Hermanas de sangre

5ª parte

 

 

 

 

         —¡Que alguien ayude a mi mamá! —Era la voz de una niña, la misma que la golpeaba.

         Abrió los ojos y volvió en sí. Pasó la lengua por la herida del cuello y ésta se cerró casi al instante. Soltó a la mujer, aún viva pero inconsciente, y observó a su alrededor.

         —¡Mamá! —Chillaba una mocosa de unos diez años, llorando desconsolada.

         —Lo siento —murmuró.

         Se pasó la manga por la boca ensangrentada y se puso en pie.  Salió corriendo por el pasillo. La gente se apartaba como si fuera una apestada. Escuchaba los silbatos de los vigilantes, sus rápidas pisadas distantes. Uno de ellos se cruzó con ella pero no se lo esperaba y le derribó de un empujón. La luz artificial no la dañaba allí dentro y tenía más fuerza que en el exterior.

         Corrió a la cola de taxis y se metió en el primero de todos.

         —Sáqueme de aquí —ordenó.

         El taxista vio que tenía la boca llena de sangre y arrancó con premura.

         —¿Quién le ha hecho eso? —Preguntó furioso—. ¿La llevo a una comisaría?

         —Arranque de una vez —le ignoró, sin perder de vista la puerta de salida del hospital.

         El taxista obedeció haciendo derrapar las ruedas delanteras y justo cuando se alejaban vio salir a dos guardias buscándola a ambos lados sin reparar en su vehículo.

         A pesar de que no necesitaba respirar soltó un profundo suspiro de alivio. Todo salió mejor de lo que esperaba. Gracias a que atacó en pleno hospital su víctima recibiría una transfusión a tiempo y el percance no alcanzaría mayor notoriedad.

         —Lléveme a un cementerio grande —dijo.

         —¿Está segura de que no quiere ir a la comisaría? Debe denunciar al que la ha hecho eso.

         —No es asunto suyo. Por favor lléveme al cementerio de los ricos.

         —¿San Isidro?

         —¿Cuál sino?

         El taxista dio la vuelta en una plaza donde había un arco del triunfo en el que leyó "Puerta de Toledo" y bajó una cuesta muy empinada, cruzó un puente que pasaba sobre el río Manzanares... O lo que parecía una ciénaga de desechos putrefactos, y aparcó junto a una muralla de ladrillo rojo.

         —Suba la cuesta y llegará a la entrada. Prefiero quedarme que luego me lleva un rato dar la vuelta. Además a partir de aquí ya no es el centro y tendría que cobrarte más caro.

         —¿Cuánto le debo?

         —Diez pesetas.

         Sacó los billetes del bolsillo y le pagó. Aún tenía al menos ciento cincuenta pesetas de modo que no había motivo de preocupación.

         Se dirigió a la entrada con calma, ya no tenía prisa. Degustó el agradable aroma del cementerio, el camino principal estaba flanqueado de altos cipreses y las flores recién puestas junto a las tumbas emitían un aroma embriagador. No había nadie vivo por allí a pesar de ser un cementerio bastante grande. No escuchaba más que el ruido de los pájaros, el murmullo de los árboles al ser mecidos con la brisa y el silencio de las lápidas con sus estatuas de piedra velando a sus muertos.

         Encontró un mausoleo al fondo con una reja de hierro oxidado y una puerta de hormigón sellada con cemento.  No podría entrar durante el día de modo que buscó otro y se topó con una tumba reciente repleta de rosas. Junto a la sepultura una mujer de piedra de tamaño real lloraba al difunto para siempre. La tumba estaba recién sellada, podía oler el cemento fresco.

         Empujó la tapa de mármol y le costó moverla, el Sol pegaba tan fuerte que tenía la fuerza de una niña. Pero empleando todas sus fuerzas consiguió mover la piedra lo justo para entrar. Había un hueco de metro y medio de profundidad antes de la tierra que tapaba el ataúd.

         —De momento me vale.

         Se metió y desde abajo volvió a colocar la lápida. Fue más fácil porque la oscuridad multiplicó sus fuerzas por mil.

         —Al fin un descanso.

         Se acomodó sobre la tierra fresca y cerró los ojos esperando la noche.

 

         —... Te olvidarás de todo cuando entres en tu coche, pero no que me has visto. Recuerda quién te te manda hacer esto.

         Ratza abrió los ojos sorprendida. Alguien hablaba ahí fuera a unos veinte metros. Miró su reloj, eran las diez de la noche. ¿Se había dormido? Realmente estaba agotada.

         —Ahora vete y haz lo que te he dicho.

         Escuchó pisadas y luego el segundo individuo comenzó a marcharse.

         —Esta noche no paso hambre —se dijo—. La comida se pone sola en la mesa.

