Karma de sangre

8ª parte

            El tiempo se medía diferente cuando eran lobos en lugar de humanos. Las estaciones se medían por los inviernos que sobrevivían alejados de los humanos. Por el día descansaban en cuevas  y por las noches cazaban a otros lobos. Las noches de Luna llena eran las más bonitas para cazar y su llamada nocturna, desde las crestas de las montañas, era respondida por manadas inocentes que acudían a sus aullidos con el fin de aparearse. Siendo humanos tenía un poder de seducción sin igual y siendo lobos no eran menos atractivos para los de su especie.

            Un día cruzaban un bosque olisqueando el rastro de alguna manada cuando Jaspe se quedó paralizada mirando un punto fijo. Rodrigo la gruñó ya que lo que ella estaba mirando con ansiedad era un ciervo y no un lobo. La golpeó con el hocico en el cuello para que apartara esa tentación de su mente, pero Jaspe estaba hambrienta. Llevaban más de un día sin encontrar comida y se acercaba el amanecer.

            Los ojos de Jaspe se volvieron rojos y sus colmillos se alargaron tanto que le sobresalían de la mandíbula. La furia de la sangre la estaba poseyendo y aquel ciervo era una tentación irrechazable.

            La loba saltó sobre el venado y le mordió el fuerte y suculento cuello surcado de venas. El animal se retorció de dolor y la sangre caliente fluyó por la garganta de jaspe que, paulatinamente conseguía sofocar sus instintos salvajes hasta que su propio torrente sanguíneo estaba lleno de la sangre de su presa. Cuando murió, Jaspe había dejado de ser una loba y se había convertido en una hermosa cierva. Rodrigo gruñó y le ladró con fuerza, enojado por haber cedido a la tentación. La ira le volvió los ojos de color rojo y también sus colmillos se habían vuelto más largos de lo común, pero resistió el dolor de la sed y la guió hasta su refugio, en la cresta de una montaña al refugio de otros animales, especialmente del hombre.

            Ella obedeció sumisa. Mientras trepaban por la escarpada ladera, Rodrigo captó un olor extraño y peligroso. Un hombre merodeaba por los alrededores. Sin embargo el Sol empezaba a bañar la superficie de la tierra y por esa razón no tenía capacidad para saber dónde estaba. Solo era un lobo, un lobo hambriento y furioso que no podía alejarse de su pareja. Nunca antes se había sentido tan vulnerable.

            Entonces escuchó el silbido de una flecha y ésta se clavó a un metro de donde se encontraba él. Jaspe levantó las orejas, alarmada y comenzó a trotar en una dirección aleatoria, bajando por la colina de regreso al bosque. Rodrigo ladró y aulló desesperado, esperando que ella entrara en razón y volviera a subir por la ladera, ningún hombre podría subir tan rápido como ellos, pero ella había perdido la sagacidad de una loba y estaba poseída por el pánico y su instinto de supervivencia.

            Corrió tras ella y otra flecha silbó desde una dirección indeterminada hasta que se le clavó en una pata. El lobo lanzó un gemido de dolor y rodó por el suelo, empujado por la inercia de su carrera.

            Jaspe se detuvo al escuchar su lastimero grito y volvió junto a él. Con sus largas patas llegó a su lado en apenas un suspiro y le miró asustada. Rodrigo gruñó y se lamió la herida mientras ella se limitaba a mirarlo con ojos llenos de lástima.

            «Vete, huye de aquí, no puedo moverme» —le ordenó telepáticamente.

            «No puedo dejarte, ¿qué será de ti?» —Respondió ella, sin saber cómo ayudarle—. «He sido una estúpida, no he podido evitarlo... Perdóname, nunca debí beber la sangre del ciervo...»

            «Vete de aquí no quiero que te hagan daño, me las apañaré solo. Me haré el herido y cuando venga le mataré. No saldrá con vida ese desgraciado.»

            Desde fuera lo único que podía verse era un lobo gruñendo y una cierva mirándolo y balando. Al menos eso fue lo que vio Frederic cuando llegó a la escena más extraña que había visto nunca en su vida de cazador. El lobo no parecía amenazar a la cierva, se diría que eran amigos pues ella le lamió la herida y él gruñía de dolor.

            —Maldita sea, hoy es mi día de suerte —susurró, apuntando con su arco al costado de gran venado que tenía un aspecto estupendo para hacer varios estofados.

            Sin pestañear soltó la saeta y ésta silbó, implacable haciendo blanco en lo que debía ser el corazón del animal. El animal cayó de rodillas y rodó por el suelo, en la pendiente de la montaña hasta quedar inmóvil junto a un árbol. El lobo se levantó y aulló, poseído por la ira. A pesar de que su pata trasera derecha estaba atravesada por una flecha, corrió lastimosamente junto a la cierva y comenzó a lamerle la cara como si así pudiera reanimarla. Frederic cargó otra flecha en su arco y apuntó al pecho de extraño lobo. ¿Cómo podía un lobo sentir lástima por un ciervo?, se preguntó. Sin dudar, soltó la cuerda y la flecha atravesó de lado a lado al feroz animal. Éste soltó un gemido agónico y cayó junto a la cierva, completamente inmóvil.

