La isla de los caminantes sin alma

12ª parte

            La cabeza de la criatura fue lo único que pudo entrar en la habitación. La musculatura de sus hombros golpeó las paredes a ambos lados de la puerta haciendo temblar hasta los cimientos del edificio.

            Masticó los restos de la puerta pero el cuerpo de Antonio había caído al fondo del cuarto. Aun así la criatura siguió intentando entrar y, con dos fuertes zarpazos echó abajo la pared izquierda como si fuera poliestireno.

            - Por favor detente -suplicó ella corriendo y abalanzándose a su pata trasera.

            La rabia hizo que se la sacudiera de encima como si fuera una mosca y la chica cayó de espaldas y se arrastró por el suelo hasta la puerta destrozada del hotel.

            Cuando abrió los ojos vio que dos zombis estaban casi a su lado y ya abrían la boca con intención de servirse un banquete de carne con su cuerpo.

            - ¡Ahh! -Chilló.

            El zombi le cayó encima y su pestilente boca se abrió buscando morderla en el brazo. Consiguió sujetarlo por la frente pero otro zombi se estaba acercando por la izquierda.

            De repente algo voló sobre su cabeza y ambos zombis se apartaron de ella bruscamente rodando por el suelo de la plaza, aparatosamente. La criatura raspó el suelo con sus patas traseras gruñendo a los zombis y en un abrir y cerrar de ojos atacó al primero y le arrancó un brazo cuando todavía trataba de levantarse. Le sujetó en el suelo con una de sus garras y mientras el otro ya estaba volviendo a correr hacia ella, un zarpazo le dejó destrozado y cayó al suelo totalmente inerte y desfigurado.

            Brigitte se levantó con dificultades por el cansancio y el pánico que tenía, cuando sintió que alguien la agarraba por detrás. Se volvió y vio que Antonio la había cogido por el brazo.

            - Aaahhhh -gimió en su único alfabeto que conocía.

            Se apartó de él aterrada, temiendo que la mordiera. Entonces se dio cuenta de que había sido una estúpida al dejar que siguiera con vida. Era un zombi y eso ya no tenía remedio. Hubiera sido mejor que hubiera muerto, que esa bestia lo hubiera despedazado, se había estado aferrando a una esperanza sin sentido.

            Ante su sorpresa tiraba de ella hacia el interior del hotel y no trató de morderla. Otra vez demostraba tener algo de conocimiento, ¿sería posible que después de todo siguiera siendo él? Lo cierto es que eso no la consolaría en absoluto.

            Se dejó arrastrar por él y este la condujo al interior del hotel, hasta un cuarto escondido, lejos de la bestia.

            - ¿Estás consciente? -preguntó ella, esperanzada.

            - Aaaahhhh -fue lo único que salió de su boca.

            Antonio se sentó en el suelo y pareció descansar. Brigitte se quedó de pie, sin saber qué hacer. Él la cogió de la pernera del pantalón y luego puso la mano en el suelo. Quería que se sentara a su lado.

            Ella dudó porque apestaba a carne enferma, como si tuviera gangrena en alguna parte de su cuerpo. Pero no quería acercarse de nuevo a esa bestia de ahí fuera y allí estaban a salvo de ella. Nunca llegaría a entrar por esos pasillos tan estrechos. ¿Antonio podía pensar tanto como para saber eso?

            - ¿Puedes escucharme? -Preguntó.

            Antonio movió la cabeza hacia ella y la miró, aunque parecía imposible que pudiera verla. Lo cierto era que sus pupilas claras con córneas grises parecieron mirarla a los ojos.

            - Haz un movimiento para que sepa que me entiendes -invitó.

            Antonio parpadeó una vez mientras de su boca salía baba verde. La pestilencia era tan desagradable que Brigitte arrugó la nariz.

            - ¿Estás mejorando o siempre has estado así?... Perdona... Perdona... -se cortó al comprender que había hecho dos preguntas-, ¿te sientes mejor ahora?

            - Aaaaahhhhh -fue la única respuesta que tuvo.

            - Demuéstrame que eres tú... -suplicó ella, llorando.

            Antonio cerró los ojos un instante y luego los abrió.

            - ¿Te sientes mejor?

            No hizo nada.

            - ¿Peor? -insistió ella.

            Antonio cerró los ojos y emitió un gemido.

