Hermanas de sangre

4ª parte

 

            Los años siguientes Ratza decidió llevar una existencia apartada, viviendo de sangre animal en la remota región donde nació ya que el sur de Europa era demasiado cálida y el Sol era abrasador salvo en invierno. Los Cárpatos y la región infinita de los Urales eran tierra helada, acostumbrada a la noche sempiterna donde rara vez se asomaba el Sol y los ríos eran glaciares la mayor parte del año.

            No había mucha vida, pero le bastaba. Un oso podía saciarla y apenas lo debilitaba cuando eso ocurría por lo que no agotaba el alimento. Después aguantaba días sin necesidad de sangre y dormitaba hasta que ésta regresaba.

 

 

            Así transcurrieron los años. Gozaba del equilibrio interior que había alcanzado en soledad aunque el ser humano se obstinaba en reaparecer.

            La simbiosis con la vampiresa que fue, antes de ser cazada por Frederick, se hizo tan intensa que empezó a creer que se había limitado a cambiar de cuerpo y borrar sus recuerdos. Pero nunca volvería a ser una cierva. Según la suerte que tuviera era loba, osa o zorra. Encontró muchos linces pero eran demasiado pequeños y tenía que matar a tres para saciar su sed, que sólo podía aplacar en horas nocturnas o con el cielo cubierto de nubes. Durante el día se escondía en agujeros inaccesibles por cualquier ser vivo, compartiendo lecho con murciélagos, lo que la permitía emprender la caza en esa diminuta forma y de ese modo encontraba antes el alimento.

 

            Así pasaron las décadas hasta que un día unos excursionistas en la noche del 1 al 2 de febrero de 1959 en la vertiente oriental de la ladera este de la montaña Kholat Syakhl, junto a un río, acamparon cerca de la cueva donde dormía. Tres de ellos eran vírgenes y el aroma de su sangre la despertó de su letargo con un deseo tal que anuló su razón. Si hubieran llegado cuando estaba satisfecha de sangre habría huido pero no tuvieron esa suerte.

            Era una noche helada y estaban refugiados en una tienda de lona, similar a las que vio utilizar a los soldados soviéticos. Todos dormían y captaba el irresistible latido de sus corazones. Enviaban golpes de olor a hierro, la sangre que palpitaba en sus venas era tan dulce y apetitosa que su instinto animal, de osa, actuó sin control. Con sus garras hizo una puerta en la tienda y entró en completo silencio olisqueando a los excursionistas en busca del virgen más joven. Se acercó al primero mientras sus colmillos alcanzaban la longitud de lapiceros. Era un muchacho de unos veinte años, fornido pero no muy agraciado en belleza.

            Al clavar sus colmillos le despertó y comenzó a chillar como una mujer mientras lo sujetaba con fuerza y saciaba su apetito. Los demás despertaron y trataron de huir desesperadamente cortando la lona con sus cuchillos. No podía dejarles escapar aunque sabía que no llegarían muy lejos. Cuando acabó con el primero de sus favoritos le bastó olisquear la ventisca una vez para saber donde estaba el siguiente. Acostumbrada a beber de animales de media tonelada, esos chavales eran simples y sabrosos ratoncillos.

            Corrió, convertida ya en humana, sobre la nieve como una centella, pues ella no se hundía, y le alcanzó enseguida. Se le subió a la espalda y no midió la inercia con la que lo empujó contra unas rocas y le aplastó el cráneo antes de poder beber una gota de sangre. Maldijo su propia torpeza.

            Su furia se incendió y fue a por el tercero que la esperaba con un palo en la mano mirándola con miedo y protegiendo a una chica con su cuerpo. Los dos estaban azules por el frío y el pánico.

            No le costó dar un empujón al galán y mientras volaba por el barranco sonrió a la chica, que chilló con todas sus fuerzas haciéndose oír a cientos de metros.

