Karma de sangre

9ª parte

            Samantha abrió los ojos sintiendo un cosquilleo extraño por sus extremidades, como si hubiera dormido profundamente. Se sentía descansada, con muchas energías.

Algo viscoso se deslizaba por sus labios y por el sabor delicioso entendió que era sangre. No una sangre corriente, era fría, dulce, fluida, deliciosa y llena de energía.

            - Espero que no tengas más preguntas -susurró Rodrigo, que apartó el brazo de su boca. Las heridas se cerraron al instante, como si fueran una alucinación.

            Samantha se alejó de él, inquieta. Ese cerdo la había mordido hasta casi desangrarla. Pero lo cierto era que no tenía sed y que ahora se sentía mucho más fuerte y lúcida que nunca. Aún así le aterraba la idea de que su vida hubiera pendido de un hilo y que seguía viva porque él quiso. Había confiado en él y éste le había succionado el alma y luego se la había devuelto cambiada.

            - Tú le mataste -escupió, enfurecida.

            - ¿Qué sentido tiene mantener las viejas rencillas? -Inquirió él.

            - ¿Llamas viejas rencillas a matar a mi novio? -Acusó ella, con los ojos rojos y los colmillos en su máxima longitud.

            - Yo también me dejé llevar por la venganza. Ese novio tuyo...

            - He visto todo, no necesito que me repitas lo evidente -cortó ella, tajante.

            Rodrigo sonrió satisfecho. Parecía feliz de que ella se mostrara tan a la defensiva.

            - ¿Qué quieres de mí? -Se atrevió a preguntar Sam-. No tengo ni la sombra de tus poderes, podrías acabar conmigo con solo desearlo.

            - Eres la hija de Jaspe -respondió él-. He tardado demasiado en entender que eres todo lo que me queda de ella. Y, admitámoslo, ambos nos necesitamos. No eres feliz, no encuentras la manera de vivir sin remordimientos, todos los días anhelas tener un compañero. Te has mentido a ti misma diciéndote que cuando no puedas soportarlo más acabarás con tu vida. Nosotros, los vampiros, tenemos un instinto de supervivencia muy fuerte y solo pensamos en nuestro propio final planeándolo nosotros mismos.  Somos orgullosos y tú no eres una excepción. El único humano que ha tratado de matarte aún vive porque piensas vengarte y aún no sabes el modo más acertado. No te basta con verle morir, ni siquiera te basta condenarle a vivir eternamente con la sed del vampiro... Quieres algo más sofisticado, quieres humillarle, destruirle cuando sea más vulnerable.

            - No te metas en mis pensamientos -protestó ella, asqueada.

            - No lo necesito, ahora que hemos bebido la sangre del otro siempre podrás saber qué pasa por mi cabeza igual que yo sabré lo que pasa por la tuya. ¿Qué más puedo hacer para que confíes en mí?

            Samantha le temía precisamente por esa razón. Si ella se negaba a aceptarlo, Rodrigo la mataría. No le daría la menor opción a elegir lo contrario.

            Por primera vez en su vida de vampiresa estaba asustada de verdad. Tenía razón en todo lo que le había dicho, ella quería morir cuando lo decidiera, quería una venganza sofisticada, dolorosa y no se conformaría con hacer desaparecer a ese humano que había intentado matarla. Lo quería ver arrastrándose, lo quería ver suplicar que le matara. Sí, su vida no era nada, quería su alma, quería rompérsela, hacerla jirones y quería ser ella la que le hiciera todo eso. No estaba dispuesta a que el mundo se encargara de él, por eso no quiso que le atrapara la policía, por eso dejó que fuera feliz con esa novia suya.  Pero luego... Le destrozaría la vida y cuando no tuviera nada por lo que vivir, le condenaría a la vida eterna.

