Karma de sangre

5ª parte

            - ¿Quién eres? -Volvió a preguntar con tono imperativo.

            - ¿Quieres mi nombre? -Eludió él-. Me temo que no significará nada para ti.

            - Eres un vampiro -enunció ella.

            - Me temo que no sabes ni lo que eres, preciosa. Tantos años en soledad... Tanto desperdicio. Quise darme a conocer mucho antes pero me resulta enriquecedor ver cómo te has ido desarrollando con el tiempo. Primero eras una bestia sin escrúpulos, luego permitiste que una de tus presas creyera que te importaba, le querías para varias noches, tentada por su sangre virgen. Luego te intentó matar y aún así le perdonaste. Admito que me sorprendió tu actitud hasta que te escuché que le hacías la oferta de la sangre. Tú, que sufres con tanto dolor tu condición inmortal... Querías morir.

            - ¿Así crees que vas a conquistarme? -espetó ella, sumamente molesta por ver vulnerados todos sus secretos por un completo desconocido.

            - No quiero hacerte daño, somos hermanos, compartimos la misma condición. Pero tú eres tan joven... Aun desconoces tu auténtica naturaleza. A mi nadie me la enseñó, tardé cientos de años en descubrir que no soy un condenado, que soy un semidiós.

            Samantha veía cuellos desprotegidos por donde mirara, un chico moreno en un sofá, una rubia dormida a su lado, en la barra un tipo de chaqueta de cuero dormitaba abrazado a una botella de whisky...

            - Sabes cómo tentar a una chica -Sam sonrió-. Lástima que ya he cenado. Aun no sé cómo te llamas.

            - Mi nombre es Rodrigo.

            La miró fijamente esbozando una enigmática sonrisa.

            - Y bien, Rodrigo, dedicar tanto tiempo a espiarme es algo friki, ¿no crees?  Ya que sabes tanto de mí, lo justo es que tú me lo cuentes todo sobre ti.

            El chico tenía la sonrisa más seductora que Sam había visto. Tenía ojos azules y sus ojos apenas rebelaban cosas de él. Parecía un buen chico, pero la profundidad de su mirada tenía una chispa de rebeldía. No sabía nada de él, pero le resultaba tremendamente fascinante y de alguna manera creía conocerle.

            - No quisiera que pensaras que le cuento mi vida a cualquiera -bromeó él-. Vamos, es nuestra primera cita.

            - Yo no salgo con presumidos engominados.

            Rodrigo soltó una carcajada.

            - No, claro, no sales con nadie desde que murió tu amante.

            - Empiezas a resultar irritante -protestó Sam, enojada-. Me largo de aquí.

            - Espera...

            Sam se volvió humo y se materializó en su casa. En el fondo sentía curiosidad por la primera criatura que encontraba como ella, pero aquello era demasiado. Por muy antiguo que fuera, por muy vampiro que presumiera ser, había llegado demasiado lejos. Si algo era intocable para ella eran sus secretos..

            - No quise incomodarte -se disculpó Rodrigo, tras ella.

            La vampiresa se volvió, asustada.

            - ¿Como lo haces? -Inquirió.

            Allí estaba él, con su sonrisa traviesa, su hoyuelo seductor, sus ojos tranquilos, su chaqueta de cuero, sus tejanos oscuros.

            - Sam, estoy cansado de estar solo, igual que tú.

            La vampiresa pensó en desaparecer otra vez a un sitio alejado miles de kilómetros, pero no quería demostrarle miedo. No temía por su vida, temía por su libertad. Ese vampiro era antiguo, mucho más que ella.

            - Somos dos almas que sobreviven en la miseria -explicó Rodrigo-. Como los últimos especimenes de una especie. No deberíamos... Estar separados.

            - ¿Cómo sabes tanto de mí?

            Rodrigo se sentó en el sillón de terciopelo y puso los brazos en cruz sobre el respaldo. La seguridad en sí mismo que demostraba era desquiciante.

            - Eres una celebridad. ¿No recuerdas que saliste en los periódicos dos veces? Es difícil no saber de ti, la verdad -Preguntó, sorprendido.

            - De qué hablas.

            - Vamos, no te hagas la tonta. Sabes de sobra a qué me refiero. ¿No has soñado ser alguien que no eres? -Suspiró, cambiando de tema-. ¿No tienes recuerdos de un tiempo que no encaja con tu pasado?

            Samantha suspiró, fastidiada. Nunca le había pasado tal cosa.