            Brigitte no supo cómo reaccionar. Era la primera señal de que Antonio estaba ahí dentro y no era un descerebrado sin alma, como el resto de zombis.

            - ¿Qué puedo hacer para ayudarte? -Preguntó-. ¿Quieres agua? Pero qué digo... No tengo ni para beber yo...

            Antonio levantó su mano derecha y con el brazo señaló el cuarto de baño del final del pasillo. Aunque parecía más sucio que el resto del hotel, tenía cierto sentido.

            - Tienes razón -aceptó ella, sonriendo-. Seré tonta, tiene que haber agua, esta gente sobrevivió aquí por algo.

            Corrió al baño y vio que los lavabos estaban sucios pero intactos. Cuando giró la rueda del grifo y vio salir líquido transparente casi se echó a llorar de alegría. Llenó sus manos con agua y dejando el grifo abierto fue a darle algo a Antonio. Cuando se acercó a él se dio cuenta de que sería muy difícil darle de beber si él no ponía de su parte. Le acercó las manos y Antonio reclinó la cabeza hacia atrás permitiéndola derramar el agua en su boca. Poco a poco fue entrando algo y él fue tragando lo que pudo.

            Así hizo varios viajes hasta que se dio cuenta de que ella misma también necesitaba beber. Se lleno el estómago mientras se preguntaba de dónde salía esa agua. Quizás venía del mar y una planta depuradora que, por milagro aún funcionaba, o quizás el hotel tenía un pozo, cosa que no sería tan extraña. En cualquier caso era un alivio saber que el agua no volvería a ser un problema.

           

 

            Mientras Antonio parecía dormir sentado contra la pared, ella aprovecho para examinar a fondo las habitaciones de los pasillos cercanos. Algunas habían sido ocupadas por los supervivientes y a parte de un colchón sucio solo encontró porquerías y basura en ellas. En otras vio que las camas permanecían intactas, llenas de polvo y con sábanas nuevas. En las neveras no quedaba comida, como ya imaginaba, pero si había latas debía haber por alguna parte un almacén. Si quería encontrar comida en el hotel, debía buscar el almacén.

            Pero no podía buscarlo esa noche, no había luz y el Sol empezó a esconderse por el horizonte. Llevó a Antonio a una de las habitaciones que estaba intacta, cerró la puerta, la apuntaló con una silla  y se quedó dormida a su lado apenas apoyó la cabeza en la almohada.

 

           

            Cuando despertó Antonio no estaba a su lado. Se preocupó, pensando que podía haber salido del hotel, donde la criatura podía comérselo, y se levantó. Apenas salió al pasillo vio que él estaba en el cuarto de baño, mirándose en el espejo. Hubiera jurado que no tenía tanto aspecto de zombi, aunque las venas azuladas seguían viéndose en su cuello.

            Se acercó a él lentamente, aún temiendo que no fuera realmente él sino un ser sin alma. Entonces él la miró y emitió un melancólico suspiro.

            - ¿Eres realmente tú? -se atrevió a preguntarle.

            Él negó con la cabeza y volvió a mirarse al espejo.

            - Estás recuperándote, no sé cómo, pero la enfermedad parece estar remitiendo -trató de animar ella.

            Antonio la miró de nuevo.

            - No te desesperes, te pondrás bien y saldremos de esta isla -insistió ella, mucho más optimista.

            Estaba feliz, él estaba mucho más despierto que el día anterior, aunque por lo visto aún era incapaz de hablar.

            - Vuelve a la cama, te buscaré algo de comida -recomendó ella.

            Antonio se sobresaltó cuando ella le cogió de la mano y tiró de él hacia la habitación.

            La siguió tímidamente y cuando llegaron, se sentaron ambos en el colchón.

            - No te muevas de aquí -pidió ella-. Volveré en seguida, voy a buscar el almacén del hotel. Tiene que haber alguno, esta gente sobrevivió de alguna manera. En algún sitio tiene que estar.

            Antonio se dejó caer en la cama boca arriba y se acomodó hasta subir él solo los pies en la cama. Brigitte tuvo oportunidad de ver que su herida del hombro estaba cicatrizando. No entendía cómo era posible tal milagro, ni por qué él sí se recuperaba y toda la gente de ahí fuera no. Pero no iba a cuestionar por qué, por una vez, las cosas mejoraban y no empeoraban. 

