La última misión del ángel

3º parte

            El anciano Ricci cogió unas tijeras y cortó el último hilo de los puntos. Mojó un algodón con el contenido de una botella de vodka y limpió la herida con él provocando que Ángela contuviera un grito de dolor.

            - Estas heridas son más peligrosas por el riesgo de infección que por otra cosa -aleccionó el viejo, justificando el empleo de alcohol tan fuerte en la herida -. Ala, como nueva, ya podéis corretear por ahí otra vez.

            Ángela no pudo ponerse en pie tan fácilmente. El dolor por el alcohol hizo que salieran lágrimas aunque no emitió sonido alguno.

            Cuando consiguió levantarse cogió su camiseta negra y la examinó con fastidio. Estaba rota y llena de sangre, necesitaría algo para tapar aquel agujero. El anciano aprovechó para cortar una gasa cuadrada y le puso dos esparadrapos para sujetarla en la herida.

            - Todavía mantengo el buen pulso -dijo Ricci, terminando la frase con un largo trago de su botella.

            - Gracias -siseó Ángela, poniéndose en pie.

            - Ya sabes la tarifa, no trabajo gratis. Aunque si os desnudáis las dos podría bastar.

            Ricci hablaba con una sonrisa pícara y Lara miró al techo, sonriendo. Ese viejo no tenía remedio.

            - Eres un viejo verde -insultó Ángela-. ¿Seguro que no te acuerdas de aquel día?

            - Muchacha, cada vez que un delincuente sale herido de una pelea, viene a verme. No puedo decirte la cantidad de personas que he visto morir y aunque Frank era un habitual, es uno entre mil. No me puedo acordar de esos detalles, ten en cuenta que no me conviene recordar nada, me gusta ayudaros porque nadie más lo hace, pero lo mejor de mi trabajo es que no tengo por qué llevar cuenta de la personas que salvo o de las que no puedo salvar. Hago mis remiendos y disfruto con ello. Bueno qué, ¿vais a desnudaros o no?

            - Tendrás que conformarte con el dinero -le desengañó-. Los desnudos integrales te los dejamos para ti solo, cuando gastes esto en películas porno.

            Sacó un fajo de billetes del debajo de su camiseta y le entregó varios billetes de cincuenta euros.

            - Ay, que mujer... -protestó el viejo, mirándole golosamente los pechos.

            Ángela no se cortó y le propinó una sonora bofetada.

            - Como vuelvas a mirarme tendré que golpearte más fuerte.

            El viejo se rió como un niño, frotándose la mejilla.

            - No le creo -intervino Lara-. Tiene que acordarse, antes ha dicho que le ha remendado muchas veces. Sabe perfectamente lo que pasó aquel día pero no quiere contarlo.

            Ángela la miró sin sorpresa.

            - Solo hay una forma de sacar información a este viejo verde -replicó -. Y no querrás saber cuál.

            - Vamos solo será un revolcón -insistió Ricci, con cara de lujurioso.

            Lara suspiró y negó con la cabeza. Ese viejo no tenía remedio.

 

 

            El siguiente paso era ir a hacer una visita a Beckett. Ángela estaba convencida de que estaba detrás de su intento de asesinato y solo había un modo de resolver ese problema. Uno de los dos debía morir y ella no tenía prisa por hacerlo. Lara no estaba de acuerdo con el plan ya que era la única pista que tenía para llegar al pez gordo de más arriba de la pirámide. Necesitaba un nombre y luego Ángela podía hacer con él lo que quisiera.        

            El camino hasta Arenas de San Pedro lo pasaron discutiendo qué hacer. Después que quedó claro que tratarían de sacarle información antes de matarlo, Lara le preguntó qué pensaba hacer en el futuro, ahora que su jefe estaba calcinado. Ya nadie le asignaría misiones en el futuro.

            Ángela no había caído en ello, ni siquiera había pensado qué Luis, lo más parecido a un padre que tenía, ya no estaba.

            - Supongo que puedo buscar otro jefe.

            - ¿Qué te parecería intentar entrar en la policía? -insinuó Lara, sonriente -. Eres muy buena, deberías usar tus habilidades para el bien.

            - ¿Ves este dedo? -Ángela le mostró el dedo corazón.

            - Entiendo que no quieras, pero piénsalo. ¿Cómo sería vivir una vida legal?

            - ¿Has olvidado lo que soy? La única forma de volver a ser legal sería pasar en la cárcel más de dos vidas.

            - Como policía nunca debería decir esto -respondió Lara -, pero no hay pruebas de tus crímenes y sin pruebas, eres inocente. Piénsatelo, creo que podríamos ser compañeras muy buenas.

            - ¿En serio? -preguntó incrédula Ángela.

            - No excuso tus crímenes, no me malinterpretes -corrigió Lara-. Pero si no enderezas tu camino, cuando esto termine voy a tener que detenerte. No puedo dejar que sigas matando por ahí.

            - ¿Ah sí? -insinuó Ángela-. Eso será si no te mato cuando dejes de serme útil.

