitación se abrió y temió que Marco la hubiera seguido. Se escudó con su almohada temblando de miedo y al ver al padre Vicente con cara de preocupación se tranquilizó.

            - Hija mía ¿qué te ha pasado? ¿Quién te  ha hecho eso?

            Respiró entrecortadamente debatiéndose entre contestar o beberle hasta la última gota de vida...

            - Ha venido justo a tiempo.

            Saltó sobre él como una gata furiosa y se abrazó a su pecho mientras le clavaba los colmillos en el cuello. Succionó y el calor avivó el dolor de sus quemaduras un instante antes de que se curasen. Se sació con el sacerdote y no paró de beber hasta que notó que su corazón dejaba de latir.

            Con el cuerpo sin vida entre sus brazos se percató de que no mataba desde que huyó de su aldea. Temiendo que alguien la descubriera salió de su cuarto y corrió a varias manzanas de la parroquia.

            Sus heridas estaban curadas pero su corazón estaba destrozado. Había jugado con la idea de que podía vivir como una humana más, sólo que con una dieta peculiar y ahora sabía que Dios ni siquiera era consciente de su existencia.

            No le importaba, ni a él ni a nadie. Debía aceptarlo si quería callar la molesta voz de su conciencia.

 

            Repuesta del enfrentamiento con Marco decidió culminar su venganza visitando a sus padres en Nápoles.

            Cambiar las señoriales calles de Florencia por un pueblo costero cuyo mayor atractivo eran sus playas y acantilados fue positivo para su carácter. Acostumbrada al frío siberiano y la dureza del clima de Los Cárpatos, tardó en acostumbrarse al calor y descubrió una de las fuerzas de la naturaleza más peligrosas para los de su especie: El mar.

            Abrumada por la fuerza de las olas, seducida por el susurro del agua espumosa y por su indescriptible belleza, el día que lo vio por primera vez quiso bañarse con el idílico placer de sentir el flujo del agua acariciando su cuerpo.

            Sobrevivió porque la noche acudió en su ayuda y logró aferrarse a un joven que la vio en apuros y fue a ayudarla.

            El mar ponía de manifiesto cuan débil se volvía a la luz del Sol. El calor la descomponía como el cadáver que era y las olas le produjeron heridas similares a las del agua bendita que le arrojó Fontani. Sus fuerzas, multiplicadas al amparo de la noche, durante el día eran incluso menores que las de un niño de tres años. Las olas jugaron con su cuerpo, incapaz de nadar, azotándola sin piedad mientras intentaba en vano deslizarse por la resbaladiza superficie, dura como el hielo para ella. El muchacho que la salvó quedó horrorizado con sus espantosas heridas en las que podía ver hasta los huesos de su cara y ella aprovechó el pánico para alimentarse y recuperar su aspecto joven y hermoso. No le mató, pero quedó desmayado en la arena cuando ella se fue y prometió no acercarse nunca más al espantoso mar.

 

            Nápoles era una ciudad de muchos miles de personas. Localizar a los Fontani no fue lo más complicado. La dificultad de su plan de venganza era identificar cual de todas ellas eran la familia de Marco. El servicio de correos tenía registradas treinta y cinco casas con ese apellido. No le quedó más remedio que visitar una a una hasta averiguar cual tenía un hijo exorcista.

            Las primeras semanas en Florencia se sintió insegura por el hecho de no tener un refugio, un trabajo o un medio de obtener ingresos. Con el paso del tiempo comprendió que el dinero que conseguía le servía únicamente para comprar favores, alquilar habitaciones o comprarse ropa. Después se dio cuenta de que podía vivir sin pagar a un hostal ya que era más seguro y barato entrar en la casa parroquial.

            Ahora que estaba en Nápoles decidió ahorrarse el hospedaje por lo que con muy poco dinero que obtuviera de sus víctimas podía incluso ahorrar. El truco era que no necesitaba comer.

            Y para dormir ¿qué mejor sitio que un cementerio? Buscó un panteón privado y entraba y salía sin necesidad de llave, su fuerza servía para abrir cualquier puerta. Sus agudizados sentidos la alertaban si había alguien afuera que pudiera verla. De todas formas sólo podía usar ese refugio si regresaba cuando aún fuera de noche que, una vez alimentada no tenía sentido seguir afuera por más tiempo.

 

 

            Marco cortó un diente de león en la parte alta del tallo y observó con curiosidad el líquido blanco que manaba de él. Sonrió y lo rozó con la punta de su lengua notando el amargo sabor de la savia.

