La mano negra

8ª parte

            Después de lo que les pareció una eternidad llegaron al pueblo y fueron derechos al hospital. Era un pueblo pequeño pero ahí estaba, el hospital de peregrinos de San Andrés. Un edificio naranja y muy antiguo que estaba abierto al público como si fuera un museo.

            - ¿Hemos llegado? - preguntó Antonio.

            - No puedo creerlo, esto no es un hospital de verdad... - Brigitte quería llorar o gritarle a alguien, salió del coche y preguntó a la gente de la calle.

            Antonio sentía sus heridas empapadas en sangre pero ya no le dolían tanto. Por suerte las dos balas le habían dado en el mismo costado y aún podía respirar, aunque cada vez con más dificultades. No quería mirar dentro de su chaqueta. Habían recorrido varios kilómetros para terminar en lo que parecía un museo medieval, o al menos eso era lo que parecía ese caserón lleno de ventanas.

            Brigitte desapareció de su vista, al parecer nadie de por allí la pudo ayudar. Regresó todo lo deprisa que pudo por su cojera del pie. Para entonces él ya empezaba a hacer ruidos al respirar y cuando tosía salía sangre por su boca.

            - Aguanta amor mío, hay una enfermería un poco más allá.

            Se metió en el coche y le llevó hasta allí. Sin embargo Antonio no pudo mantenerse despierto.

 

 

            - Dios mío, tiene dos disparos de bala - dijo una de las monjas.

            - No tenemos el instrumental adecuado para atender heridas tan graves - dijo la otra.

            - No podemos ir a otro lugar - insistió Brigitte -. No llegaría vivo.

            - Lo siento, es imposible que le podamos curar aquí, salvo por milagro y ya ha perdido mucha sangre.... podemos hacerle una transfusión y vendar las heridas para que no se desangre. Luego tendrá que llevarlo a un hospital de urgencias. Podemos llamar a la ambulancia, se ve que usted también ha tenido lo suyo, no creo que pueda conducir tan lejos.

            - Hagan lo que puedan por él, yo voy llamando a una ambulancia - aceptó Brigitte.

           

            Le pusieron una bolsa de sangre con un catéter en la vena del brazo y las monjas le quitaron la chaqueta y le lavaron las heridas para prevenir infecciones internas. Finalmente le colocaron paños esterilizados sobre las heridas. Luego le vendaron todo el pecho y les dijeron que no podían hacer más. Lo peor era que la ambulancia tardaría en llegar más de media hora aunque le aseguraron que esos vehículos venían muy preparados y podrían hacer cosas por el camino para estabilizarlo.

            Brigitte asintió y se sentó junto a la cama de Antonio con las manos juntas, rezando.

             "Dios, no te lo lleves tan pronto, le necesito."

 

            Tras media hora angustiosa, se escuchó la sirena de la ambulancia. La bolsa de sangre se había agotado hacía unos minutos y le habían puesto otra. Brigitte tuvo que donar para que aceptaran ponerle más sangre ya que decían que no tenían mucha. Eran de distinto grupo pero si ella donaba, aceptaban sacar otra bolsa para él de su banco de sangre.

            Los sanitarios lo subieron a la camilla y le pusieron oxígeno de inmediato. Le tomaron el pulso y uno de ellos negó con la cabeza.

            - Está muy mal, hay que operarle inmediatamente y no sé si soportará el viaje hasta el hospital.

            - ¡Por favor! Hagan lo que sea necesario - rogó Brigitte.

            - No podemos operarle aquí, señora.

            - Pues vamos al hospital - urgió ella, enojada.

            - Está bien, es su responsabilidad.

            - Si muere por no hacer nada será su culpa - escupió ella, encolerizada.

            Brigitte entró con él en la ambulancia y le tuvo cogida la mano todo el viaje. Tuvo que soportar infernales curvas que la obligaban a sujetarse contra Antonio y debido a la velocidad sus mareos la hicieron vomitar varias veces. Por suerte era una ambulancia y tenían bolsas para poder hacerlo de forma higiénica.

            La chica deseó poder cerrar los ojos como Antonio y dormir hasta que llegaran. Se ahorraría esa tortura de camino y luego podía despertar preguntándose dónde estaba. Pensó que así sería para él, pero en su fuero interno temía que quizás no despertara más. Se acordó del día que decidieron marcharse de Arenas de San Pedro, tan solo veinte horas atrás y le pareció una eternidad. Habían pasado tantas cosas...

           

 

            Cuando llegaron al hospital Antonio había sufrido parada cardíaca tres veces y el enfermero tuvo que reanimarle con electroshock. Las tres había vuelto pero cada vez le costaba más. Le llevaron al quirófano inmediatamente y no la dejaron entrar a ella. Tuvo que esperar fuera, en unos bancos incomodísimos, junto a decenas de personas que también esperaban noticias de sus familiares.

