Karma de sangre

29ª parte

            Y comprendió.

            Abrió los ojos y sólo vio una lucecita verde en la pared. Se había quedado dormido mientras decidía lo que debía hacer, si contarle la verdad a su mujer o seguir ocultándoselo. Verónica había vuelto esa noche, después del ataque de aquel extraño espectro, y le invitó a ver su destino.

            Y vaya si lo había visto.

            Encendió la luz y se levantó de la cama, encendió todas las luces de la casa y se quedó mirando a un jarrón del pasillo.

            — ¿Estás bien? —preguntó Brigitte, asustada.

            Antonio no la miró, se levantó y se quedó mirando a la pared del pasillo.

           Sam, escúchame —la ignoró,  como si hablara a las rosas que habían en el jarrón—. Hemos visto a tu criatura y va a causar el caos en la ciudad. Tu amigo Rodrigo y tú debéis acabar con ella, seguramente la encontraréis en el parque, junto a mi casa.  La he visto atacando a un hombre y si no la detenéis moriremos todos. No es el momento para venganzas, hacerme caso, sé lo que digo.

            Inmediatamente después metió la mano entre las rosas y sacó un pequeño alfiler más gordo de lo normal. Se lo entregó a Brigitte y le pidió que lo rompiera.

            — ¿Qué es esto?

            — Una cámara espía, espera hay dos más.

            Fue a la cocina y sacó de debajo del microondas otro de esos chismes. Se lo dio y fue al salón donde había una tercera cámara escondida junto a la televisión.

            — ¿Qué pasa con esto? —se impacientó la chica.

            — Hoy he soñado que morías —explicó—. Es difícil de explicar pero yo sé que no fue solo un sueño. A veces, no sé cómo explicarlo... Sé cosas, las veo antes de que ocurran. Bueno es la primera vez que lo veo por mi mismo, antes escuchaba una voz que me lo decía todo.

            — Eres como un adivino —replicó un tanto incrédula.

            — No porque lo que he visto no va a pasar. No pienso permitirlo.

            — Y ¿qué más has visto? ¿Que nos trajimos ese perrito?

            Antonio se dio cuenta de que ella no le tomaba en serio. Ni siquiera con esas cámaras en la mano. Aunque más bien parecían alfileres sin la menor importancia.

            — Tira eso al retrete —ordenó él de mala gana—. Nos están escuchando.

            Brigitte hizo un saludo militar y echó en el inodoro los extraños artefactos.

Luego presionó el botón de la cisterna y se despidió de ellos con un gracioso movimiento de mano.

            — ¿Ordena algo más el señor sabelotodo?

            — Sí, tengo que hablar contigo.

            Brigitte sonrió un poco nerviosa y no se movió.

            — Por favor siéntate, es algo muy serio que debes saber.

            Ella titubeó antes de ir a la sala de estar.

            Mientras se sentaba respondía.

            — Espero que no me digas que quieres cortar, ya ha sido bastante extraña esta noche.

            — No, no, bueno eso espero... Verás es algo que debes saber pero antes quiero que entiendas que te quiero y que en ningún momento dejé de pensar en ti.

            — Me estás asustando.

            Antonio reunió el valor para decirle la verdad pero las palabras se atascaron en su garganta cuando recordó la expresión de tristeza y decepción en su rostro, cuando se lo contó en aquel teatro quejumbroso. Aquella mirada le dijo que nunca le habría perdonado aunque hubiera vivido cien años más. Ella creía en el mítico amor eterno y verdadero y aquella declaración sería tan dura que quizás no pudiera perdonarle.

            — Habla ya —ordenó ella.

            — ¿Recuerdas el día que te confesé que había estado con otra? —comenzó—. Te mentí en algunas cosas para salvarte... —titubeó—, aunque es cierto que me acosté con esa mujer. Estaba desesperado por volver a tu lado y pensé, acertadamente, que así me ayudaría a escapar...

            — Acertadamente... —se quedó sin habla.

            — Lo cierto es que me ayudó a salir.

            — Claro, pobrecito, que sacrificio debió ser para ti.

            Antonio quiso explicarse mejor y tenía varias excusas en la cabeza para suavizar el golpe como que pensaba en ella, que era la única razón de que quisiera escapar. Y sabía muy bien que sólo serviría para agravar la situación. Cada una de esas excusas hubiera sonado como si la culpara a ella de su error.