            Si esa planta era la llamada más curativa del mundo, pues todas sus partes resultaban beneficiosas para el organismo, la savia era el elixir de los dioses, según él. Un tesoro que nadie se molestaba en recoger teniéndolo por todas partes ya que en primavera se podía encontrar hasta en el callejón más repugnante.

            Cada vez que los veía cogía uno, una vez al día, y chupaba su savia. Quizás por eso mantenía el vigor de un joven de veinte años cuando en realidad tenía cuarenta. O no, no había forma de saberlo.

            Viajaba al sur, a su pueblo natal y lo hacía sólo porque quería estar atento a que nadie le siguiera. Desde el enfrentamiento con la hija de las tinieblas no debía exponer más vidas que la suya propia y regresar a casa para mantener a salvo a su hermana Laura le pareció la opción más acertada. Sus padres murieron en una epidemia y su hermano mayor en el ejército. Ella era la única familia que le quedaba y no se separaría de su lado hasta devolver al infierno a esa criatura de Satanás.

            Lo más probable era que él mismo la guiara a Laura. Aunque se trataba de un arma de doble filo, si ella atacaba él estaría esperando y acabaría con ella. Si no se ofrecía como cebo tarde o temprano la encontraría por si sola y podía matarla a placer.

            Estaba decidido, cuanto antes la matara más vidas salvaría.

            Lo más difícil era convencer a su hermana de que obedeciera todas sus órdenes por lo rebelde que era. Ni siquiera su marido lo conseguía.

            No la veía desde Navidad y estaban en mayo. Con suerte se habría quedado embarazada y el miedo por su bebé le daría una buena dosis de razón.

            Aunque no podía contar con ello.

 

 

            Pasaron semanas y Razda ya había investigado a todos los Fontani. Ninguno tenía conocía a Marco, lo que la frustró sobremanera. ¿Acaso no era de la ciudad?  No podía buscar en todos los pueblos, eran decenas y Fontani era un apellido común.

            Cansada de su venganza estuvo a punto de claudicar. Pero entonces le vio, al mismísimo Marco caminando con una mujer cogida del brazo de forma muy casta. Él se volvió hacia ella y la miró desafiándola. ¿La había visto? Sin duda, aunque ahora sabía a quién debía matar.

            Se escabulló dejando distancia de por medio, de día era imposible, se alejó sin perderlos de vista del todo hasta que vio dónde vivían.

            - Pronto sabrás lo que se siente cuando te quitan al único ser que tienes en el mundo -murmuró llena de odio.

 

            Acudió a una "parrucchiere" que en su idioma significaba "tienda de cambio de peinado". Era muy común en Nápoles que las jóvenes se pusieran productos químicos en el pelo como agua oxigenada para blanquearlo y después ponían otro que lo teñía de cualquier color. Se había puesto de moda el naranja y muchas mujeres lo llevaban así, por lo que sería más fácil pasar desapercibida.

            Pensó cortarse el pelo pero una noche después de cortárselo amaneció con la misma melena que el día anterior.

            Por suerte, el tinte permanecía incluso más que en los vivos: A ella no le crecía el pelo mientras no se lo cortara.

 

 

            Aquella noche quedaría grabada en su memoria, a fuego. Tras alimentarse con varias personas buscó una niña de diez años para que su transformación fuera completa. Fue a la casa cuando el Sol apenas dejaba un rastro naranja por el oeste y lloró en la puerta hasta que abrió la mujer. Marco no estaba con ella, aunque olía su presencia en la casa. Le dijo que se había perdido y no sabía volver.

            - Pobre niña, entra que vamos a buscarla.

            - No, mi mamá siempre dice que no confíe en los extraños -respondió.

            Laura miró hacia la casa y dudó un segundo. Luego fue junto a ella. Apenas pisó la calle saltó sobre su cuello y succionó su vida mientras le tapaba la boca con su pequeña mano. No cesó de beber hasta que Laura dejó de respirar. Satisfecha y sabiendo que nadie la había visto se marchó, ya como una adulta. Durante unas horas se sintió tentada a volver para regodearse con el dolor de Marco Fontani.

            Pero ya era bastante ruidoso el grito que escuchaba en su interior, el de su propia conciencia con la voz del cura maldito: «Vuelve al infierno del que procedes, monstruo, y deja en paz a los inocentes».

 

 

 

            Marco encontró a su hermana tirada en medio de la calle apenas unos minutos después. Al verla sus rodillas sintieron flaqueza en su corazón y cayó arrodillado sumido en un dolor que le robó la respiración y las fuerzas. No necesitó acercarse para saber que estaba muerta.