         Movió la tapa con tanta facilidad como si fuera de corcho, estaba en la plenitud de su poder y empezaba a tener hambre. Salió de un salto y se deslizó junto a la hilera de cipreses siguiendo al misterioso individuo. Se asomó y vio que era un hombre delgado, alto y trajeado que caminaba con bastón aunque no lo necesitaba. El olor de su sangre era algo amargo, debía tener cerca de treinta. Antes de que saliera del cementerio le cayó encima como un águila y rodaron al suelo enzarzados en una aparatosa pelea. Pero no sirvieron de nada sus esfuerzos, le sujetó los brazos y le miró a los ojos antes de matarlo, le gustaba ver el miedo de sis víctimas. Eran oscuros, hermosos y al ver su rostro surcado por arrugas tempranas, adornadas con un fino bigote recto y su barba de tres días se quedó paralizada.

         —Ahora vas a soltarme y me explicas esto, muchacha.

         Ratza se rio interiormente. Primero se alimentaría y luego...

         Su cuerpo actuó por iniciativa propia y le soltó, le ayudó a incorporarse y le observó mientras se sacudía el polvo de la pelea.

         —Qué fuerza, me impresionas. ¿quién eres?

         —Me llamo Ratza.

         —¿Quieres saber mi nombre?

         «En absoluto, eres mi bocadillo y eso basta».

         Iba a morderlo pero se sorprendió a sí misma respondiendo con suma educación.

         —Por favor, preséntate.

         —Me temo que es pronto para eso. Demuéstrame lealtad y satisfaré tu deseo.

         «¿Qué? Será cretino engreído...».

         — ¿Qué puedo hacer por ti?

         —Matar. Dentro de una hora aproximadamente vendrá un hombre con una mujer. Ella estará muerta y él me llamará por mi nombre. Si quieres volver a verme, acaba con ese canalla, me da igual cómo.

         —Como desees.

         «Qué está pasando» —Protestó interiormente —. «Muerde a este mamarracho, Ratza».

         Pero no se movió, el hombre delgado se alejó con parsimonia, con una seguridad irritante.

         «No le dejes salir». Pero le dejó. ¿Qué le pasaba? Sólo pudo reaccionar.

         Cuando le perdió de vista corrió a agazaparse con ansiedad esperando a su nueva víctima. Diría su nombre y en ese momento no había nada que quisiera más que conocerlo aunque no entendía por qué.

 

         Transcurridas dos horas, pasada la una de la madrugada alguien entró arrastrando un saco pesado. Sollozaba mientras lo empujaba y balbuceaba palabras como "lo siento", "no sé cómo he podido hacerte esto"...

         Cuando entró del todo comenzó a gritar, furioso.

         —¡Salam! ¡Maldito seas, ven y explícame por qué! ¡Nunca debí escucharte!

         ¿Ese era su  nombre? No le decía nada en absoluto. Ahora ya podía alimentarse de ese asesino que además echaba la culpa al otro de su crimen.

         Cayó sobre su cuello como ave rapaz y ambos cayeron rodando por el suelo de tierra mientras aun podía resistirse.

         —¡Socorro!

         Clavó sus dientes en la yugular y succionó con ferocidad. De nada sirvieron sus lamentables gritos de auxilio, él no había perdonado tampoco a la persona del saco.

 

 

         Regresó a su tumba y pasó el resto de la noche escuchando lo que ocurría en el exterior.

         Salam regresó justo antes del amanecer,

Quería darse un festín con él y quedar satisfecha para soportar el día siguiente sin pensar en su adicción pero él la llamó.

         —Ratza, donde quiera que te escondas sal que pueda verte.

         Claro que saldría. Se presentó ante él de forma teatral como una cortina de humo materializándose de la nada. Su intención era asustarlo y arrebatarle esa incómoda seguridad en si mismo que tanto la irritaba.

         Salam se inclinó ante ella sin inmutarse.

         —Ya sé cómo te llamas.

         —Sabes mi nombre, pero no quien soy en realidad —la retó él.

         —Lo mismo podría decir yo —respondió.

         La estudió de arriba abajo con una sonrisa de prepotencia irritante.

         —Eres una mujer fascinante, salta a la vista, pero no tienes nada para mí.

         Soltó una risotada y le ignoró.

         —Te he hecho el trabajo sucio, págame.

         Quería desconcertarle, robarle su estúpida arrogancia, pero...

         —Lo haré, a eso he venido.

         ...Tenía respuestas para todo.

         —Era una pregunta retórica, ¿qué puede ofrecerme un vulgar mortal como tú?

         Dándole a entender su propia inmortalidad él debería sorprenderse.

         —¿Quieres dinero?

         —No pensaba en eso, lo tomaré igualmente cuando te mate.

         La amenaza debió asustarlo.

         —En ese caso querrás un lugar donde refugiarte segura.

         Esperaba que retrocediera, que empezara a mostrarse menos seguro con la evidencia de su próxima muerte pero no lo estaba consiguiendo.

         —Ya me siento a salvo.

         —Entonces, ¿qué te está impidiendo matarme? Cuéntamelo.

         Sin duda era consciente de que su vida peligraba pero también la controlaba y eso la irritaba.

         —¿Cómo lo haces?

         —¿El qué?

         —Conseguir que otros hagan cosas que no quieren hacer.

         Salam sonrió con suficiencia.

