Karma de sangre

23ª parte

 

            - ¡Saaam! - gritaba Antonio mientas corría por los pasillos-. ¿Dónde te has metido?

            Ya era casi de noche, si esas cosas estaban despertando, Sam debería tener todo su poder. ¿Pero dónde la tenían?

            - Quieto - ordenó un policía a su espalda.

            - Al menor movimiento abriremos fuego -añadió otra voz femenina y segura.

            Antonio apretó los puños y pensó lo que haría. Si se rendía Brigitte estaba condenada.

            Se dio la vuelta con las manos en alto y vio a la pareja de agentes apuntándole al pecho.

            - Mi mujer necesita ayuda por favor, ayúdenla.

            - ¿Y este es el loco peligroso? -se burló el poli, sacando las esposas del bolsillo de atrás.

            - ¿Qué les han hecho? -Preguntó ella-. ¿Por qué esos cadáveres no se han quedado muertos?

            - No estoy loco ni soy el responsable -se defendió Antonio-. Chicos parecéis personas razonables, mi mujer está sola con una de esas criaturas. No podemos perder un minuto.

            -¿Vamos a ver a Pablo? -propuso el policía-. Él sabrá qué hacer contigo.

            Antonio no pasó por alto que había bajado la guardia y buscaba sus muñecas para esposarle como si fuera a dejarse.

            Sin pensarlo un momento le quitó la pistola y le agarró por el cuello apuntándole a la sien.

            - Tira el arma guapa -ordenó con nerviosismo.

            - No podrá ir a ningún sitio -replicó ella, aparentemente firme-. No sé qué locura pretende con esta plaga, ni me importa el objetivo de su grupo de tarados. Pero sepa que el fin nunca justifica los medios.

            No había tiempo, Brigitte estaba sola con uno de esos monstruos, ya podía estar muerta. Cada segundo que perdiera con esos dos era vital. Sin pensarlo dos veces disparó a la chica policía en el hombro y luego disparó al hombre al pecho. Ni siquiera apunto, disparó sin más. Cuando vio que cayó muerto con el pecho reventado, parpadeó y se dio cuenta de lo que había hecho.

            - Noo -Gritó la policía, furiosa, al verlo caer.

            - No lo entiendes -explicó Antonio-.  Os estoy salvando del infierno que nos espera.

            Apuntó a la cabeza de la mujer y le tembló la mano. Ella, que tenía una mano en el hombro izquierdo y no se podía mover del suelo, empujó su pistola hacia él, con un pie, y cerró los ojos.

            «Así es como quieres salvar el mundo» -acusó Verónica. No pierdas más tiempo.

            - Lo siento, lo siento... -susurró, cogiendo su arma y regresando corriendo a la habitación de Brigitte.

            Mientras llegaba pensó que estaba harto de que le persiguieran por lo que no había hecho, ahora tendrían algo por lo que culparle de verdad, no sería tan frustrante si le volvían a coger... Pero no se dejaría, ya no había amigos, era hora de morir o salvar a su mujer.

            Disparó tres tiros a la cerradura y la puerta se abrió sin empujarla. Al entrar se quedó paralizado al ver que había dos camas, ambas vacías y la ventana destrozada, con un boquete tan grande que cabían dos personas.

            - Brii - susurró, acercándose al baño.

            Empujó la puerta con la pistola y dentro no había nadie. Lo único que se movía ahí dentro era la cortina por la ventana abierta. El frío era tan intenso que le dolía la cara al contacto con el aire.

            Al no verla cerró la puerta y se dejó caer junto a una de las camas. Dejó las pistolas en el suelo y se sujetó la cabeza con ambas manos.

            - Está muerta...

            Si hubiera podido llorar quizás se podría perdonar a sí mismo, pero ahora entendía a los que había visto en el infierno eligiendo castigo para pasar la eternidad pagando. Haberla perdido, haber disparado a ese hombre y haber dejado mal herida a esa mujer policía le privaba de las fuerzas de seguir adelante. No serviría de nada sobrevivir, no merecía sobrevivir... y menos aún quería vivir sin Brigitte.