            Se acercó lentamente a ella a escasos veinte centímetros. Olía su miedo, un viscoso y apestoso olor a orina acida que evidenciaba que la estaba costando sujetar sus esfínteres. No era virgen.

            Se abalanzó sobre su cuello y bebió a placer.

 

 

 

            Los nueve excursionistas estaban muertos. No podía arriesgarse a que uno sólo de ellos escapara y contase lo que vio... Sin embargo, después de tanto tiempo sin matar, comprender que la vida humana le importaba tan poco causó un nuevo cambio en su forma de percibir el mundo.

            Ella era una vampiresa, su naturaleza siempre buscaría con ansia la sangre virgen de los de su especie y ya había luchado demasiado tiempo contra eso.

            Si quería paz, debía vivir entre humanos. Implicarse con ellos, ayudarlos o darles su merecido. Era tan difícil evitarlo... Así que se aceptó a sí misma, y se dijo que la mejor forma de librarse de la tentación es caer en ella.

 

            Regresó a Europa, pasó por Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Rumanía... Se quedó fascinada con lo que había cambiado la sociedad, de ver calles iluminadas con antorchas a encontrarse alumbrados eléctricos.

            Era 1960 la época dorada del rock and Roll y se preguntó por qué la anquilosada sociedad había tardado tanto en despertar a esa maravillosa aurora… Se perdió en los Urales durante setenta años. Parecían siglos.

            Jóvenes rebeldes borrachos por las calles a diario cada noche. Nunca fue tan fácil sobrevivir.

            La música era maravillosa. Cierto era que tardó en amarla, al principio creía que era ruido insoportable pero como una droga. Cuando su cuerpo se acostumbró a las voces y los gritos, sus músculos empezaron a moverse al ritmo y así aprendió a adorarla. La magia, casi demoníaca, se multiplicaba cuando podía entrar sin pagar a las discotecas y se bañada en la droga musical con la que su cuerpo se movía sin su dictado, poseído por el frenesí del baile, y atraía a cualquiera que se propusiera con sólo mirarlo.

            Pero no todo era diversión. Era un mundo que despertaba de las pesadillas de las guerras mundiales. Entendió que el gran culpable del cambio obrado por la sociedad fue debido a la tremenda destrucción de esos años infernales. Había que levantar un mundo que adorara la paz y que nunca olvidara el infierno del que había surgido. Un mundo que, de paso, se olvidó de Dios.

            Durante los dos primeros años aprendió a beneficiarse de todas las novedades, la mujer había adquirido un papel mucho más importante y no era una boca mas que alimentar ni una fabrica de niños.

            Pero también se daba por hecho su autosuficiencia. Ella no tenía educación en ciencias ni letras, era analfabeta y no sabía contar. Tampoco podía matricularse en ningún colegio si no la llevaba un adulto, las universidades exigían documentación y aunque podía entrar con libertad a sus clases, era como asistir a un convento del siglo XIIX y tratar de entender las salmodias en latín.

            Simplificando su existencia, todo era más fácil, salir de noche, alimentarse, robar y dormir en cementerios donde nadie preguntaba. Pero deseaba resucitar, vivir en un apartamento propio, hacer sus reformas, saludar a los vecinos... Estaba harta de ser una criatura maldita. Ella no decidió ser vampiresa, Dios no podía castigarla eternamente.

            Pero era muy complicado conseguir un nombre y apellidos, una nacionalidad y unos derechos. Sin nada de eso, no podía estudiar, trabajar.… Vivir.

            Lo primero que debía hacer era aprender otro idioma. Ya conocía el italiano y el rumano pero el mundo hablaba en español e inglés. Por ello se fue a conocer Madrid, España, a un barrio azotado por la reciente guerra donde las modernidades del siglo XX se resistían a llegar por el duro régimen de una dictadura.

            En principio llegó de visita, por conocer mundo y al ver tanta pobreza se quiso marchar a un lugar donde no hiciera tanto calor y se viviera mejor. Pero fue arrestada por "pasear" a las once de la noche. Aunque lo más correcto sería decir que acechaba a un policía que al verla comenzó a soplar un insoportable silbato y corrió hacia ella muy enojado mientras se le unían otros guardias.

