Karma de sangre

22ª parte

            Habían sido separados después de la vista con el inspector Jurado, les habían llevado a habitaciones de hospital y ahora estaba atado en una camilla por las muñecas. La incertidumbre de lo que le harían o le harían a Brigitte era la peor tortura a la que podían someterle.

            «¿Y ahora qué?» -Preguntó a Verónica, enfadado más consigo mismo que con ella-. «Debí consultarte antes en lugar de tomar decisiones tan importantes.»

            «Las cosas aun se podrán peor antes de mejorar.»

            «¿Podrías ser menos críptica?» -recriminó él, enojado.

            «No puedo darte tu respuesta mientras te niegues a escuchar lo que te intento decir.»

            «No me fastidies con tus acertijos, estoy totalmente abierto, ¿no te estoy escuchando ahora?»

            «No escuchas lo que debes escuchar. Por culpa de tu obstinación ahora ella también está en peligro. Tienes miedo y por eso estás ciego a mis palabras.»

            «¿Miedo a que ella muera? Pues claro que lo tengo. Pero no pienso dejar que le pase nada.»

            «¿Cuándo entenderás que no puedes conseguir todo lo que te propongas?»

 

 

 

 

            Abrió los ojos preguntándose quién era. El dolor de cabeza era tan intenso que tuvo que volver a cerrarlos para poder pensar. Recordó su estresante día de trabajo, que Antonio había ido a sacarla de ese infierno y que posiblemente cuando volviera al trabajo la esperarían con una carta de despido. Después de marcharse fueron a ver a unos extraños amigos de Antonio que le dieron escalofríos y entre ellos habían decidido que el mundo estaba a punto de terminar. Les acompañó porque les había creído aunque las extrañas muertes que habían asolado Madrid no invitaban a ser tan catastrofistas.

            Habían sido sorprendidos cuando iban a destruir unos cadáveres y les habían acusado de ser ellos los responsables del genocidio. ¿Podía confiar que no fuera cierto? Ella trabajaba y su marido se pasaba el día en casa, según él perdiendo el tiempo con videojuegos. Pero esos amigos suyos... Si le había ocultado eso, ¿no podía haberla ocultado algo peor?

            Bueno, pensar en lo que había pasado no la sacaría de ese lío, abrió los ojos y examinó su entorno. Estaba en una camilla, amarrada a sus barrotes de hierro por sendas correas de cuero, como si estuviera loca.

            -¿Qué demonios hago aquí? -Se dijo.

            Trató de soltarse sin ningún resultado y cuando sintió que se hacía daño en sus muñecas dejó de forcejear. Era inútil, ni un culturista podría romper eso.

            Se preguntó qué hora sería y si no habría estado dormida demasiado tiempo.

            Buscó a su alrededor por si había alguna ventana abierta. Había otra cama a su izquierda y había una bolsa con un cadáver que podía adivinarse por el plástico traslúcido. Al fijarse bien vio que esa bolsa estaba abierta. De ella salía un hedor a muerte tan intenso que probablemente le había provocado aquel dolor de cabeza.

            Más allá del cadáver había una ventana cerrada tras la que podía ver una vieja persiana de madera. En sus huecos se adivinaba algo de luz anaranjada. Se preguntó si ocurriría algo por la noche, ya que Antonio y su amiga la temían tanto. Y si realmente de noche esas cosas eran tan peligrosas, no quisiera estar en esa habitación cuando el Sol se pusiera.

            Recordó a la amiga de Antonio, esa tal Sam ¿Quién era esa chica? Había leído la historia que escribió su esposo sobre la vampiresa, pero nunca llegó a terminarla porque no le llamó la atención. ¿Acaso era real? Se regañó a sí misma por no haberla creído, después de todas las cosas extrañas que había vivido junto a él.

            - Vendrá a sacarme -se dijo, sin convicción-. Siempre lo hace.

            Algo hizo ruido a su lado. Se asustó porque allí solo estaba ese cadáver y en ese lado no había nada más. Miró fijamente al muerto, esperando escuchar lo que fuera para confirmar que no había sido esa cosa la que se movía.

            El muerto de la bolsa estiró espasmódicamente un brazo y ella se quedó blanca de pánico. Tardó un par de segundos en reaccionar.

 

 

 

 

            El grito de horror se escuchó hueco, como si estuviera bajo el agua. Antonio reconoció la voz de Brigitte tan clara que instintivamente luchó contra las correas que le sujetaban a su camilla.

            -Ya ha empezado, ¡soltarme malditos hijos de puta! Es mi mujer.

            Se sentía tan inútil que más que gritar había lanzado un gemido de impotencia.

            Alguien entró en su habitación con una caja blanca entre las manos. El traje que llevaba era como de astronauta.

            - Por favor, no alborote -pidió educadamente.

            - Le subió la manga y sacó una goma de su bolsillo que ató alrededor de su brazo con fuerza. Masajeó bruscamente la parte interna del codo y sacó una jeringuilla de metal.

            -¿Qué le están haciendo a mi mujer? -Preguntó aterrado.

            - Será un minuto -le ignoró.

            - ¿Tiene familia?

            El extraño del traje espacial clavó la jeringuilla en su brazo y empujó el émbolo hasta adentro. El brazo le ardió y sintió que la sustancia invadía su mano derecha y empezaba a recorrer su cuerpo.

            Pero él seguía pensando en salir de allí y ayuda a su mujer.

            - Ayúdeme a salir y le pagaré lo que me pida.

            - Tenemos tres cámaras grabando esta prueba. Intente relajarse, será mejor para usted.