            Escuchó disparos, gritos por todo el hospital, la gente corría por los pasillos pero ninguno entró a detenerle, no había nadie observando por las cámaras o al menos la policía estaba completamente ocupada acabando con la amenaza. ¿Por qué ningún vampiro entraba para terminar con su vida? Ni siquiera Verónica le decía nada. Ahí estaba él solo con sus dos pistolas.

            Podía acabar con su vida pero no lo haría. Sobreviviría y se repondría aunque seguramente nunca volvería a sonreír, nunca volvería a ser feliz.

            - El fin nunca justifica los medios... -siseó, recordando lo que la mujer policía le había dicho.

            Estaba tan destrozado por dentro que, ahogándose en sus propias lágrimas, se quedó dormido.

 

 

            - Levántate hijo de puta -le despertó una voz femenina.

            Abrió los ojos y miró a la hostil fémina. Era la mujer policía, que se había vendado el hombro y tenía el brazo izquierdo en cabestrillo mientras le apuntaba con la mano derecha.

            - Dispara, estás en tu derecho -animó, con la mirada tan hundida que parecía la encarnación de la muerte.

            Se fijó que le había quitado las armas antes de despertarlo.

            - He dicho que te levantes -insistió ella-. Vas a pagar por tus crímenes pero no seré yo quien te mande al infierno.

            Antonio se levantó con pereza y levantó las manos.

            - Póntelas -la chica cogió las esposas de su bolsillo y las dejó caer al suelo precipitadamente, alejándose de ellas.

            Antonio se dio cuenta de lo débil que estaba la mujer y sintió lástima por ella. Al acercarse leyó su nombre en la placa.

            - Lara -recitó-. Lamento haberte disparado pero pensé que aún tenía tiempo.

            Cogió las esposas y se las colocó en las muñecas.

            - ¿Que lo lamentas? Qué falso eres cabrón, lamentas que siga viva. Y sino te juro que lo lamentarás.

            - Mi mujer ha muerto -replicó él con tristeza-. Te aseguro que ya estoy pagando por todo lo que he hecho y lo que no.

            - Vamos, camina, no sé qué ha pasado en el depósito pero te encerraré hasta que...

            Antonio se movió muy rápido y con las dos manos juntas le quitó la pistola a Lara de las manos.

            - Dame las llaves de esto -ordenó alejándose y apuntando con el arma su bolsillo.

            Aunque le costó decidirse, la mujer terminó obedeciendo y le tiró las llavecitas al suelo.

            - Crees que todo esto es culpa mía -confesó Antonio-, y seguramente estás en lo cierto. Hace muchos años debí acabar con la que ha creado esta plaga. Pero no he podido, siempre lograba superarme. Lo peor es que ahora es la única persona que puede detener el Apocalipsis.  Ya no voy a salvar a mi mujer, es demasiado tarde. Pero contigo podría encontrar a la culpable y salvar al mundo.

            - ¿Crees que puedo confiar en alguien que me apunta con un arma?

            - Ni siquiera tengo dos balas -suspiró Antonio desmontando el tambor del revolver y mostrando su contenido-. Puedes sacar la otra arma, no pienso dispararte.

            Lara metió la mano tras su pantalón y extrajo el otro revolver. Al no sentirse amenazada le apuntó un instante y luego asintió.

            - Encontremos a esa mujer. ¿Donde está?

            - Es la pelirroja que me acompañaba, ¿dónde la encerraron?

            - No trabajo aquí, pero seguro que Pablo lo sabe.

            Antonio sonrió resignado.

            - Como me sienta amenazado, volveré a ponerme violento, no hagas estupideces.

            Se dirigieron al despacho de Pablo y por los pasillos fueron testigos de la pesadilla que había azotado el hospital. Había muertos en cada esquina, todos con el rostro descompuesto por el pánico y con la piel cuarteada como si fuera de cartón.

            - ¿Qué clase de virus puede hacer esto a la gente? - Preguntó Lara, horrorizada.

            Antonio sabía que iba directo a una trampa, pero viendo el dantesco escenario por el que pasaba estaba claro que Lara no se había hecho a la idea de lo que había empezado.  No debía quedar mucha gente viva por los alrededores y hasta los depredadores habían salido de de allí cuando se les agotó la comida.