            — Señorita, no es hora de estar sola en la calle. Vuelva a su casa de inmediato.

            Por suerte había aprendido español durante su viaje y pudo responder medio en italiano.

            — Soy extranjera y no he encontrado hotel.

            — Ah... -Borró su cara de enfado y sonrió-. No se preocupe, la llevaré a donde puede pasar la noche. Cortesía de  Francisco Franco, acompáñeme.

            Así acabó en una celda sin cerrar de la que no podía escapar si no quería incomodar a sus bienhechores. Pensó en lo sencillo que hubiera sido matar a ese guardia pero pronto entendió que se habría enfrentado a los otros, desataría la alarma y no le interesaba. Decidió irse de esa maldita ciudad al día siguiente...

            Pero antes del amanecer otro de los vigilantes nocturnos a los que llamaban serenos, apareció con una mujer que cargaba un fardo marrón con toda su ropa. Una vagabunda.

            — Es la última vez que te digo que busques un lugar seguro donde dormir. Me tienes harto de traerte.

            — No hago daño por vivir en un banco -respondió dolida.

            — Qué habrás hecho para que te echen de casa... -gruñó el sereno.

            La mujer se limitó a bajar la cabeza.

            Cuando se quedaron solas Ratza miró su apetitoso cuello descubierto y se relamió inconscientemente.

            — Deja de mirarme, no soy un bicho raro.

            No se daba cuenta de que la otra se sentía incómoda con su mirada intensa.

            — No hay nada más donde mirar.

            La mujer no respondió.

            — ¿A ti también te han arrestado por pasear? -Inquirió.

            — No, yo dormía en un banco del Retiro.

            — ¿Qué es eso?

            — Es un parque...

            — No sé mucho español, ¿qué es un banco y un parque?

 

            Durante las horas de la noche que estuvieron juntas hablaron de la ciudad y aprendió el idioma con gran facilidad. Viva nunca tuvo buena memoria pero muerta cada palabra que aprendía era como si se la recordaran y quedaba guardada en su memoria a la primera y ya nunca la olvidaba. Sus contertulios quedaban impresionados con su capacidad retentiva.

            Cuando amaneció llegaron muchos más guardias y hablaban de algo llamado fútbol con exagerado entusiasmo.

            - La final va a ser coser y cantar -decía uno-, Eintracht Frankfurt se va a hacer caquita en los pantalones cuando ponga el himno del Madrid.

            - Nos hemos comido al Barcelona con patatas fritas. Los catalanes no se dan cuenta de quién manda en este país, que lo recuerden bien.

            Ratza miró a su compañera de celda, sin comprender una palabra.

            — Hablan de fútbol -explicó-. Ayer ganamos al Barcelona.

            — ¿Nosotras?

            — Es una forma de hablar.

            Uno de los guardias se unió a la conversación.

            — El Real Madrid, para una cosa buena que tenemos en España... El mejor equipo del mundo. Han ganado todas las copas de campeones que yo recuerde y juegan equipos de toda Europa, los mejores. Tú vienes del extranjero, ¿de qué equipo eres?

            — Vengo de Rumanía. No soy de ninguno de esos. No sé ni qué es fútbol -replicó, confusa.

            — ¿Eres del país de Puskás y no sabes qué es el fútbol? ¿De qué planeta te has caído? -Preguntó burlón entre carcajadas,  mientras de marchaba.

            — ¿Puskás rumano? Es de Hungría, animal -se burló otro.

            — Bueno, es de por allí, son países vecinos.

            — ¿Te imaginas una final madrileña? -Preguntó el que se acercó a él-. Dejaríamos claro al mundo entero que nadie sabe jugar como en Madrid.

            — ¿Estás de guasa? ¿Los indios en la final? El atlético es una mierda hombre, no se ganan ni el sueldo.

