Karma de sangre

28ª parte

 

            - Te has burlado de mí -susurró a Verónica, al salir y cerrar la puerta.

            No hubo respuesta. Aunque le hubiera dado igual escuchar algo, ya no quería saber nada más de las voces de su cabeza.

            - ¿Estás bien? -pregunto alguien que le esperaba fuera.

            Se fijó que era el jefe de Brigitte, Don Francisco, que parecía que había bebido una botella de tabasco, a juzgar por su cara de dolor.

            - Déjeme en paz... -escupió.

            - ¿Quieres que te ayude a formalizar los papeles?

            Se lo quedó mirando unos segundos. No había pensado en ello, solo había dado sus datos para que el tanatorio organizara su velatorio, pero no había firmado nada en el ayuntamiento formalizando su defunción. Si dejaba que ese hombre le ayudara, descubriría que su verdadera identidad no era Brigitte Keira.

            - Gracias, pero puedo encargarme solo. Le agradezco su visita, ella le apreciaba. Ahora déjeme, necesito estar solo.

            - Pásese por la empresa cuando pueda, le daré el dinero que le debo. Todos la vamos a echar de menos.

            - Sí -fue lo único que fue capaz de decir.

            Miró el reloj y vio que eran las seis de la tarde. Se suponía que el cuerpo estaría expuesto en el velatorio toda la noche así que decidió irse.

            Fue al coche y una vez dentro aferró el volante con fuerza. Antes había llegado tan ilusionado, pensando que cuando volviera al vehículo ella le acompañaría, que haberse marchado con las manos vacías le había dejado vacío y destrozado. No solamente Brigitte seguía muerta, además había comprobado de primera mano que la voz de Verónica ya no era más que fruto de su imaginación. ¿Desde cuando llevaba sin escucharla? Al menos desde que resucitó a esa chica en Londres, cuando todavía no había cometido el error más grave de su vida, engañando a su mujer; y eso que había cometido muchos.

            Arrancó y condujo hasta el primer estanco que encontró. Salió del coche y entró en el comercio olisqueando el delicioso aroma a tabaco fresco. ¿Cuánto tiempo hacía que no compraba una cajetilla?

            - ¿Qué desea? -preguntó el dependiente.

            Una cajetilla no le hubiera satisfecho. Pidió un cartón de tabaco. La pagó sin decir más y al volver al coche la abrió con ansiedad, sacó una cajetilla de la que extrajo un cigarro. Usó el mechero del coche para encendérselo y le dio una calada tan profunda que dejó un centímetro de ceniza colgando.

            - Ahgg -susurró al sentir el cálido y picante humo alcanzando cada minúsculo alveolo de sus pulmones.

            Apoyó la cabeza hacia atrás mientras pensaba que todo ese amor, todo ese dolor, todas aquellos recuerdos bonitos, toda su experiencia con Brigitte había sido como un sueño del que encima nunca podría olvidarse. Bien pensado, nunca querría hacerlo.

            Otra vez estaba solo con sus cigarros... ¿Otra vez? No, antes era todo lo que conocía, no había convivido con el amor de su vida, no sabía que podía llegar a ser tan feliz. Ahora que lo había perdido todo, ya no le importaba nada.

            Acarició el asiento de copiloto recordando la cantidad de veces que había podido acariciar la pierna suave y cálida de Brigitte. Se imaginó a cualquier otra mujer allí sentada pero el solo intento de sustituirla en su mente le causó tanto dolor como una lanza al rojo vivo atravesándole el corazón.

 

 

            - Parece que no piensa venir -dijo el tipo más corpulento-. No has sido suficientemente convincente.

            - Ojala te pudras en el infierno, cabrón -escupió Sam.

            La tenían clavada en la pared con dos cuchillos, uno en cada muñeca, crucificada. Le habían cortado las venas de las muñecas y su sangre inmortal se estaba derramando por todo el suelo. No le quedaba mucho tiempo de vida y si se desangraba antes de la noche no volvería a curarse nunca más. Los cuchillos atravesaban sus antebrazos, entre los huesos húmero y radio, manteniéndola firmemente sujeta en la pared. El dolor era algo que los vampiros no sienten con tanta intensidad como los humanos pero saber que cada minuto perdía líquido vital la asustaba. La muerte se aproximaba y ni siquiera había culminado su venganza. No tenía fuerzas para luchar y aunque hubiera logrado soltarse, esos dos la estaban vigilando sin quitarle el ojo de encima.

