La profecía del fantasma

2ª parte

         - ¿Lo has escuchado? ¿Lo has visto como yo? -fue capaz de decir Joel, con la voz temblorosa.

            - Claro... Ha dicho que te queda una semana... ¿Era un fantasma? No sabía que había muerto tu tío.

            - Yo tampoco pero últimamente no hablo mucho con mis padres, que son los que me informan de estas cosas.

            - ¿Una semana? -repitió Diana-. ¿Se refería a que moriremos los dos o sólo tú?

            - Me miró a mí, pero ¿es que te lo crees?

            - Coño, que tu tío se esfumado del asiento de atrás, ¿cómo no voy a creerlo? -protestó ella a voz en grito.

            - Joder, tienes razón... Deberíamos volver a la boda y preguntar por él... A lo mejor no está muerto y todo esto ha sido una alucinación.

            Diana asintió impaciente.

            Arrancaron el coche sin llegar a salir de él. Con aquel susto se les había quitado el hambre de golpe y ninguno de los dos volvió a pensar más en su estómago.

           

 

            Una vez de regreso encontraron a todos brindando por los novios. Al estar en pie, les vieron entrar y se los quedaron mirando como si los fantasmas fueran ellos. La madre de Joel salió precipitadamente del asiento que estaba junto a su hijo, en la mesa central y pidió a todos que continuaran con el brindis que tenía que ir al baño. Ninguno la creyó pero la hicieron caso y continuaron brindando mientras llegaba hasta ellos dos con la sonrisa más forzada que podía mostrar ante los demás invitados.

            - ¿Por qué habéis vuelto? Hemos dicho que estabais indispuestos.

            - Pues ya ves que no, mamá -respondió Joel sin hablar por lo bajo como hacía su madre-. De todos modos no te alteres, que solo venimos a preguntar por el tío Basilio. ¿Ha venido a la boda?

            - ¿Encima de descarado eres tonto? El tío murió hace una semana. ¿No recuerdas que te llamé?

            - ¿Me llamaste? -preguntó Joel, sorprendido.

            - ¿Te llamó? -inquirió Diana, enojada-. Tienes una cabeza...

            - Ahora que lo dices... El caso es que me suena... Dios, ¿cómo pude olvidar una cosa así?

            - ¿Por qué vuelves para preguntar por él? ¿No has hecho ya el ridículo lo bastante? -le regañó su madre.

            Joel se puso colorado como un tomate. No estaba conteniendo el tono de su voz y una vez pasado del brindis ninguna conversación era más voluminosa que la suya.

            - Lo hemos visto hace media hora -reveló, nervioso, ignorando la reprimenda-. ¿Verdad Diana?

            - Sí, estaba fuera del restaurante porque nadie le había invitado. Le dijimos que le invitaríamos nosotros y nos fuimos a otro sitio pero cuando llegamos nos confesó que le quedaba a Joel una semana de vida -Diana miró a su novio.

            - Y desapareció de repente. No sabíamos que estaba muerto -completó Joel.

            El silencio del restaurante fue sepulcral. Ninguno de los presentes rió y cientos de ojos estaban clavados en ellos. Entonces se puso en pie su hermano, en el centro de la mesa de los novios y se acercó con gesto muy enojado. En el tiempo que tardó en llegar hasta ellos algunos comenzaron a hablar entre susurros y otros comentaron cosas que hizo gracia a los que les rodeaban.

            - Muy bonito -farfullaba-. Estarás contento, ya eres el centro de atención, tenías que hacerlo, ¿verdad?

            - ¿De qué hablas? -se defendió Joel.

            - ¿Por qué siempre tienes que fastidiarnos todo? ¿Es que no te das cuenta del ridículo que estás haciendo? ¿Acaso quieres que llamemos al manicomio y que te encierren de por vida?

            Aquellas palabras causaron comentarios de rechazo. Elena, al ver que los invitados se ponían en contra de su esposo, comenzó a llorar y se retiró corriendo al baño.

            - El único que hace el ridículo eres tú solito, hermano -replicó Joel, enfadado por la actitud egoísta de Eduardo.

            - Sal de aquí y no vuelvas. Ojala se cumpla lo que ha dicho el tío Basilio y te mueras y nos dejes en paz desde ahora y para siempre.

            Aunque murmuraba de modo que solo Joel y Diana lo escucharan, su gesto de odio era tal que ninguno de los dos respondió a esas palabras tan envenenadas.

            - Tampoco hay que dramatizar -sonrió su madre-. Vamos, chicos, no es para tanto.

            Eduardo la miró con el mismo odio pero sin decir nada.

            - Ya nos vamos -sugirió Joel, sin voz, profundamente dolido por las palabras de su hermano.