            — ¿No dices nada? —se exasperó ella.

            — Te pido por favor, con todo mi corazón, que me perdones. No puedo imaginarme la vida sin ti, antes preferiría morir.

            — Ah, ¿sí? —se levantó y le dio un sonoro bofetón.

            Antonio se quedó perplejo, no esperaba esa reacción aunque debía haberla previsto.

            Brigitte so se vio satisfecha y con los puños cerrados comenzó a golpearlo en el pecho con todas sus fuerzas. Él no se trató de proteger hasta que no empezó a hacerle daño.

            — Basta mujer —pidió.

            — Lo siento, no debería perder los papeles —se disculpó muy seria y con los ojos llenos de lágrimas—. Déjame sola, no quiero verte.

            Antonio iba a regresar a la habitación cuando vio que ella se ponía el abrigo para salir a la calle. Eran las cinco de la mañana y él sabía que ahí fuera sería muy peligroso para cualquiera.

            La sujetó por el codo y ella se lo sacudió como si fuera un violador.

            — ¡No me toques cerdo!

            — No te vayas —pidió él—. Yo me iré.

            — Pues vete —ordenó ella.

            — Cogeré mi abrigo —aceptó sumisamente—. Tenía que contártelo, no quiero guardarte más secretos. Si pudieras entender cuánto te quiero…

            — Lárgate de una vez. No te aguanto.

            Cuando recogió su abrigo se marchó de casa sin mirarla siquiera.

            Una vez fuera se quedó paralizado junto a la puerta sin saber qué hacer. Tenía su cuerpo frío y su corazón latía por inercia y sin fuerza. Se dejó caer junto a la puerta y enterró la cabeza entre sus brazos.

            — Nunca me lo perdonará —susurró.

 

 

            Rodrigo repasaba la grabación que le había enseñado Sam y miraba la pantalla con evidente asombro.

            — Parece que tu amigo sabe más de lo que parecía.

            — Deberíamos ir a ese parque. Parecía muy seguro y le he visto otras veces hacer cosas extrañas. Además no perdemos nada por intentarlo —opinó Sam.

            — ¿Sabías que en Yucatán cayó el gran meteorito que extinguió a los dinosaurios? —preguntó Rodrigo con aire de superioridad.

           ¿Qué tiene que ver un meteorito...

            — Si ese hombre tiene razón, habrá impedido la extinción de la raza humana, será como si hubiera detenido el Armagedon.

            — En ese caso... —Sam le miró como si fuera un loco de atar—. ¿Nos vamos ya?

            — Vamos, el tiempo es vital.

            Dicho eso desapareció de su vista y Sam soltó un reniego.

            — Cómo le odio —siseó mientras se concentraba en aquel parque.

 

            Los caminos del parque estaban desiertos. Natural teniendo en cuenta que era de madrugada, hacía varios grados por debajo de cero y nadie querría salir con ese frío. Para ella solo era una leve molestia ya que a esas temperaturas los olores eran casi imperceptibles, lo que suponía estar medio ciega. Debía confiar en su vista si quería encontrar a Jade.

            Se fue a un mirador desde el que se podía ver prácticamente todo. El estanque con la fuente en el centro se veía al frente, tras una gran pendiente de jardín donde daban ganas de tumbarse a contemplar la Luna menguante. Más abajo de la fuente se veían mesas para jugar al ping pong entre árboles sin hojas y subiendo un poco la mirada se veían las cuatro torres iluminadas con luces rojas en sus extremos, las torres más altas de toda España.

            Volvió su atención hacia la derecha, donde se veía un pinar entre los que había bancos. No se veía ni un alma. Más allá había un corral infantil de madera con varios columpios.

            A la izquierda veía más pinos y podía escuchar el murmullo de los coches en la autopista, situada unos doscientos metros más allá. Todo desierto, ni rastro de Jade ni de Rodrigo ni de una potencial víctima.

            Una voz lejana llegó a sus sensibles oídos y sin dudarlo un momento corrió hacia allí con la velocidad del pensamiento. Pasó de largo el parque infantil y llegó a una carretera de dos carriles donde un coche blanco deportivo estaba esperando la luz verde. Al estar en su camino pisó encima para coger altura y mientras se elevaba a diez metros de altura, pudo ver que el conductor asomaba la cabeza asustado, buscando inútilmente la causa de la abolladura.

