La sombra de Verónica

14ª parte

            Dejó a Rebeca en su casa. Ésta se había asustado tanto por lo que pasó que no dijo casi nada en todo el viaje. Se despidió con un tímido gracias y luego él volvió a su casa tratando de poner sus ideas en orden. Llegó y aparcó en su amplio garaje mientras escuchaba los ladridos de Thai al otro lado de la puerta. Cuando salió se la encontró tan feliz de verle que más que mover el rabito, movía toda su pequeña espalda negra de modo que su cola bailaba graciosamente de un lado a otro.

            - Oh, Thai, ¿me has extrañado?

            Los ojitos de la perra se entrecerraron por la emoción de verlo. Hasta parecía que lloraba de alegría.

            - ¿Alguna novedad? ¿Has cazado muchas moscas? -preguntó, consciente de que no iba a recibir respuestas.

            La dejó en el suelo y fue a la sala del ordenador a escribir todo lo que había pasado para no olvidarse de nada.

            - Esto se tiene que acabar, tengo que aclararlo de una vez con Verónica... ¿Pero cómo?, no puedo llamarla. Esa que viene no es ella.

            Fue al baño, seguido de cerca por la perrita y mientras vaciaba su vejiga la vio tumbada en el suelo, junto a él. La acarició detrás de las orejas pensando cómo comunicarse con SU Verónica, no la enviada por esa bruja.

            - No puedo invocarla en los espejos, la ouija solo se comunica con el infierno... Tengo que llegar al cielo... Vamos Verónica di algo, demuéstrame que no me has abandonado.

            En ese momento recordó lo que tuvo que hacer para llegar a Isis, en Lourdes. Tuvo que permanecer en oración continua durante dos días, realizó sacrificios como subir rezando una escalera de piedra, arrodillado, dejándose la piel de las rodillas en carne viva. Tuvo que vaciar su mente, hasta que ella llegó a él. Allí aprendió que para invocar a los santos hay que ser paciente y mostrarse humilde. Si quería que Verónica acudiera a él, la que conocía y respetaba, la que le había salvado en más de una ocasión, tenía que hacer lo mismo. Solo debía vaciar su mente y visualizarla sin pronunciar su nombre. Si ella quería acudir, lo haría y sino, ya podía ir a buscarla a un programa de televisión o a la Luna, que nunca la encontraría.

            Cuando iba a vaciar su mente, se dio cuenta de que estaba en el cuarto de baño y que no era un lugar muy adecuado para que le viera allí. Se dirigió a la cama y sintió que Thai se subía tras él, acurrucándose a sus pies. Siempre le seguía a todas partes, salvo cuando llevaba un rato a su lado y él no la hacía caso. Entonces bajaba al salón del piso de abajo y se metía en su casa (que no era otra cosa que bajo la mesita del teléfono, lugar donde le habían puesto un cojín negro para que estuviera más cómoda).

            Abrió los ojos un momento y vio la silueta de una mujer reflejada en uno de los espejos de su cuarto. Al mirar de frente no vio nada y eso le asustó.

            Thai saltó de la cama y comenzó a ladrar, corriendo como una loca escaleras abajo. Aquella reacción le hizo saltar y su corazón se aceleró.

            - ¿Hay alguien? Oh, Thai, veo que eres la única que se alegra de que haya llegado -escuchó la voz de Brigitte subiendo por las escaleras del garaje.

            - ¿Cómo lo hará? -se preguntó sobre la perra, que podía escuchar abrirse la puerta de abajo aunque estuviera durmiendo dos plantas más arriba.

            Bajó a recibir a su mujer y mientras reclamaba su beso de bienvenida él se preguntó si debía contarle lo que había pasado aquella mañana.

            - ¿Qué has estado haciendo? -le consultó -. Seguro que jugando a la consola.

            - He salido -explicó él-. Fui a ver a la bruja.

            - ¿Has vuelto a ver a Rebeca? -preguntó ella, adivinando que se había callado esa parte de forma descarada.

            - Sí -contestó él, encogiéndose de hombros.

            - Le dije que no volviera a acercarse a ti y tu ¿vas y quedas con ella a mis espaldas?

            - Tenía que darme un mensaje de Verónica -replicó él.

            - ¿Ah sí? -preguntó, casi sin interés.

            - Sí, le dijo que tenía que matar a la bruja.

            Brigitte le miró a los ojos asustada.

            - Dime que no has hecho ninguna tontería. Me encanta la casa, no se te ocurra hacer algo que arruine esta vida.

            - No lo hice... -admitió él-. Pero ¿a que no sabes qué?

            - ¿Qué?

            - Esa zorra fue la que envió a Verónica a atormentarme para que le pague la módica cifra de cincuenta mil euros y que me libre de ella. Esto es de locos, no sabía que hubiera brujas mafiosas.

            - Me tomas el pelo.

