La isla de los caminantes sin alma

14ª parte

 

            Descendieron por la boca de la alcantarilla, Antonio delante, y llegaron a un suelo seco en un ambiente que apestaba a gasolina. La oscuridad era asfixiante y casi no cabían los dos por lo estrecho del pasillo.

            - Hemos sido muy optimistas pensando que un mechero nos podía servir para tener luz -alegó Antonio, al acostumbrarse la vista a débil haz procedente de la boca de la alcantarilla.

            - ¿Por qué? -preguntó ella-. Vamos enciende.

            - No quiero morir tan joven, amorcito. ¿Es que no hueles el combustible? Esto está lleno de gases inflamables, si hago una chispa podemos salir muy tostaditos y además, muy deprisa.

            - Genial -aceptó ella-, ni se te ocurra encender eso. Yo tantearé la parte derecha, tú la de la izquierda. Pisa bien antes de avanzar, no sea que caigamos en algún tanque de combustible.

            Avanzaron por la oscuridad, ella a la derecha y Antonio a la izquierda. Brigitte arrastró los pies por el suelo de hormigón y con ambas manos iba rozando las paredes por si había algún interruptor o algo que sobresaliera.

            - Vaya, por aquí no hay nada. Solo una pared llena de telarañas -protestó Antonio al toparse en apenas dos pasos con una pared maciza cortándole el camino-. ¿Qué tal vas tú?

            Brigitte seguía avanzando con cautela en la oscuridad. Solo sus pies, arrastrándose por el suelo, delataban su presencia.

            - El pasillo continúa. Si quieres ven y ayúdame con una pared.

            - No creo que esto sea muy grande, el sonido es hueco como una sala pequeña.

            - Ven aquí y deja de parlotear como un loro -le regañó ella, fastidiada.

            Antonio se acercó a su espalda y se chocó con su cuerpo cuando caminó por la oscuridad.

            - Con cuidado, no empujes -le regañó.

            - Lo siento, no se ve nada.

            - Mejor sujétame por si doy un paso en falso. Esto es demasiado estrecho para los dos.

            - Encantado -respondió con voz de pervertido.          

            -  Vamos, Tony, esto no es un juego -Brigitte estaba sumamente nerviosa por la oscuridad y no aguantaba muchas bromas.

            Antonio puso sus manos en torno a su cintura y ella siguió avanzando, arrastrando los pies y pasando las manos por las paredes.

            - Aquí... Es como una tubería... -tanteó la pared izquierda-. Mierda necesitamos luz...

            - Déjame, déjame -pidió él, tanteando ese lado.

            Sus manos tocaron una boca de tubería del diámetro de una manzana, pero tenía unas extrañas formas a su alrededor. En el interior había una tapa de acero. El olor a combustible venía de allí, no cabía duda.

            - No me fastidies... -renegó, con fastidio.

            - ¿Qué?

            - Necesitamos una manguera especial, no vamos a poder conectar la avioneta a esto sin esa manguera que encaje aquí. La he visto en otros aeropuertos, es una muy pesada que lleva dos llaves o palancas en ambos extremos. Se conecta un lado aquí y el otro al avión, luego se abren las dos llaves y pasa el combustible de forma segura.

            - ¿Tenemos que encontrar una manguera que llegue a la avioneta desde aquí? Eso son al menos diez metros. ¿Tú sabes cuánto puede pesar eso? ¿Y dónde vamos a encontrarlo? Aquí solo hay cosas quemadas, cadáveres secos y un edificio cerrado a cal y canto.

            - Si no me equivoco debe ser un camión especial, sólo tenemos que encontrarlo.

            - ¿Sólo?

            - Está claro que aquí no hacemos nada. Rodeemos el aeropuerto, vamos.

            - Tú primero, date prisa, me estoy asfixiando aquí abajo. Sal ocupas todo el túnel. A ver si te pones a dieta.

            - Ya salgo, ya salgo... -respondió, algo avergonzado, reculando hacia la luz.

            Volvieron a subir. Brigitte le siguió sin mirar arriba debido a que caían de los zapatos de Antonio piedritas que amenazaban con caerle en algún ojo. Una vez arriba Antonio se asomó con cautela por si algún zombi estaba merodeando por ahí.

