La mano negra

7ª parte

            Brigitte se asomó y se quedó blanca al ver que los hombres iban hacia la casa. Por suerte iban por otra puerta que no era esa. Pero entraron dos y otros tres se parapetaron tras los coches con fusiles de repetición.

            - ¿Qué demonios está pasando aquí? - susurró ella -. Venimos a investigar  la cosita de la familia Adams y terminamos en el centro de un tiroteo de una banda de criminales.

            - Me temo que tenemos que ir por el árbol - dedujo Antonio, tratando de parecer tranquilo -. Vamos esos tíos no pueden encontrarnos aquí.

            Brigitte tenía tan mal el pie que subieron las escaleras formando un buen escándalo y los hombres que entraron les pillaron subiendo las escaleras a medias.

            - Sube tú - dijo Antonio, dándose la vuelta y disparando sin apuntar hacia abajo.

            El estruendo del arma en un lugar tan cerrado les dejó sordos a todos, incluidos los atacantes que se volvieron a esconder tras la puerta, temiendo otro disparo.

            - Vamos corre - urgió Antonio, cogiendo el volandas a Brigitte que subía a duras penas los escalones de uno en uno.

            «No podéis salir por esa ventana, seréis un blanco fácil» - Verónica volvía para dar malas noticias, lo que enojó aún más a Antonio.

            - Pues tendremos que esperarles... - replicó en voz alta, sin darse cuenta.

            - ¿Qué? - preguntó Brigitte.

            - Eh... no podemos salir por la ventana, tendremos que defendernos aquí arriba.

            - Otra vez hablabas solo, ¿verdad? - inquirió Brigitte.

            - Oh, vamos, no es momento de hablar de esto ahora.

            - Si tuviera un arma podía ayudarte.

            - Anda ya, tendría más miedo de ti que de ellos - dijo Antonio, asomándose a la escalera por el rabillo del ojo y esbozando una sonrisa.

            Justo uno de los tipos de negro estaba saliendo de la puerta de la cocina. Antonio le apuntó y disparó. El arma casi se le cae de las manos al hacerlo ya que no tenía buen ángulo y el retroceso de ese cacharro era brutal. La bala impactó en la pared e hizo saltar casi un ladrillo entero. El hombre de negro se volvió a meter en la puerta de la cocina y con una mano apuntó su fusil de repetición hacia arriba y abrió fuego.

            - ¡Cuidado! - gritó Antonio apartándose de las escaleras.

            La ráfaga de disparos destrozó la puerta que había justo frente a las escaleras. Antonio se había refugiado en el pasillo y no le alcanzaron más que las astillas que rebotaban a gran velocidad.

            - ¿Cuántas balas tiene eso? - Preguntó Brigitte.

            - Cinco y ya gasté dos.

            - ¿Tienes más?

            - Nunca la uso, cuando más la he usado disparé dos veces.

            - También es mi apuro más gordo, por si te consuela saberlo - replicó ella - ¿Qué hacemos?

            - Sal por esa ventana - ordenó Antonio. Hay un árbol justo al lado de la derecha. Una rama muy gruesa está apoyada en el muro de la casa. Sal por ahí, y trepa por esa rama hasta llegar al suelo, escóndete detrás del muro de piedra del otro lado del prado que yo voy en un momento.

            Brigitte se frotó el tobillo y negó con la cabeza.

            - No voy a poder.

            - Tengo tres balas para retener a estos tíos - argumentó Antonio -. Vas a poder porque sino estamos muertos.

            Ella asintió y se puso en pie, apoyándolo en el suelo.

            - Lo intentaré, pero no tardes - le pidió.

            - Iré en cuanto te vea a salvo - ella asintió y se dio la vuelta. Antonio metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó unas llaves -. Si no puedo llegar... vete. El coche está a unos cinco minutos caminado todo recto, colina abajo en esa dirección.

            Brigitte se detuvo al darse cuenta de que se estaba despidiendo de ella.

            - Trae las llaves tú - le dijo. Se acercó a él y le dio un beso en los labios -. No pienso perder aquí a mi marido, no me hagas esperar.

            Antonio la agarró por el brazo.

            - Llévatelas, pon el coche en marcha. No te preocupes, llegaré a tiempo.

            - No me preocupo, hemos salido de cosas peores - ella intentó sonreír, pero no le salió. Temía que no volviera a verle más.

            Aceptó las llaves y se fue a la ventana. A pesar de su miedo a la altura y su declarada falta de equilibrio, se atrevió a dar el salto hacia la rama. Antonio la perdió de vista y no supo si la había alcanzado o no. Al menos no escuchó un grito como si se cayera, eso era buena señal.

            Se asomó al hueco de la escalera y vio que uno de esos tipos ya había subido sigilosamente medio tramo. Le apuntó y abrió fuego con su Lemat sin mirar a dónde le daba. La pistola se escapó de su mano , cayendo en medio del último escalón y tuvo que exponer medio cuerpo a la vista del otro, que al verlo disparó sin pensarlo. Antonio tuvo que apartarse y la pistola se quedó allí. Si la intentaba coger le matarían. Al menos había matado a uno de ellos y éste impedía el paso al otro.