            Brigitte seguía con nauseas pero ya no tenía nada que vomitar. Ni siquiera se fijaba en la gente a pesar de que no podía fiarse de nadie. Sabía que había alguien que los quería matar y pensó que nunca estaría a salvo con tantas personas a su alrededor, cualquier de ellos podía ser un asesino. Estaba tan nerviosa que pensó que había visto a los tipos de negro paseándose por los pasillos, pero debían ser imaginaciones suyas por el trauma que estaba soportando.

            La espera se hizo interminable pero si no salían en todo ese tiempo era buena señal. La anestesia se la habrían puesto la primera media hora, el resto debía ser la operación. Ignoraba cuánto tardarían y en todo ese rato de espera pensó que no le había dicho adiós, no se había despedido porque estaba ansiosa de verle despierto para poder mirarle a los ojos de nuevo y prometerle que siempre estaría a su lado.

 

            Tras dos horas y media de operación salió un enfermero diciendo su nombre.

            - Señora Brigitte Keira - sorprendentemente pronunció muy bien su nombre.

            - ¿Cómo está mi marido? - preguntó ilusionada, ya que el enfermero venía riéndose de alguna broma.

            Detrás de él vio que un hombre de bata verde se alejaba, como si hubieran comentado alguna cosa graciosa. El enfermero la miró sonriente y le dijo:

            - Lo siento, hemos hecho lo que hemos podido. Pero no ha respondido a la reanimación.

            - ¿Cómo dice? - preguntó incrédula.

            - Lo siento mucho, señora, me gustaría decirle otra cosa pero el cirujano ha hecho cuanto ha estado en su mano, al parecer su marido sufrió una parada en plena operación y a pesar de los repetidos esfuerzos de mis compañeros... no han podido salvarlo.

            Brigitte se quedó paralizada mirando al infinito. Antonio había muerto... ¿Cómo podía morir? Era su príncipe azul. La había llevado volando en nubes de algodón desde Estados Unidos a su nuevo hogar en Madrid. Habían planeado tener perros e hijos. Tenía que ser una pesadilla, no podía ser, la estaba engañando. Él era indestructible… Había podido correr por aquel prado con las heridas y había conducido, había estado hablando con ella casi todo el viaje, hasta había bromeado… Si hubiera llegado antes al hospital, si no hubiera perdido el tiempo con esas monjas… ¿Cómo iba a asimilar eso? Ni siquiera se había planteado la posibilidad de que no sobreviviera.

            - ¡Noooo! - gritó, empujando al enfermero, haciéndole caer. Atravesó la puerta del quirófano y entró el pasillo donde podían verse las entradas a las salas de operaciones.

            - Señora salga de aquí, está prohibido.

            Varios enfermeros la sacaron mientras ella pataleaba y gritaba que quería ver a su marido, que no podía creer que hubiera muerto. No la dejaron entrar bajo ningún concepto y entre varios guardias la sacaron y la llevaron lejos de la gente.

            - ¡Déjenme entrar a verlo! - gritaba enloquecida -. ¡Tengo que despedirme!

            Uno de los allí presentes se apiadó de su dolor y pidió a los demás que se detuvieran.

            - Dejarla entrar - pidió.

            - Ya deben estar preparándolo para el depósito - replicó otro.

            - Solo es un minuto y ella se quedará más tranquila - ese hombre de la bata verde la entendía y encontrar a un amigo en un momento así la hizo sentir mejor .

            La llevaron al quirófano tres y vio que había un cuerpo sobre la camilla. Un cuerpo cuyo rostro identificó inmediatamente, era él, estaba pálido pero era Antonio. Parecía dormido, tenía todo el pecho cubierto de vendas y el oxígeno y le salían tubos por la boca. Era escalofriante verlo todo parado, las máquinas apagadas. Los enfermeros lo estaban desenchufando todo y Brigitte lo tuvo que aceptar.

            - No puede seguir aquí, señora - le dijo el hombre de bata verde-. Lamento mucho no haber podido hacer más por salvarlo.

            - Terminaron de operarle - dedujo, al ver que tenía todo el pecho cubierto de vendas ensangrentadas.

            - Sí, estábamos terminando cuando su corazón se detuvo. Le hicimos un masaje cardíaco pero no sirvió de gran cosa.

            - ¡No han probado el electroshock! - preguntó, frustrada.

            - Hubiéramos tardado demasiado en quitarle las vendas.

            - ¡Háganlo! - gritó con fuerza-, deben intentarlo.

            - Señora Keira, no va a volver, lleva más de diez minutos muerto.