            - ¿Recuerdas esas tumbas egipcias? ¿Esas que eran como sarcófagos? -le preguntó el grandullón.

            Ella no respondió, no quería darle conversación a ese mamarracho.

            - Sí, mujer, esas que tenían agujas largas en la tapa. ¿Sabes que las inventamos nosotros? Durante los primeros años, cuando empezamos a descubrir lo que éramos, servíamos a un dios llamado Alastor. Creíamos que nos cuidaría eternamente, fuimos sus siervos como agradecimiento a la vida eterna que nos había dado. Un día se aburrió de nosotros y nos dejó solos. Algunos se marcharon, otros como nosotros permanecimos juntos. Durante siglos no supimos nada de nuestros hermanos, perdimos a la bella Jaspe, la amante de tu amigo, Rodrigo, que al morir ella organizó una orgía de sangre con varios humanos para convertirlos a lo que él era. El mundo se habría extinguido si no llegamos a acudir en su ayuda para contener a la plaga de malditos, igual que ahora. Nuestros hermanos están acabando con la mierda que has sembrado y todo terminará igual, como una leyenda negra donde la gente creerá en nuestra existencia como un cuento de terror. En aquellos tiempos usamos esos extraños sarcófagos. Los historiadores piensan que los usaba la inquisición para torturar a los infieles. Nuestro cometido era borrar todo rastro, no dejar testigos. Y tú eres parte de esa maldición así que no saldrás de esta sala con vida.

            - Cuando consiga soltarme voy a disfrutar arrancándote la piel a tiras -logró amenazar Sam, casi sin voz.

            - ¿Y cómo piensas hacerlo? -intervino el otro, que les había estado escuchando sentado al refugio de una sombra.

            - Espero que no tarde más ese amigo tuyo porque me gustaría que consiguieras verlo morir.

            - No vendrá. Acabo de matar a su mujer. Aunque sigo sin entender qué queréis de él.

            - Conoce nuestro secreto, sabe que existimos. Los humanos no deben saber esas cosas -explicó el vampiro de las sombras.

            - Él no puede desvelar la verdad, es un prófugo de la justicia -explicó Sam.

            - Lo cierto -corrigió el grandullón-, es que los muertos no pueden hablar y en cuanto nos lo presentes eso es lo que va a ser.

            - Ni aunque le ofreciera todo el oro del mundo vendría. ¿Crees que le interesa salvarme?

            - Si es cierto que mataste a su mujer... -replicó el vampiro de dos metros de estatura-. Ten la seguridad de que vendrá para intentar vengarse.

 

 

 

            Eran las seis de la tarde y estaba a punto de oscurecer. El teatro no daba tanto respeto con el sol anaranjado bañando su fachada que durante la noche. La ventana que había roto para entrar la noche anterior seguía rota, y la aprovechó para volver a entrar. Los camilleros habían llamado a los bomberos para romper la puerta principal y ahora una cadena y un precinto municipal la tenían cerrada.

            Cuando pisó la moqueta del pasillo agudizó el oído para intentar averiguar si estaba solo.

            El murmullo de unas voces lejanas rompía el sepulcral silencio del teatro. Venían de arriba así que se dirigió a las escaleras procurando que el pie izquierdo no escuchara la pisada del derecho.

            «Debería preguntar a Verónica para saber lo que debo hacer» -se dijo mientras subía-. «Pero no sé para qué, ya no es como antes. Me anunció el fin del mundo y no parece que ese día esté cerca, me dijo que Brigitte resucitaría y no pasó nada. Desde que estuve con la hija de Alastor no creo que siga cerca de mí.»

