La sombra de Verónica

18ª parte

            Antonio soltó su mano y comprendió. Si hubiera sabido lo que iba a pasar habría matado a esa furcia sin pestañear cuando tuvo la ocasión. No había conocido nunca a nadie tan egoísta y malvada como ella.

            — ¿Has recurrido a Jesús? —preguntó. Era la única persona capaz de luchar de tú a tú con el Diablo y vencerlo. Ya habían recurrido a él en el pasado y sacó a Pedro, Antonio, Verónica y Brigitte del infierno. Lucifer parecía un ángel malcriado a su lado.

            — No quiero que intervenga. Tengo miedo que el Diablo se quede el alma de Verónica si el Señor descubre que una sierva del cielo está haciendo el mal en el mundo.

            — Eso es ridículo —replicó Antonio—. Jesús debe saber lo ocurrido, hay que pedirle ayuda inmediatamente.

            — No le llames — suplicó Pedro—. No sabría vivir sin ella.

            — Confía en mí, sin su ayuda no tenemos nada que hacer —insistió Antonio.

            Pedro miró el rostro sin vida de su amada y con voz temblorosa respondió:

            — De acuerdo. Hazlo, llámalo antes de que me arrepienta.

            — Nos escuchará mejor si le llamamos juntos —Antonio se sentó a su lado.

            Puso su mano sobre el hombro de Pedro y los dos cerraron los ojos.

            — Señor Jesús, necesitamos tu ayuda, por favor, hijo de Dios, acude a nuestra llamada.

            — Hola, ¿cómo estáis?

            Antonio abrió los ojos, asombrado.

            — Qué rápido has venido.

            — ¿Te sorprende? —protestó Jesús, que se veía tan humano como ellos. No había luz a su alrededor ni emanaba ese poder tan embriagador que sí tenía Isis—. Estaba deseando que me llamarais.

            — ¿Puedes ayudar a Verónica? —preguntó Antonio.

            — No os preocupéis —respondió Jesús—. No puede volver a morir.

            — Pero no está aquí, al menos no realmente —rectificó Pedro, desesperado.

            — Su sombra ha sido esclavizada —explicó Jesús—. Habría que enviar a alguien al infierno para que yo pudiera entrar y reclamarla a Satán.

            Pedro se quedó mirando a Antonio y éste no comprendió qué pretendían que hiciera él al respecto.

            — ¿No puedes ir tú? —preguntó Antonio.

            — Ya me has preguntado eso antes, ¿no lo recuerdas? Necesito que alguien vivo me deje entrar en su corazón para que juntos atravesemos el espejo.

            Pedro y Jesús se quedaron mirando a Antonio de forma intensa.

            — Solo puede ir una persona viva —se defendió—. Y yo estoy muerto, recordáis.

            — Brigitte podría —explicó Pedro.

            Antonio le miró asombrado y asustado al mismo tiempo.

            — ¿Qué? No, no, no, a ella no la metáis.

            — Es la única que puede escucharnos y además tenemos una preciosa amistad —explicó Jesús—. Si se lo pido lo hará.

            — Olvídalo, no va a entrar en el infierno. Allí las criaturas buscan matarte o comerte.

            — Ella me ha pedido con toda su alma un deseo —insistió Jesús—. Quiere que vuelvas.

            — Claro, y yo quiero volver, ¿por qué no lo haces al revés? Mira, yo resucito y voy al infierno. Recuperamos a Verónica y no metemos a nadie más en el lío.

            — Porque el sacrificio debe hacerlo ella para que pueda obrar el milagro de devolverte la vida. Es la única que puede ofrecerse —explicó Jesús.

            — ¿Tú también pactas milagros? —se extrañó Antonio.

            — No, yo pongo pruebas no pactos, no necesito que me pidan nada. Cuando las superan, simplemente recompenso sin condiciones.

            — Creía que no podía resucitar.

            — Claro que tú no puedes. Pero yo lo puedo todo.

            Pedro miró esperanzado a Antonio.

            — En serio, tíos. Si estáis esperando que diga sí a que Brigitte se dé un paseo por el infierno... Olvídalo. Prefiero no volver.

            — Vamos, va a ir Jesús con ella. ¿Qué puede pasar? —intentó convencerlo Pedro.

            — Pues que no pueda salir nunca del infierno.

