La última misión del ángel

7ª parte

            - ¡Mata a esa zorra! - fue la respuesta.

            Lara no le dio ni siquiera un minuto. Sabía dónde estaba, solo tenía que disparar. Se asomó un instante, apuntó y abrió fuego con idea de atravesar el cuero. Al no escuchar el sonido del disparo, disparó tres veces y se quedó con la sensación de haber disparado un arma de mentira. Lo único que le hacía sentir que disparaba era el retroceso. Se escondió justo en el momento que una bala de rifle silbaba junto a su frente.

            - ¿Sigues vivo Beckett? -preguntó, con sarcasmo.

            Uno de los matones, el que había conseguido entrar, salió de su escondite y disparó una ráfaga certera hacia ella. Las balas se repartieron por la chimenea y la pared aunque milagrosamente ninguna le dio a ella. Cuando el hombre de negro cambiaba el cargador, se tiró en plancha tras el sofá donde estaba su jefe y Lara no tuvo tiempo de dispararle. Apuntó al respaldo, donde debería estar el tipo y disparó varias veces, repartiendo los disparos. En uno de ellos escuchó un lamento.

            - Otro menos -se dijo, aliviada.

            - ¡Beckett! -exclamó ella-. ¡Si aún respiras dime quién te paga!

            Que no respondiera le daba esperanzas de haberlo matado. Entonces vio por el rabillo del ojo que el tipo que hirió en la pierna se movía y la apuntaba con su fusil de asalto. Por acto reflejo le disparó apuntado a la cabeza. A pesar de los cuatro metros que les separaban le acertó de lleno y el tipo se quedó completamente inmóvil.

            - La puerta está abierta, debería salir huyendo -pensó.

            Pero no podía hacerlo. En el mejor de los casos quedaría uno por abatir, el más peligroso, el francotirador. No podía dejar a ninguno con vida o tendría que vigilar sus espaldas cada segundo del resto de su vida. Aunque había algo que no era como había esperado. Ángela le había dicho que el escuadrón de la muerte eran cinco y allí solo había visto a tres. Los otros dos debían haber ido a rematar a Ángela.

            Arropado en su silencio, el francotirador se había convertido en un enemigo temible, no sabía nada de él y seguramente estaba preparado para dispararla en cuanto asomara la cabeza.

            - He salido de situaciones peores -soslayó para sí misma.

            Se puso en pie, ya que el tirador estaría apuntando a la última posición donde se dejó ver y calculó mentalmente dónde estaba. Tenía menos de un segundo para apuntarle y disparar.

            Sacó el brazo en un rápido movimiento y apuntó a la parte alta de las escaleras. Se llevó la sorpresa de que ya no había nadie. Volvió a esconderse por si también había cambiado de posición. Ahora no podía volver a aparecer por la parte alta.

            - Mierda... -rugió, histérica.

            No podía saber si la próxima vez estaría más preparado o bien se había ido, al ver a su jefe muerto. Sin jefe no hay paga y sin paga, ¿quién se juega la vida? No quiso ilusionarse con eso, seguramente no había matado a ninguno, no podía contar con ello hasta que les tomara el pulso y no se lo encontrara. Esas balas de su pistola eran de nueve milímetros. Se necesitarían cinco disparos para matar a un hombre adulto, a menos que les diera en la cabeza.

            Quería saber cuántas balas le quedaban. Recordó que cuando cogió el arma y comprobó que tenía el cargador lleno, con veinte balas, pensó que con una sería más que suficiente, pero había perdido la cuenta de los disparos que había hecho y ni siquiera estaba segura de que aún le quedara munición.

            Asomó el ojo por entre los ladrillos de la chimenea, buscando al francotirador. Tenía tanto miedo que se asomaba a intervalos irregulares por diferentes sitios. No había nadie allí, se asomó esponiéndose más y no escuchó nada. Salió de su escondite arrastrándose por la alfombra hasta el sofá y miró detrás del sofá con precaución donde debía estar el tipo de negro con su rifle de repetición. Allí estaba, tirado en el suelo sobre un charco de sangre.