            En un instante pudo contemplar el otro parque que había al otro lado, mucho más descuidado donde solo se veían dos caminos entre un pinar. Allí había un hombre durmiendo en un banco y, frente a él, había una esquelética forma femenina que se acercaba flotando como un espectro.

            Cayó sobre ella como un ave rapaz antes de que llegara a atacarlo. Sin el menor titubeo la mordió el cuello y chupó con todas sus fuerzas para no darle tiempo a luchar.

            A medida que Jade iba perdiendo consistencia y se transformaba en cenizas tuvo una visión de si misma contemplando su brazo ensangrentado convirtiéndose en polvo y encontrando el anhelado descanso eterno.

            — Bien hecho —felicitó Rodrigo a su espalda.

            Sam se levantó con un hilo de sangre en los labios. Apenas le quedaba un sorbo a la vampiresa oriental, lo que significaba que aun no había atacado a nadie más. Ahora ya no sufriría, encontraría el descanso y ella seguiría sufriendo, acompañando a la especie más destructiva del planeta a su extinción.

            — No —susurró—. He perdido mi oportunidad de hacerlo todo bien.

            Levantó la mirada desafiando a Rodrigo. Su ira provocó que sus colmillos se alargaran y sus ojos se tiñeron de rojo sangre. El vagabundo, al verla así se levantó precipitadamente del banco y se fue corriendo trastabillando.

            — Qué estás haciendo —inquirió el vampiro milenario.

            — No voy a someterme a ti —se envalentonó Sam—. No te necesito para nada.

            — No puedo permitir que vayas por ahí poniéndonos en un escaparate.

            — Entonces tendrás que matarme si puedes.

            — Estás loca —sentenció él—. Soy mucho más fuerte que tú, no tienes la menor oportunidad.

            — ¿Sabes qué? He tenido una visión en la que yo moría como Jade. Y te puedo asegurar que deseo mil veces morir, que seguir viviendo con esta maldición. La venganza era un motivo como cualquier otro para seguir viviendo, para seguir aguantando. Antonio Jurado es lo único que me ha dado motivos para seguir en este mundo y sé que la venganza no me saciará si con ella no me llega la muerte. No necesito vengarme, solo quiero paz. Descansar para siempre, librarme de una vez de este maldito dolor, de este karma maldito.

            Rodrigo la miraba sin comprender.

            — Eres una necia, no sabes apreciar el regalo que se te ha dado.

            —Acaba conmigo de una vez, porque si no lo haces ahora, me marcharé y no volverás a verme más.

            — Puedo volver a encontrarte —replicó Rodrigo.      

            — ¿Y quién te dice que no crearé más criaturas como Jade?

            — No quiero matarte, Sam. Me había hecho a la idea de educarte, mantenerte a mi lado, enseñarte a vivir como una persona normal. Aún estás a tiempo de cambiar de idea, no me lo pongas difícil.

            En ese momento escucharon que alguien se acercaba cruzando la carretera corriendo. Era Antonio Jurado que parecía saber dónde estaban exactamente.

            — Que bien que os encuentro —dijo cordial, como les conociera a ambos.

            — ¿Qué haces tú aquí? —preguntó la vampiresa, enojada por la interrupción.

            — Quiero pedirte perdón por haberte humillado —respondió con tono sincero.

            — ¿Qué? —preguntó, confusa—. No tienes por qué...

            — Lo sé todo Sam, te hice daño, vamos, he intentado matarte con poco éxito pero lo he intentado en serio dos veces. No te hagas la tonta, sé por qué me espiabas, por qué aceptaste someterte a Rodrigo. Lo sé todo.

            — ¿Cómo demonios sabes todo eso? —preguntaron los dos al unísono.

            — Por que lo he visto, he tenido una...

            — ¿Otra visión? —se sorprendió Rodrigo—. ¿Qué pasa esta noche con las visiones? ¿Por qué yo no he tenido ninguna?

            —Supongo que tú nunca irás al cielo —replicó Antonio, demasiado seguro de sí mismo.

            — ¿Qué has dicho? —increpó el vampiro.

            — ¿Y yo sí? —inquirió ella, incrédula.

            — Solo aquellos que llegan a Dios tienen la oportunidad de enviarse mensajes a través del tiempo. Pero no te preocupes, tú podrías ir, solo que no te has mandado ningún mensaje hoy por alguna razón.

