La sombra de Verónica

15ª parte

            Cuando Antonio despertó, Brigitte ya no estaba a su lado. Miró el teléfono móvil y encontró un mensaje de texto diciéndole que había llegado bien al trabajo. Bostezó sonoramente y Thai saltó a la cama en cuanto supo que se despertó. Le lamió los pies y luego fue a lamerle la cara, pletórica de felicidad y moviendo la cola con frenesí a ambos lados.

            — Vamos coleóptera, voy a darte de comer antes de que salgas volando.

            Le preparó al microondas arroz con pollo como solían darle de comer y el animalito recibió su plato con gran entusiasmo devorando su contenido en cuestión de segundos.

            Se preparó un vaso de café con leche y comió un trozo de bollo con unas galletas mientras veía las noticias como un zombi. No escuchó nada de lo que decían en la televisión ya que las palabras crisis y prima de riesgo sonaban en el cincuenta por ciento de las frases que pronunciaban los periodistas.

            — ¿Cuál es el plan de hoy? —se preguntó.

            Asintió al recordar sus obligaciones. Tenía que sacar de paseo a Thai, limpiar la cocina, barrer la casa, fregar el pis que la perra había dejado junto a su plato de comida, como era su costumbre... Después escribiría lo que le pasó el día anterior y en ese momento recordó que estaba bajo amenaza de la Sombra de Verónica. Se preguntó qué podía hacer y cuando decidió que no tenía nada planeado se olvidó del tema.

            Sacó su móvil y consultó su correo. Leyó varios emails, uno de ellos de un tal Fortea. Se lo mandó Rebeca, como respuesta a su petición de ayuda y, para que él lo leyera, se lo había reenviado.

 

 

            Estimada amiga,

            Soy un asistente del padre Fortea, debido a su enorme carga de trabajo no le es posible responder a todos los que solicitan su ayuda. En relación al tema sobre el que tenía dudas le comento que no se puede exorcizar lugares ya que el Diablo es atraído por la vida desordenada de algunas personas. Exorcizar es darle órdenes en nombre de Jesús con el fin de expulsar a uno o más demonios del cuerpo de una persona. Para alejar el mal solo hay un modo de conseguirlo y es orar, ayunar, asistir a la eucaristía, confesarse y comulgar. El Diablo huye cuando alguien hace eso y es el único remedio eficaz para expulsarlo de su vida. La brujería más bien atrae al mal ya que usa herramientas demoníacas que, supuestamente, lucharían contra el mal. Acudir a una bruja solo puede agravar su situación de modo que le recomiendo que no lo haga. Aunque dada la oscura época en la que vivimos mucha gente tiende a acudir más a la brujería que a Dios, por lo que el mal prolifera a sus anchas sin que nadie lo detenga.

            Le recomiendo que vaya a su archidiócesis y pida ser entrevistado con el sacerdote exorcista y si no hay ninguno nombrado que le digan donde puede acudir. Ir a brujos para resolver un asunto que viene del mal, aumenta el problema, y se peca contra Dios por no confiar en Él. Pero comprendo que hay mucha ignorancia y la urgencia del problema. Que confiese sus pecados (esto rompe las ataduras con el demonio) que tome frecuentemente la eucaristía, aceptando a Cristo, esto, al mal le quema, que sea un buen cristiano, lea la Biblia al menos 5 minutos al día, y que ore cada día, si puede ser el rosario, el Demonio sufrirá mucho y tendrá que marcharse, pero que no deje su vida cristiana.

 

            Saludos cordiales

 

           

 

            — ¿Comulgar? ¿Confesarme? ¿Ir a misa? —repitió Antonio, frunciendo el ceño—. ¿Tiene una enorme carga de trabajo? ¿Tantos demonios hay que expulsar? Vaya, bueno... Al menos ha contestado.

            Aunque no lo pensó ni lo dijo, se negó en redondo a hacer todo eso ya que llevaba años sin pisar una iglesia. Brigitte era cristiana evangélica y ni siquiera creía en los sacerdotes católicos por lo que ella iba a aceptar aún menos esa solución. Aunque se quedó con la parte de "orar todos los días" ya que él no era ateo, en absoluto. Era creyente, creía en Dios, en Jesús, aunque no en los intermediarios. Podría leer la Biblia y meditar sobre ello. Pero en ese momento no, tenía muchas cosas que hacer.

            Siguió leyendo otros emails y casi todos eran correos basura. Sólo uno le llamó la atención, Yenny, una de sus lectoras más asiduas en la página web se había puesto mala y se disculpaba por no haber comentado más sus últimas historias.

            — Vaya, pobrecilla, ¿qué le habrá pasado?      