            No había ninguno, lo que les dejó más tranquilos. A paso ligero rodearon la estructura del aeropuerto, buscando garajes, puertas... Aunque tenían pocas esperanzas de encontrar puertas abiertas que ellos pudieran forzar. Al menos sin atraer a todos los zombis de la isla.

            Brigitte señaló un vehículo extraño volcado en medio de la pista a unos cincuenta metros de donde estaban. Era un carrito de transporte de maletas. Continuaron buscando y vieron un todo terreno volcado junto a una valla. Estaba negro por el fuego que debió causar su accidente. Cuando llegaron al extremo más alejado del aeropuerto vieron una marquesina y debajo una especie de camión volcado y quemado como resultado del impacto con otro turismo. Se acercaron corriendo y Antonio se llevó las manos a la cabeza al ver que se trataba del camión que buscaban. Estaba quemado y la manguera estaba rota. Solo había un lado útil y no tenía ni un metro de tubo. El resto estaba completamente derretido y fundido en un amasijo de hierros ennegrecidos por una violenta explosión.

            - Esto se pone feo, puede que no haya más camiones en una isla tan pequeña... -expresó Antonio, con pesimismo.

            - Puede que sea suficiente -replicó ella, con esto podemos abrir la boca de combustible y cerrarla, ¿la llave funciona? Solo necesitamos un recipiente para subir el combustible al avión. No tenemos más que abrir la tapa y llenar algún cacharro y subirlo.

            - Sí, puede funcionar, pero ¿dónde vamos a encontrar un recipiente que podamos subir por la boca de la alcantarilla? También necesitaríamos una cuerda. Lo malo es que cuando abramos la llave no sabemos con cuánta presión va a salir el combustible. Puede ser peligroso, es imposible que no nos pringuemos hasta las orejas y con el calor que hace aquí fuera...

            Brigitte le interrumpió con un puñetazo en el hombro tan fuerte que ella se hizo más daño en la muñeca que a él.

            - Cállate ya, pesado.

            Antonio se frotó el hombro pero al ver que ella se quejaba del puño sonrió.

            - Movámonos, tú busca recipientes, yo trataré de enganchar esto a la boca de la tubería... Puede que ni siquiera haya combustible en el depósito y no sirva de nada lo que estamos haciendo.

            - Como vuelvas a hablar sin decir algo positivo, te doy otra vez -amenazó ella.

            Así lo hicieron, se separaron, ella se dirigió a la avioneta y él llevó la pesada manguera. A pesar de ser tan corta, era muy gruesa y la cabeza parecía de hierro. Era una especie de tapa de parecía poder encajarse en alguna parte y tenía una palanca que, al accionarla, abría y cerraba el conducto central. Ni siquiera sabían si encajaría abajo, quizás era la parte que iba al avión o quizás no era para esa boquilla.

            Dejó caer el trozo de manguera a la alcantarilla y descendió causando un gran estrépito al golpear el metal contra el suelo de hormigón. Miró hacia atrás temiendo que su mujer le hubiera escuchado y porque no quería que le gritara por haber podido romper lo único que podía sacarles de allí, con aquel impacto. Brigitte ya estaba buscando en el interior de la avioneta, en la parte de atrás de la cabina.

            Descendió por las escaleras y cuando tocó el suelo, casi tropezó al pisar la manguera. La recogió y se acercó a la boca de la tubería tanteando la pared. Cuando la alcanzó, trató de encajar la manguera y éstas parecían no ser del mismo diámetro. La boca de la manguera parecía más ancha.

            Algo cayó detrás de él por el agujero de la alcantarilla, dándole un susto tan fuerte que su corazón se aceleró.

            - Llénalo y tira de la cuerda -ordenó ella, pletórica.

            Se trataba de una garrafa de cinco litros de plástico que estaba sujeta con un cordel de plástico. Antonio renegó por su falta de delicadeza. La garrafa tenía tapón y todo pero si salía un chorro fuerte sería difícil no pringarse toda la ropa con el queroseno. Aunque era pronto para pensar que había combustible ya que ni siquiera había conseguido encajar el trozo de manguera.

