La sombra de Verónica

22ª parte

            — ¿Es una broma? —Interrogó el juez.

            — ¿Ocurre algo? —Se asomó un policía que le estaba esperando en la puerta.

            — No lo sé, me han dicho que venga a levantar un cadáver y aquí no hay nadie muerto. ¿Dónde está Antonio Jurado? —inquirió el juez asomándose a la cocina.

            Brigitte seguía tan asombrada que no era capaz de pensar ni hablar nada coherene.

            — Soy yo, no voy a ser el vecino.

            — ¿Pueden explicarme todo esto? Tengo un informe que certifica su defunción.

            — Ah, sí, vinieron en una ambulancia, me di un golpe muy duro en la cabeza —explicó —. Pero mire.

            Le mostró la reciente cicatriz y tocó con los nudillos para que sonara el metal.

            — Aquí ya no hay hueso, puro acero —sonrió orgulloso—. Cuando se marcharon me desperté. Supongo que con lo gordo que estoy no me cogieron bien el pulso. Las prisas, entiende.

            Brigitte seguía sin cerrar la boca y sin atreverse a mirarlo. ¿Era un sueño?

            — Qué pais, los enfermeros ya no saben tomar el pulso y montones de buenos profesionales en el paro muriéndose de hambre. Está claro que no me necesitan aquí. Será mejor que nos vayamos, cada día son más inútiles los que salen de la universidad, como si uno tuviera todo el día para irse al culo del mundo a encontrarse con que no hay cadáver.

            Mientras renegaba se marchó y no se despidió de Brigitte, que al verle salir cerró la puerta como un robot y se quedó con la mano pegada a la manija de la misma sin atreverse a soltarla o moverse.

            — Guau —escuchó a la perra fuera de casa.

            — ¿Thai? —Se dio cuenta de que había salido tras el juez a ladrarle.

            Abrió de nuevo y la encontró en el segundo escalón del acceso a su casa ladrando a un coche negro que se alejaba escoltado por dos de policía.

            — Ven para acá, qué haces fuera de casa.

            La perra obedeció en seguida que volvió soltando bufidos, pero orgullosa de haber echado a esos tres extraños ella sola.

            Al volver a entrar se sintió extraña. Antonio vivía, ahora esaba segura, lo que significaba que no fue un sueño. Todo había sido real y él estaba allí.

            — ¿Quieres algunos más? —Preguntó él mientras colocaba un plato en el microondas.

            — ¿Qué? —Le dijo, cerrando la puerta y asegurándose de que Thai también entraba.

            — Espaguetis, me muero de hambre.

            Entró en la cocina y le vio en pie, sin un solo arañazo, muy despeinado y mostrándole un plato repleto de espaguetis con carne picada y queso en polvo encima.

            Dio dos pasos hacia él le abrazó con fuerza, él reaccionó a tiempo y apartó el plato que colocó sobre el mármol de la cocina para que no se cayera.

            — ¡Has vuelto! —Gimió apretada a él.

            — Claro, ¿no te dije que él me resucitó?

            — Creí que lo había soñado todo —se explicó Brigitte.

            — Pues no —respondió él—. Vamos, tengo hambre, mira qué hora es.

            — Eres un idiota, ¿lo sabes?

            Antonio no respondió y la abrazó con ternura un momento.

            — Pero me quieres —replicó.

            — Sí, eso es… Te quiero tanto… No vuelvas a darme otro susto como el de hoy.

            — No pude evitarlo —se disculpó él—. Aunque prometo que tendré más cuidado.

            — No lo vas a tener, te encanta meterte en líos.

            Antonio suspiró y la campana del microondas sonó repetidas veces anunciando que su comida ya estaba caliente.

            Se apartaron y él volvió a preguntar si tenía suficiente.

            — Sí —Brigitte se rió al insistir él—. Puede que hayas adelgazado pero tu apetito aún es capaz de resucitarte si no comes a tu hora.

            Metió el plato de ella en el microondas y lo puso a calentar.

            — ¿Crees que ha conseguido algo?

            — ¿Quién? —preguntó ella.

            — Jesús.

            — No lo sé, pero parecía muy cerca.

