Karma de sangre

6º parte

            — Bienvenida al mundo de la sangre —recitó una voz gélida masculina.

            Abrió los ojos. Ya no se asfixiaba, ni siquiera respiraba. El habitual susurro del torrente sanguíneo en sus oídos se había silenciado por completo. El bostezo y suspiro mañaneros no llegaron a salir de su aliento.

            — Tengo sed —reconoció.

            — Levántate, Jaspe, es hora de comer —reconoció la voz de su líder.

            — ¿Jaspe? —Repitió, sin entender.

            Obedeció y se incorporó con solo pensarlo. Estaba en la misma sala donde estaban todos. Solo habían despertado ella y otro, Rodrigo. Los demás eran cadáveres que parecían haber encontrado la muerte de forma agónica, mostrando muecas de horror y sufrimiento en rostros blancos azulados. Su líder caminaba a su alrededor y la contemplaba como si fuera una bella creación.

            — Debes tener más cuidado, procura moverte tan despacio como ellos. Ahora tu mente controla cada movimiento, tienes que simular respirar, finge que caminas, que la gravedad ejerce poder sobre tu cuerpo.

            — ¿Puedo volar? —Preguntó, fascinada.

            — No hay nada que no podamos hacer —explicó Rodrigo, fascinado—. Somos semidioses.

            — Es cierto, vuestro poder será ilimitado pero no os confiéis.

            — ¿Cuánto tiempo llevo dormida? —Preguntó.

            — No has dormido, Jaspe. Estabas muerta. Has estado varias horas muerta.

            Se sentía extraña, como si no fuera realmente ella. Ni siquiera se identificada con el nombre de Jaspe a pesar de que sabía que era ella. No reconocía como suyo el pelo negro azabache que bajaba hasta sus senos, no reconocía el tono de su voz ni el entorno en el que se encontraba, una sala pequeña en un edificio hecho de barro con una alfombra con un complicado dibujo, almohadas repartidas alrededor de una mesa vieja llena de vasijas sucias, tan bajita como una banqueta. La misma sala que había visto durante el encuentro con su líder.

            — ¿Esto es la inmortalidad? —Se atrevió a preguntar—. Me arden las tripas, ¿qué nos has hecho?

            — Jaspe, debes ir a una de las salas privadas —recomendó Rodrigo—. Entenderás tu naturaleza en cuanto cierres la puerta —explicó Rodrigo, que parecía haber pasado ya por la experiencia.

            Fue difícil caminar pues su cuerpo tenía tendencia a moverse sin contraer un solo músculo, como un fantasma. No sentía peso en sus piernas y hasta que entendió que podía moverlas igual que antes aunque no fuera necesario, prefirió flotar como un espíritu hacia la sala que le indicaba su amigo.

            — Mis esclavos estarán siempre disponibles para vosotros —explicó el líder.

            Abrió la puerta sin tocarla, con solo desearlo, y se asomó dentro de la sala. Había un chico encadenado, debía tener quince años, a lo sumo. Al verla entrar se puso en pie y retrocedió hasta la pared.

            — No me hagas daño, por favor —suplicó.

            — ¿Qué significa esto? —Preguntó, extrañada.

            El chico no respondió, pero sí su propio cuerpo que comenzó a arder subiéndole la fiebre peligrosamente en cuanto vio el torso desnudo del muchacho. Era una sensación similar a la lujuria y se le puso la piel de gallina cuando notó que el brillo de su piel le provocaba tal deseo salvaje. Deseo de abrazarle y morderle en la yugular. Escuchaba el golpeteo de su corazón y podía ver incluso el movimiento regular de la piel de su cuello con el paso de la sangre. Sintió que se apoderaba de ella un deseo irrefrenable y antes de pensar en ello se abrazó al muchacho y le sujetó la cabeza a un lado. Él gritó un instante antes de que sus labios se posaran sobre su cuello y sus dientes, ahora armados con dos larguísimos colmillos, penetraran en la arteria e hicieran manar dos suculentos chorros de néctar celestial. En cuanto notó la sangre caliente en su lengua su cuerpo se estremeció y la bebió con avidez, como si ese líquido hermoso fuera lo más maravilloso que había probado nunca. El calor de aquella sangre fue inundando su organismo haciendo desaparecer la quemazón de sus miembros, el punzante dolor de sus entrañas. Cuando la sangre dejó de manar de aquel cuello, el chico murió en sus brazos.

