La isla de los caminantes sin alma

10ª parte

            Durante dos horas estuvo recogiendo pequeños crustáceos, buscó algún coco o plátano pero lo único que encontró fueron hojas secas de palmera. No tenía ni idea de si la desolación se debía a que allí arriba no había nada comestible o porque los supervivientes salían a diario a buscar comida y ya era imposible encontrar nada. Pensó si debería ir al aeropuerto para comprobar, al menos, si la avioneta estaba en su sitio, pero como tenía toda la mañana decidió completar su recorrido por la isla hasta alcanzarlo por el otro lado.

            El calor era sofocante y ni siquiera había llegado el medio día. La falta de comida y bebida empezó a hacer mella en sus piernas y tuvo que detenerse cada poco tiempo para reponer energías. La playa que rodeaba toda la isla era totalmente arenosa y solo en un punto de la parte sur de la misma había unos peñascos volcánicos. Al verlo dejó caer los pequeños cangrejos que había encontrado y nadó hasta allí con la ilusión de encontrar todo tipo de animales.

            Las rocas no estaban tan lejos como para tener que nadar y cuando llegó se encontró que la roca estaba destrozada y arañada. Seguramente por los supervivientes desesperados por encontrar comida. No habían dejado enteras ni las anémonas. Los charcos que había sobre la roca estaban marrones y apestaban a podrido. Debían ser lugares donde la marea no solía alcanzar.

            - Mierda... -susurró, cada vez más desesperada.

            Volvió a la orilla y siguió recorriendo la playa al cobijo de las palmeras. Lo único que podía comerse por allí eran hormigas, ciempiés y bichos similares y todavía no tenía tanta hambre como para comer eso.

            Fue entonces cuando llegó al complejo turístico emplazado mitad en tierra mitad en el agua. Se detuvo a observarlo desde lejos porque allí podía haber más de un centenar de zombis deambulando sin rumbo por las plataformas de madera entre las chozas de madera que conformaban lo que parecía una urbanización para ricos.

            Se acercó sigilosamente esperando encontrar algún hueco entre tanto zombi pero esa zona estaba atestada de gente. Algunos estaban en el suelo alimentándose de cadáveres, otros simplemente caminaban sin rumbo en círculos, todos ellos se ignoraban mutuamente.

            - Allí tiene que haber comida -susurró, contenta.

            Se metió en el agua y comenzó a nadar lentamente, con brazadas amplias para evitar que los zombis que estaban sobre la plataforma pudieran escucharla. Ahí abajo había multitud de botellas en el fondo que por suerte no tenía que pisarlas porque estaban a más de tres metros de profundidad. Había varias escaleras por las que subir pero todas ellas estaban ocupadas por algún que otro zombi. Había tenido que abandonar su tabla para poder nadar, por lo que cualquier enfrentamiento sería una completa locura.

            - No tengo que enfrentarme a ellos, no saben nadar. Basta con tirarlos al agua.

            Pero lo pensó bien. Aquel lugar era demasiado peligroso, se fijara donde se fijara había un numeroso grupo de zombis. Estaban sin organizar pero, por alguna razón se habían juntado en esas casas. ¿Sería por la comida?, ¿O habría más supervivientes por allí?

            Nadó por debajo de las plataformas hacia una de las escaleras y se agarró a ellas con cuidado de no hacer mucho ruido en su subida. Arriba paseaban tres mujeres zombis en bikini y un hombre de gran tamaño que cojeaba por que le faltaba un pie. Le dio asco ver cómo no le importaba caminar apoyando el hueso sangrante como si no le doliera lo más mínimo.

            Al asomarse, varios zombis se volvieron hacia ella levantando los brazos y comenzaron a acercarse. Brigitte corrió por la plataforma de madera esquivándolos, pero éstos comenzaron a correr tras ella y gritaron con sus característicos alaridos. Aterrada fue directa a la primera choza y abrió la puerta de una patada para meterse dentro. Cuando vio que había tres zombis alimentándose de una moribunda que aún se movía, se quedó petrificada.