            Entonces recordó la visión que tuvo cuando volvió a escuchar su voz, unos días antes. En esa visión el mundo se acababa, se quedaba completamente solo y Verónica le decía que "puede que lo que estés viendo no sea lo que le pasará al mundo sino lo que le pasará a tu mundo". Era lo único que tenía sentido de lo que le había dicho últimamente. También le avisaba que no estaba escuchándola correctamente y que no era capaz de abrir su mente a lo que ella le quería decir. Seguramente porque le advertía que Brigitte iba a morir y posiblemente la hubiera podido salvar si hubiera sido capaz de abrirse más a su voz. Ahora ya no le importaba escucharla, ya era tarde para todo.

            Pensando esas cosas llegó a la primera planta y escuchó las risas profundas de dos hombres.

            Instintivamente buscó un arma en su sobaquera y al no encontrarla se insultó a sí mismo por no haber conseguido una antes de ir. Ahora era tarde para echarse atrás.  Recordó que había pensado que no la necesitaría si es que Sam estaba en peligro, no quería ayudarla. Al darse cuenta de eso, entendió que también había estado evitando pensar su verdadera razón para acudir a ese lugar. No pretendía salvarla, por eso no llevó armas, por si se veía tentado a hacerlo. En el fondo del subconsciente la quería ver muerta... Y quería morir.

            Llegó a la puerta y puso el oído sobre la madera.

            - El pescadito ha mordido el anzuelo -dijo uno de ellos, abriéndola inesperadamente y agarrándole del cuello con tanta fuerza que casi se lo rompió al agarrarle.

            - Mierda - gruñó.

            Aquella habitación tenía el suelo lleno de sangre seca. Solo había una esquina donde aun era líquida y era donde tenían a Sam clavada en la pared crucificada con dos puñales que le atravesaban las muñecas. Estaba cadavérica y parecía inconsciente.

            - Así que tú también conoces nuestro secreto -dijo el más grande de los dos.

            - Si por secreto te referías a que sois maricas -replicó Antonio-, no tenía ni idea.

            - Destroza a ese imbécil -ordenó el otro.

            Antonio sintió la fuerza de su brazo al instante. Con esa mano parecía capaz de quebrar incluso nueces y aunque le golpeó con una patada en sus partes nobles tratando de soltarse, el tipo no se inmutó. Apretó con tanta fuerza su cuello que la sangre comenzó a hacerle presión en las sienes y el aire no encontró el camino a sus pulmones. La asfixia le hizo ver todo en blanco y negro y, justo antes de perder el sentido, tuvo un recuerdo instantáneo de aquella tarde, antes de ir al teatro.

            Recordó los llantos inconsolables de la madre de Brigitte al darle la mala noticia. Con todo el dolor de su corazón finalmente se había atrevido a llamarles y en cuanto dio la mala noticia les prometió repatriar su cuerpo lo más pronto posible para que se celebrara el entierro en Lima. Compró el billete de avión para ella y gestionó los papeleos necesarios para que la propia funeraria hiciera el traslado. También compró un billete de avión para ir él mismo al funeral. Un billete que tenía guardado en el bolsillo de su americana en ese momento. Recordó el número de vuelo como una oración sin sentido, el último viaje que haría con ella aunque fuera en el compartimento de carga. Era irónico, al final sí viajaría con ella, pero no a Lima.  

            Al volver a la realidad pudo ver la cara de Sam, que aun estaba despierta. Le miraba como si al verle en el apuro disfrutara de su último gran deseo.

            «No puedes morir Antonio» -recordó la voz de Verónica.

            «Las cosas que ocurren en mi cabeza no siempre son reales»- contestó.

            «No me has entendido, pero pronto lo harás.»

            En cuanto Verónica dijo eso su cuello hizo crack.

            Y comprendió.

 

           

 

 

            Samantha esbozó una sonrisa lastimosa cuando vio que cuerpo de Antonio caía muerto a sus pies. Ahora podía morir tranquila, esa era exactamente la forma en la que idealizó su muerte durante los últimos años.

            - Gracias -susurró con las pocas fuerzas que le quedaban.

            - Aun está viva, quizás córtale el cuello para que se muera de una vez. Ya queda poco para el anochecer, no podemos arriesgarnos.

            - Sí, tanta sangre me pone enfermo, quiero largarme de una vez -dijo el otro vampiro.

            El compañero soltó una carcajada meneando la cabeza.

            -¿De qué te ríes? -increpó el alto.