            Tenía tres agujeros de bala, uno en la pierna, uno en el pecho y otro en el cuello. Se quedó fascinada por la suerte que había tenido. Cuando pasó junto a él, a gatas y sin hacer ruido, le quitó el fusil de asalto y se lo colgó al hombro. Luego fue al lateral del sillón donde debía estar James y vio un rastro de sangre que se dirigía a las escaleras. El muy cerdo había huido y el francotirador había cubierto la retirada. ¿Por qué iría hacia arriba?

            Entonces escuchó un rotor de helicóptero arrancando en el tejado.

            - ¡Maldita sea, se va a escapar! - corrió por las escaleras hacia arriba y tardó unos segundos en localizar la puerta de la azotea. Se dirigió hacia ella y se la encontró cerrada con llave. Dio dos pasos atrás, disparó una ráfaga con su arma robada y luego le dio una fuerte patada junto al pomo. Subió las escaleras de tres en tres y una vez fuera vio que el helicóptero estaba elevándose. Ahí estaba el francotirador, pilotando el aparato y James recostado en los asientos de atrás.

            Sin pensarlo disparó apuntando al piloto varias ráfagas hasta que se quedó sin munición. El helicóptero hizo movimientos extraños y comenzó a descender peligrosamente hacia la izquierda, directo hacia la casa de al lado.

            - Mierda -susurró, comprendiendo el error que había cometido.

            No pudo hacer nada para evitar que el aparato colisionara con el edificio de dos plantas. Al impactar, las hélices destrozaron la antena parabólica, que salió volando hacia ella, e hicieron saltar ladrillos y cristales justo antes de que el helicóptero explotara formando una bola de fuego inmensa que despidió miles de fragmentos de metal y cristal. Lara tuvo que esconderse tras la puerta de la azotea y el suelo tembló mientras el aparato causaba el caos en toda la barriada.

            Las manos le temblaban. En apenas unos minutos había matado al menos a cuatro personas, entre ellas la única que podía llevarla al criminal que buscaba. Su respiración se volvió nerviosa y se quedó sentada en un escalón mientras lloraba nerviosa e incontrolablemente por lo que había pasado. Había sobrevivido, sí, ¿a costa de cuánta gente?

            - Ángela está en peligro... Tengo que tranquilizarme -se abroncó a sí misma, mordiéndose el labio inferior-. Vamos Lara, levántate y corre a salvarla, es la única que puede ayudarte ahora...

            Se levantó, bajó corriendo las escaleras y cuando llegó abajo le quitó el arma al muerto que estaba junto a la puerta. Salió fuera y se dirigió a su coche sin dudar. Los vecinos habían salido de sus casas y estaban mirando el fuego causado en la casa de al lado. Algunos la vieron salir y la señalaron con el dedo al verla cargar tantas armas.

            - Es una terrorista -gritó una mujer.

            Demasiado tarde para que nadie pudiera detenerla, se metió en el coche, arrancó el motor y salió huyendo de allí.

 

 

 

            Cuando llegó al hospital Ramón y Cajal, dejó el coche en la puerta de urgencias y volvió a entrar por el vestuario de chicas. Tenía la tarjeta de acceso de personal del hospital y podía hacerse pasar por enfermera de nuevo. No tenía tiempo de cambiarse, entraría en la enfermería con la tarjeta que tenía. Sorprendentemente no encontró a nadie en su camino. Algo iba mal.

            Una vez en la planta de la UCI vio varios muertos en la sala de espera, alguien les había disparado a quemarropa. Justo cuando ella llegaba, el asesino estaba entrando en la Unidad de Cuidados Intensivos. Lara corrió hacia allí apuntando con su fusil, el que más munición tenía. El otro no le valía de nada así que lo había dejado en el coche.

            - Policía -exclamó, buscando sentirse más segura con la potencia de su voz en esos pasillos tan silenciosos-. Tire el arma y échese al suelo.