            Volvió a su tarea y trató de volver a encajar una pieza con la otra en plena oscuridad. Lo hizo girar sobre el saliente y hubo un momento en que pareció encajar pero apretó y no hubo manera de ajustarlo. Siguió girando y presionando por si coincidían las muescas en algún momento, pero sin luz era como tratar de montar una casa de naipes en plena noche. No sabía si podían encajar y no sabía si había una forma de hacerlo, o si existiría alguna marca en ambos sitios que le ayudara.

            - ¿Cómo va eso? -Preguntó Brigitte desde arriba.

            - Si esto encajara...

            - ¿Qué?

            - No consigo que encaje esto -repitió, más alto.

            - ¿Bajo a ayudarte? -se ofreció ella.

            - No, déjame seguir intentándolo.

            - Está bien.

            Siguió girándolo hasta terminar de completar la vuelta completa sin éxito. Luego pensó que quizás solo tenía que presionar con fuerza, en la posición que encontró antes. Al sacarla, sus dedos se metieron dentro del agujero de la manguera y entonces se dio cuenta de que había intentado acoplarla con la palanca en posición de abierto. Claro, ¿cómo iba a encajar con la válvula abierta? Movió la palanca hacia arriba y comprobó con los dedos que se había cerrado. Volvió a probar y esta vez encajó como hecho a medida. La válvula se enganchó y casi sin fuerza se ajustó al girarla a la derecha hasta que sonó un 'crack' metálico.

            Suspiró, solo quedaba llenar la garrafa. La cogió y la sujetó entre las piernas, puso la parte rota de la manguera sobre el recipiente, que previamente había destapado y cogió la palanca de la pared con ambas manos, nervioso porque de eso dependía su supervivencia. Si no salía nada, estaban muertos. Y si salía con demasiada presión se podría empapar de queroseno, cosa que podía ser una bomba de relojería en un lugar tan caluroso. No sabía si sería tan inflamable como la gasolina o incluso si le quemaría la piel sólo con el contacto.

            - Ya la he enganchado, cruza los dedos -pidió a Brigitte, que estaba impaciente al otro extremo de la cuerda.

            - Genial, ten cuidado -animó ella.

            Tiró de la palanca hacia abajo y salió bastante líquido a presión sin apenas moverla. Gracias a que tenía sujeta la garrafa esta no salió despedida por la fuerza del torrente. En cuestión de segundos se llenó la garrafa y desperdigó gran parte del combustible fuera, empapándose los pies. Era un líquido similar al agua, muy frío, pero olía tan fuerte que le costó respirar, olía parecido al alcohol mezclado con gasolina y aceite.

            Empujó la palanca y cerró el flujo del combustible. Puso el tapón en la garrafa y la acercó a la boca de la alcantarilla.

            - Súbela -dijo.

            - ¿Ya? Qué rápido.

            - Vamos date prisa, me cuesta respirar aquí abajo.

            La cuerda se tensó y la garrafa subió lentamente. Antonio sintió ganas de volver a la superficie a respirar aire fresco, pero también temía que los pantalones y zapatos se le calentaran y saliera ardiendo con el poderoso Sol abrasador que había sobre ellos.

            Después de unos interminables minutos Brigitte volvió a tirarle la garrafa de plástico vacía.

            - Date prisa -urgió-. Necesitaremos al menos veinte como esa.

            - Lo imaginaba -añadió él, con fastidio.

            La siguiente trató de ajustar la manguera al agujero de la garrafa pero en cuanto tiró de la palanca salió un chorro tan fuerte que igualmente se pringó las perneras de los pantalones y se le metió el helado queroseno en los zapatos.

 

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 10 noviembre 2011 17:08)

    Si quieres comentar algo antes de leer la parte final, escribe aquí.

  • #2

    Michael (jueves, 10 noviembre 2011 21:59)

    Ya va a acabar? La verdad esta genial la historia. Sigue asi amigo :-)

  • #3

    Carla (jueves, 10 noviembre 2011 22:39)

    Me alegor que ya estemos llegando al final! Esta muy interesante, y me alegro que la hayas podido terminar. Significa que el bloqueo ya paso! :)

  • #4

    ale (viernes, 11 noviembre 2011 00:20)

    cuando estara la de sam? me encantan sus historias , pero esta no se queda atras sique asi :)

Animal es el que abandona a su mascota.

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