            Al verla entrar uno de ellos se puso en pie y se dirigió a ella. Brigitte cerró la puerta y empujó al zombi que tenía delante para apartarlo de su camino. Llegó hasta la ventana y la abrió. Solo tenía dos opciones saltar al agua, o intentar esquivar a todos esos zombis que la habían visto. Ninguna de las posibilidades le gustaba, tenía que conseguir algo, cualquier cosa, por pequeña que fuera, pero no tenía nada comestible a la vista. Nunca podría explorar esa zona sin estar expuesta a los malditos zombis pero necesitaba comer algo...

            Se subió al borde de la ventana y saltó al mar. La caída fue más larga de lo que esperaba y finalmente cayó de pie. La velocidad que cogió fue tan alta que alcanzó a tocar suelo a pesar de la profundidad que había. Aprovechó el fondo marino para impulsarse y volver a subir a la superficie. Se limpió los ojos con las manos y vio que los zombis la miraban desde la ventana sin atreverse a seguirla. No eran tan tontos, después de todo.

            Para evitar que la pudieran seguir, regresó a la orilla alejándose de la plataforma de bungalows. Cuando llegó a la orilla recogió su tabla del suelo y se sacudió el agua de la ropa. Con el calor que hacía era agradable estar empapada, pero pronto llegaría la tarde y con el fresco corría el riesgo de acatarrarse, no debía volver a mojarse más.

            Rodeo el complejo por la vegetación, bordeando el lago interior y no tuvo encuentros desagradables que no pudiera evitar. Vio de lejos dos cuerpos tirados en la arena pero por miedo a despertarles pasó lo más lejos que pudo.

 

            El cielo empezaba a teñirse de naranja por el oeste cuando al fin llegó al aeropuerto. Esa isla era más grande de lo que parecía, estaba destrozada, hambrienta y se moría de sed. Todo para dar una vuelta completa a un lugar sin encontrar absolutamente nada útil. La tabla la usaba a modo de bastón ya que tenía los pies destrozados. La arena se obstinaba en entrar a sus zapatos por lo que después de desalojarla diez veces prefirió seguir caminando con la arena metida.

            - Bendito aeropuerto -oró, al ver los tejados de oralita de los hangares, la estructura rectangular de la zona internacional, los cochecitos para cargar maletas, abandonados y su avioneta.

            - Sigue ahí -lanzó un suspiro tan profundo que se quedó de rodillas en la hierba admirando el viejo aparato en el que había volado a la isla.

            - ¿Qué pasó entonces con los supervivientes? -se preguntó.

            La respuesta estaba delante de sus ojos. Había varios cadáveres dispersos por la pista. Casi todos devorados hasta las entrañas. Incluso dentro de la cabina se adivinaba que hubo un brutal encuentro ya que los cristales estaban llenos de sangre. Algún zombi se debió meter y acabó con la vida del que intentó arrancar la avioneta para marcharse.

            Por suerte, no quedaban más que cuerpos inanimados sembrados por el lugar. ¿Por suerte...? Eso no era suerte, era una desgracia. Ahora sabía que si conseguía combustible para llenar el depósito de la avioneta, podría salir. Solo tenía que leerse el manual y rezar para que lograra despegar y marcharse de la isla pero eso incluía unos cuantos requisitos que no estaba segura de poder cumplir.

            Su primera misión, y más urgente, era encontrar comida. Se moría de hambre y sed, lo que empezaba a repercutir en su capacidad de reacción ante los zombis. Si no encontraba algo en breve… Al menos debía encontrar un lugar donde repostar la avioneta. Si eso ya era complicado de encontrar, luego debía ser capaz de llenar el depósito sin llamar la atención a los miles de zombis dispersos por la isla. Cuando arrancara el motor no debía haber zombis cerca para que la dejaran despegar. Si un grupo se cruzaba en su camino, al intentar despegar, solo conseguiría carne picada de zombi y seguramente las hélices quedarían destrozadas.

            Si todo eso fuera posible, conseguir comida o algo de beber, combustible para la avioneta, aprender a volar y una pista despejada de zombis, tenía una leve esperanza de despegar, pero no de sobrevivir.

            ¿Y luego qué? ¿Hacia dónde volaría? No tenía sentido de orientación, se perdería en el pacífico o con suerte se estrellaría en cualquier isla perdida porque se sentía incapaz de hacer aterrizar ese aparato. Antonio tenía un don con las máquinas, podía entenderlas con apenas toquetearlas, siempre era el que manejaba todo en casa, desde el DVD hasta las consolas de videojuegos. El único aparato que nunca comprendió del todo fue la lavadora, pero tenía claro que era por que no le interesaba lo más mínimo.