            Como era de esperar no le hizo caso. El asesino se escondió tras el escritorio y Lara descubrió que la puerta de la sala de enfermos estaba abierta. Allí dentro estaba Ángela, tenía que impedir que entrara como fuera.

            El matón sacó su brazo con su propia pistola con silenciador por encima de la mesa y disparó varias veces a ciegas.

            Lara tuvo que cubrirse tras el muro de la puerta sin poder entrar. Se asomó y vio que el matón corría al interior de la sala de las camas.

            - ¡No! -se lamentó, preocupada.

            Corrió hacia allí dispuesta a dispararle antes de que encontrara a Ángela pero escuchó algo detrás, miró y vio que alguien había llegado por la puerta por donde había entrado ella, otro tipo de negro.

            - Maldita sea -exclamó, corriendo hasta el escritorio donde se había escondido el otro tipo.   

            Se escucharon dos disparos sordos, como con silenciador, en la sala de las camas y Lara creyó que el corazón se le paraba. Se asomó y encontró al tipo de la puerta apuntándola por lo que tuvo que esconderse de una mortal lluvia de balas. Aprovechando que disparaba sobre su cabeza rodó por el suelo y le disparó con su fusil dándole varias veces haciéndole caer de espaldas, con el traje reventado por sus disparos. Cuando el silencio consiguió apagar los zumbidos que habían causado los disparos en sus oídos, se levantó con precaución esperando que saliera por la puerta el que había entrado a matar a Ángela.

            Al no salir nadie se acercó a la puerta sigilosamente y desde un lado asomó la cabeza.

            Vio las camas intactas, Ángela estaba donde esperaba, apoyada sobre un codo y sonriente. El asesino estaba tendido en el suelo, sobre un charco de sangre.

            - Vaya, la policía -anunció Ángela, orgullosa-, tarde, como siempre.

 

 

 

            Volver al trabajo costó muchas explicaciones y papeleos, Lara tuvo que hacer un informe explicando todos los detalles de lo sucedido en la casa de James Beckett y se enteró de que el helicóptero había caído en una casa vacía por lo que no pudo respirar tranquila y dejar de sentirse tan culpable. Su jefe, el comisario, parecía enojado con ella pero no le retiró la placa y la apoyó en todas las diligencias que abrieron sobre el caso. Las armas sirvieron de pruebas para demostrar que no mentía y no hubo juicio contra ella ya que aparecieron pruebas claras de que los que habían muerto en el tiroteo eran terroristas de la banda ETA, pruebas inexistentes que únicamente sirvieron para acallar a la prensa.

            En cuanto a Ángela, nadie presentó pruebas contra ella y como testigo y colaboradora de la policía se le asignó un grupo de vigilancia policial por si alguien más intentaba matarla. Lara le contó que Frank nunca había sido una misión y que James había confesado que había sido un anzuelo para entretenerla el tiempo justo hasta la llegada de sus matones. A pesar de que habían compartido tantas emociones juntas, Lara no consiguió que le contara qué había pasado entre Ángela y él, pero a juzgar por su silencio, debía ser un hombre muy importante para ella.

            La pierna izquierda se le curó. Pero la espalda estaba tan mal que los médicos le dijeron que necesitaría un injerto de piel para poder recuperarse plenamente. Lara se ofreció a hacerse pruebas de compatibilidad y casualmente tenían el mismo grupo sanguíneo. Aunque había tratado de matarla, había sido su peor enemiga y seguramente volvería a las andadas en cuanto quedara libre, Lara se ofreció como donante. La tuvieron ingresada una semana para quitarle tiras de piel de la espalda y tardó un par de semanas en recuperarse.

            Así fue cómo Ángela, en un mes y medio, ya estaba casi como nueva. Sus cicatrices no se fueron del todo pero al menos sus heridas cerraron. En todo el tiempo que estuvo en el hospital Lara trataba de convencerla de que estudiara para convertirse en policía ya que estaba segura de que sería muy buena, pero Ángela nunca aceptaba. Alegaba que no tenía edad de estudiar y que aún tenía una cuenta pendiente y no quería tener que limitarse a cumplir las normas.