            - ¿Vas a decirme cómo coño sabes tanto de mí? Los periódicos no contaban más que patrañas, nadie sabe lo de mi amante muerto.

            - Siéntate y vacía tu mente, Sam. Quiero que conozcas mi secreto. Tienes que verlo por ti misma.

            Sam se sentó a su derecha, creyendo que ese hombre podía darle las respuestas que tanto necesitaba. Le temía, pero al mismo tiempo confiaba en él.

            - Cierra los ojos, abre tu mente.

            Ella obedeció reclinando su cabeza sobre el respaldo del sofá y trató de detener el bullicioso caudal de pensamientos. Al principio fue difícil porque él colocó el brazo derecho sobre su hombro y la atrajo hacia él.

            - Es hora de contestar a todas tus preguntas -siseó Rodrigo, tan cerca que podía oler el aroma de la sangre.

            - No veo nada... - Protestó.

            Entonces Rodrigo la mordió en el cuello y se le puso encima como un animal salvaje. Sam reaccionó tarde, ni su fuerza sobrehumana ni su poder de convertirse en humo fue suficiente para librarse de su depredador. ¿Cómo pudo confiar en un vampiro? Forcejeó cuanto pudo pero notaba que las fuerzas la abandonaban y él se apoderaba poco a poco de su poder.

            La sangre salía de su cuerpo en grandes cantidades y se debilitaba peligrosamente. El dolor era más intenso por la humillación de haber sido sorprendida que por la muerte que anunciaba. Una muerte que ignoraba que podía alcanzarla tan fácilmente.

 

 

            - La sangre que os doy es para que, bebiéndola, tengáis vida eterna. Por la que viviréis y por la que mataréis. Con ella sello un pacto entre nosotros para que me obedezcáis y sirváis como vuestro dios y señor y yo a cambio os haré dioses.

            Sam abrió los ojos y vio a un grupo de personas a su alrededor, cinco mujeres y siete hombres. Estaban sentados en torno a una mesa rectangular y la presidía un hombre joven de pelo rizado y negro cuya barba caía recta hasta su nuez. Vestía una túnica oscura de una sola pieza y había usado un cuchillo de dos filos para cortarse la palma de la mano y derramar la sangre en una copa de oro.

            - Mi señor, ya le servimos con absoluta dedicación -alegó uno de los comensales.

            - Los tiempos que corren me obligan a daros poder. El que beba de esta sangre vivirá para siempre y el que beba de esta sangre, morirá para siempre. La vida que os ofrezco está marcada por el sacrificio. Mientras permanezcáis a mi lado, seréis poderosos y respetados. Si me traicionáis, seréis malditos para siempre, viviréis como monstruos y la humanidad os masacrará. No quiero mentiros, esto no es un regalo, es un yugo, una cadena y una maldición.

            - Pero Señor -alegó Rodrigo, que era uno de los comensales-. Nosotros nunca os abandonaremos.

            - Se acercan tiempos oscuros para nosotros -replicó el que parecía jefe de todos.

            - ¿Por qué dice eso Señor? -Protestó una de las mujeres.

            - Los sacrificios de sangre serán prohibidos, nos impedirán realizar nuestros ritos. Tendremos que escondernos en las sombras... Y por eso os voy a dar un poder inigualable, al amparo de las sombras. Seréis mis elegidos, los hijos que un día perdí.

            - ¿Quién osará acabar con nuestras tradiciones? -Inquirió otro, malhumorado-. Todo el mundo respeta los sacrificios, es un honor para el pueblo entregar a sus hijas para vuestro sustento.

            - Todos sabéis quién está ganando el corazón de la gente. Todos sabéis quién me ha traicionado, quién me robó todos mis secretos...

            - No es más que una idealista, no tiene poder, vive como una marginada -Inquirió Rodrigo, sin ocultar su odio exacerbado.

            - Tienes razón, su poder no me preocupa en absoluto. Ni siquiera ella los utiliza, pero el vulgo la escucha. Son muchos los que han abrazado sus enseñanzas y pronto se harán notar. Ahora ya solo os tengo a vosotros, no confío en nadie más. El rey Ciro planea una revuelta y no nos quedan aliados.

            - ¡Señor! No hay poder que pueda desafiarte -rectificó el que estaba más cerca del líder-. Harás caer una tormenta de fuego sobre aquellos que se levanten contra ti.

            - Hablas desde la arrogancia. Solo me quedáis vosotros y por eso tengo que daros poder para resistir y doblegar a quienes atenten contra vuestra vida.

