La isla de los caminantes sin alma

11ª parte

            Se trataba de un cuadrúpedo similar a un león, pero de un tamaño descomunal y de color negro. Tenía un pelaje espeso en la cabeza y la espalda y su hocico arrancaba trozos de carne de zombis que sujetaba con una de sus garras. Masticaba con fruición huesos, cartílagos y lo que entrara en su boca. Los demás zombis se paseaban a su alrededor sin entender de peligros mientras esa cosa los devoraba. Cuando terminó el que tenía se tiró encima del siguiente y le arrancó la cabeza y parte del pecho de un solo bocado. El animal parecía disfrutar de un sencillo almuerzo como si fuera un acto de lo más cotidiano para él.

            - Vuelva aquí sin hacer ruido -aconsejó el viejo.

            Brigitte se volvió lentamente y pisando lo más despacio que pudo dio pasos hacia la casa donde se escondía el hombre. Tenía tanto miedo que no podía evitar que le temblaran las piernas. El hambre y el cansancio no eran una buena mezcla para pasar desapercibida. Sin dejar de mirar hacia atrás de reojo dio otro paso para alejarse de la bestia lo que hizo que no viera una hoja seca del suelo en el momento de pisarla.

            El crujido desgarró el tenso silencio y la bestia detuvo su comida para levantar la cabeza y mirar a su alrededor.

            La chica permaneció quieta durante una eternidad -o eso le pareció- y contempló cómo las enormes fosas nasales del animal, similares a las de un perro, examinaban el ambiente. Si ese monstruo tenía buen olfato, que parecía que así era, olería su miedo. Pero prefirió no moverse, el monstruo parecía no detectarla estando quieta.

            Al menos hasta que captó su olor. Lentamente giró la enorme cabeza hacia ella y Brigitte sintió que la sangre se congelaba en sus venas cuando la criatura estableció contacto visual. Empezó a sentir un sudor frío descendiendo por sus sienes y su corazón pareció detenerse.

            Tras unos insoportables segundos de mirada intensa, la criatura soltó su presa y dio un brinco hacia ella. Su agilidad era tal que había cubierto la mitad de la distancia que les separaba cuando Brigitte fue capaz de reaccionar para intentar escapar. Sus piernas eran mortalmente lentas y no dio ni tres zancadas cuando el monstruo la empujó con una pata y ésta cayó de bruces al suelo, rodando por la tierra de al lado del asfalto. Una vez en el suelo quedó boca arriba y vió, lo enorme que era el monstruo. Tenía unas cabeza redonda con mandíbulas tan anchas que era capaz de meter una persona dentro de su boca, podía masticar una sandía entera como si fuera una simple aceituna. Todos los dientes que tenía eran colmillos afilados y su cara era similar a la de un buldog gigante. Sus patas musculosas también recordaban a esa raza de perro, pero su pelambrera de la espalda y la cola lo hacían parecer extraño. Si era un perro, desde luego era el más grande y temible que había visto en su vida. Sus orejas eran pequeñas en comparación con su hocico.

            La criatura la olisqueó lentamente, como si disfrutara de su miedo. Brigitte temblaba tanto que sus dientes chocaban unos con otros sin poder controlarlos.

            Al acercarse a olerla ella usó el único recurso que le quedaba. Puede que le costara una mano, y que fuera la ocurrencia más estúpida de su vida, pero no se le ocurrió otra cosa en ese momento.

            - Perrito bonito -susurró acariciándolo por debajo de la boca.

            Tenía sangre zombi pegada y le daba asco pero sabía que a los perros les encantaba que les hicieran cosquillas y, esa cosa, por enorme que fuera, parecía un enorme buldog peludo.

            El animal abrió la boca y de ella salió una carnosa lengua cuarteada y llena de restos de comida.

            Ante la repugnancia de Brigitte, lamió todo su rostro de una sola pasada, dejándole la piel totalmente llena de restos masticados zombis. Quería vomitar, pero afortunadamente no había nada en su estómago.

            La bestia estaba siendo dócil, lamía su rostro como si fuera su dueña.

            Cuando pensaba que podía haber una esperanza de que no se la comería de dos bocados, el animal soltó un gruñido amenazador. El viejo se estaba acercando desde atrás con un palo a modo de lanza y la estaba retando.