            — Solo iría su alma, su cuerpo no llegará a morir —aclaró Jesús.

            — Tiene que haber otro modo... Rebeca.

            — No, ella nunca nos escucharía —rechazó, poco convencido.

            — Sí, incluso podría verme —replicó Antonio—. Ella ve fantasmas y puede hablar con ellos, vería a Verónica sin tener que ir al infierno.

            Jesús le miró como si no supiera ese detalle.

            — Tienes razón, es otra opción —apoyó el Señor.

            — Espera, ¿tenía que explicarte eso? ¿Acaso tú no lo sabías?

            El hijo de Dios dedicó una tierna sonrisa a Antonio.

            — Elegí el poder de un hombre. Quiero ser como vosotros y —suspiró— eso me limita en muchas ocasiones.

            — Ya veo, ¿y por qué elegiste tal cosa? —se extrañó Antonio.

            — ¿Nunca has jugado a un videojuego y te lo has pasado en grande mientras te lo pasabas siguiendo las normas y luego vas y activas los trucos y ya te aburre? Eso me ha pasado, la grandeza del ser humano viene de lo insignificante que es y de todo lo que es capaz de hacer. Además, no somos muy diferentes —desengañó Jesús—, tú también podías haber vivido rodeado de lujos y riquezas pero decidiste vivir pobre a pesar de todo el dinero que tenías.  Empezaste a gastar por amor a tu mujer. No por ello has regalado lo que tienes, de hecho también usas tu fortuna para ayudar a los demás. Yo hago lo mismo, prefiero mantener el banco escondido hasta que realmente lo necesito.

            — En realidad sí que he gastado bastante dinero por caprichos —reconoció Antonio, avergonzado.

            — No te sientas culpable, es tu derecho, puedes usar tu poder como te de la gana siempre que no lo uses para hacer el mal a los demás.

            — Maté a una chica a la que ayudé a sanar —reconoció Antonio, avergonzado—. Siempre me sentiré culpable por ello.

            — No murió y te recuerdo que esa chica es la que intentas ayudar ahora a pesar de que fue ella la que te mató —puntualizó Jesús.

            — Mi intención fue matarla —se auto culpó Antonio.

            — Y te has redimido con creces.

            — Gracias por no hacerme sentir peor, aunque claro, tú lo perdonas todo.  Perdona, había olvidado lo buen colega que eres, ya te conocía de antes y me pareciste un tio de puta madre... Quiero decir, me caías muy bien...

            Pedro volvió a prestarles atención. Mientras estuvieron hablando se había centrado en su amada.

            — ¿Qué hacemos? —preguntó impaciente.

            — Tú decides, Antonio. Rebeca podría ayudarnos pero no tiene fe en mí, no será fácil que me deje entrar ¿Estás seguro? —inquirió Jesús—. Además puedo devolverte la vida si me permites hablar con Brigitte. Aunque Rebeca te ayudara y todo saliera bien no resucitarías.

            Antonio se quedó mirando a Jesús unos segundos. Sus ojos transmitían una paz difícil de describir y con ella era capaz de pensar, de amar mejor... No, no podía arriesgar la eternidad de su esposa por que él quisiera volver con ella. ¿Y si fracasaban? Condenaría a Brigitte al infierno para siempre y ya sabía lo que era eso. Si se enfrentaran a la bruja puede que tuviera más confianza pero se enfrentaban al ángel caído, la única criatura que podía destruir toda la creación.

            Nunca permitiría que Brigitte volviera a acercarse jamás a ese lugar horrible.

            — Acudiré a Rebeca. Ella me ayudará, me lo debe.

            Jesús asintió con resignación.

            — Cuando lo hagas, podrás ver lo que yo poniendo tu mano sobre mi hombro. Aunque entiendo que no te quieras arriesgar por amor, quisiera que pudieras confiar un poco más en mí.

            — En quien no confío es en el Diablo. Tiene demasiada sed de venganza y temo que si ponemos a su alcance a Brigitte la torture y no la suelte jamás.

            — Pero mi poder es superior al suyo —replicó Jesús—. No te lo volveré a preguntar, es la última oportunidad que tienes de regresar al mundo... ¿A quién acudimos?

            Antonio no respondió inmediatamente porque sabía que cualquiera de las dos opciones podía hacer que se arrepintiese para siempre. ¿Por qué no había una única salida? Sería más sencillo.