            - Pero podían haberlo intentado - lloró, descorazonada, dejándose llevar por los enfermeros.

 

            La dejaron con un psicólogo para que la atendiera y tratara de calmarla. Ella no le escuchó, no podía dejar de llorar. Escucharle decir frases vacías y sin sentido como que «no somos nada», «la vida tiene que terminar algún día»las cosas horribles nos hacen más fuertes, todo lo podemos superar, la vida está llena de baches»... le provocaban un oído incontrolable. Ella solo escuchaba lo que se negaba a creer, que el hombre de su vida había muerto justo cuando acababan de empezar a vivir.

            ¿Quién le iba a devolver los treinta o cuarenta años que iban a pasar juntos? Se sentía estafada por el mundo, por haberla robado todo cuanto quería. La rabia quería salir, quería gritar con todas sus fuerzas exigiendo una explicación. Pero no tenía fuerzas para expresarse, al morir él murió una parte muy importante de ella.

            Esa semana era cuando iban a una protectora de animales para ver perritos. Querían adoptar uno... pero esa semana nunca llegaría para él y tampoco para ella. La vida se había detenido con la llegada de su muerte. Sonrió al recordar sus extrañezas, cómo parecía entenderse con Dios y hacía cosas increíbles como ir hasta donde la habían secuestrado sin que nadie supiera cómo averiguó que estaba allí. La había salvado el investigador que hablaba con las paredes, así le había llamado ella una vez, el chico más loco y más raro que había conocido en su vida y al que nunca encontraría sustituto. Se preguntó por qué la voz de su cabeza no había hecho algo por salvarlo y no tener respuesta para ninguna de sus dudas era como sal que enardecía el dolor de sus heridas.

            « No podré vivir sin ti »- pensó, totalmente derrumbada.

 

            En otra sala, una enfermera tenía los papeles de defunción en la mano y estaba consultando en el ordenador el historial médico de Antonio Jurado para registrar su fallecimiento en el sistema. Cuando la búsqueda terminó se quedó con la boca abierta.

            - ¡Doctor! - exclamó, señalando la pantalla -. Antonio Jurado lleva muerto más de diez años.

 

 

 

FIN

 

Comentarios: 10
  • #10

    Vanessa (martes, 09 agosto 2011 21:29)

    estoy de acuerdo con carla tendremos k aceptarlo asi aunke no es lo k todos keramos :(

  • #9

    Carla (martes, 09 agosto 2011 05:13)

    Buenoooooop me quede un poco confundida. Pero Ok! Si asi termina tendremos que aceptarlo.

  • #8

    Mike (lunes, 08 agosto 2011 17:42)

    me quedé sin palabras....
    que final tan extraño

  • #7

    luis (lunes, 08 agosto 2011 00:33)

    bueno tony ya ha aclarado que no volvera antonio en deja tu huella, tendremos que acostumbrearnos, como digo no me gusto nada ese hueco que dejo sobre la ''vision del futuro no cumplida'' aun que dice que no era una vision del futuro :( bueno, pero hablamdo de lo bueno, si me gusto el final mas que los otros no me lo esperaba :) pence que en cualquier momento reviviria y se irian felices como siempre pero no, ;)

  • #6

    yenny (lunes, 08 agosto 2011 00:19)

    Si recordaba lo que dijo Luis por eso creo que no va a quedar así pero la vas a tener mas dificil para reaparecerlo, personalmente no me conformare con que esta en el cielo habla con Dios y vuelve si va a volver tiene que ser algo que este muy lejos de nuestra imagianación.

  • #5

    Carla (domingo, 07 agosto 2011 21:12)

    Obviamente la historia de Antonio no termina aqui, digo, Luis tiene razon! Aunque la historia estuvo muy buena. Me gusto.

  • #4

    Tony (domingo, 07 agosto 2011 20:15)

    Veo que no se os puede engañar :-D

  • #3

    Luis (domingo, 07 agosto 2011 20:06)

    pero hay algo que no concuerda, veronica cuando se lo lleva al cielo, le hace tener una vision a antonio diciendole que aun le falta mucho por vivir y tiene una vision de el con un niño o niña y brigitte :S

  • #2

    yenny (domingo, 07 agosto 2011 17:07)

    No puede quedar así,casi lloro con la muerte de Antonio y quedadon muchas cosas sueltas espero que tenga continuación o en El angel de la muerte se resuelvan.
    Por favor revive a Antonio.

  • #1

    tonyjfc (domingo, 07 agosto 2011 09:46)

    Si quieres decir qué te pareció la historia es el momento de hacerlo. Desahógate a gusto y di lo que piensas.

Animal es el que abandona a su mascota.

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