            - ¡Déjala tranquila, bestia del infierno! -retó el hombre, con voz temblorosa.

            - No, márchese -recomendó ella entre susurros, temiendo por la vida de los dos.

            - Cuando venga a por mí, corra. Yo no tengo esperanza, sálvese usted y corra -replicó él-. Voy a intentar matar a la bestia como a un oso.

            Aunque se hacía el valiente le temblaban tanto las manos sosteniendo la lanza que no podía mantenerla firme.

            El animal saltó como un león a por él y el viejo clavó la parte de atrás de la lanza en el suelo mientras elevaba la punta hacia la criatura. Al caer, el palo se partió y la bestia lanzón un chillido de dolor. Sin embargo no se le había clavado, solo le hizo un profundo arañazo en el costado y cayó sobre el viejo con toda su furia, arrancándole de cuajo la mitad superior de su cuerpo. Al masticarlo sus brazos cayeron inertes junto al tronco inferior.

            Al alejarse de Brigitte, ésta se sintió tentada de correr hacia el hotel pero ese animal no tardaría en alcanzarla y darle caza. Debía seguir como hasta ahora, debía parecer que no le tenía miedo.

            Después de tragar al viejo se volvió hacia ella y Brigitte se puso en pie. Al parecer no era la primera vez que le hacían daño. Junto a la herida que tenía en el costado por la lanza, tenía múltiples cicatrices similares.

            - ¡Grrrr! -rugió la bestia, mirándola a los ojos.

            - Tranquilo -dijo ella con una calma que hasta a sí misma le sorprendió-. Yo te curaré esa herida.

            La criatura agachó la cabeza y lamió la sangre de su costado.

            - Yo te curaré -repitió, esta vez burlándose de sí misma como si tuviera con qué curarlo.

            Se arrancó la pernera de su pantalón y la dobló. La criatura la estaba aceptando como una amiga de modo que no tuvo miedo de acercarse lentamente. Puso el trapo sobre la herida y la criatura gimió como un perrito dolorido.

            - ¿Pero qué es eso? Un perrazo como tú no va a quejarse por este rasguño de nada -le regañó cariñosamente.

            Con cada gesto que hacía, el animal aceptaba con sumisión y el miedo se iba borrando de su torrente sanguíneo. Se sintió tan feliz de que el monstruo se dejara curar que casi sintió ganas de abrazarlo. Realmente parecía un enorme buldog aunque no por eso dejó de tenerle miedo.

            La herida dejó de sangrar enseguida y el animal se apartó de ella olisqueando el suelo, como si buscara a alguien más por allí. Fue cuando le dio la espalda cuando se dio cuenta de que realmente no era macho, sino hembra.

            - Seguramente no me has entendido -le dijo, con dulzura-. Si supiera de dónde has salido...

            La criatura dio vueltas alrededor de ella y empezó a relamerse con la lengua su enorme hocico. ¿Estaría pensando comérsela? Si así fuera, ¿por qué no lo había hecho antes?

            Por miedo a que así fuera, se agachó junto a los restos del anciano y recogió su brazo. Pesaba bastante a pesar de su delgadez.

            - Toma esto, preciosa -su voz volvía a delatar miedo y nerviosismo.

            La criatura se metió el brazo en la boca y de dos mordiscos lo engulló casi entero. Los huesos sonaron dramáticamente al romperse en su cavidad bucal.

            - ¿Aún tienes hambre? -exclamó, asombrada-. Sí que pareces un perro. Sabes, cuando era niña tenía una perrita que se terminó un pavo recién hecho ella sola. Se les ocurrió a mis padres dejar el pavo encima de la cocina y ella se subió a una silla para llegar a la encimera cuando nadie la veía. Si vieras como estaba cuando la encontraron, tenía la panza tan grande que no podía ni caminar. No pudo ni terminárselo. Solo Dios sabe por qué no reventó -contó ella, sintiéndose mejor con el sonido de su propia voz. Además parecía calmar a esa cosa.

            Al volver a olisquearla con ansiedad, Brigitte recogió el otro brazo y se lo entregó. La criatura lo engulló con la misma ansiedad que antes y cuando terminó de tragarlo, se acercó a los restos del viejo y terminó de devorar lo que quedaba de su cuerpo, incluidos los raídos zapatos.