            — Caray, ¿te imaginas un mundo sin Demonio? Donde todos amen a los demás, que no haya rivalidades, odio, maldad…

            — Creo que no, pero si puedo imaginarme el mundo de la antigüedad donde la crueldad parecía no tener medida, supongo que es posible que Dios esté buscando todavía el modo de conseguir su paraiso en la tierra. Creo que lo terminará consiguiendo.

            Antonio sonrió asintiendo. La nueva campanada del microondas les sacó de sus cábalas.

            — ¿Y Verónica? —Preguntó ella.

            — Debe estar con Pedro, en el cielo —respondió—. ¿Verdad?

            Gracias por todo, chicos, espero que no vuelva a ocasionaros más problemas.

            Antonio sonrió satisfecho.

            — Sí, todo bien en el cielo. Vuelve a estar de nuestro lado.

            — Que bueno —apoyó Brigitte.

            — Luego vamos a un sitio —añadió él, cogiendo los platos y llevándolos a la mesa—. Pero primero a comer, no vaya a enfriarse esto otra vez.

 

 

 

            Cuando terminaron eran las siete de la tarde y se quedaron sentados en el sofá viendo una película que habían puesto. Cuando terminó Antonio se levantó.

            — Tenemos que irnos, no podemos ir tan tarde.

            — ¿A dónde? —preguntó Brigitte.

            — Tengo que ver a la bruja. No me gustaría que siga haciendo daño a la gente.

            — ¿Qué pretendes hacer? Déjala en paz.

            — Ven conmigo y lo verás.

            — Ya no tiene poder sobre ti.

            — No, pero está torturando a Rebeca en sus pesadillas y tengo que detenerla como sea, esta vez llevaré la pistola de verdad. Así empezó todo, mi misión es... —miró a su mujer suplicando comprensión—... Ayudarla.

            Brigitte se puso en pie enojada.

            — ¿Eso has aprendido? ¿Se te ha dado una tercera oportunidad y lo primero que planeas es matar a alguien?

            Él sonrió y levantó las pestañas enigmático y con cara de buena persona.

            — He aprendido mucho. ¿Me acompañas o no?

            Después de un profundo suspiro aceptó.

           

 

            En el trayecto hacia la casa de Fausta no cruzaron una palabra durante casi una hora de camino. No fue hasta que Brigitte se acordó de un detalle curioso de su trabajo que se rompió el silencio.

            — ¿Sabes qué tiene Katia en su escritorio? —Preguntó.

            — No, ¿qué?

            Brigitte se puso seria al hablar.

            — Un cartel que dice: "Jamás he conocido a nadie que en su lecho de muerte haya dicho que quisiera haber pasado más tiempo en la oficina".

            Antonio la miró con una media sonrisa y finalmente soltó una carcajada.

            — Qué buena, esa frase me la quedo para mis libros.

            — Bueno, total son pocos los que leen tus historias... —Sonrió.

            — Estoy tirando mi tiempo con mis relatos —declaró con desánimo—. Nunca venderé nada y creo que cada vez escribo peor. La verdad, debería dedicarme a otra cosa, puede que haga trabajos de investigación de casas abandonadas para recopilar pruebas, testimonios y me limite a contar cosas que ocurrieron de verdad en lugar de mezclar lo que me pasa raro con la vida real.

            — Tienes que entender que por muy bien que escribas, hace falta buenos contactos para que te publiquen algo.

            — No, amor, ni siquiera soy buen escritor. Claro, consigo desenvolverme, pero de ahí a que escriba con calidad hay un abismo. Salta a la vista, mis historias no son profesionales. Cada vez que reviso algo encuentro varios fallos, no importa la cantidad de veces que lo revise, siempre hay uno más. Y sin embargo leo cualquier libro, del autor más mediocre, y está perfectamente redactado.

            — Yo diría que dejes de investigar y escribas sin más. Pero no de fantasmas ni de terror, escribe cosas bonitas. Historias para todo el mundo.

            — Ni siquiera dan miedo —replicó él, decepcionado.

            — No te desesperes, la historia del "Ojo misterioso" me pareció muy buena. Me enganché y la leí en un solo día.

            — Sí, esa salió bien... Pero no sé.

            — También puedes ser el único ser humano que cuando muera diga esa frase de la oficina. No sabes qué hacer y al final terminarás dándote cuenta de que hubieras querido trabajar más.

            — No entiendo por qué trabajas pudiendo estar todo el día juntos. Tú sí que eres adicta al trabajo.