            Cogió un trozo de escoba rota que había por el suelo, por si tenía que defenderse y buscó el almacén del hotel. Salió del pasillo, pasó por la recepción, fue al patio interior y vio la piscina llena de agua marrón putrefacta. Varios esqueletos se habían podrido allí durante años.

            Tenía para elegir tres entradas, una por cada punto cardinal. La primera que escogió fue la de la izquierda. La puerta parecía intacta y comprobó que estaba cerrada con llave. Cogió carrerilla y dio una patada seca al lado de la cerradura.  Ésta cedió, rompiendo el cerrojo por la fuerza del golpe. Había un pasillo que se introducía en el hotel y otro que cruzaba en paralelo a la plaza de la piscina. Tanteó puerta tras puerta, algunas estaban cerradas con llave y las forzó con otra fuerte patada en la cerradura. Eran de madera hueca así que no le costó demasiado abrirlas todas. En sus neveras encontró botellitas de whisky, cerveza y bolsas de frutos secos. Cuando descubrió los primeros se comió los cacahuetes pelados como si nunca antes hubiera probado algo tan exquisito. Se los terminó a puñados en un par de minutos. La siguiente habitación también tenía y éstos los guardó para Antonio, que esperaba que pudiera masticarlos. De lo contrario tendría que masticárselos ella.

            Después de recorrer toda el ala de la izquierda tenía las manos llenas de bolsas de panchitos, y curiosos aperitivos secos. Suficiente para sobrevivir unos días, lo justo para que Antonio pudiera recuperarse, si es que se estaba recuperando.

           

 

 

            La tranquilidad de esa zona interior del hotel les quitó las ganas de moverse de su habitación 179. Cuando se les acababa la comida hacía una nueva excursión y volvía con una bolsa llena de botellitas y aperitivos. Aún así seguía intrigada por saber dónde estaría el almacén del hotel.

            El primer día Antonio estaba mucho mejor, pero el segundo se recuperó tanto que las venas azules fueron desapareciendo, aunque seguía teniendo la lengua hinchada y no podía hablar. Su temperatura corporal había subido mucho y sus gemidos de dolor fueron remitiendo. Ella le animaba diciendo que el dolor implicaba una mejoría ya que los muertos no sienten nada.

 

 

            En cuatro días, Antonio despertó completamente normal, con los ojos vidriosos, la piel rosada, sin venas azules, con la herida del hombro cerrada y con un color saludable. El milagro se había completado pero hasta que no le despertó y le escuchó hablar, Brigitte no se lo creyó.

            - ¿Puedes hablar, amor mío? -le preguntó, despertándole, poniendo la mano sobre su hombro.

            Antonio tragó saliva y la miró, extrañado. Había estado sudando toda la noche, seguramente combatiendo la fiebre con sus defensas naturales, y respondió:

            - ¿Estoy bien? -preguntó, incrédulo-. Es increíble.

            - No sé qué has hecho, pero ha funcionado -explicó ella.

            - No he hecho nada... -respondió él-. Al menos no en esta isla.

            - ¿A qué te refieres? -inquirió Brigitte.

 

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Comentarios: 7
  • #1

    yenny (jueves, 03 noviembre 2011 16:51)

    La continuacion urgente, por favorrrr.
    Cuidate Tony.

  • #2

    Tony (jueves, 03 noviembre 2011 18:24)

    A ver el tiempo que tengo. Espero que ya pronto pueda terminarla.

  • #3

    x-zero (jueves, 03 noviembre 2011 19:44)

    Veo que va mejorando la historia, siendo sincero ya me habia aburrido, pero con esta nueva parte me da esperanzas :D
    continua asi

    salu2

  • #4

    carla (jueves, 03 noviembre 2011 21:12)

    ????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????

  • #5

    BellaBel (jueves, 03 noviembre 2011 22:01)

    Muy buen trabajo, me encantan tus historias soy adicta a ellas. Mil gracias por este enorme esfuerzo, pero especialmente por compartirlo con nosotros. Abrazos...

  • #6

    yenny (viernes, 04 noviembre 2011 01:25)

    No importa el tiempo que tardes esperare pacientemente se esta poniendo muy interesante.

  • #7

    Vanessa (sábado, 05 noviembre 2011 00:16)

    siguela!! se esta poniendo muy interesante!.
    Cuidate mucho Tony.

Animal es el que abandona a su mascota.

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