            Sin pensarlo más, salió tras los pasos de Brigitte y saltó a la rama lo más rápido que pudo. Brigitte estaba saltando al suelo en ese momento desde la rama más baja y la vio correr prado abajo en dirección al coche, se giró un momento y al verlo bajar le saludó con la mano. Él le hizo un gesto para que no se detuviera ni mirara atrás. Se movió por la rama lo más deprisa que pudo, tenía muy presente lo que le había dicho Verónica, no tendría tiempo sin que le disparasen. Buscó el lado opuesto del árbol para que, si le disparaban, fuera más difícil que le dieran por las gruesas ramas que le podían proteger. Podía haber saltado a las ramas de ese lado pero eso le habría dejado muy expuesto demasiado tiempo. Pero antes de alcanzar la protección del tronco, escuchó que el matón abría la ventana y al verle tan vulnerable rió a pleno pulmón.

            - Mierda - Antonio no quiso mirar. Siguió su camino con cuidado de no caerse, colocando los pies de una rama a la siguiente.

            - Misión cumplida - dijo el asesino apuntándole y abriendo fuego.

 

 

            Brigitte escuchó dos disparos en la distancia. Ya podía ver el coche abajo, a unos cincuenta metros, junto al camino. Su tobillo le dolía cada vez menos porque estaba entrando en calor aunque temía que se le hinchara mucho en cuanto pudiera mantenerlo quieto. Miró hacia atrás, esperando ver a Antonio corriendo bajo una lluvia de balas pero no venía. Le había visto salir justo cuando bajó del árbol, ya debería estar detrás de ella.

            Se detuvo y dudó un instante. Entonces apareció por la colina corriendo como alma que lleva el diablo y de la alegría quiso ir a abrazarle, pero su sentido común la recomendó que fuera al coche y lo pusiera en marcha para poder irse en cuanto él llegara.

            Bajó la cuesta sin importarle el tobillo y alcanzó la puerta del coche. Puso las llaves y lo arrancó, luego se pasó al asiento de copiloto justo cuando Antonio abría la puerta y entraba.

            - Vámonos de aquí - dijo, sin apenas aliento.

            - Gracias a Dios lo conseguiste.

            Antonio hizo un gesto de dolor con la cara. No estaba agarrando el volante con las dos manos, una la tenía en el costado derecho, debajo de su chaqueta.

            - Tenemos que ir a un hospital en seguida.

            Aceleró y salió al camino mientras ponía cara de sufrimiento.

            - Amor, me estás asustando - dijo ella.

            - Me han dado, no puedo respirar - replicó él.

            Cuando se alejaron lo suficiente, Antonio detuvo el coche y salió fuera.

            - Conduce tú, llévame a un hospital...

            - ¿Qué? - se quejó ella -. Y ¿dónde voy a encontrar un hospital por aquí?

            - Ve hacia Ávila, mientras esté despierto te indicaré.

            Brigitte corrió, cojeando, al otro lado del coche y ocupó el asiento del conductor. Antonio temblaba y dejó caer la cabeza en el asiento de copiloto cerrando los ojos.

            - ¿Te duele mucho?

            - Arranca, no pierdas tiempo.

            Ella obedeció corrió lo que pudo por ese camino de tierra hasta salir a la carretera y luego siguió los carteles de Ávila. Condujo sin atreverse a mirar a su marido, con la única idea en la cabeza de llegar cuanto antes a la ciudad y allí preguntar por cualquier hospital. Cuando pasó por el primer pueblo, Venta del Obispo, preguntó dónde estaba el hospital más cercano a un señor mayor, que vio por la calle. El hombre se alarmó al ver a su acompañante tan mal y le dijo, muy nervioso:

            - Por ahí no hay ninguno cerca, dé la vuelta y siga por esta carretera hasta Mombeltrán, pobrecillo, lo va a pasar mal con tantas curvas.

            - Muchísimas gracias.

            Brigitte dio la vuelta tan deprisa que golpeó un cubo de basura y lo revolcó por el suelo.

            - Tenga cuidado, señora - la regañó el hombre.

            Aceleró cuanto pudo mientras miraba de tanto en tanto a Antonio. Éste ya ni se movía, estaba muy pálido.

            - Aguanta mi amor - le rogó, poniendo su mano sobre su pierna.  

            - ¿Falta mucho? - preguntó.

            - En media hora llegamos.

            - Buf, media hora... - Antonio dejó caer la cabeza a un lado y se apoyó en el cristal.

            Brigitte se asustó pero escuchó un claxon y al mirar hacia delante se dio cuenta de que había invadido el carril contrario y consiguió meterse antes de colisionar con otro coche que venía de frente.

            - Ten cuidado mujer, no tengo tanta prisa por morirme - bromeó él.

            - Lo siento, lo siento.

            Desde ese momento condujo lo más rápido que pudo, teniendo en cuenta que era una carretera de doble sentido y con un arcén ridículo por donde no podía ir ni un ciclista. Rezó en su interior mientras hacía las interminables curvas de aquella carretera. Empezó a marearse, pero no era momento para sus molestias en las carreteras de montaña y no se detuvo. La urgencia y la preocupación por su esposo la mantuvieron firme y el mareo se le pasó. Le dolía el pie al frenar tan a menudo, el tobillo se le empezaba a hinchar.

 

 

Continuará

Animal es el que abandona a su mascota.

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