            — ¿Cómo voy a ir yo al cielo? —inquirió ella-. Ni siquiera creo en Dios.

            — Quizás porque lo que tú llamas maldición, en cierto modo es algo que Dios te ha dado. Cada uno usa sus dones como le parece y creo que tú no eres tan mala como quieres hacer creer a todos.

            — Quiero matarte, quizás lo haga otro día —Sam miró a Rodrigo—. Si es que no muero esta noche.

            — Si lo dices por mí no te preocupes —respondió Rodrigo—. No pienso amenazarte más, lo hice porque eres todo lo que me queda Jaspe, quería que estuvieras conmigo pero si tú no quieres no tiene sentido obligarte.

            Samantha sonrió con más incredulidad que por alegría. Debía estar alucinando, según Antonio Dios la podía perdonar y Rodrigo no era tan estricto como había creído.

            — ¿Me dejarás marchar? —preguntó.

            — Te dejaré ir cuando quieras, pero ahora no tienes donde ir —explicó el vampiro—. Quédate conmigo una temporada, déjame enseñarte a vivir. Si te quieres marchar no lo impediré, te dejaré en paz, pero piénsatelo. No puedes vivir con nadie más. Soy tu único hermano.

            Samantha se quedó mirando a Antonio intrigada.

            — Tú también estabas solo y un día, de repente, te enamoraste y cambiaste por completo. ¿Fue difícil para ti el cambio?

            — No volvería a mi antigua vida por nada del mundo —replicó sin pensarlo—. De hecho, daría cualquier cosa por volver junto a ella y que me perdonara... Hoy he cometido una estupidez y no sé si ella me perdonará alguna vez.

            Samantha negó con la cabeza fastidiada.

            — Solo tenías que decir sí, no me cuentes tu vida.

            — Eres la única amiga que me queda en este mundo... Si no te lo cuento a ti...

            — No somos amigos —replicó Sam, arisca—. No vuelvas a decir eso.

            — Vamos, Sam, no lo niegues, tampoco tienes a nadie más —se ofuscó Antonio.

           Rodri, tío, sácame de aquí, no soporto a este chiflado cuando se pone en plan sabihondo.

            Antonio sonrió y en apenas un pestañeo los perdió de vista sin saber hacia dónde habían ido. Se sintió en paz, sabía que confesar la verdad a Brigitte podía haber destruido su matrimonio pero también sabía que lo prefería así a que se enterara como ocurrió en la visión. Aún recordaba el contacto de su mano fría en aquel velatorio, aún recordaba lo duro que fue para él pedirle a Dios que se la devolviera y que éste no le escuchara. Pero ahora lo entendía todo. Aquello nunca sucedió, le dio el conocimiento necesario para corregir sus errores en el momento justo.

            Pero ahora no se atrevía a volver a casa.

            Se fue al parque y caminó durante minutos en los oscuros caminos hasta llegar al estanque de la fuente. Se sentó junto al agua y se cruzó de brazos para soportar el frío. Quizás debía irse al coche, o quizás debía volver a casa. Pero estaba tan asustado..., ¿y si ella había hecho las maletas? ¿Y si se encontraba la casa vacía? ¿Qué iba a hacer él? No había mentido cuando dijo que no soportaría volver a la vida de antes de conocerla.

            Entonces sonó el teléfono móvil y le sorprendió porque no recordaba haberlo cogido. Al ver la pantalla se dio cuenta de que le llamaba Brigitte desde casa. Pulsó el botón verde con miedo.

            — Dime, cariño —respondió.

            — ¿Dónde estás? Estaba preocupada. Con el frío que hace deberías venir a casa.

            — Pero, ¿me perdonas? —inquirió, ansioso.

            — Ya lo hablamos cuando llegues, me tenías preocupada. Con esa cosa suelta por ahí y tú en la calle.

            — Esa cosa ya es historia —explicó Antonio.

            — ¿Qué? Bueno ven a casa y hablamos aquí, date prisa.

            Antonio guardó el teléfono en el bolsillo esperanzado. No se estaba preparando para marcharse, quería hablar con él... Se preguntó si la dejaría abrazarla cuando llegara o seguiría molesta. A paso ligero se dirigió a casa y no dejó de darle vueltas a cómo sería el encuentro.

            Llamó al timbre, ya que había olvidado coger la llave y no tardó ni un segundo en abrirse la puerta. El rostro de Brigitte seguía serio pero se la veía preocupada.

