Invocando a Verónica

Epílogo

Epílogo I

 

            Pasaron los años y la amistad floreciente entre Juan y Olivia se fortaleció a medida que crecían. Los años acentuaron los atributos de mujer de ella y Juan no lo pasó por alto. Lo que en un principio eran citas entre amigos en donde él sabía que ella le adoraba, se transformó en todo lo contrario ya que ella dejó de mostrar tanto interés por verle. Llegaron a fin de curso, el último año del instituto, cuando se tendrían que despedir para siempre.

             Juan se iba a declarar con mucho miedo pensando que no aceptaría, y merecidamente, después de tanto tiempo ignorándola. Seguramente ahora podía elegir novios a pares.

            Quedaron en la misma hamburguesería que el primer día y las cosas habían cambiado mucho desde entonces. Juan solo podía pensar en Olivia y ella había dejado de ser una niña sin formas y se había transformado en una preciosa jovencita que atraía las miradas de todos. Además ella había dejado atrás su fase oscura y ahora vestía más formal aunque se había colocado un piercing en la ceja derecha, lo que acentuaba aún más sus bonitos rasgos faciales.

            - ¿Por qué querías quedar en este sitio? - Le preguntó ella.

            - Bueno, creí que sería un detalle volver a vernos en el primer lugar donde estuvimos a solas.

            - Es verdad - dijo ella -. Casi ni lo recordaba.

            - Quería que fuera aquí porque, bueno, tú no lo recordarás pero hace un par de años tú aún eras una niña y creía que estabas interesada en mí, y yo tenía muchos pájaros en la cabeza y ni siquiera me lo planteaba en serio.

            - ¿Plantearte qué?

            - Salir contigo.

            - Ya salimos, quedamos de vez en cuando - dijo ella, extrañada.

            - Me refiero como pareja... - Juan se puso colorado al decir eso y no se atrevió a mirarla a los ojos.

            Ella le miró intensamente y sonrió.

            - ¿Ahora sí te lo planteas? No recuerdo haberte dicho nunca que me gustabas.

            Juan la miró sorprendido.

            - Bueno, nunca lo dijiste, pero era obvio.

            - No es cierto.

            Aquello le sentó como un jarro de agua fría a Juan.

            - ¿No es cierto?... ¿"Qué" no es cierto? que te gustara o que fuera obvio - balbuceó, visiblemente nervioso.

            - Las dos cosas.

            - Oh vaya... - el chico se rascó la nuca.

            - Y tú, ahora que te lo has planteado, ¿has decidido que te gusto? - preguntó ella con una mirada pícara.

            - Eso he dicho antes, sí - reconoció Juan, tímidamente.

            - Bueno, tú nunca me has gustado porque... bueno - ella titubeo, lo que le dio esperanzas a Juan -. En realidad he sentido mucho más que eso por ti.

            - ¿En serio?

            - Sabía que algún día estaríamos juntos - dijo ella, algo ruborizada.

            - ¿Cómo podías saberlo? - replicó él, recordando que hasta ese último año jamás la había mirado como a una mujer.

            - ¿Recuerdas ese amigo invisible que tuve en la infancia?

            - Emmm... - Juan lo recordaba sin problemas pero había prometido no contárselo a nadie y debía fingir que casi lo había olvidado. No era fácil olvidar al tipo que iba a ser su futuro marido. Desde hacía meses le atormentaba saber que ella conocía a ese chico y que por esa razón nunca le aceptaría a él -... Sí, creo que sí... dijiste que te había dicho que algún día te casarías con él.

            - Ese mismo - reconoció ella.

            - ¿Qué pasa con él? ¿Te dijo algo de mí?

            - Bueno, esa es la cuestión. Ese chico eras tú.

 


 

Epílogo II

 

            Verónica contempló toda aquella conversación con una expresión sombría, ¿de qué rayos estaba hablando esa loca? ¿Cómo podía ser él? Y lo que le parecía más escandaloso, ¿cómo podía ser cierto? Tenía poder para ver el futuro de la gente y sabía que Olivia tenía razón, ellos dos serían felices, se casarían y después de una vida en la que ambos serían fieles, tendrían hijos, nietos y morirían mayores.  Sentía envidia por ellos aunque no una envidia destructiva sino sana.  Se alegraba por Juan y en cierto modo lamentaba que nunca más pudiera cruzarse en su camino.

            La última conversación que tuvo con él la hizo llorar, cosa que no había hecho desde... que estaba viva y era dueña de su propia alma. De algún modo algo había cambiado en ella tras su despedida. Lo que antes era un interior muerto y sin esperanza se había convertido en un volcán luchando por explotar. ¿Qué quería decir con que todo importa? ¿Cómo podría nunca olvidar lo que le hizo a Pedro? ¿Cómo podría perdonárselo nunca a sí misma? Aunque sabía que era imposible, sentía que de algún modo podría ser aunque no sabía cómo. Aquellas preguntas la atormentaban cada instante y por ello buscaba alivio, contemplando la vida de Juan. Quería ser mera espectadora y ver si de verdad había encontrado el camino hacia Dios. No pretendía meterse más en su vida...

            Hasta que escuchó algo que la dejó sin habla… "Ese chico eras tú". ¿Cómo podía ser él si ni siquiera sabía que Olivia existía cuando eso sucedió? No podían ser viajes astrales que hiciera él (ya que ni siquiera sabía lo que era eso, en aquel tiempo), tampoco le hubiera dicho que se casaría con él dado que no le interesaba en absoluto, y tampoco parecía lógico que fuera una locura de infancia de ella dado que se cumplió lo que profetizó y lo más extraño era que Olivia había reconocido el rostro de Juan.  No podía ser que él fuera a verla en sueños inconscientemente porque sino él la habría reconocido desde el primer día. Además ella ni siquiera le había visto nunca cuando veía sus apariciones.

            - Tengo que ver eso con mis propios ojos – se dijo.

            Verónica se concentró en aquel tiempo y usó su poder para viajar al pasado para resolver todas sus dudas.

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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