            - Vamos, no es tan difícil volver a la legalidad.

            Ángela siguió conduciendo sin replicar. Ya estaban en Arenas de San Pedro y pronto llegaron a la calle donde vivía el magnate del terror, James Beckett. Aparcaron lejos de su casa y cogieron el maletín.

            - ¿Por qué no te vuelves tú ilegal? -preguntó Ángela-. Piénsalo, es la única forma de matar a los malos de verdad.

            - No tengo vocación de juez y verdugo -replicó Lara.

            - Pues hoy necesito que los seas -cortó Ángela-. Vas a llamar a su puerta y vas a llevártelo al coche. Apúntale a la cabeza con tu pistola si es necesario, pero que venga. Luego nos lo llevaremos de acampada y disfrutaremos juntos de la naturaleza.

            Lara miró con preocupación el vientre de Ángela y se dio cuenta del detalle de que llevaba otra blusa y no podía recordar cuándo habían ido a cambiarse.

            - ¿Cómo va tu herida? -preguntó.

            Ángela levantó la blusa y le mostró un simple corte que no tenía ni puntos. Ya no tenía ni el apósito que le puso el viejo.

            - ¿Cómo te has curado tan rápido?

            Lara sintió un mareo extraño, todo a su alrededor se volvió turbio y dejó de ver las montañas distantes tras las casas.

            - ¿Tenemos una misión y te preocupas por algo tan absurdo? - preguntó Ángela.

            Volvieron a situarse en lo alto de un edificio y Ángela le explicó que había que disparar en cuanto ella llamara a la puerta y el enemigo asomara la cabeza.

            En un pestañeo Ángela estaba situada en la puerta y llamó al timbre. Algo iba mal, no podía estar ocurriendo todo eso.

            Alguien abrió la puerta, era un hombre sin rostro, que se expuso con los brazos en alto. Ángela se dio la vuelta y le dijo ahora por el pinganillo. Apuntó a la cabeza de ese hombre sin cara y disparó.

 

 

 

 

            Saltó en la cama, sobresaltada con el disparo. Había estado soñando. Se llevó las manos a la cara y se la notó llena de sudor.

            - ¿Qué pesadilla... -se dijo, tratando de recordar dónde estaba realmente y qué era sueño y qué era real.

            Su mente se fue desperezando lentamente y poco a poco fue filtrando los recuerdos. Había estado en el coche con Ángela, la llevó de vuelta a Madrid, fue a su casa para evitar que nadie conocido la viera, la cubrió con el fusil de francotirador y vio por la mirilla cómo aquel coche negro escupía un proyectil que hacía reventar el bar donde estaba ella. Se quedó más de cinco minutos mirando al infinito sin saber qué hacer, bajó al coche y guardó el rifle en el maletero. Pensó que su casa seguía sin ser un lugar seguro y regresó al apartamento de Ángela, se duchó, aún sufriendo los temblores del shock y con la mente totalmente en blanco, sintiéndose vulnerable e impotente ante una amenaza de la que no sabía nada. Ángela nunca salió de aquella explosión, la había visto morir y la impresión seguía adormeciendo sus dedos.

            - Está muerta... Claro, ¿quién puede evitar una explosión así? Ni que fuera una heroína.

            Suspiró y miró la hora. Las nueve de la mañana. ¿Qué hizo todo el día de ayer? Se dio cuenta de lo absurdos que son los sueños porque creyó que se había enterado del camino a la casa de Ricci -que ya no recordaba-, un viejo había operado una minúscula herida en su vientre, un viejo de más de ochenta años mantenía el pulso como un chaval de quince años -otra cosa ridícula y absurda-, Ángela le había pagado con un dinero que llevaba bajo su ajustada camiseta sin saber de dónde sacó el dinero ya que se le habría notado y que si fuera real se habría enterado de más cosas de Frank, la última misión que le habían encomendado a Ángela. Seguía sabiendo lo mismo que cuando escuchó por el pinganillo la conversación con Luis. Ángela se quedó sin habla al ver sus fotos y hablaron de él como si fuera importante para ella y le diera por muerto. Además era un asesino, como ella y por el tono de tensión de Luis era muy peligroso.

            Ahora que ella y Luis eran fiambres estaba en un callejón sin salida. Conocía el nombre del responsable de todo lo que había pasado, un tal James Beckett pero solo sabía que vivía en Arenas de San Pedro. Tenía entendido que estaba cerca de Ávila pero no podía ir por la calle preguntando a la gente dónde vivía y más si era un mafioso tan importante. No podía regresar a la policía o ese tal Beckett se enteraría de que estaba viva. Todo lo que podía hacer era seguir escondida hasta que se le ocurriera algo mejor que hacer.