            — No lo entiendes, no quiero sentirme como una mantenida. Necesito ganar mi salario, tener mi propio dinero para gastar. No por lo que puedan pensar los demás, quiero estar contigo porque te amo y no por necesitarte económicamente para vivir. ¿Comprendes eso?

            Nunca lo había pensado así y la explicación le pareció no sólo razonable, sino la declaración de amor más bonita que le había hecho nadie nunca.

            — Yo también te quiero... —Confesó avergonzado—. Y ahora lo entiendo. Lo siento, no volveré a pedirte que renuncies a tu trabajo.

            — Bueno, alguna vez puedes hacerlo, si tenemos niños... —protestó ella.

            — Pero ya estoy yo para criarlos.

            — Ay no, no quiero a dos frikis cazafantasmas. Tengo que ser la parte cabal de la casa y no te puedo dejar ventaja.

            Antonio la miró extrañado.

            — Pensé que no querías tener niños.

            — Ya, pero todas mis amigas ya tienen y... Bueno, mis padres envejecen y también les hace ilusión.

            — ¿Y a ti?

            — La verdad es que sí. Me gustaría...

            — Vaya, hoy está ganando puestos al día que te conocí como día más feliz de mi vida. He vuelto de entre los muertos y tú quieres un hijo. ¿Quién me lo iba a decir?

            Durante varios minutos mantuvieron silencio mientras le daban vueltas a lo que acababan de hablar. Antonio intentó imaginar un niño o una niña en su casa y le resultó difícil, recordaba perfectamente que al ver otras familias con niños chillones se consolaba pensando que él nunca tendría esos monstruitos, pero al pensar en uno propio su corazón latía con más fuerza. No hacía mucho había pensado que su vida era cuesta abajo, que ya se acercaba a los cuarenta años... Pero tener un hijo lo cambiaría todo, sería empezar de cero y volver a disfrutar de la vida de otra manera.

            — Si es niño lo llamaría como mi padre —rompió el silencio Brigitte.

            — ¿Y si es niña? —inquirió él.

            — Ya veremos... Ni siquiera estoy embarazada.

 

           

            Llegaron a la casa de Fausta y Antonio descubrió su puerta abierta. Subió despacio los quejumbrosos escalones palpando previamente su pistola en la axila. Brigitte le seguía con miedo y preguntándose si no estaría mejor en el coche.

            No había luz y palpó la pared buscando el interruptor. Cuando lo encontró y encendió la lámpara, vio a Fausta tendida en el suelo apoyada contra la pared.

            Aún vivía.

            — ¿Qué le pasa? —se interesó él, acercándose para ofrecerle ayuda.

            Fausta abrió los ojos y trató de alejarse, pero apenas tenía fuerzas.

            — Mi señor me ha abandonado... ¡Sigues con vida, bastardo!

            — No he estado vivo todo el día, bruja —replicó enojado—. Si estoy aquí es porque mi señor es mucho más poderoso que el tuyo.

            — Te mataré...

            Antonio sacó su pistola y la amartilló mostrándosela.

            — ¿Qué vas a hacer? —preguntó Brigitte escandalizada.

            — Voy a espantar unos pájaros de su cabeza —bromeó él, apuntándola a la frente.

            — Mátame, me ahorrarás la agonía. Pero te juro que te buscaré desde el más allá y te haré pagar lo que me has hecho.

            — No voy a matarte bruja estúpida —exclamó Antonio, enojado—. Te amenazo para que cierres la boca y me escuches.

            Fausta dejó de hablar aunque sus ojos expresaban su empozoñado corazón.

            — Estás sufriendo por tu propia maldición y cuanto más me odies más daño sufrirás. He venido a que eso cambie, para que te cures y dejes de causar males a la gente.

            — ¿Cómo? —susurró la bruja, casi sin fuerzas.

            — Te ofrezco un trabajo. Necesito tus ojos y tus oídos, que son capaces de captar fantasmas que yo no veo.

            Fausta parpadeó estupefacta.

            — ¿Te fías de mi? He intentado matarte.

            — Vamos no me hagas dispararte otra pelotita de plástico a la cara —bromeó mostrando su arma—. No me fio de ti... Ahora, pero lo haré cuando te pague dos mil euros al mes por estar ahí. No creo que te necesite demasiado, pero lo haré en el futuro y quiero contar contigo. Necesito que me prometas que nunca más usarás magia negra.