            — No puedo exponer a Brigitte, la quiero demasiado —reconoció—. Pero deseo volver a su lado.

            — Entonces confía en mí.

            Miró a Pedro y éste le miraba con expectación. Al sentirse escuchado, intervino:

            — Rebeca también podría morir porque ella no conoce a Jesús, correría más peligro. Tu mujer es la única opción con garantías.

            Era algo que no había pensado, ¿y si moría Rebeca y quedaba atrapada en el infierno? ¿Acaso debía ignorar esa posibilidad? Que no la amara como a su mujer no significaba que le importara tan poco su destino.

            — Confío en ti, maestro… —aceptó al fin.

           

 

 

            La ambulancia llegó finalmente y subieron a Antonio al amplio salón. Brigitte observó casi sin esperanzas cómo trataban de reanimarlo. Le pusieron una manta térmica para calentarle y luego procedieron a aplicarle electroshock. Su cuerpo se convulsionó pero no hubo reacción alguna. No se atrevió a acercarse aunque al ver que tuvieron que aplicarle la manta imaginó que ya estaba completamente frío. De hecho no intentaron reanimarlo con respiración asistida, le tomaron el pulso después de dos intentos con la máquina y el médico negó con la cabeza.

            — Ha muerto —reconoció con voz suave—. Lo siento.

            — ¡Han tardado demasiado! —gritó desesperada—. ¿Cómo que ha muerto? Lo habéis matado por inútiles.

            — No encontrábamos la casa, estuvimos perdidos buscando la calle.

            — ¡Por el amor de Dios! ¡Si sale en Google! ¿Qué clase de mierda de GPS llevan? ¿No se supone que deben estar preparados?

            — Señora, lo siento, nos liamos con las calles.

            — No me lo puedo creer —negó, sin saber si pegar a ese hombre o ponerse a llorar.

            — No hubiéramos podido hacer nada ni llegando antes. Lleva muerto al menos una hora —continuó el médico—. El rigor mortis lo certifica. Llamaremos al juez, no le toque, vendrán y retirarán el cuerpo cuando dictamine que pueden hacerlo. Siento mucho su pérdida.

            Ella no respondió, hundió la cara entre sus manos y se puso a llorar desesperadamente.

            — Necesito una firma, por favor, ¿sería tan amable? ¿Puede decirme su DNI?

            Brigitte le miró con todo el odio que tenía dentro y el médico se encogió de hombros, nervioso. Estaba claro que no eran situaciones cómodas, necesitaban ese trámite, era su trabajo. Cogió de mala gana el papel que le ofrecía y apuntó su número de NIE y su firma.

            — No podemos asegurar lo que tardará, deje cubierto el cuerpo de su... —dudó porque no sabía si era su pareja o su marido—… del paciente. Y procure no tocar nada hasta que llegue la policía.

            Tampoco le respondió, le ignoró por completo y se quedó mirando a Antonio sin saber qué hacer ni pensar. Ante ese silencio, el médico y su auxiliar se retiraron y en segundos escuchó que la ambulancia se marchaba. Seguramente tenían otra urgencia porque a los pocos metros volvieron a poner la sirena.

            Por fin se quedó sola.

           

 

 

 

            Sola.

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios: 4
  • #4

    x-zero. (sábado, 22 septiembre 2012 06:01)

    continuaciiiioooooonnnn

  • #3

    yenny (jueves, 20 septiembre 2012 19:33)

    La historia va muy interasante y se proyecta a ser la mas larga de la pagina, concuerdo con Jaime me gusta esta version de Jesus espero que nadie se ofenda y nos condenen por faltarle el respeto a su religion.
    La otra parte pronto :)

  • #2

    Jaime (martes, 18 septiembre 2012 19:23)

    La historia comienza a ponerse interesante. Aunque dudo que tu versión de Jesús concuerde con el de la teología cristiana; a decir verdad, me gusta más ésta. No me sorprendería escuchar a este Jesús bromeando con Antonio usando un lenguaje soez.

    ¡Esperando la continuación!

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 18 septiembre 2012 14:05)

    Si tienes ganas de más ya sabes lo que tienes que hacer XD. Comenta.
    Agradezco vuestras visitas (pero agradezo mucho más que os intereséis por las ofertas publicitarias), que pena que no pueda pinchar yo sobre ellas... Me cachis la mar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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