            - De este fiambre -dio una patada al cuerpo inerte de Antonio-. Qué cabrón, nos ha llamado maricas en toda nuestra cara.

            - Sí, menudo estúpido -replicó el otro, escupiéndole.

            El mismo se acercó a Sam y le quitó un puñal descolgándola de la mano izquierda, quedando ésta sujeta por la muñeca derecha. Con esa misma arma le hizo un profundo corte en el cuello de oreja a oreja y de la herida manó un último reguero de sangre oscura.

           

 

            Samantha no podía mover la cabeza, sus fuerzas habían desaparecido por completo y con cada gota de sangre que perdía más se agarrotaba su cuerpo. Por la ventana entraba luz, la rojiza luz del Sol que parecía dispuesto a morir para salvarla a ella. Pero aquel corte en el cuello aceleró su final. Su mirada se clavó en el cuerpo sin vida de Antonio y se sintió triste porque en ese momento, a las puertas de la muerte, se dio cuenta de que el odio que había sentido por él la había devuelto las ganas de vivir. Ahora que él no estaba la idea de morir era, sencillamente, una bendición.

            Su piel se fue secando y vio como su mano que colgaba se transformaba en cenizas lentamente contagiando al resto del brazo izquierdo. No dolía, al contrario, por primera vez en cientos de años se sintió libre del dolor de la maldición de la sangre.

            Al fin llegaba su hora, la dulce hora del descanso eterno.

 

 

 

EPÍLOGO

 

 

 

            - ¿Has dormido bien? Llevas un buen rato dormida.

            Un hombre rubio caminó alrededor de la cama donde dormía. Era musculoso y su rostro muy conocido, era el amor de su vida.

            - ¿Frederic? -susurró incrédula.

            Le observó como hipnotizada y no pestañeó durante muchos segundos por miedo a que se esfumara como un sueño.

            - Vaya, he tenido un sueño rarísimo. Juraría que fueron años y años. Qué extraño... Ya no sé ni en qué día estamos.

            Su amante se acercó a la cabecera y se sentó, se metió entre las sábanas y se acurrucó junto a ella, se apretó contra su espalda dejándola sentir su cuerpo desnudo y cálido. Sus manos la envolvieron hasta cubrir su abdomen y reposó la cabeza en la almohada, tan cerca de ella que podía oler el aliento con aroma a hierro circulando por encima de su rostro.

            - Qué importa el día que sea -opinó su amado-, me gustaría que nunca terminara y no tener que separarme de ti.

            - Nunca -confirmó ella-. Nunca más volveremos a separarnos.

            Se dejó arrastrar por la cálida sensación se bienestar y, arropada por ese tibio calor celestial, se fue quedando dormida.

            - Está nevando fuera. Hoy va a hacer frío.

            - No abras a nadie, no te muevas de mi lado -ordenó ella, recordando cómo había empezado su pesadilla-. No te muevas de mi lado -repitió-... Hasta que vuelva a amanecer.

            Tal y como deseaban los dos el tiempo se detuvo y quedaron así unidos, congelados en el tiempo.

 

            El tiempo se detuvo y Sam no pudo escuchar nada más que el poderoso latido del corazón de Frederic junto al suyo. Entendió que después de aquella larga vida de condena se le había concedido el descanso que tanto anhelaba, el de la paz eterna.

 

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Comentarios: 15
  • #1

    yenny (miércoles, 29 febrero 2012 17:01)

    Me dio mucha pena la muerte de Sam, extrañare sus historias. Parece que esta historia no acaba todavia ¿habra ota historia Tony?
    Me gusto mucho la historia, emocionante hasta el final.
    Saludos Tony, besos....

  • #2

    Tony (miércoles, 29 febrero 2012 19:48)

    Ojo con las votaciones, las puntunaciones más bajas están arriba... (espero que os hayáis confundido ¬¬).

    Gracias por ser la primera o opinar Yenny, no sé cómo puede pensar alguien que tú no entras mucho.

    La próxima historia ya está en marcha (no tendrá mucho que ver con esta, salvo que será inmediatamente a continuación en el tiempo).