            —Demasiada carne... Lástima no haber traído el caballo —protestó Frederic, colgándose el arco a la espalda.

            Se acercó a las dos presas y después de palpar al lobo se dio cuenta de que esa carne sería imposible de masticar. Ni poniéndola al fuego durante horas conseguiría ablandarla lo suficiente. En cambio la cierva era tierna y tenía una pinta estupenda. La cargó sobre los hombros y se marchó a su cabaña, que estaba a varias horas de distancia caminando.

 

 

 

            Rodrigo se curó durante la noche, buscó ansiosamente el rastro de aquel hombre y su olor le llevó hasta la falda una la montaña. En su recorrido se topó con un grupo de comerciantes y les atacó, bebiendo la sangre de uno de ellos. Los demás huyeron espantados cuando le vieron transformarse en humano. Solo pudo detener a una niña, que se quedó atrás, abandonada por su madre. En lugar de morderla se hizo un corte en la muñeca y dejó manar su sangre sobre la boca de la pequeña. Cuando levantó la mirada, uno de los comerciantes les miraba horrorizado, desde la distancia. Se trataba de un jorobado de unos sesenta años. Hubiera ido a por él pero ya había comido suficiente y ese hombre era demasiado viejo.

            La niña se comenzó a retorcer de dolor en el suelo y murió entre agónicos espasmos. Cuando resucitara, sería su reflejo, podría ver a través de sus ojos y así podría abarcar el doble de territorio para buscar al cazador que le había arrebatado lo más valioso de su vida.

            El olor del cazador estaba repartido por toda la extensión de aquel pueblo. No consiguió dar con él ya que el olfato del lobo era infinitamente superior al de un simple humano. Por suerte la niña tuvo más fortuna y dio con asesino en una cabaña alejada del pueblo. Estaba con su novia, una chica preciosa de pelo rojo como el fuego. La niña creía que no podía entrar en la casa si no se la invitaba, sabía que era una vampiresa, conocía sus leyendas y su propia mente la estaba limitando. No pudo atacar porque cerraron todo y ella ni siquiera sabía lo que se podía hacer. Cuando llegó Rodrigo hasta donde estaban las ventanas estaban cerradas y se escuchaba un llanto en el interior de la cabaña. Allí dentro olía a carne asada y a muerte. Con sus poderes vampíricos mermados, por haber cedido la mitad de su poder a la niña, solo consiguió ver el interior de la cabaña con los ojos de la mente.

            No pudo materializarse como hubiera podido hacer cualquier otra noche. En el interior estaban los restos descuartizados de Jaspe repartidos por la cocina, vio el cazador tirado en el suelo, muerto y su novia llorando su muerte. Había algo extraño en ellos, lo sentía a pesar del odio que le inspiraban. Ahora Jaspe no estaba pero su espíritu flotaba entorno a esos dos. El hombre no estaba muerto del todo, había comido carne de la cierva cruda. Y ella... La muchacha pelirroja también la había probado. Jaspe había encontrado el modo de volver a través de aquellos humanos. Sus recuerdos se habían volatilizado pero su espíritu y su sangre inmortal habían encontrado el modo de regresar a la vida.

            A pesar de todo, el odio que sintió fue tan visceral que estuvo tentado de vengarse en ese mismo momento. Pero no lo hizo. No lo haría... Ella era distinta de Jaspe y era muy hermosa, puede que hubiera recibido parte de su alma y no tenía culpa de lo que había pasado. En cambio él, ese maldito cazador... Él moriría de forma lenta, agónica y terrible. Le mataría con sus propias manos.

            La niña había sido útil pero necesitaba recuperar hasta el último ápice de su poder. La persuadió para que se acercar a él, la mordió y le bebió su sangre hasta que se quebró entre sus brazos. Sus cenizas mancharon sus ropas, ahora demasiado grandes por que se había transformado en un niño. Esa misma noche bebió la sangre de un labrador y como no tenía mucha hambre no llegó a matarle. Eso le facilitó su trabajo, fue él quien dio la voz de alarma avisando a todo el pueblo que los malditos, los hijos de las tinieblas, estaban en la región.

            Convivió en el poblado entre aquella gente y esperó el momento oportuno para actuar. Cada noche morían varias personas y la alarma y desesperación crecía exponencialmente. Varios días después, en la reunión vecinal los hombres adultos se reunieron para efectuar una batida de caza en busca de los demonios sin alma.

            —Yo sé donde encontrarlos —ofreció, sonriente y seguro de si mismo—. Les vi refugiarse en un caserón abandonado, puedo llevaros hasta ellos.

            —¿Quién eres tú? —Preguntó uno de los campesinos, desconfiado.

            —Soy un cazador de chupasangres —mintió—. Juro por mi vida que haré que se transformen en polvo esos mal nacidos.

            —¡Sí! —vociferaron varios—. Que nos lleve hasta allí.