            - Por eso Verónica me pedía que la matara, para que la liberase de su esclavitud.

            Brigitte negaba con la cabeza como si le costara creer lo que oía.

            - Creo que hasta Rebeca está metida en el ajo -añadió Antonio.

            - ¿En serio? -su mujer soltó una carcajada de impotencia-. Claro, te llama ella para un caso, te mete en su maldición, te lleva a la bruja que te pide dinero con el fin de que aparte de ti el fantasma que ella misma te ha echado encima... ¿No es obvio? Está claro que es la peor de todas. Tienes que pensar más antes de actuar.

            Le cogió por las mejillas y le dedicó una mirada suplicante previamente a besarlo.

            - Lo sé -admitió él, compungido.

            Se besaron en los labios y luego se quedaron abrazados.

            - No creo que debas seguir investigando esas cosas. Intenta trabajar en lo que más te guste y que no sea eso.

            - ¿Escribir? -preguntó él.

            - No, nadie querrá publicar un libro tuyo. Ni siquiera tú estás dispuesto a invertir dinero en una edición, así que otros menos.

            - Pero puedo ayudar a la gente investigando casos.

            - Admítelo -pidió Brigitte-. Siempre que te metes en uno, terminas haciendo algo de lo que te arrepientes. Además la policía puede tenderte una trampa y como te pillen se acabó.

            - Tienes razón, es hora de que cuelgue los.. El sombrero.

            - ¿Qué? -inquirió ella, extrañada.

            - Es una forma de hablar, como un boxeador que cuelga los guantes cuando se retira.

            - Ah -comprendió ella riéndose-. Creo que nunca me acostumbraré a las frases hechas españolas. Son tan ridículas...

            Se abrazaron riéndose y suspiraron a la vez sintiendo el calor de sus cuerpos mientras Thai comenzaba a llorar porque no le hacían caso.

 

 

            Después de un rato cenaron e hicieron algo de zapping hasta encontrar un canal donde echaban el programa de Íker Jiménez. Antonio lo dejó ahí, para desagrado de Brigitte que, aburrida comenzó a hacer burla de lo mucho que se enrollaba el presentador antes de dar a conocer las historias. En ese momento hablaban de un doctor español llamado Fernando Asuero, de los años treinta, que usaba un alambre con punta redondeada para meterlo en la nariz de sus pacientes y tocar un nervio en lo más profundo de las fosas nasales. Según el anciano que contaba lo que hacía su abuelo, curaba dolencias de cualquier tipo de enfermedad. La gente iba en silla de ruedas y volvían a su casa andando. Llevaban muletas y todo el mundo las dejaba. Se le consideró un santo, acudían en masa a recibir tratamiento y hasta fue a Argentina, donde le despidieron como al Mesías. Él explicaba que no había nada de milagroso en lo que hacía, más bien reclamaba a la ciencia que pusiera medios para investigar por qué curaba a la gente. Pero como no era médico, sino enfermero, ningún profesional le tomó en serio. Excepto uno, Don Ramón y Cajal, que acudió a su clínica para que le hiciera el tratamiento ya que tenía una dolencia de la que salió curado. Aun así no abogó por él con demasiado entusiasmo entre sus colegas ya que era muy orgulloso.

            Brigitte empezaba a dormirse cuando cambiaron de tema.

            - Ahora voy a contarles una historia que me dejó la carne de gallina. Ocurrió en un pueblo lleno de magia y misterios llamado "Las Hurdes" y cuando fui a investigar ni siquiera sabía lo que allí descubriría -comenzó a relatar el presentador con música misteriosa y ambiente oscurecido-. Un viejo pastor, el último superviviente de los tres que presenciaron el suceso me narró lo sucedido y tuve el gran honor de escuchar su historia de primera mano. Me dijo: "Mire buen caballero, le voy a contar un relato por el que nunca he vuelto a pisar el bosque, porque está lleno de Espantos y una noche, yo y dos compañeros pernoctamos allí y fuimos testigos de algo que no olvidaré jamás."

            Antonio no quitaba ojo de la televisión y Brigitte se lo quedó mirando con evidente aburrimiento.

            - Son las once y media. Mañana tengo que trabajar, ¿qué te parece si sacamos a esta bola de pelos y luego nos vamos a la cama?

            Él la miró frunciendo el ceño.

            - Por favor, ¿podemos ver esto hasta que este pesado diga qué demonios vio ese viejo en ese pueblo? Mira que se enrolla, menuda parrafada y todavía no sé de qué habla.

            - Está bien -suspiró ella.

            Atendieron a Íker unos minutos más.

            - Y sucedió que mientras dormíamos a la moribunda luz de una fogata, que se escuchó una algazara extraña." No entendí lo que quería decir con esa palabra, en ese pueblo se emplea para describir sonidos chirriantes y ensordecedores y supongo que quería decir que se escuchó esto.