  • #3

    Bellabel (miércoles, 29 febrero 2012 19:52)

    Toda la historia me parecio increible, con excepción del final realmente deseaba que Antonio y Brigitte viviaran.
    Saludos.

  • #4

    yenny (miércoles, 29 febrero 2012 20:32)

    ¿Quién dice que no entro mucho ¬¬? entro todos los días solo que a veces no comento.
    Tony adelanta sobre quien va a ser la siguiente historia por favor ^-^,Bellabel yo tambien deseaba que vivieran pero si en todas las historia va a pasar un milagro o resucitasen creo que se volverian muy predecibles y aburridas.

  • #5

    Lyubasha (miércoles, 29 febrero 2012 21:12)

    Me encantó el final, fue inesperado y emocionante. Además, en cierto modo fue un final feliz, ya que Sam pudo reunirse con Frederic y Antonio con Brigitte.
    Yo pienso lo mismo que Yenny, aunque de pena que los personajes hayan muerto es mejor así, si siempre sucediera un milagro para que los protagonistas no murieran, las historias serían predecibles.
    Un saludo.

  • #6

    carla (miércoles, 29 febrero 2012 23:52)

    Estoy de acuerdo con las chicas de que es mejor que murieran porque si no haria las historias predecibles. Ademas me encanto mucho esta historia!! :) Espero la proxima historia sea la de veronica ya quiero leerla

  • #7

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 01 marzo 2012 12:44)

    Lyubasha, lee el diario de escritura de hoy, verás que yo tampoco estaba muy contento con este final.

    Gracias por vuestros comentarios, con cada opinión me ayudáis a mejorar y todos sois tenidos en cuenta.

  • #8

    Ale (jueves, 01 marzo 2012 20:47)

    Yo que tu haría un final alternativo, porque éste fue un melodrama bárbaro, un bodrio de final, horrible. Pero todo ésto tratando de no ofender e intentando explayarme mas realisticamente en mi opinión. Vengo leyendo la historia de Jurado desde "Los vampiros no existen" y ésto la coronó y la dejó en la mierda, y no sé si es medio de cliché tambien, eso de que al final todos mueren.
    Te recomiendo hagas un segundo final, porque éste, horrible, y totalmente desilusionante. Sin ofender, pero expresando lo que sentí con ésto :P

  • #9

    Vanessa (viernes, 02 marzo 2012 03:23)

    Últimamente no me estaba conectándome mucho me gusto la historia menos el final no me imagine que iban a morir

  • #10

    x-zero (viernes, 02 marzo 2012 03:34)

    Ale tratas de no ofender pero al final ofendes al decir q

  • #11

    x-zero (viernes, 02 marzo 2012 03:36)

    perdonen, se mando solo el comentario, como decia, ale tratas de no ofender pero a la vez ofendes diciendo que la historia es una mierda, modera tus palabras la verdad, y la historia esta bien, aun que es cierto, que no es mejor que otras..

    salu2, y buena historia, al menos entretuvo :)

  • #12

    Tony (viernes, 02 marzo 2012 08:13)

    Ale no me ha ofendido en absoluto. Solo ha dicho lo mismo que otros, o incluso me atrevo a decir que lo que la gente que ha puesto mala nota pero no le apetece comentar nada.
    Ya esperaba reacciones encontradas y agradezco todos los comentarios.

    Por cierto la próxima historia aún no está lista y no puedo decir nada sobre ella porque es una sorpresa. Espero que antes del lunes tenga algo que publicar.

  • #13

    Tony (viernes, 02 marzo 2012 08:14)

    Pasaros por el diario de escritura durante el día de hoy que daré una pequeña pista.

  • #14

    Ale (viernes, 02 marzo 2012 15:29)

    De todos modos, vuelvo a resaltar que mi intención no es ofender, pero cuando uno se haya sumergido así que lo corten resulta jodido. Entiendo también que para el redactor lo más complicado es el final... Y bueno, espero más de tus historias, muy buenas, aunque ésta me dejó con un trago amargo al final!

  • #15

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 04 marzo 2012 10:09)

    Como dije, no estaba conforme con el final y le he dado el final que yo creo que todos esperabamos, no os lo perdáis...

Animal es el que abandona a su mascota.

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