            Lo soltó, horrorizada. Ahora se sentía mucho más poderosa. Se sentía capaz de aplastar una columna de piedra entre sus brazos y se sentía mucho más real, mucho más física. Sintió el suelo con las plantas de sus pies descalzos. Era una sensación nueva, no estaba sobre sus pies sino que acariciaba con ellos la superficie de piedra. Caminó de regreso a la sala de su líder y descubrió que había despertado otro. Estaba tan confuso y perdido como ella antes de probar la sangre. Uff, la sangre, acaba de descubrir lo más maravilloso que había probado en su vida. Era néctar delicioso, un manjar que la convertía en una diosa. ¿Y serían jóvenes para siempre? Eso le gustaba.

            — Maestro, ¿puedo beber toda la sangre que quiera? —Preguntó, orgullosa de su nueva adicción.

            Uno a uno fueron despertando todos y el líder ignoró su pregunta deliberadamente para que todos pudieran escuchar la respuesta. Algunos se despertaron con sufrimientos agónicos y sus colmillos se les salían de sus bocas mientras sus ojos se volvían tan rojos que lloraban sangre. Era aterrador lo que Jaspe estaba contemplando, supuso que un mortal que les viera así podría morir de puro pánico si es que no moría antes ante los colmillos de todos esos hambrientos vampiros.

            — Mientras estéis a mi servicio, tendréis a todos los esclavos que queráis para beber de ellos —explicó el líder—. Pero cuidado, la sangre que entra en vuestro nuevo cuerpo tiene efectos secundarios. Os he dado poder, pero no sois como yo. No podéis aprender de lo que coméis. Así como yo puedo transformarme en cualquier animal del que haya comido su corazón, con el tamaño y fuerza que yo quiera, vosotros podréis hacer igual pero no a voluntad, sino bebiendo su sangre. No podéis cambiar de sexo ni el aspecto de vuestro rostro a menos que os transforméis en animales. Pero si bebéis de un niño de tres años, os transformaréis en vampiros de tres años, si lo hacéis de ancianos, os volveréis viejos al instante, si lo hacéis de adolescentes, seréis adolescentes.

            Jaspe lo entendió en seguida, por eso se sentía tan joven y hermosa. Acababa de demostrar lo que su maestro les había contado.

            — Siempre seré fiel a ti, mi señor —susurró, con sinceridad.

            El maestro se acercó a ella, no muy contento y le puso una mano sobre el hombro.

            — Hay otro precio que no os he comentado antes pero considero necesario para que nuestra alianza sea firme. Necesito que volváis a vuestras casas y veáis por última vez a vuestras familias. Hacerlo y cuando regreséis, vuestras tierras, vuestras casas y riquezas serán nuestras de modo que no debéis dejar a nadie con vida.

            Jaspe miró con horror a su maestro. Al mencionar a su familia recordó a su esposo, Whill, que siempre le advirtió acerca de la maldad de su maestro. Ella nunca le hacía caso porque les había hecho poderosos, les había prometido poder y ella no estaba dispuesta a renunciar a él. Pero recordaba que siempre que discutía con su marido, era por que en el fondo pensaba que sería lo mejor para ellos, para sus hijos. Quería que heredaran una gran hacienda, que no tuvieran que trabajar la tierra como ellos para vivir bien. Y ahora todo eso se iba a terminar, debía volver y masacrar a Whill y los niños, Jade, Esme y Latis, sus traviesos y desobedientes niños que se habían acostumbrado demasiado rápido a sus riquezas.

            El maestro estaba siendo cruel con ellos pero tenía derecho a reclamar sus posesiones. Al fin y al cabo eran todas suyas y se las había dado en pago por sus servicios diplomáticos. Estaba segura de que antes de ser lo que era ahora, se habría rebelado y nunca habría aceptado, pero negarse ahora era perder el suministro de sangre y eso no podía ni siquiera imaginarlo.

            — Así se hará, señor Alastor —recitó, como en una oración infernal.

            Al fin conocía el nombre de su señor. Era extraño, ¿quién era realmente? ¿La mujer llamada Jaspe u otra persona? Era como si pudiera vivir sus experiencias sin ser realmente ella, sin poder decidir, sin poder siquiera pensar.