            Pensar en él fue como sentir una doble puñalada en el corazón. Haberlo visto con vida y luego verlo convertido en zombi había sido demasiado para ella. ¿Tenía sentido seguir luchando? ¿Quería llegar tan lejos?

            - No saldré de esta isla con vida -sentenció, deshecha por dentro-. Nunca quise salir...

            Decidida reemprendió el camino hacia el hotel. Esta vez tardaría mucho menos ya que solo tenía que seguir la carretera y allí estaría el pueblo.

 

            El camino de regreso fue mucho más tranquilo que la última vez que tuvieron que pasar por allí. Pasó lentamente cuando alcanzó a divisar el lugar donde Antonio fue mordido, cerca del lago de la isla. Ahora resultaría difícil pensar que cualquier lugar de esa isla podía ser el sitio donde sería infectada o devorada. Estaba preocupada porque estaba atravesando un área muy despejada y podían verla desde muy lejos. Entonces vio un camino que se desviaba de la carretera. Estaba agotada, pero había una señal de tráfico que apuntaba a un pueblito llamado Niau. Recordó que la última vez que habían llegado fue a través del palmeral así que el hotel debía de encontrarse en ese pueblo.

            - Para ser una isla tan pequeña, tiene bastantes casas -opinó, mientras caminaba sobre el asfalto, directa al poblado.

            Unas vacaciones en ese lugar habrían sido de lo más aburridas, pero con tantos zombis acechando resultaba excitante descubrir cosas nuevas. Incluso había un tren que iba a algún otro pueblito costero. Al menos, descubrió los restos de un tren estrellado, ignoraba si había más trenes, pero seguro que no la llevarían muy lejos. La vía se alejaba del pueblo, bordeando la playa. Debió perderse la otra población en su excursión. Decidió que seguiría la vía al día siguiente, si le quedaban fuerzas, para ver si había más suerte y encontraba algo de comer.

            El poblado tenía hasta un gran edificio donde parecía que estaba el ayuntamiento o, quizás el gobierno. Ignoraba si eso esa un país o pertenecía a la Polinesia Francesa. Poco importaba ya, no quedaba nadie a quien gobernar.

            - Extranjera -dijo alguien desde una posición escondida.

            Brigitte se volvió, gratamente sorprendida por escuchar una voz. Pero no vio a nadie.

            - Aquí -susurró de nuevo la voz de hombre.

            Esta vez estaba segura, venía de detrás de una casa pero no veía a nadie. Se asustó, ¿por qué se escondería?

            Asomó la cabeza un hombre de barba blanca, el jefe de los supervivientes, y éste le indicó con la mano que se acercara a él.

            - No hay nadie –explicó ella, para animarle a salir.

            - Ssssss -ordenó él, señalando unos metros delante de ella.

            Brigitte se fijó en lo que señalaba y vio un bulto negro en medio de la plaza donde estaba el hotel. No podía saber lo que era desde esa distancia.

            - Venga aquí, rápido -instó el hombre.

            - ¿Qué es eso? -susurró, temerosa. No podía verlo bien por que empezaba a oscurecer. Desde allí y con la creciente oscuridad de la noche cerniéndose sobre ellos cada vez se veía menos.

            Se acercó al hombre de barba, del que no recordaba ni el nombre.

            - Mis compañeros han muerto -se lamentó el hombre.

            Brigitte se fijó que tenía una pierna llena de mordiscos. Ese hombre estaba infectado. Asustada se alejó de él corriendo pero cuando se acercó a la plaza la cosa negra empezó a definirse mejor y, al verlo mejor, se quedó paralizada a mitad de carrera.

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Comentarios: 4
  • #1

    Vanessa (jueves, 27 octubre 2011 21:40)

    o.O que sera!!
    siguela cada vez esta mejor!!

  • #2

    yenny (viernes, 28 octubre 2011 00:22)

    ¿Qué es? que suspenso

  • #3

    carla (viernes, 28 octubre 2011 07:40)

    Que será?? Espero la proxima parte cona ansias.

  • #4

    x-zero (sábado, 29 octubre 2011)

    por dios no puedo creer que se pregunten, obvio que es un zombie xD

    por cierto, sigue asi

    salu2

Animal es el que abandona a su mascota.

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