            La televisión comenzó a emitir un sonido semejante a tenedores rascando sobre metal en un escalofriante chirrido. Salió un video en el que tres viejos se tapaban los oídos, aterrados y se cubrían las cabezas con mantas.

            - Entonces vieron algo que les dejó atónitos y que marcó sus vidas para siempre. Por el camino iba un ser que parecía humano, caminando de forma extraña con dos patas. Era una igual que un hombre con sus dos brazos, sus dos piernas, su pecho, todo blanco, y solo una cosa le hacía parecer inhumano. No tenía cabeza. Caminaba con las palmas hacia arriba y como si bailara al ritmo de los sonidos estridentes.

            - ¡Por favor! -protestó Antonio-. Creí que iba a contar algo interesante. Qué tontería más grande.

            Apagó la televisión disgustado, para alegría de su mujer.

 

 

            Mientras paseaban por la carretera oscura a que la perrita hiciera sus necesidades, Brigitte sacó a conversación el tema del misterio de Las Hurdes.

            - ¿Sabes qué creo? -explicó-. Que ese tío era Will Smith, vestido de blanco y escuchando música con cascos. Como era de noche y él es negro, no se le veía la cabeza.

            - Ja, ja, ja -rió Antonio-. Claro, seguro que fue eso. Iba escuchando Mili Banili y los viejos creían que era ruido infernal.

            - Sí y bailaba como ellos por el bosque, moviendo los brazos así -Brigitte bailó igual que suponía que lo haría el dúo musical, con las palmas hacia arriba y los pies abiertos mientras caminaba.        

            Antonio tarareó la canción que recordaba de ellos, "Blame It On The Rain", y ella siguió el ritmo mientras caminaba haciendo de "Espanto" de Íker Jimenez.

            - Que bueno -se rió él-, me parto con esta gente de pueblo... Qué digo, ahora también nosotros lo somos. Vamos a terminar viendo a Michael Jackson bailando por los caminos oscuros en plena Luna llena.

            Ambos rompieron en fuertes carcajadas. Hicieron tanto ruido que hasta la perrita comenzó a ladrar para acompañar su fiesta.

           

           

            Cuando regresaron a casa se metieron en la cama y durmieron con la perrita subida a sus pies, entre ellos dos.

           

 

            Antonio despertó durante la noche asfixiado. Comenzó a toser por tener la garganta seca y cogió la botella de agua que tenía junto a su cama y bebió con avidez. No se escuchaba ni un ruido, sólo veía la tenue luz del enchufe que había tras la cómoda y que daba al mueble aspecto de estar sumergido en magma. Justo arriba tenían los espejos que ocupaban toda la pared y echó una ojeada a ellos. Con tal oscuridad no vió nada, pero se sentía observado desde allí y no supo si levantarse para ver mejor.

            Apenas un segundo más tarde decidió que no había nada y que nadie le estaba mirando, de modo que volvió a tumbarse de lado y trató de dormir un poco más.

            - ¿Qué ha sido eso? -preguntó Brigitte.

            - ¿El qué?

            - He escuchado que se cerraba una puerta abajo. ¿Puedes ir a ver qué es?

            - Yo no he oído nada -replicó Antonio.

            - ¿Por qué no vas a ver? -insistió ella.

            - Claro, se me quitará el sueño y si han entrado mejor que se lo lleven todo y no me encuentren en su camino.

            - Qué suerte tengo que mi marido me protege -se resignó ella.

            Y no bajó, estaba tan seguro de que no habría nada que se durmió en cuanto apoyó la cabeza en la almohada.

Comentarios: 5
  • #5

    carla (miércoles, 05 septiembre 2012 04:07)

    MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS!!!! *-*

  • #4

    yenny (miércoles, 05 septiembre 2012 00:32)

    Es cierto no todo puede ser accion y terror tiene que desarrollarse la historia y ver las cosas cotidianas, cierto fue gracioso pero espero que en la proxima parte se hable mas de Veronica.
    Pd.: Quiero saber el misterio de los gnomos :)

  • #3

    Lyubasha (martes, 04 septiembre 2012 12:17)

    La verdad es que este capítulo no fue tan interesante como los anteriores, pero no todo va a ser acción. Me hizo mucha gracia la parodia del programa de Iker Jiménez xD xD

  • #2

    Jaime (lunes, 03 septiembre 2012 23:47)

    Ni hablar, que esta parte no fue mucho de mi agrado. Espero que la siguiente parte sea más interesante.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 03 septiembre 2012 18:50)

    No os perdáis el próximo programa, hablaremos del misterio de los gnomos...

    En serio, hay partes donde pasan cosas y partes donde no pasa nada. Si esta es donde no pasa nada, imaginar las continuaciónes y no perdáis el hilo, esta historia todavía tiene mucho que contar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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