            Pero ese asunto no le importaba en ese momento. Ese vampiro estaba a punto de encadenarla para siempre. Si se negaba a someterse a él moriría y no negarse era una especie de condena perpetua. Nunca más sería libre y en el momento que quisiera dejarlo la buscaría y pondría fin a su existencia. Él se vanagloriaba que era de fiar porque podía saber lo que pensaba, pero no se daba cuenta de que eso no era nada alentador teniendo en cuenta los planes que tenía si se negaba a aceptarlo.

            - ¿Crees que puedes poseerme como una muñeca? -Preguntó, asqueada.

            - No te quedes en el lado oscuro de mi mente -corrigió él, sonriente-. Te ofrezco una alianza.

            - Y quieres que acepte o que muera -completó Sam, desafiante-. ¿Qué clase de oferta es esa?

            - Míralo de este modo -explicó-. Imagina que encuentras un lobo peligroso en una ciudad y le intentas adiestrar para que deje de ser un problema ya que te gusta y crees que puede ser tu fiel amigo hasta el fin de su vida. ¿Qué harías tú si el lobo se obstina en escapar? ¿Qué harías sabiendo que todo lo que haga fuera de tu casa va a inculparte a ti? Si mata a un niño, a una mujer o a una abuelita, la policía irá a tu casa y te cargará esos asesinatos. ¿Qué le harías al lobo si le ofreces una oportunidad y te demuestra que nunca se hará dócil y que nunca se someterá?

            Samantha estaba furiosa, ¿estaba comparándola con una mascota?

            - Eres un pretencioso egocéntrico -le insultó.

            - Lo sé -reconoció, sonriente.

            - Sé cuidarme por mí misma, no tienes por qué preocuparte si es que esperas que alguien te culpe de algo.

            - Eso no es cierto -corrigió él, con un irritante tono de superioridad-. En lo que va de década he tenido que ver dos noticias en los periódicos relacionadas contigo. Eres un inmenso problema para mí, ya que la mejor arma que tengo contra el mundo es que no creen en la existencia de vampiros y me ha costado muchos siglos conseguir que nos convirtamos en un mito al que muchos idolatran. Como sigas así, antes del siglo XXII el mundo volverá a temernos como antaño, cuando ni siquiera permitían pronunciar la palabra “vampiro” a nadie.

            - Ni sueñes que me someteré a ti. Puede que seas más fuerte, pero te juro que te haré todo el daño que pueda si osas atacarme.

            - Sam, no seas así -la regañó cariñosamente-. Conmigo vivirás rodeada de lujos, juntos volveremos a ser personas poderosas en el mundo y no simples desechos... Perdón, tú nunca has sido una persona respetable, por un momento pensé que hablaba con Jaspe. No se puede comparar la vida de un lobo callejero, perseguido por todo el mundo, con la de un educado mastín de un poderoso dueño con un enorme jardín.

            - El lobo al menos es libre -contraatacó Sam.

            - No llames libertad a esto -escupió Rodrigo mirando a su alrededor.

            - No es sólo este cuchitril -se defendió Sam, ofendida-. Es la posibilidad de ir a cualquier sitio, hacer lo que me de la gana en cualquier momento.

            - Y no tener un lugar donde descansar de verdad. Y tener que dormir con los ojos abiertos porque temes que durante el día te ataquen los humanos, no saber a quién tendrás que morder durante noche. Sam, existe otro modo de vivir, te ofrezco la otra cara de la moneda del vampirismo, la que sale en todas las novelas, la de los vampiros poderosos, los que no temen a nada ni a nadie.

            Sam se quedó pensativa pero no le convencía. Lo que él le ofrecía no difería de la esclavitud. Pero Rodrigo tenía razón, estaba cansada de vivir como una perra callejera que se alimenta de lo que encontraba por la calle. Anhelaba una vida de poder, deseaba confiar en él y que se cumplieran sus promesas.

            - ¿Acaso tienes a tus víctimas a tus pies todos los días? -Preguntó ella, burlona-. Tienes que salir a buscarlas igual que yo.