            Cuando llegaron al despacho no había señales de violencia ni cuerpos en el suelo. Aunque Pablo tampoco estaba.

            - Joder -protestó Lara-. Estamos como al principio.

            En el escritorio vieron y portátil encendido con la batería parpadeando. Se acercaron y vieron que la pantalla estaba dividida en cuatro videos.

            -  Genial, esto nos servirá.

            - Ya no queda nada que ver -protestó la poli dejándose caer en la silla.

            Su venda estaba empapada y estaba pálida.

            - Te mordió una de esas cosas, ¿me equivoco? -sospechó él.

            Ella le miró con odio.

            - ¿Cómo lo sabes?

            - Si no me has matado es porque crees que tengo alguna vacuna, tú has estado aquí fuera cuando los vampiros se levantaron, no puede ser que sigas viva con una herida así. Además he podido sentir la fuerza que da el veneno negro, también lo llevo dentro gracias a tus jefes.

            - ¿Cuánto tiempo nos queda? -Inquirió Lara.

            - Puede que toda la eternidad, aunque ignoro si seremos conscientes de ello.

            - ¿Existe cura?

            - Que yo sepa, no es una enfermedad -replicó-. Déjame ver si Sam está en una de las pantallas.

            Antonio acercó hacia él la máquina y toqueteó varias teclas.

            - De puta madre -festejó-, podemos ver lo que ha pasado en las cuatro habitaciones las últimas cuatro horas.

            Puso en marcha la primera desde el principio, y apareció Samantha tratando de romper las correas que la sujetaban. Multiplicó por cuatro la velocidad y en poco tiempo vieron entrar a un médico con un vaso de agua turbia.

            Bajó la velocidad y prestó atención. Sam dejó de patalear y miró al médico con la misma expresión encantadora que él mismo vio años atrás cuando le sedujo en aquel callejón de Madrid. Se quedó fascinado al darse cuenta de que no había cambiado en absoluto. Para él había transcurrido casi media vida.

            - Por tu bien espero que Pablo siga vivo -amenazó Lara, que no estaba mirando la pantalla y daba vueltas en la silla, aburrida.

            Antonio la miró con desagrado y volvió a concentrarse en el video.

            Sam preguntaba qué le harían y el médico le explicó que solo debía beber esa medicina.

            - Lo siento, yo no bebo agua  -respondió sonriendo.

            - He dicho que es medicina -espetó con brusquedad-. Bebe.

            - Acércame ese vaso y te lo haré tragar por el culo, mamarracho -se defendió Sam, sin perder la calma.

            Por lo visto seguía tan indomable como siempre.

            El médico se acercó y le puso el vaso en la boca. Ella pareció beber un trago y el resto la empapó todo el cuello. Cuando retiró el vaso, Sam escupió el líquido sobre la cara del hombre.

            - Maldita hija de...

            Lara bajó la tapa de golpe.

            - ¿Te diviertes? -Inquirió, malhumorada.

            - ¿Qué haces? -se quejó Antonio-. Tenemos que ver qué le pasó.

            Abrió de nuevo la tapa y se quedó pensando.

            - Tienes razón -recapacitó-, esto no es lo que necesito ver. Tengo que ver lo que le ocurrió a...

            Seleccionó la pantalla de la habitación de Brigitte y rebobinó treinta minutos.  Cuando le dio al play la vio en su cama, amarrada mientras algo se estaba moviendo en la bolsa que había en la cama de al lado. Ella gritaba pidiendo auxilio y entonces.... Apareció un mensaje del sistema.

            «Batería agotada.»

            Y apenas un instante después el sistema se apagó.

 

 

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Comentarios: 3
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 09 febrero 2012 14:54)

    Ya está acercándose el desenlace.

  • #2

    Bellabel (jueves, 09 febrero 2012 18:27)

    Gracias, ya esperaba con ansias esta parte. Deseo que subas pronta la siguiente, ya que cada vez se pone más interesante.

  • #3

    yenny (viernes, 10 febrero 2012 17:25)

    Que angustia quiero saber que pasara Tony por favor continuación pronto.
    Cuidate mucho que todo te vya bien xoxo

Animal es el que abandona a su mascota.

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