            - Esos malditos persas -escupió una de las mujeres-. Nunca debimos perdonarles la vida.

            Hubo un silencio generalizado al levantar el líder la mano derecha.

            - Voy a entregaros la copa con mi sangre -completó-. Ya os he explicado las consecuencias de beberla, vuestra vida será terminará, no podréis volver a vuestros hogares. Dejaréis de ser humanos y seréis semidioses, pero todo ese poder tiene un alto precio. Seréis jóvenes para siempre, fuertes como cien hombres robustos, descubriréis poderes que ni siquiera alcanzáis a imaginar... Pero vuestro corazón dejará de latir. Vuestra sangre se secará y solo podréis sobrevivir arrebatándosela a los vivos. Os convertiréis en depredadores de humanos y la humanidad querrá acabar con vosotros.

            Los doce miraron fijamente la copa antes de que su líder se la pasara al primero. Todos parecían ansiosos por recibirla.

            - Mientras sigáis a mi lado, nunca os faltarán sacrificios para saciar vuestra hambre. Seréis tratados como mis hermanos y nunca estaréis solos. Pero si me abandonáis nunca os lo perdonaré. Seréis condenados a vivir eternamente sin mi protección, solos, como monstruos, como parásitos de la sociedad. Seréis almas sin nombre, personas que huirán de sus propias huellas a sabiendas de que nadie volverá su mano hacia vosotros para ayudaros.

            Cuando terminó de hablar, entregó la copa al primero. Era un hombre de barba densa, cejas tupidas y expresión ceñuda. Al recibir la copa con la sangre, bebió un sorbo manchándose la boca con la sangre negra de su líder.

            - No esperaba menos de ti, Bizarro.

            En cuanto dejó la copa sobre la mesa, el corpulento hombretón se llevó las manos a la garganta y se retorció de dolor entre una agónica asfixia. Los demás se pusieron en pie, alejándose de él y rezando plegarias en silencio, asustados por aquella inesperada reacción.

            - Os dije que mi sangre os daría la vida eterna. Pero antes os matará. ¡Seguir bebiendo! -Ordenó el líder impertérrito.

            El siguiente era Rodrigo, que miraba la copa con pánico.

            - El que no beba mi sangre, no será nunca más uno de los míos -rugió el líder, furioso.

            - No quiero morir, mi señor -se defendió Rodrigo, asustado.

            - Entonces bebe o vete.

            Rodrigo cogió la copa con las manos temblorosas y, mientras veía de reojo cómo su amigo Bizarro soltaba su último aliento, se arrimó la copa a los labios y bebió un sorbo. Luego le entregó la copa a la siguiente, una mujer de pelo castaño y en seguida sintió fuertes sacudidas y comenzó a asfixiarse.

            - Si no podéis confiar en mí -aleccionó el líder, elevando la voz haciendo retumbar la copa-, no podréis ser como yo.

            - Señor, moriré si es lo que vos queréis -respondió la mujer, inclinando la copa y bebiendo otro sorbo.

            Así, uno a uno fueron bebiendo hasta que le llegó el turno a ella. Ésta no pudo elegir, fue como ver una historia donde su poder de decisión no tiene el menor peso. Su alter ego, que tenía una larga melena negra como el carbón, agarró la copa y la bebió sin la menor duda a pesar de que sus amigos estaban muertos. Entonces lo sintió, el aguijoneo implacable de la sangre le penetró el estómago y le subió a la garganta como el veneno de una cobra. Se le paralizaron los pulmones y comenzó a asfixiarse mientras notaba que todo su cuerpo ardía como si la sangre estuviera a cien grados y quemara sus entrañas. La cabeza parecía a punto de explotar, una sensación que le resultaba muy familiar. Gritó con todas sus fuerzas mientras el fuego de sus entrañas consumía sus órganos y finalmente alcanzaba su corazón.

            Finalmente todo fue silencio, oscuridad y frío.

 

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Comentarios: 3
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 29 noviembre 2011 21:40)

    Comenta aquí lo que te parezca cómo se está desarrollando la historia.

  • #2

    yenny (miércoles, 30 noviembre 2011 01:11)

    Esta muy bien, va a ser la mejor de Sam paece.
    Sigue asi Tony, cuidate mucho.

  • #3

    x-zero (miércoles, 30 noviembre 2011 21:14)

    la historia se dedsarrolla bien, sigue asi, no es lenta como las otras :D

Animal es el que abandona a su mascota.

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