Karma de sangre

24ª parte

            - ¡Mierda! -Prorrumpió, furioso-. Tenemos que encontrar el cargador, ayúdame.

            Antonio comenzó a buscar por debajo de la mesa, abriendo cajones y puertas de armarios, pero Lara le ahorró la angustia disparando un balazo al portátil, reventándolo y provocando chispazos en sus tripas.

            - ¿Dónde quedó eso de que el tiempo es vital? –Preguntó ella.

            - ¡Hija de puta! -La insultó, enojado-. Ahora ya nunca sabré qué le pasó.

            - No seas imbécil -replicó Lara-. Las grabaciones se alojan en un servidor. Cuando arreglemos este lío yo misma te llevaré a la celda todas las malditas cintas.

            Antonio apretó los dientes por no contestar.

            - ¿Y a dónde quieres que vayamos ahora? -Preguntó él.

            - A buscar más supervivientes, Pablo debe estar organizándolos para controlar la situación.

            - ¿Cuándo vas a comprender que esto no tiene solución?

            - Tú mismo has dicho que esa pelirroja puede terminar con todo. ¿Tienes alguna idea de dónde puede estar?

            - ¡Es una vampiresa! -Gritó, desesperado-. Podría estar en la otra punta del mundo. Ella puede acabar con todos porque... -Vio la cara de la mujer y le recordó la propia incredulidad de Brigitte -. Joder, si no me crees, qué hago diciéndote nada.

            - Sí, bueno, supongamos que te creo. Que no es un virus... -Se burló Lara-. ¿Dónde podemos encontrarla?

            Antonio meneó la cabeza desquiciado, impotente por ser incapaz de hacer que le creyera.

            - No tengo ni idea -respondió-. Mira, no tengo nada que perder, no sé por qué tendría que ayudar a nadie. Mi mujer seguramente ha muerto, y si esta crisis se soluciona terminaré en la cárcel. ¿Por qué tendría que ayudarte a nada?

            Lara le apuntó con la pistola a la cabeza.

            - Si no me ayudas, te mataré. No puedo dejar que un asesino peligroso ande por ahí.

            - Ahórrame el sufrimiento. Dispara -invitó él, deprimido.

            - A lo mejor no me he expresado bien. Te dispararé en el hombro y nadie me acusará de nada, te aseguro que no es agradable -Lara miró el suyo herido-. De modo que sano o jodido, vendrás conmigo, tú elijes.

 

 

            Salieron del hospital sobrecogidos por la magnitud de la tragedia que contemplaban. Apenas hacía una hora que el Sol se había ocultado con el crepúsculo aun tiñendo de rojo el cielo y no había un solo ser humano vivo a la vista.

            Centenares de cadáveres cerraban el paso, muertos que sin duda se levantarían al día siguiente dando la bienvenida a su primer día como inmortales.

            - ¿Dónde está el ejército? -Preguntó Lara-. Esto es peor de lo que esperaba.

            - Ni siquiera se oyen disparos -alegó Antonio-. Al menos tampoco hay vampiros cerca.

            - Aun vamos a seguir con tus locuras -reprochó ella-. Esto es una epidemia...

            - ¡Despierta! -Exclamó él-. ¿En serio has olvidado que te han mordido? Los dos hemos escuchado disparos, toda esta gente ha muerto huyendo aterrorizada.

            - Te mentí, quería que confiaras en mí. Cuando me disparaste y te fuiste me levanté y busqué ayuda. Empezaron los gritos y me asusté, me escondí en un almacén porque estaba desarmada. No sabía lo que estaba pasando y creí que moriría desangrada antes de que un médico pudiera atenderme. Tuve la suerte de que tenían de todo y encontré vendas. Cuando el jaleo cesó ya me había desinfectado y tapado la herida y al salir vi lo mismo que tú.

            Tomó aire para seguir hablando.

            - Mi teoría es que habéis dispersado un virus mortal que causa alucinaciones antes de provocar la muerte.