            —¡Vengar a mi hija! —gritó una mujer, entre llantos.

            —A por ellos, sin piedad —exclamó otro.

            No necesitaban mucho para que se les animara. Solo tenían que saber dónde buscar y, animados por la ira descerebrada de la plebe, sus marionetas eran temibles y letales. Fue la primera vez que se sintió poderoso con la luz del sol bañando su rostro.

            Rodrigo sabía perfectamente dónde se escondían. En los escasos días que llevaban siendo vampiros el espíritu de Jaspe se había borrado de la existencia, como si nunca hubiera existido, pero les había estado vigilando por las noches y sabía dónde se escondían durante el día. Al ser vampiros carecían de olor y no dejaban rastros. Solo uno de su especie como él podía saber dónde encontrarlos.

            En unas horas alcanzaron la mansión abandonada, una lujosa casa a quince kilómetros del pueblo que, antaño perteneció a una familia adinerada que terminó arruinada. Un lugar perfecto para unos recién nacidos a la noche. Según se acercó con su séquito de seguidores se sentía lleno de placer por su inminente venganza. Cuanto más débil se sentía por la poderosa luz del sol, más extasiado estaba su espíritu por la convicción de que sus enemigos no podrían hacer nada contra él.

            Irrumpieron en la mansión destrozando la puerta con un gran ariete. La plebe se introdujo gritando y clamando venganza por los seres queridos perdidos por culpa de esos monstruos. Rodrigo disfrutaba de cada segundo de su bien merecida venganza. Los hallaron en el interior del sótano, en una cripta enrejada. Ambos vampiros dormían abrazados en un lujoso ataúd rodeado de cadáveres, sus víctimas más recientes.

            No tuvieron tiempo de defenderse, cuando llegaron abajo, no tenían más salida que luchar. Pero ninguno de los dos tenía armas ya que los muy estúpidos confiaban demasiado en sus poderes oscuros. Esos que durante el día no tenían.

            Agarraron a Frederic por el pelo y lo arrastraron fuera de la casa, donde otros aldeanos habían encendido una hoguera cuyas llamas lamían el cielo. Los vítores de alegría se alzaron en el bosque. Arrojaron al chico al suelo y varios campesinos la emprendieron a golpes con él mientras su compañera fue obligada a contemplarlo todo. Cuando ya no podía ni moverse Rodrigo se acercó a él, victorioso, y le agarró por el pelo con una sonrisa de triunfo. Miró a la vampiresa pelirroja y ésta ni siquiera le devolvió la mirada. No podía apartar los ojos de su amado y Rodrigo sintió una chispa de lástima cuando vio su desgarro interior en el momento que le cortaba la cabeza con una espada corta. El cuerpo inmóvil de Frederic cayó y levantó su cabeza sangrante para que todos pudieran contemplarla. Aquellas aclamaciones le dieron lo que tanto anhelaba, su merecida venganza.

            Cuando las voces se acallaron, arrojó la cabeza a las llamas y posteriormente, ayudado por otro humano, cogieron el cuerpo magullado y lo echaron sobre las ascuas que ardían furiosamente a la luz del sol. La vampiresa soltó un grito tan espeluznante que todos los presentes se taparon los oídos. Luego rompió a llorar y suplicó que la mataran como a él. Amenazó a todo el mundo con ir a buscar a toda su familia si no acababan con su vida de inmediato, pero ninguno se atrevió a responder.

            —No, morir sería una condena leve —siseó Rodrigo, arrogante y seguro de sí mismo—. Te enterraremos viva, sufrirás tu maldición bajo toneladas de tierra. Sufrirás eternamente por tus crímenes.

            La mujer vampiro ni siquiera le miró a los ojos. Le temblaba todo el cuerpo por la ira que no podía desatar por que el sol le robaba todo cuanto era ella. Entre dos aldeanos la llevaron al cementerio donde un sacerdote bendijo la tierra con agua bendita. Entre otros tres, con ayuda de unas palas que habían llevado como armas, hicieron un agujero de más de cuatro metros de profundidad. Le pusieron un ladrillo de granito en la boca y la envolvieron con una tela blanca, previamente bendecida, a la que cosieron un crucifijo. Luego la arrojaron al hueco sin la menor delicadeza y comenzaron a rellenar la improvisada tumba con piedras y arena.

            Rodrigo no se quedó a ver cómo terminaban y se marchó de allí, satisfecho pero vacío por dentro.

            No podía evitar sentir que tanta violencia había sido en vano. Nunca más volvería a sentirse feliz, le habían arrebatado la razón de su existencia.

 

 

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Comentarios: 3
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 06 diciembre 2011 09:37)

    Por favor, comenta si te está gustando la historia.

  • #2

    yenny (martes, 06 diciembre 2011 16:55)

    Esta muy interesante la historia,por favor continuacion pronto.
    Saludos Tony, cuidate.

  • #3

    Sandy (jueves, 08 diciembre 2011 03:20)

    ooh por dios es Damoon (:

Animal es el que abandona a su mascota.

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