         —Por supuesto, no podía ser otra cosa. Se llama sugestión aunque muchos se refieren a ello como hipnosis.

         —Enséñame y te perdonaré la vida.

         —Por supuesto. Pero a cambio me enseñarás a hacer eso de aparecer con la niebla.

         —Nunca podrás aprenderlo.

         —Puedo conseguir todo lo que me proponga.

         Fue la primera vez que se dio cuenta de que ese hombre no era español. Tenía un acento curioso, más tarde descubriría que era argentino.

         Salam dejó de mirarla y se puso guantes de cuero antes de abrir la bolsa de plástico negra. Dentro había una mujer viva, paralizada con expresión de pánico y amordazada.

         —Dime, ¿qué se siente cuando la persona en la que más confías te hace esto? —Le dijo, como si la conociera.

         Ella intentó gritar pidiendo auxilio pero la mordaza era fuerte. Se la quitó y la atusó el pelo con cariño.

         —Juan José, perdóname, nunca volverá a ocurrir.

         —Claro María, ese desgraciado no romperá más hogares. No temas, jamás podría hacerte daño.

         —Creí que estaba muerta —susurró Ratza, aturdida.

         —Te presento a Hellen, mi ex mujer. Ahora que nos hemos librado de su novio volveremos a ser una familia. Ven con nosotros, acompáñanos y te enseñaré gustoso todo lo que sé. Ah, y procura no matarla por favor y tampoco a mí. Te daremos la familia que tanto anhelas.

         Ratza estaba confundida. Pensó que mataba a un monstruo pero los únicos monstruos que había allí eran ese argentino chiflado y ella misma. Y lo peor del casi era que ese hombre sabía demasiado, no podía ser un simple mortal.

 

Comentarios: 15
  • #15

    Yenny (sábado, 02 julio 2016 22:53)

    Tony siento mucho por lo que estás pasando, tengo un problema parecido pero el mío no tiene cura y se lo frustrante y molesto que pueden ser esos dolores, de todo corazón espero que mejores pronto para que puedas disfrutar al máximo de tu familia.

  • #14

    Yenny (sábado, 25 junio 2016 01:04)

    No te preocupes Tony, lo importante es que te recuperes pronto.

  • #13

    Valeria (jueves, 23 junio 2016 21:10)

    Bueno ni modo :( espero que te recuperes pronto :)

  • #12

    Tony (miércoles, 22 junio 2016 18:00)

    Siento el retraso, llevo de baja semana y media y no puedo escribir casi nada desde entonces.
    Disculpar la espera. No sé cuanto tardaré en recuperarme.

  • #11

    Valeria (miércoles, 22 junio 2016 17:25)

    Que paso??? ayer tocaba la continuación :(

  • #10

    Valeria (jueves, 16 junio 2016 00:26)

    Bueno esta bien esperare... :(

  • #9

    Tony (miércoles, 15 junio 2016 17:56)

    Con suerte antes del viernes. Llevo muy poquito escrito de momento.

  • #8

    Valeria (miércoles, 15 junio 2016 17:54)

    Cuando vas a subir la continuación?

  • #7

    Valeria (lunes, 13 junio 2016 21:05)

    Que emocionante me gustaría saber mas de la historia de Salam, buena continuación como siempre aunque algo corta pero entiendo que fue por lo de tu esposa espero que siga mejor :)

  • #6

    Chemo (domingo, 12 junio 2016 04:21)

    Esta parte estuvo interesante y original. Concuerdo con Alfonso en que el hipnotista debe morir a manos de Sam.

  • #5

    Ariel (domingo, 12 junio 2016 03:16)

    Espero que todo esté bien, esta parte me parece interesaste, cuando agregas personajes así de misteriosos,

  • #4

    Alfonso (sábado, 11 junio 2016 20:45)

    Tony, qué bueno que tu familia esté mejor. Esperemos que sigas subiendo tus historias por un buen rato. No me parece tan interesante el nuevo personaje. Paece más como un mentor para Ratza a la cual ella terminará asesinando al final de la historia. Saludos a todos.

  • #3

    Yenny (sábado, 11 junio 2016 18:50)

    Demasiado misterio rodea a este nuevo personaje aunque siempre es interesante cuando intervienen personajes nuevos, espero que se conozca pronto un poco más de él.
    Tony que bueno que ya todo está mejor y espero que nunca más tengas que pasar por una situación así. Los mejores deseos para ti y tu familia y que tu esposa está al 100% pronto.

  • #2

    Jaime (sábado, 11 junio 2016 03:03)

    Aparece un personaje nuevo e interesante. Y parece que puede leer la mente también. Presiento que va a morir a manos de Ratza antes de que termine la historia.

  • #1

    Tony (sábado, 11 junio 2016 01:39)

    Tras una semana de angustia y de no dormir parece que todo se ha normalizado.
    Al fin he conseguido terminar esta parte. Espero que no tenga que pasar algo así nunca más, mi mujer se puso mala y lo hemos pasado muy mal.
    En fin, este relato, como todos los demás siguen adelante. Por favor comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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