            - ¿Y por qué nosotros seguimos vivos? -Inquirió Antonio.

            - La misma pregunta te la puedo hacer a ti, ¿no crees?

            Antonio no respondió. Bajó las escaleras esquivando los muertos y dirigiéndose a su coche, aparcado cerca.

            Un helicóptero sobrevolaba la zona enfocando con una columna de luz hacia ellos.

            - Les habla la policía, no se muevan de donde están, descenderemos a recogerles.

            Lara se cubrió el rostro con el brazo sano para evitar ser deslumbrada mientras Antonio ignoraba la orden. Abrió su coche y se metió dentro. Al verlo Lara corrió hacia él y abrió otra la puerta enojada.

            -¿Donde crees que vas? -Exclamó-. Baja ahora mismo.

            - Ya no tiene sentido que sigamos juntos. Lárgate.

            - No me obligues a disparar -amenazó ella, con firmeza-. Baja del coche.

            Antonio giró la llave y arrancó. El helicóptero siguió haciendo círculos y por su megáfono seguía dando indicaciones que ni siquiera atendía.

            - Hablo en serio -repitió ella-. Sal del coche.

            - ¿Sales o entras? -Preguntó él-. Haz lo que sea pero cierra la puerta, no quisiera hacerte más daño.

            Lara apretó los dientes y miró atrás. El helicóptero estaba aterrizando en la glorieta y podía ver dentro a Pablo.

            - Mierda -renegó, fastidiada.

            Se metió dentro y cerró la puerta.

            - O tienes los huevos como melones o eres el tío más gilipollas que existe.

            - Sólo valoro poco mi vida.

            Antonio arrancó y aceleró alejándose de aquel maldito hospital. Cuando llegó a la autopista se encontraron unas barricadas de coches de policía que impedían el paso a la gente. Tras ella había multitud de fotógrafos que aprovecharon su aparición para cegarlos con sus flashes. Por suerte solo cortaban la entrada ya que no esperaban que nadie saliera. Cruzaron la barricada tan deprisa que todo el mundo se les quedó mirando.

            - ¿Qué pretendes hacer? -Preguntó ella apoyando la mano en su hombro herido y soltando un gemido de dolor.

            - Me voy a casa -respondió-, así que si quieres te dejo en un hospital.

            - No pienso perderte de vista. Vendrás conmigo a la cárcel o te seguiré hasta la tumba.

            Justo en ese momento sonó el teléfono móvil de Antonio. Era un número desconocido y se preguntó quién podía ser y si debía cogerlo o no.

            - Diga -respondió muy serio.

            - Gracias a Dios que estás vivo -era Brigitte, Antonio se quedó paralizado por la sorpresa-. ¿Dónde estás?

            - Brigitte -siseó incrédulo-. ¿Estás viva?

            - Pues claro idiota. No espera, te llamo desde el cielo. ¡No te fastidia!

            Antonio soltó una carcajada exagerada. Estaba claro que era ella. Nadie se burlaba así de él.

            - ¿Dónde estás? -Preguntó, pletórico de alegría.

            - Sam me ha traído a un viejo teatro abandonado -explicó-. Al parecer aquí no nos buscará la policía.

            - ¿Por qué no fuisteis a casa? -Inquirió, extrañado.

            - Por si han averiguado donde vivimos. Ven rápido, tengo ganas de abrazarte.

            - Yo también a ti, cariño. Dime dónde es.

            Le dieron la dirección y  la introdujo directamente en el GPS del coche. Éste la identificó instantáneamente y le dijo a Brigitte que estaba de camino. Cuando colgó se quedó mirando un par de segundos a Lara, que también estaba atenta a todo lo que hacía.

            - Ahora ya sabes dónde están –susurró con miedo, dándose cuenta de su error. Precisamente estaban allí para que la policía no las encontrara y él llevaba una-. ¿Me ayudarás o...?