            Contestó a su comentario y le dedicó las siguientes historias que escribiría. Prometió escribir más de continuo para que tuviera más con lo que entretenerse. Motivado por la enfermedad de su "fan" y queriendo ofrecerle historias cada vez más interesantes escribió sus últimas experiencias y se le fue la mañana haciéndolo. Al revisar sus escritos se dio cuenta de que no había contado nada interesante. Pero bueno, las historias sobrenaturales no podían ocurrir todos los días así que sus lectores debían comprenderlo. Cuando quiso darse cuenta eran las dos y ni siquiera sabía qué haría de comer. Era el mes de agosto y Brigitte le dijo que saldría a las tres, de modo que tenía solamente hora y media. ¿Pero qué haría? Cuando comía solo se preparaba un kilo de arroz cocido en la olla arrocera y añadía huevos fritos, pollo, calamares en su tinta, atún o pescado, algo que se hacía muy rápido y le gustaba.

            Preparó alitas de pollo con salsa de tomate y pasta. Era uno de sus platos favoritos y de los pocos que siempre le salían para chuparse los dedos. También era de los únicos que tenía en el repertorio y la nevera tampoco aportaba muchas más cosas. A parte de pollo había calabacín relleno que llevaban comiendo dos días seguidos y arroz del perro. En realidad era comida para todos ya que a veces lo usaba de guarnición.

            Cuando terminó de cocinar miró el reloj y vio que eran las tres y diez. Faltaban veinte minutos para la llegada de Brii, de modo que se fue arriba a pasar el rato jugando a la consola. Al encenderla escuchó un portazo en la planta de abajo. Buscó a Thai, preocupado porque una ráfaga de aire la hubiera pillado con alguna puerta y la vio tumbada a su lado. Al ver que la miraba movió graciosamente la cola.

            — Espero que no se haya roto nada —le dijo.

            Bajó las escaleras y no encontró ninguna puerta cerrada. La de la terraza seguía abierta, la de la cocina y el salón también. Incluso la del aseo, que no tenía ventana. Solo podía haber sido una, la del garaje. Pero ahí abajo nunca había corriente.

            Encendió la luz de las escaleras y la bombilla titiló unos instantes justo antes de fundirse.

            — Mierda, qué oportuna —protestó recordando que las bombillas de repuesto también estaban abajo.

            Descendió apresuradamente deseando abrir la puerta para que al menos entrara en el pasillo la luz que había en el garaje.

            Cuando llegó abajo sintió frío. Se llevó una sorpresa al no conseguir mover la puerta. Renegó fastidiado porque no recordaba haber echado la llave. Seguramente lo hizo Brigitte cuando salió a trabajar o no, o simplemente se había atascado. No quería permanecer en esa tumba sin luz ni un segundo más de modo que se dio la vuelta, en busca de las llaves. Sin embargo lo que vio le dejó paralizado. En lo más alto de las escaleras, donde comenzaba a haber luz, había una mujer a la que no podía ver la cara. Su pelo negro se movía con un aire que él no sentía y su inmovilidad le provocó tal estado de pánico que no fue capaz de moverse ni gritar.

            En un pestañeo la terrorífica figura estaba justo frente a él. Le agarró por el brazo con fuerza en un contacto tan frío que le paralizó por completo. Tiró de él como si no pesara nada elevándolo sobre las escaleras y cuando estaba sostenido a dos metros de altura, la figura fantasmal se desvaneció y notó que la gravedad reclamaba su peso. Cayó arañando las paredes, tratando de sostenerse con algo, pero no fue capaz de frenar la caida a las escaleras de piedra. El batacazo que se dio con los escalones fue terrible. Cayó de espaldas y sintió que sus costillas, sus piernas y su cadera recibían el primer golpetazo. Notó que sus huesos se partían justo antes de que su cabeza se golpeara contra la esquina de un escalón.

 

 

 

 

 

            Cuando llegó Brigitte olió el delicioso aroma de la pasta recién hecha y la salsa de tomate con pisto y pollo.

            — ¡Uy qué rico! —le dijo a Thai, que ladraba nerviosamente a su llegada.

            — Que buen recibimiento —se alegró, acariciando su espalda peluda.

            Sin embargo Thai corrió hacia la escalera del sótano y ladró compulsivamente como si allí hubiera alguien.

            — ¿Qué pasa? Me estás asustando.

            Se asomó y vio la luz apagada. Era una oscuridad antinatural.

            Le dio al interruptor pero no se encendió la bombilla.

            — ¿Hay alguien ahí? —preguntó, con voz temblorosa—. ¿Tony?