            Bien pensado, el tamaño de su tórax era similar al de un rinoceronte y si había visto comer un pavo a un perrito de doce kilos, esa cosa podía devorar proporcionalmente la misma cantidad, lo que significaba que aún terminando con aquel viejo, seguía con hambre.

            - Qué raro -se dijo-, comes carne infectada como si nada. ¿No te afecta la enfermedad zombi?

            Palmeó su lomo y acarició su pelambrera de encima de la espalda. Era suave como la crin de un caballo y parecía gustarle que le tocara. Rascó más fuerte y el animal se sentó con una mueca de placer en su enorme cara de buldog.

            Entonces pudo ver su lengua con total claridad. Era tan grande como... No había con qué compararla, parecía un chuletón de ternera, pero tres veces más grande de lo normal. Sin previo aviso, la criatura lamió su rostro de nuevo y sintió arcadas por su aliento pútrido e insoportable. Aún así no tuvo valor para apartarse, se estaba ganando su confianza.

            - Está bien, ya sé que me quieres mucho -trató de empujar su cabeza hacia otro lado aunque fue incapaz, tenía una fuerza inmensa.

            Después de seguir acariciando su lomo la criatura se puso en pie y olisqueó a su alrededor. Levantó las orejas como un animal al acecho y miró fijamente la plaza del pueblo donde habían aparecido de entre las casas dos nuevos caminantes sin alma. De un brinco salió corriendo a por uno de ellos, y saltó sobre sus hombros devorando gran parte de él como si se tratara de un juguete comestible. Brigitte recordó que había estado jugando con un animal peligroso y que solo no sabía por qué no se la había comido a ella todavía. Le dio miedo moverse por si despertaba en él sus instintos cazadores.

            Cuando terminó con su dócil presa, la bestia giró la cabeza y vio que un zombi salía del hotel. Al verlo, el monstruo dio tres zancadas y entró en el hall arrastrando al zombi como un muñeco de trapo y girando la cabeza con el zombi en la boca, haciendo crujir su columna.

            - ¡Espera, sal de ahí! -gritó, horrorizada, pensando que Antonio -o lo que quedaba de él- podría ser devorado por esa cosa.

            Corrió hacia el monstruo y recogió varias piedras del suelo, por si tenía que espantarlo.

            Entró en el hall y vio que la cosa estaba tragando el último pedazo de la mujer zombi. En su brutalidad había llenado todo de sangre.

            - Eh, tú... -Llamó la atención de la criatura tirándole una piedra tan grande como una naranja y moviendo los brazos sobre su cabeza.

            El animal volvió la cabeza hacia ella y movió la cola alegremente, golpeando con fuerza la pared.

            - Ven aquí, mira más comida...

            Antes que pudiera mostrarle el zombi de la calle, la puerta de la habitación donde estaba Antonio sonó con un golpe sordo.

            ¡Pom!

            La cosa volvió la cabeza y gruñó con la mirada clavada en la puerta.       

            - Ven aquí -urgió ella, temiendo fastidiarle.

            Con una zarpa, el monstruo destrozó la puerta y con ella derrumbó el cuerpo sin alma de Antonio.

            En cuanto lo vio salto directo hacia él con su furia característica.

            - ¡Nooo! -Gritó ella, petrificada.

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Comentarios: 3
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 30 octubre 2011 09:03)

    Puedes comentar aquí qué te parece el relato.

  • #2

    yenny (domingo, 30 octubre 2011 18:05)

    Ves x-zero era un perrito no un zombi XD
    Espero que te hayas divertido ayer Y concuerdo con vanesa de dar gracias a Dios por tener un escritor como tu sino que ademas comparte su talento a pesar de que muchas veces has repetido q esto te produce mas gastos q beneficios.
    Saludos y cuidate mucho.

  • #3

    Vanessa (domingo, 30 octubre 2011 20:27)

    Estoy de acuerdo con Yenny pero tambien te queria dar las gracias por sacar un poco de tu tiempo y ponernos historias.
    cuidate mucho.

Animal es el que abandona a su mascota.

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