            - ¿Qué?, ¿me matarás? -Retó la mujer, mostrándole la pistola.

            - Iba a decir o si quieres te dejo en un hospital a que te miren la herida, pero no querrás.

            - Vivos o muertos, estaremos juntos. Tómatelo como una declaración de amor si quieres -replicó ella con una media sonrisa.

            - ¿Amor? –Se burló él-. No saldría bien. Tengo alergia a los polis.

            - Era una broma, ni aunque me golpearan la cabeza con un martillo de demolición me fijaría en un tío como tú.

            Antonio la miró, algo avergonzado. ¿Qué esperaba? La había disparado y, según ella, era el enemigo público número uno. Ni aunque él hubiera tenido el físico de Rodrigo, habría cambiado un ápice la opinión de la chica sobre él.

            Durante varios minutos ninguno de los dos dijo nada. No fue hasta que tomaron el desvío de Móstoles cuando ella volvió a hablar.

            - Si me ayudas a coger a la pelirroja hablaré bien de ti en el juicio -ofreció con voz débil.

            Antonio sonrió y se dio cuenta de la situación real. Era más fácil que Sam la matara en cuanto la viera que Lara pudiera hacer algo por atraparla. La noche era completamente cerrada y aún eran las ocho de la tarde, tenía casi doce horas de poder en las que ningún ser humano podría inquietar lo más mínimo a la vampiresa... Entonces se dio cuenta de que Brigitte estaba sola con ella y temió por su mujer. Nunca se había fiado de Sam.

            La oferta de Lara podía ser interesante. Sam no tenía por qué enterarse de que Lara estaba acompañándole.

            - No creo que estés comprendiendo tu situación -explicó-. Si sobrevives a esta noche será porque yo te esconderé de Sam. No tienes la más mínima posibilidad de cogerla.

            La miró un instante para contemplar su reacción.

            - No entiendo -dudó ella.

            - Como te vea entrar conmigo al teatro te matará y luego me preguntará quién eres y por qué te traje. Sam es letal, es una asesina sin conciencia.

            - Y yo tengo una amiga que velará por mí -dijo Lara, enseñándole el revolver-. No te preocupes, de situaciones peores he salido.

            - No lo creo... -Discutió él.

            - He sobrevivido a una explosión donde se me cayó una casa encima. Me he enfrentado a los mafiosos más peligrosos... No te preocupes por mí. Sé cuidarme sola.

            Antonio no quiso discutir con ella, ignoraba si había hecho todo eso, pero desde luego con una pistola no asustaría a Samantha. No lo había dicho porque no creía conveniente que lo supiera pero sospechaba que con Brigitte y Sam también estaría Rodrigo, ese hombre o vampiro misterioso del que no sabía absolutamente nada. Si Sam era peligrosa, con él era indestructible.

 

Continuará

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Comentarios: 5
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (sábado, 11 febrero 2012 22:28)

    Feliz cumpleaños Yenny, mañana no voy a poder subir nada, así que mejor lo adelanto para hoy.

  • #2

    carla (lunes, 13 febrero 2012 03:36)

    Uuuuu!!! Me lo imagine Brigitte esta viva! :) ya kiero saber q va a pasar espero la contii

  • #3

    yenny (lunes, 13 febrero 2012 18:41)

    Gracia Tony, me has hecho felz :D (una representación de mi sonrisa jaja), la historia esta en la mejor parte ya se acerca el desenlace, emocionada porque quiero saber que pasara pero al mismo tiempo no quiero que se acabe.
    Cuidate Tony besos y espero que puedas dormir bien.

  • #4

    darckana ojeda (martes, 14 febrero 2012 03:52)

    me encanta muero de ansias por saber de esta historia me tiene con la adrenalina puesta al 100 exelente trabajo...

  • #5

    Tony (martes, 14 febrero 2012 22:36)

    Solo espero que el final esté a la altura. Aunque seguramente será un final abierto.

Animal es el que abandona a su mascota.

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