            Pestañeó y apareció justo delante de la puerta de su casa. Era totalmente de noche, la Luna se alzaba sobre las montañas y se mostraba ovalada. Su luz le daba fuerzas, pero había algo que impedía que entrara por esa puerta. Si lo hacía mataría a todos, lo haría sin escrúpulos, pero aún quedaban recuerdos molestos. Ellos eran el motivo de que siguiera a su maestro, su marido tenía razón cuando le advertía sobre él, nunca le había gustado que solo tratara con ella y a él le ignorara como si no existiera. Recordó el día que le conoció, fue el día en que se casaba con Whill. Alastor viajaba por sus tierras y todo el mundo le respetaba y veneraba como a un dios. Cuando se acercó a ella después de casarse, se sintió muy honrada y se arrodilló ante él.

            — Dame tu bendición, oh gran Alastor, dios entre los vivos.

            — Te daré mucho más, Jaspe —ya entonces conocía su nombre, lo que la sorprendió gratamente—. Solo tienes que seguirme.

            — Pero señor, acabo de contraer matrimonio.

            — No importa, serás mi embajadora y yo te daré riquezas. Os convertiré en una familia rica y poderosa.

            Whill no escuchó aquello pero pudo verlo desde lejos y sintió miedo por él. Sabía perfectamente que la estaba escogiendo por su hermosura aunque no lo mencionó en ningún instante.

            Los había escogido a todos, a los doce,  por alguna razón, uno por fuerte, otro por inteligente, a ella por que tenía don de gentes y era tan hermosa que conseguía convencer a todos de lo que ella se propusiera. Hasta conseguía entenderse con otras mujeres, lo cual era sorprendente.

            Puso su mano sobre el pomo de la puerta de su casa y la empujó.

            — ¡Mamá! —Exclamó feliz su hija mayor, Jade.

            ¡Jade! Ese nombre le resultaba familiar y no era por su hija. ¿De quién eran esos extraños recuerdos? ¿O realmente no era ella la que vivía aquello y solo contemplaba los acontecimientos como en un sueño?

            Los hechos la sacaron de sus cábalas instantáneamente. Abrazó a su hija con fuerza y le rompió el cuello sin el menor sentimiento de culpa.

            Luego siguió caminando por la casa y sus otros dos hijos se cruzaron en su camino. Jaspe tardó menos de un pestañeo en terminar con sus vidas como si fueran muñecos de trapo. A Esme le pateó rompiéndole todas las costillas y a Latis le cogió por el cuello y aplastó su cabeza contra la pared. Ni siquiera pestañeó al hacerlo, debía acabar con ellos rápido y eso había hecho.

            Se dirigió a la cama de su esposo y éste encendió una lámpara al escuchar sus pisadas.  Estaba desnudo, cubriendo sus partes con la fina sábana de lino sobre el colchón de plumas. Verlo la estremeció y se sintió poseída por una fuerza y un deseo difícil de contener.

            — Al fin has vuelto, estaba muy preocupado ¿te das cuenta de lo tarde que es? —Recriminó enojado.

            Esas fueron sus últimas palabras. Se abalanzó sobre él y le mordió en el cuello. Al principio Whill pensó que era un arranque lujurioso y por eso él no protestó ni se resistió. Pero cuando sus colmillos penetraron la piel de su cuello, comenzó a resistirse aunque no demasiado, debió pensar que era una parte poco convencional de sus juegos eróticos.

            Poco a poco fue perdiendo fuerzas hasta que, finalmente, solo era un cadáver entre sus brazos. Jaspe se alejó de él y se quedó unos instantes en pie, mirando el cuerpo sin vida de su marido que miraba al infinito con los ojos abiertos y con una expresión de horror en sus ojos.

            Cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer cayó de rodillas y gritó tan fuerte que todos los pájaros del valle despertaron y emprendieron el vuelo, sacudidos por la estridencia de su grito.

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Comentarios: 1
  • #1

    yenny (jueves, 01 diciembre 2011)

    Esta muy emocionante la historia, quiero saber que pasara hay muchos personajes nuevos, espero que no te falte inspiracion y puedas continuarla tan bien como esta y darle un buen final.
    Cuidate Tony, que tengas un buen dia.xoxo

Animal es el que abandona a su mascota.

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