            — Vamos pasa, qué tonto eres. Sabes que eres un idiota, ¿verdad?

            — Soy un idiota —repitió él, sumiso.

            — Va a costarme mucho volver a confiar en ti.

            — Lo sé, pero puedes estar segura de que nunca más pasará algo así.

            Cerraron la puerta y ella se abrazó a él con fuerza.

            — ¿Me lo prometes?

            — Sí, mujer, eres todo lo que me importa. Te lo prometo.

            — ¿Qué harás para compensar tu error?

            Antonio se quedó perplejo, no esperaba una pregunta así.

            — Lo que me pidas —respondió.

            — ¿Lo que sea? —insistió, seria.

            — Te lo prometo, lo que me pidas te lo daré.

            — Bien, bien, bien –exclamó emocionada-, entonces adoptemos a Thai.

 

 

 

 

FIN

 

"Yo soy la resurrección y la vida:  el cree en mí, aunque esté muerto, vivirá."

Juan 11,25

 

 

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Comentarios: 12
  • #1

    x-zero (domingo, 04 marzo 2012 18:41)

    mejor final que el anterior (: le di un 8

    salu2

  • #2

    yenny (domingo, 04 marzo 2012 19:30)

    O.O me quede un poco impresionada por este final, todavia no lo asimilo asi que voy a pensarlo antes de dar una nota, todavia no lo asimilo.

  • #3

    Bellabel (lunes, 05 marzo 2012 16:41)

    Genial, me encanto mil veces mejor que el anterior. Muchasímas gracias...

  • #4

    Carla (martes, 06 marzo 2012 00:38)

    Lo dañasteee!!!! Quizas me llamen sadica pero me encanto el otro final, era perfecto todo el mundo muerto, era genial, pero este, este es todo lo que la mayoria espero como el final verdadero, tan predecible, tan... a

  • #5

    Ale (martes, 06 marzo 2012 02:55)

    Bárbaro, perfecto, y lo mejor, da lugar a secuelas que no tengan que conectar sí o sí a Sam y Antonio, éste me encantó, te doy un gracias personal, Antonio.

  • #6

    Tony (martes, 06 marzo 2012)

    Carla, tienes que reconocer que no es tan predecible que todos vivan si tú misma aceptaste que todos morían.
    Puede que para una obra única con personajes que no tienen más que decir sea un buen final, pero aún tengo cosas que contar de todos ellos.

  • #7

    Lyubasha (martes, 06 marzo 2012 14:40)

    A mí también me gustaba más el otro final, me hacía ilusión que Sam volviera a estar con Frederic, pero este también está bien. Además no me esperaba que el "final" anterior fuera un sueño de Antonio Jurado. Un saludo.

  • #8

    Vanessa (jueves, 08 marzo 2012 02:06)

    me encanto este final :) me encanto mas que la anterior
    Cuidate

  • #9

    carla (jueves, 08 marzo 2012 04:33)

    Si lo hubieses dejado en el otro fiinal la historia hubiera estado perfecta, pero esa es solo mi opinion. Lo que quise decir anteriormente fue, que este final es el que se esperaria de una historia tuya Tony, y creeme que me hace ilusion el poder leer otras historias de ello, y que me encontre bastante raro la "muerte" de los personajes, se podria decir, principales de la pagina pero simplemente aquel final me gusto mas, creo que porque va de acuerdo con la creencia de que el mundo termina este a≈o. Pero buenoo repiito esa es solo mi opinion. :) Espero poder empezar a leer la proxima historia esta semana ;). Cuidense tod@s.

  • #10

    Thiago (sábado, 28 abril 2012 05:31)

    wow, de todas las historias que he leido en mi vida esta me parecio la mas estupenda e impredecible. deberian conocerse tus historias

  • #11

    valeria (martes, 24 julio 2012 00:05)

    wow eres grande de verda que eres un gran escritor a veses me pregunto si las cosas que ecribes seran reale?s

  • #12

    KATTY (miércoles, 26 marzo 2014 22:45)

    es la primera historia que leo y me encanto mucho, me gusto mucho su final

Ha costado pero finalmente está aquí, el final de Karma de sangre. Espero que unifique vuestros criterios acerca de la nota que le pongáis y espero que esta vez no sea la más baja ^^.

Animal es el que abandona a su mascota.

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