            - ¿Víctimas? -Replicó él, enojado-. ¿Cuándo entenderás que no son víctimas? Son un enemigo, nuestro enemigo y cuanto antes entiendas eso, antes podrás perdonarte a ti misma por acabar con sus miserables vidas.

            Samantha se volvió a acercar a él. No tenía sentido seguir aparentando que le temía, él sabía de sobra el sentimiento que le inspiraba. No entendía por qué quería que se quedara con él pero tenía sentido. Estaba poniendo en peligro su existencia al ir dejando pruebas demasiado obvias. Incluso había dejado dos cabos sueltos, Antonio Jurado y la chiquilla china, Jade.

            - Lo primero que haremos es acabar con ese "amigo" tuyo -explicó Rodrigo, leyéndole los pensamientos-. No necesitamos testigos de nuestra existencia sueltos por el mundo. No hay motivo para posponer ese asunto ni un día más.

            - ¿Quieres matarlo? -Preguntó.

            - No solo matarlo -corrigió-. Quiero destruirlo. Pagará por lo que te ha hecho, limpiaré tu orgullo y serás feliz de permanecer a mi lado. Los vampiros no solo nos alimentamos de sangre, tienes que aprender a utilizar todo tu poder, tienes que encontrarte a ti misma y de ese modo, los demás te verán de otra manera. Entenderás que el orgullo y la superioridad son tan necesarios para nosotros como la sangre. Además te sacaré a la fuerza la estúpida idea de planear tu propia muerte. Un vampiro nunca debe contemplar esa opción, no somos enfermos, no estamos malditos. Somos seres superiores, somos semidioses y los humanos lo creen así. Pero debe ser una mezcla de creencia y mito, nunca deben sospechar que realmente existamos. Eso es lo primero que tienes que meter en tu cabeza, debes amarte a ti misma por encima de cualquier cosa y no quiero que vuelvas a envidiar a ningún estúpido humano por su debilidad más evidente, su mortalidad.

            Rodrigo hablaba como un político. Pero lo más extraño es que la estaba convenciendo, debía tener muchos años de experiencia y empezó a sentir deseos de cumplir sus planes. Sí, deseaba encontrarse a sí misma, sí deseaba ser poderosa, sentirse poderosa y utilizar ese poder para su propio beneficio. Siempre se había creído maldita, se había sentido como un monstruo, una alimaña y Rodrigo tenía razón. Ella era así y no podía hacer nada para cambiarlo. Estaba harta de odiarse a sí misma.

            - ¿Quieres destruir a Antonio Jurado? -Preguntó-. ¿Cuéntame cómo?

            - Sabemos donde encontrarle ya que gracias a la sangre que bebiste de él nunca será un secreto para nosotros. Acepta mi propuesta y nos divertiremos juntos, le haremos suplicar por su propia muerte.

            Sam dio dos pasos hacia él y examinó su mente, retorcida y llena de recursos. Rodrigo era un auténtico maestro en el arte de la manipulación y ella anhelaba ser como él, quería aprender todos sus trucos y quería saber si era posible sentirse como él decía, como una semidiosa.

            - Está bien, acepto.

            Rodrigo sonrió mostrando su perfecta dentadura humana. Sus colmillos, si es que los tenía, estaban disimulados por completo.

            - No te arrepentirás -declaró, orgulloso.

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 09 diciembre 2011 10:30)

    Puedes comentar aquí lo que quieras sobre el relato.

  • #2

    yenny (viernes, 09 diciembre 2011 15:49)

    Excelente, quiero saber que va a pasar.

  • #3

    x-zero (viernes, 09 diciembre 2011 18:56)

    sigue asi

  • #4

    carla (viernes, 09 diciembre 2011 20:30)

    Buenop! Ya quiero leer la conti!

Animal es el que abandona a su mascota.

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