 

 

 

 

            En todo el trayecto a casa Joel sentía que su corazón estaba envuelto en una mezcla de sentimientos a los que no sabía dar nombre. Podía ser ira, frustración, decepción, dolor... O todo junto y mezclado en un cóctel que amenazaba con detener su latido por tener dentro tanto veneno y odio por parte de una de las personas que había sido más importante para él hasta los últimos años. Ni siquiera recordaba cómo llegaron a eso. Quizás porque llevaban mucho tiempo sin hablar y todas las noticias que tenían el uno del otro eran las que su madre les contaba indirectamente.

            - Vamos -intentó animar Diana-. Es una buena noticia. Oficialmente te has muerto para él, ya no tenemos que volver a aguantarlos nunca más.

            - Es fácil decirlo -replicó Joel, con la voz entrecortada-. Tú no le conocías, sólo es un extraño. Ha sido desde que empezó con esa chica que no hace más que meterle veneno en la cabeza, antes hasta jugábamos al tenis. Nunca pensé que me diría algo así.

            - Bueno, les hemos jodido su boda... No es que lo lamente -sonrió Diana-, pero la verdad es que yo también me habría enfadado.

            - ¿No nos han creído? -seguía lamentándose Joel-. ¿Cómo voy a inventarme una cosa así?

            - En el mundo de Elena somos tan pérfidos y malvados que nos inventaríamos cualquier cosa para fastidiar su matrimonio.

            - Que no sea de mi agrado no significa que vaya a llegar a esos extremos -se defendió el chico.

            - No digo que sea así, es lo que ella piensa y por su puesto, también tu hermano.

            - Ya, tienes razón.

            Diana no quiso decir nada más. Era cierto que no lo entendía, para ella era un buen día porque se terminaban las insoportables reuniones familiares. Pero Joel lo estaba pasando mal y decidió que era mejor que lo asimilase él solo, en silencio.

 

 

            Llegando a casa sonó el teléfono móvil de Joel y lo cogió Diana.

            - ¿Sí? Ah, hola -tapó el auricular y le dijo que era su madre -. Ahora está conduciendo, luego le llama cuando pueda.

            Se interrumpió y sonó la fuerte voz hablando por el teléfono.

            - No creo que tengamos que hacerlo, no nos dijo nada para ellos.

            Otra vez la voz de su madre con el tono típico de reproche.

            - Bueno ya veremos, chao.

            Y colgó.

            - Ahg, no soporto que me digan lo que tengo que hacer.

            - ¿Qué dice?

            - Que vayamos a ver a tu tía, la mujer de Basilio. Que le gustará saber lo que nos ha pasado, no te creas que no noté su tono de "si es que lo habéis visto de verdad".

            - Quizás tenga sentido -replicó Joel-. Al fin y al cabo, somos los únicos testigos de que Basilio debe estar en alguna parte vivo, no es como si se hubiera muerto y fuera un cadáver putrefacto, tenemos la certeza de que vive y quizás esté en el cielo. Deben estar destrozados si murió hace una semana.

            - No puedes hablar en serio. Olvídate del tema, ha debido ser una alucinación.

 

Comentarios: 6
  • #6

    lulu69 (lunes, 30 julio 2012 15:22)

    ¿Cómo se puede votar?, estoy intentando y no encuentro ningún sitio para hacerlo

  • #5

    carla (viernes, 20 julio 2012 21:25)

    ya voteeeeeeeeeeeee!!!!!! Quiero la continuacion :)

  • #4

    Lyubasha (miércoles, 18 julio 2012 12:30)

    Ya he votado, qué pena que solo se pueda elegir una opción :'(

  • #3

    Jaime (martes, 17 julio 2012 22:14)

    Buena historia. Solamente puedo pensar en tres posibles continuaciones:

    1.- Deciden hacer caso omiso al consejo de la madre de Joel y Joel muere dentro de una semana.
    2.- Al día siguiente deciden visitar (o en su caso hablar por teléfono) a la esposa de Basilio, quien les cuenta un terrible secreto sobre su muerte.
    3.- Contactan a Antonio Jurado para que les auxilie en este asunto paranormal.

  • #2

    Lyubasha (martes, 17 julio 2012 17:31)

    La historia está cada vez más interesante. Ya he enviado mi continuación, a ver si se anima alguien más :)

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 17 julio 2012 09:29)

    Esta vez no habrá continuación si no la aportáis vosotros. Os recuerdo que esta historia es vuestra y tenéis que mandarme a mi email (tonyjfc@yahoo.es) vuestras sugerencias.

    Los participantes de la encuesta anterior fueron Lyubasha y Naruto. A ver si esta vez sois más los que os atrevéis a dar un giro inesperado a la historia o los que apostéis por el siguiente capítulo obvio.

Animal es el que abandona a su mascota.

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