            Antonio comprendió que no le soltarían hasta que saciaran su estúpida curiosidad. Fingió hacer caso y cerró los ojos. Se preguntó si algún día podría perdonarse por haber llevado a su esposa a una muerte segura. Escuchó salir al científico y comenzó a concentrar sus fuerzas en el brazo derecho. Puede que estuviera bajo de forma, pero también tenía una fuerza enorme y, con uno o dos tirones secos, podía soltar su muñeca.

            Respiró profundamente y lanzó una plegaria al cielo. El sufrimiento de saber que su mujer estaba en peligro le hacía arder el pecho y canalizó toda esa energía a su brazo derecho mientras se concentraba en la plegaria.

            «Dios mío, nada es imposible para ti, y yo sé que somos una sola...»           

            - ¡... Cosa! -exclamó al mismo tiempo que arrancaba de un tirón la correa de la camilla.

            Al verse libre se soltó la otra correa y de un salto se colocó frente a la puerta. Intentó abrirla y estaba cerrada con llave pero su confianza aún estaba por las nubes después de haber logrado librarse de la camilla.

            Reculó varios pasos atrás y dio tres zancadas decididas hacia la puerta lanzando una patada de taekwondo junto a la cerradura haciéndola saltar en pedazos y haciendo temblar los cimientos del edificio.

            Tres tipos habían caído de culo al otro lado y se estaban reponiendo del susto. Al verle salir con tanto apremio recularon intimidados.

            - Dónde está mi mujer -preguntó a uno de ellos agarrándole por la bata y zarandeándolo como un muñeco.

            - 542 -respondió el hombre, blanco como la pared.

            Antonio escuchó otro grito de socorro y se dejó guiar por el sonido. A grandes zancadas se alejó y los empleados se miraron mientras respiraban agitadamente.

            -Qué animal, ha destrozado la cerradura -dijo uno-. ¿Quién avisa a los polis?

            - Que se jodan los maderos, yo solo he visto un hombre intentando salvar a su chica -replicó otro-. No sé lo que haría si meten a mi churri con uno de esos monstruos, colega.

            - Menudo marrón tío -fue lo único que dijo el otro.

            Este último cogió su walki-talki y apretó el botón.

            - Seguridad, uno de los pacientes anda suelto por el edificio.

            No hubo respuesta.

            - ¿Seguridad? -Preguntó, extrañado.

            La radio no emitió ninguna señal. Se miraron los tres sin decir nada.

            - Joder, qué mal rollo -dijo el primero, que ya estaba en pie-. Gritos de terror por el hospital, un loco suelto y encima los de seguridad no responden.

            Justo en ese momento se escucharon disparos a lo lejos y gritos de pánico en la zona donde estaban los periodistas.

            - ¿Sabéis qué? -dijo el más tímido-. Creo que nuestro loco es el único que sabe lo que hace.

 

 

 

            Esa cosa se movía por espasmos y parecía capaz de levantarse de un momento a otro. Brigitte volvió a chillar pidiendo ayuda y trató de liberar sus muñecas, pero esas correas eran muy fuertes.

            La cosa de la bolsa se retorcía como si hubiera bebido ácido y le quemara por dentro. De pronto su cabeza se volteó hacia ella. Sus ojos hundidos se le clavaron y entonces dejó de moverse. Emitió un gemido agónico y se levantó lentamente saliendo de su bolsa de plástico.

            - Por favor no me haga daño -rogó Brigitte.

            La momia se puso en pie mientras sus dientes chirriaban. Apretaba tan fuerte la mandíbula que  se le rompieron algunos. Entonces los vio, cuatro colmillos afilados como agujas estaban sustituyendo las piezas caídas, dos arriba y dos abajo. Sus ojos se iluminaron de un color rojo brillante.

            - Que Dios me ayude -siseó Brigitte, entendiendo que nadie más lo haría.

            La puerta sufrió una sacudida y escuchó que alguien gritaba desde el exterior:

            - Maldita sea, se abre hacia fuera. Aguanta amor mío buscaré al que tiene la llave.

            Era Antonio, había llegado a tiempo. Pero quizás, esta vez, no suficientemente rápido.

            - No te molestes cariño... Ya es demasiado tarde. Escapa...

            Las lágrimas resbalaban por sus mejillas al entender que no la había escuchado ya que sus pisadas se alejaban de allí apresuradamente.

 

 

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Comentarios: 6
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 05 febrero 2012 13:51)

    Además prometo que continuará pronto.

  • #2

    laura (domingo, 05 febrero 2012 21:47)

    hola tus relatos son impresionantes amigo pero no podrias escribir un poco mas rapido por favor

  • #3

    x-zero (lunes, 06 febrero 2012 00:54)

    sigues llendo bien, no se por que presiento que brigitte va a morir :s

    Laura dijiste lo que todos pensamos xD

    salu2

  • #4

    bellabel (lunes, 06 febrero 2012 18:38)

    La historia va buenisíma, cada día estoy más ansiosa esperando la siguiente parte, por favor que Brigitte no muera. Excelente trabajo.

  • #5

    Vanessa (martes, 07 febrero 2012 18:00)

    La historia va buenisima, espero que Brigitte no muera.
    Cuidate Tony.

  • #6

    carla (miércoles, 08 febrero 2012 20:51)

    Mmm... Me huele a que brigitte ya es historia, pero bueenooooo hasta ahora han salido de peores casos.
    Espero la puedas continuar pronto, Tony.

Animal es el que abandona a su mascota.

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