           

 

            Puso la televisión y conectó el canal 24h de noticias. La primera imagen que salió fue la del ministro de interior, Casanueva, anunciando que le habían nombrado el próximo candidato a la presidencia de su partido. ¿Por qué no le sorprendía nada que pudiera convertirse en presidente? Ese era hombre que presuntamente movía todos los hilos de todo lo que le había estado pasando. No tenía pruebas de nada pero desde que le asignaron el caso del asesinato de un contable, se había estado metiendo en el fango y ahora estaba cubierta de lodo hasta las orejas. Investigar ese caso en contra de la voluntad de su jefe le valió que Ángela recibiera el encargo de matarla. Cuando esta la tendió una trampa e hizo explotar una casa sobre su cabeza, sobrevivió -por alguna especie de milagro- y su asesina fue a buscarla para rematarla ya que la vio por las cámaras de la casa. Cuando la tuvo delante consiguió convencerla de que retiraría sus cargos si la ayudaba a detener a los que estaban intentando matarlas. Así comenzó una alianza que duró muy poco ya que en menos de un día se habían cargado a su confidente.

            - A continuación les comunicamos las últimas noticias del atentado de ayer, ocurrido en Madrid. La policía atribuye el acto terrorista a la banda terrorista ETA, que por lo visto había amenazado al empresario vasco Luis Fernández -aquella noticia cortó de cuajo sus pensamientos-... y la policía no pudo hacer nada por evitar la tragedia. Hubo tres muertos en la explosión y solo pudieron sacar a una superviviente del infierno en el que se convirtió el local. Fuentes médicas -las imágenes enfocaron al hospital Ramón y Cajal, de Madrid-, informan que la paciente se mantiene en estado crítico. Sufrió quemaduras en el noventa por ciento de su cuerpo, siendo de primer grado en su mayoría y en ciertas partes de segundo y tercer grado. Los médicos están complacidos porque han logrado salvar su rostro. Al parecer era una chica joven que debía estar tomando algo en el bar.

            Las imágenes enfocaron a la superviviente. Se trataba indudablemente de Ángela y, sí tenía quemaduras en la cara, pero no las tenía ni vendadas, los estúpidos médicos se lo habían descubierto para facilitar su identificación. Al estar tapada con la sábana del hospital no sabía cómo estaría el resto de su cuerpo. Esos periodístas estaban entregando a los perros que buscaban su muerte lo que quedaba de ella.

            - Les recordamos que la joven sigue sin identificar y si alguien conoce su nombre o puede dar alguna información sobre ella, puede acudir al centro médico Ramón y Cajal o informar al teléfono 913 223 400.

            Lara parpadeó varias veces antes de empezar a asimilar toda aquella información. Ángela estaba viva y los telediarios habían puesto el punto de mira de James Beckett en aquella cama de hospital donde la pobre se debatía entre la vida y la muerte. No le extrañaría nada que muriera y la televisión no dijera más sobre ella. Alguien la quería muerta a toda costa y podía manejar hilos desde muy arriba si tenía a esa cadena de televisión a sus órdenes. Era obvio que ese atentado no tenía absolutamente nada que ver con ETA.

            - Maldita sea... -se dijo, asustada-. No puedo dejar que la rematen como a una perra moribunda.

Escribir comentario

Comentarios: 4
  • #1

    Lyubasha (jueves, 22 septiembre 2011 09:13)

    Hola Tony:
    Me gusta cómo te está quedando esta historia, pero este capítulo me parece que está un poco liado. No me quedaron claras las partes que son un sueño y las que son realidad, o cómo podía saber Lara algunas cosas que aparecen en el sueño si Ángela no se las contó.
    Un saludo.

  • #2

    Tony (jueves, 22 septiembre 2011 09:48)

    Ángela habla con Luis de Frank, y Lara lo escucha todo.

    Además todo lo que sale en el sueño es imaginación de Lara, no tiene por qué ser cierto. Ni siquiera existe ese viejo cirujano.

    Aun así voy a revisar esta parte por si he metido la pata en algo.

    Gracias Lyubasha

  • #3

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 22 septiembre 2011 10:04)

    He dado un repaso al capítulo y he visto fallos de frases mal construidas y tal... Pero argumentalmente no he visto errores. Ten en cuenta Lyubasha que hasta el momento de la explosión del bar, era real y en la conversación con Ricci no se habla de nada de la relación sentimental entre Ángela y Frank.

  • #4

    yenny (viernes, 23 septiembre 2011 01:20)

    Esta muy bueno espero que puedas subir pronto las continuaciones.

Animal es el que abandona a su mascota.

Si es la primera vez que entras a la página, te recomiendo que entres al Indice.

¿Te gusta esta página?

 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

El asesino que escribía cartas de amor

 

Libro primero de la recopilación de relatos más relevantes de la página.

Disponible a la venta. 

 

Haz click para ver detalles.

  

Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

Próximamente:  Segundo volumen recopilatorio.

 

Fausta

 

Ya disponible en papel

 

CONTACTO: 

 

Si quieres recibir por email los avisos de las novedades más recientes, inscríbete en el enlace siguiente.

 

Si quieres contactar conmigo directamente por email, escríbeme a esta dirección:

 

tonyjfc@yahoo.es

Chat

Contenido protegido por la ley

El disco de 2 Gb más pequeño del mundo
El disco de 2 Gb más pequeño del mundo