           

            Al cabo de dos meses, desde la explosión, le dieron el alta y Ángela pudo marcharse del hospital por su propio pie. Cuando Lara fue a verla aquel día las enfermeras le entregaron un sobre con una nota dentro firmada por ella.

           

            Hola Lara,

 

            No creas que somos amigas. Has hecho mucho por mí y por ello voy a perdonarte la muerte de mi padre. Pero no intentes buscarme, no me sigas, no te acerques a mí o tendré que hacerte daño.

            Nunca olvidaré que me salvaste la vida y que donaste tu piel para curarme. Es irónico, tú sí que puedes decir que te dejas la piel en el trabajo. Tiene gracia, pero para mí es muy importante lo que has hecho. Te lo agradezco de veras.

            No puedo decirte dónde iré, pero no te preocupes,... Cuando te necesite tendrás noticias mías.

 

            Esa será mi última misión.

 

                                               Ángela Dark

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Comentarios: 10
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 30 septiembre 2011 12:49)

    Gracias por llegar tan lejos. No olvides dar tu opinión que tan importante es para mí, para poder seguir mejorando.

  • #2

    yenny (viernes, 30 septiembre 2011 17:45)

    Me sorprendio un poco el final creia que una de ellas iba a morir o ambas bueno a situacion no estaba a su favor, pero igual estubo muy bien la historia, no creo que sea un error pero me parece que al comienzo en vez de matarla podria ser matenla bueno es mi opinion.
    Cuidate y espero que pronto puedas escribir la siguiente historia (no malentiendas no te estoy apurando).

  • #3

    Tony (viernes, 30 septiembre 2011 17:57)

    Al estar ambientado en España, matenla quedaría raro, es una expresión más latina que hispana castiza. Un español daría la orden así. Si hubiera ambientado la historia en Mexico o en Perú, sí quedaría más natural así.

    Al final he hecho cambios con lo primero que escribí aunque no sustanciales. He añadido detalles y algo más de emoción.

    En cuanto a que las dos sobrevivan, es imperativo por el guión (y sus continuaciones). Si no hubiera planeado nada para futuras historias, alguna podría haber muerto. A esto me refería en el diario de escritura.

  • #4

    Tony (viernes, 30 septiembre 2011 18:00)

    Creo que para evitar ese tipo de tonterías dialécticas voy a cambiarlo para que sea universal.

    Gracias por la puntualización Yenny. Sigue así y el puesto de correctora jefa será tuyo ^^

  • #5

    x-zero (viernes, 30 septiembre 2011 20:10)

    ehh no si el puesto de corrector es mio heheh
    ok no, buena historia, yo esperaba muertes pero que se le va a hacer :)

    salu2

  • #6

    yenny (viernes, 30 septiembre 2011 22:20)

    Gracias Tony pero no le quiero quitar el puesto a x-zero XD, y como dices la forma de hablar en nuestros paises es muy diferente y por eso a veces no entiendo muchos frases que escribes pero trato de darles sentido con el resto del texto.
    Supongo que debe ser dificil escribir frases que todos podamos entender.

  • #7

    carla (sábado, 01 octubre 2011 18:41)

    Muy buena historia, la verdad esperaba muertes pero bueno, espero que las continuaciones salgan pronto.

  • #8

    x-zero (sábado, 01 octubre 2011 23:47)

    carla por que siempre copeas lo que digo -.-? o.O

    salu2

  • #9

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 02 octubre 2011 15:50)

    Me alegro de que esperarais más muertos. Significa que con un final típico he conseguido sorprenderos.

  • #10

    yenny (domingo, 02 octubre 2011 16:58)

    Si pues nos sorprendio bastante el final, y x-zero no creo que Carla te copia si no que escribes primero y ya lo dices todo.

Animal es el que abandona a su mascota.

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