            Al no responder nadie y entender que debía ser él a quién ladraba Thai tuvo un deja vú. Por un momento le vino a la cabeza un recuerdo terrible en el que ella lloraba junto al cuerpo sin vida de Antonio... Después comprendió que era un recuerdo muy reciente de cuando le dispararon y los médicos le comunicaron que había muerto.

            — Dios mío, no me dejes sin él... No podría soportarlo... No me hagas esto.

            Sacó su teléfono móvil para conseguir luz y descendió lentamente las escaleras. Descubrió las piernas de Antonio justo donde apenas llegaba luz.

            — ¿Tony? —preguntó angustiada—. ¿Estás bien?

            No hubo el menor movimiento por su parte. Se acercó a él doblando la esquina y le vió completamente inmóvil sobre las escaleras. No se veía sangre pero la postura de su rodilla derecha indicaba que tenía esa pierna rota. No quería ni pensar en el resto de su cuerpo.

            — ¿Cómo demonios te has podido caer de espaldas? —se preguntó entre fastidiada por lo torpe que era su marido y desesperada por saber si aún respiraba.

            Se agachó junto a su cuello, esquivando su extenso cuerpo con dificultades y le tocó la arteria yugular. No sintió nada y lo que más la angustió fue que su piel estaba fría, por debajo de los veinte grados.

            — Dios, esto no puede estar pasando...

            Mientras marcaba el 112 de emergencias sus ojos se encharcaron en lágrimas y su garganta se colapsó por el llanto contenido. Cuando le contestaron apenas fue capaz de hablar.

            — Emergencias, ¿en qué puedo ayudarle?

            — Mi esposo está... Se ha caído por las escaleras. Ha perdido el sentido, por favor, necesito ayuda.

            — Dígame su dirección.

            Brigitte tardó un par de segundos en recordar la nueva ya que con la mudanza reciente no estaba acostumbrada a darla. Mientras hablaba le puso la mano en la frente a Antonio y volvió a sentir la frialdad de la muerte en su piel.

            — Dense prisa, no sé cuánto tiempo lleva inconsciente...

            — En veinte minutos llegará una ambulancia.

            — ¿Qué puedo hacer para ayudarlo? No me atrevo a tocarlo.

            — No le toque, déjelo como esté. ¿Se ha golpeado la cabeza?

            — Creo que sí.

            — No haga nada, ¿me ha entendido?

            — ¿Le puedo tapar con una manta? Está... — iba a decir que le había tocado y sintió su piel fría pero se interrumpió al comprender que si sospechaban que estaba muerto no vendría la unidad de UCI móvil y no tratarían de resucitarlo con electrochoque—. Esta mal...

            — Claro tápelo, pero no le toque, llegarán en un momento.

            Se cortó la llamada y Brigitte comenzó a entender que esta vez no había nada que hacer. Allí tenía su cuerpo y no respiraba ni sentía pulso y parecía muy frío. No quería admitir la evidencia. Aunque llegara la ambulancia en ese momento tendrían dificultades en devolverle el pulso pero si debía esperar veinte minutos no había absolutamente ninguna esperanza. Le asaltaron ideas por la cabeza que enseguida desechó, como tratar de meterlo en el coche y llevarlo ella a emergencias pero no podría moverlo sin hacerle más daño ya que tendría que arrastrarlo por las escaleras y se trataba de una masa de unos cien kilos. Ella apenas podía mover un saco de patatas de veinte. Le llovieron recuerdos de los dos juntos, olió la comida que con tanto cariño le tenía preparada y deseó despertar de esa pesadilla y encontrar a Tony a su lado, a Thai a sus pies y comprobar que acababa de despertar...

            Lo malo era que por más que cerraba los ojos, nada cambiaba.

 

 

 

 

Comentarios: 5
  • #5

    carla (domingo, 09 septiembre 2012 07:24)

    pobre Tony no sale de una cuando ya esta metido en la otra :/ espero la conti prontito plis :)

  • #4

    Lyubasha (jueves, 06 septiembre 2012 16:37)

    Vaya interesante que fue este capítulo. Espero la continuación.

  • #3

    x-zero. (miércoles, 05 septiembre 2012 22:42)

    continuuuuaaaciiiiooooonnnn!!!!1

  • #2

    Jaime (miércoles, 05 septiembre 2012 20:14)

    ¿Habrá muerto Antonio Jurado (de nuevo)? ¿Se reencontrará con la Verónica malvada en los infiernos? ¿Yenny saldrá librada de su enfermedad?

    La historia se empieza a poner interesante; esperando la continuación...

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 05 septiembre 2012 17:35)

    Puedes comentar aquí lo que te parece la historia.

Animal es el que abandona a su mascota.

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