            Eso fue lo último que escuchó y pensó que le sería útil recordar que existían equipos de fútbol, al menos dos de Madrid y uno de ellos era el mejor.

            — ¿Disculpen? -Exclamó, harta de estar allí.

            Uno de ellos se volvió.

            — ¿Qué quiere señorita?

            — ¿Podemos irnos ya?

            — Claro, pueden marcharse. Y por favor, desde las 9 intenten no volver a deambular, no hay comercios abiertos y no hay gente de fiar por las calles.

            — Gracias.

 

 

            Al salir tras un saludo de cortesía cada una fue por su lado. Ratza estaba ansiosa de salir de esa maldita ciudad, némesis del mundo libre que acababa de conocer. Pero estaba hambrienta, era de día y empezaba a oler la putrefacción de su carne al exponerse al Sol.

            Recordó con añoranza los años solitarios en la estepa, cuando alimentarse era cosa de una vez por semana y se olvidó de su condición maldita.

            Ahora sólo podía encontrar osos en el zoológico o en zonas montañosas. Aunque en el sur de Europa las grandes distancias eran ridículas comparadas con las siberianas, siendo humana y a plena luz del día, era imposible alcanzar alimento animal antes de que la poseyera la furia de la sangre.

            Dado el tamaño de sus caninos, antes de las doce del mediodía perdería completamente la razón.

            — ¿Dónde encontrar a alguien dormido a esas horas de la mañana? -susurró con preocupación.

            Cuando salió de la comisaría vio un cartel de papel pegado a una farola un anuncio.

            "Campaña de vacunaciones infantiles. Plazo desde el 15 de abril hasta el 18 de mayo. Hospital clínico de Madrid."

            — En los hospitales hay sangre...Me pregunto si me transformaré en una bolsa de plástico si bebo eso.

 

            Con el dinero que le quedaba fue al hospital que figuraba en el cartel con ayuda de un taxi. Era un día especialmente caluroso y tuvo que usar su perfume para ocultar el hedor a muerta que emitía. Claro que los humanos no tenían el olfato tan fino como el suyo, que captaba hasta la peste que salía de los agujeros de las alcantarillas, el sudor ácido del taxista, el artificial aroma de los neumáticos de caucho, el pegajoso polen primaveral, el humo de los cigarros y sobre todo la contaminación ambiental. Podía ver a su alrededor con los ojos cerrados gracias a su olfato.

            Entró en el hospital concentrándose en ese sentido tan útil. Si no lo hacía tendría problemas para sujetar el monstruo que amenazaba con lanzarse al primer cuello que pillara. La sangre palpitaba con fuerza en cada uno de los cuellos, en los niños dulzona, en adultos, amarga pero exquisita, en ancianos sosa y sin valor nutritivo y eran ellos los que más abundaban por allí. Sus ojos debían ser rojos como la sangre que anhelaba y los llevaba cerrados para no levantar alarmas. Los colmillos la herían el paladar y los labios inferiores. Sus manos temblaban, el estómago ardía como si tuviera fuego dentro.

            — ¿Se encuentra bien señorita? -Preguntó un señor-. Está muy pálida.

            — No habría venido a un hospital si estuviera bien, ¿no cree? -Le miró con odio efervescente.

            El señor se sobresaltó al ver sus pupilas rojas y luego soltó una risotada.

            — Qué buen disfraz,  parece de verdad.

            Y la ignoró por completo. Hizo bien porque un segundo más cerca de ella y habría muerto.

            El reloj del hospital marcaba las once y cincuenta y cinco. O encontraba sangre antes de que pasaron esos minutos o causaría una masacre y seguramente muerta porque no tenía poderes para salir de allí después de causar el caos. Malditos serenos, ahora estaba vendida. Con cada persona que veía se imaginaba dándose un festín con su cuello, ya no importaba la edad, necesitaba sangre. Sus colmillos no cabían ya en su boca y la multitud aglomerada en los pasillos la miraban con horror antes de reaccionar como aquel hombre. Nadie creía que fuera un monstruo de verdad, así debía seguir siendo.