            Aquellos días marcaron el resto de su vida. Intentó explicar lo sucedido a su marido sintiéndose culpable por haber sido él quien condujo a la asesina hasta Laura. Nadie le culpó pero no era necesario.

 

            Quedó prisionero de dos terribles evidencias: El terror de ser atacado desde las sombras en cualquier momento y la indefensión de saber que Dios le había abandonado.

            Por su mente preclara y su intelecto, llamado a ser uno de los doctores más prestigiosos de la Iglesia, fue recluido en una residencia de sacerdotes retirados, donde acababan los que perdían la razón o guardaban secretos que ponían en evidencia a la sagrada institución.

            Allí tuvo ocasión de narrar lo sucedido en un texto detallado y extendido. Al dárselo a su superior éste lo revisó personalmente y escandalizado lo envió a la colección secreta del Vaticano sin que él lo supiera jamás.

            Sin embargo Marco Fontani no acabó así su vida... Pero eso es otra historia.

 

Comentarios: 14
  • #14

    Tony (viernes, 03 junio 2016 16:57)

    Tocaba el martes pero no podré subirla hasta hoy, a ver si consigo un ratillo.
    Gracias por impacientarte, ultimamente me consienten demasiado. ;-D

  • #13

    Valeria (viernes, 03 junio 2016 16:56)

    Tony y la continuacion no tocaba ayer???

  • #12

    Chemo (jueves, 02 junio 2016 02:27)

    Jaja, no hay problema, Tony, para la próxima. En cuanto a Yenny, depende de qué tan buena esté la tía y con quien esté, jeje.

  • #11

    Yenny (lunes, 30 mayo 2016 23:20)

    Gracias Tony por los buenos deseos, sólo es una gripe por el cambio de clima pero ya estoy mejor.
    Las ocurrencias de Chemo siempre son muy divertidas jaja,pero me parece que si tuviera una tía buena delante se cohibiría .

  • #10

    Tony (domingo, 29 mayo 2016 08:43)

    Yenny, espero que no sea nada y te recuperes pronto.
    No te preocupes por no ser la primera, de vez en cuando hay que dejar turno a los demás. Lo que no van a tener tan fácil es reemplazarte como fan de la página ya que eres la persona mas fiel y que más tiempo lleva comentando.
    Chemo, quisiera cumplir tu deseo pero los años en los que se desarrolla este relato ni siquiera yo había nacido y tú eres más joven que yo, seguro.

  • #9

    Chemo (domingo, 29 mayo 2016 02:06)

    Espero salir en el relato de la vampiresa para salvarla de Fontani. jaja El relato está interesante. Espero la continuación.

  • #8

    Yenny (sábado, 28 mayo 2016 19:20)

    Me enfermo un par de días y se me adelantan en los comentarios
    :(
    Pensé que Fontani iba a ser asesinado luchando con Razda, no parece de los que huyen.

  • #7

    Alfonso (sábado, 28 mayo 2016 01:53)

    ¿Fontani jugará un papel importante en el resto del relato? Sería interesante verlo en acción detrás de la vampiresa. Eso de que Razda tiene teñido el pelo no me lo esperaba.

  • #6

    Valeria (viernes, 27 mayo 2016 21:18)

    Muchas gracias Tony; seria interesante ver al sacerdote exorcizando demonios y otras cosas.

  • #5

    Jaime (viernes, 27 mayo 2016 14:40)

    La historia está más interesante de lo que esperaba. Espero la continuación.

  • #4

    Tony (viernes, 27 mayo 2016)

    Muchas gracias por tus comentarios. Tendré en cuenta tu perición para futuros relatos.
    Ah y no te preeocupes, el capítulo de Marco era éste, el resto seguirá a Ratza. Puede que haya relatos del exorcista en el futuro, he dejado abierta esa posibilidad.

  • #3

    Valeria (viernes, 27 mayo 2016 00:23)

    Hoy si ya lo leí me muero por la continuación y me huele a que va ver spin off con Marco Fontani

  • #2

    Valeria (jueves, 26 mayo 2016 22:17)

    Hola Tony, aun no he leído esta parte, en un ratito lo haré y te doy mi opinión; quisiera saber si puedes hacer una historia como inventando una razón paranormal de la desaparición de aviones comerciales en los últimos años ;)

  • #1

    Tony (jueves, 26 mayo 2016 01:09)

    Nos acercamos al cuerpo central del relato. No olvidéis comentar y va para todos, Alfonso, Jaime, Chemo, Yenny y resto de visitantes frecuentes y eventuales. A todos se os echa de menos.

Animal es el que abandona a su mascota.

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