            — Ya no puedo más...

            Agarró a una mujer que tenía delante y la mordió en el cuello. Ésta gritó y trató de sacudírsela pero la hizo presa enroscando sus piernas en su pecho y los brazos sujetando los de la mujer cayendo ambas al suelo.

            Pronto notó la sangré fluyendo por su lengua y sorbió hasta que el fuego de sus entrañas se empezó a apaciguar. Ya no pensaba, su mente era un mar de sangre y los gritos de la gente ni siquiera la preocupaban. Alguien comenzó a golpearla con más rabia que fuerza, los latidos de su víctima se debilitaban por segundos y aún no estaba satisfecha. Debía parar antes de que muriera, necesitaba escapar o la cogerían y no quería ni pensar lo que podían hacerle mientras no se pusiera el Sol. Pero no razonaba y su demonio interior la forzaba a seguir succionando hasta que dejara de escuchar ese frágil corazón.

 

Comentarios: 14
  • #14

    Yenny (jueves, 09 junio 2016 23:51)

    ¿Qué pasó Tony? Espero que nada malo con tus hijos, vas a ver que pronto va a mejorar todo.

  • #13

    Tony (jueves, 09 junio 2016 09:28)

    Yenny, la verdad es que este año sólo he visto un partido de dútbol y además no entero.
    Siento el retraso, esta semana está siendo un infiemo de medicos y no dormir.

  • #12

    Yenny (miércoles, 08 junio 2016 20:06)

    Continuación :( no me gusta esperar tanto, seguro Tony está viendo fútbol por eso no escribe jajaja

  • #11

    Valeria (martes, 07 junio 2016 21:01)

    :( ni modo toca seguir esperando

  • #10

    Tony (martes, 07 junio 2016 20:40)

    Tocaba, pero apwnas he podido escribir y no tengo parte completa. Espero que para el jueves pueda subir.

  • #9

    Valeria (martes, 07 junio 2016 19:52)

    hoy toca la continuación cierto???

  • #8

    Chemo (martes, 07 junio 2016 01:25)

    Continuación

  • #7

    Alfonso (domingo, 05 junio 2016 23:05)

    Excelente historia. Espero la siguiente entrega.

  • #6

    Tony (domingo, 05 junio 2016 14:24)

    Perdón, aun no había gando la quinta en el tiempo que se desarrolla este relato, aun faltaban unos dias, pero no es relevante.

  • #5

    Tony (domingo, 05 junio 2016 14:20)

    En 1960 el Real Madrid era el tema del que todo el mundo (masculino hablaba) acababa de ganar la quinta copa de Europa consecutiva y había razones para que los aficionados se vanagloriaran de que era el mejor del mundo.
    No tiene que ver con que yo sea aficionado del Madrid o no... Aunque lo soy.

  • #4

    Yenny (sábado, 04 junio 2016 19:14)

    En alguna parte leí esa historia de los excursionistas muertos durante una expedición y nunca se supo que pasó, interesante manera de unir hechos.
    Yo también creo que le vas al Real Madrid jajaja
    Gracias por hacerte tiempo para publicar, ojalá puedas subir pronto la siguiente parte.

  • #3

    Jaime (sábado, 04 junio 2016 18:28)

    Defninitivamente no es de las mejores de este sitio, per está interesante la historia. Y que viva el Real Madrid, jeje.

  • #2

    Valeria (viernes, 03 junio 2016 23:15)

    Muy bueno como siempre Tony me quedo con ansias de la continuación. (tengo la ligera sospecha que le vas al Real Madrid)

  • #1

    Tony (viernes, 03 junio 2016 17:11)

    Iba a publicar esta noche en casa, pero he conseguido un momento para publicar ahora.
    Espero que comentéis mucho aunque no os guste el relato.

Animal es el que abandona a su mascota.

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