            — Es lo que mejor sé hacer —replicó la bruja.

            — Tienes un don que Dios aprecia y por eso te lo ha dado. No lo emplees para servir al mal. Esta oferta te curará si aceptas y te matará si la rechazas.

            — ¿Por qué a mi? Rebeca tiene el mismo don que yo —parecía recuperar fuerzas por minutos.

            — No, ella no lo quiere así que retíraselo —indicó él.

            — No puedo.

            — Sí puedes, la usaste para atraerme, igual que se lo diste quítaselo.

            — Lo tiene de nacimiento.

            — No quiere ver muertos por la calle, al menos no por voluntad propia. Cúrala.

            — Hace unas horas viniste a pedirme algo similar y no te lo concedí... ¿Por qué crees que será distinto? —la voz de Fausta ya no era débil, estaba cobrando fuerza.

            — Porque ahora tu vida depende de ello. Si quieres vivir haz lo que te digo.

            Brigitte se le acercó por detrás y le habló al oído.

            — Por el amor de Dios, Tony, dos mil euros no los gano ni yo.

            — Tiene que sentirse agradecida —replicó él.

            — Es una buena oferta —aceptó Fausta, que parecía no sufrir tanto ahora—. No quiero morir, acepto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FIN

Comentarios: 7
  • #7

    carla (jueves, 25 octubre 2012 20:09)

    Por fin pude terminarla :D Estuvo buena, aunque en realidad no se parece en nada a lo que esperaba cuando se encontraba el prologo en la seccion "proximamente". Creo que fue entretenido leerla aunque a veces se ponia un poco canson. :)
    Y creo que aunque fue un giro que no se esperaba; la parte de la bruja pues, no va tan de acuerdo con la historia, ya que Tony esta aumentando su avaricia y malicia en vez de hacer que se arrepienta y acepte a Cristo y blah blah blah... que es lo que se supone, deberia ser el fin de Antonio, despues de todo lo que le ha pasado. :)
    En fin, esta fue otra gran historia de tu parte, Gracias Tony! :)

  • #6

    yenny (miércoles, 17 octubre 2012 19:26)

    La historia esta muy entretenida aunque si hay algunas partes que no son muy interesantes como las rutinas diarias creo que tambien son necesarias para el desarrollo del personaje, espero que pronto hagas la continuacion la estare esperando.
    Saludos Tony.

  • #5

    katti (miércoles, 17 octubre 2012 17:54)

    Y yo que pense que la iba a matar! jejeje bueno mejor fue ese final para darle una continuacion a tus proximas historias... gracias Tony tus historias me tienen pegado al monitor todo el tiempo ya que solo las leo mientras stoy n el trabajo ya que en ksa no puedo, esto me desestreza! gracias continua eres bueno con esto, este es tu don.....

  • #4

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 17 octubre 2012 09:36)

    Muchas gracias a los dos por vuestros comentarios. Me gustaría responder especialmente a Jaime por las preguntas, no sé si retóricas, y trataré de explicar esas situaciones.

    Paga 2000 euros mensuales porque tiene muy claro que la necesita si quiere investigar todos los casos que hasta ahora se veía incapaz. No es caridad, es un sueldo por 24 h de disponibilidad que sin duda aprovechará.
    En cuanto a si el diablo suprime el libre albedrío de Verónica, lo que pasó fue distinto, la engañó. La hizo creer que nunca salió del infierno y ella se volvió a someter a él de forma incompleta, sólo como en una pesadilla.
    Y la última, Jesús no puede controlar de ningún modo a Lucifer, pero vamos eso ya lo veremos. Más bien será Verónica la que tendrá más cuidado de no volver a exponerse ante un espejo.
    En cuanto a las características del diablo, creo ha sido tentador (con Antonio), manipulador (con Verónica) y siniestro (tratando de destruir a Jesús)... Pero bueno, supongo que podía haber sido más de todo.
    Gracias de todas formas por expresar tus opiniones. Supongo que si tienes todas esas dudas es porque no lo he explicado lo suficientemente bien en la historia.

  • #3

    Jaime (martes, 16 octubre 2012 22:55)

    En general, me parece una buena historia, entretenida de principio a final excepto por algunas partes que tal vez podrían ser suprimidas. La trama es estupenda, aunque podría mejorar para enganchar más al lector y ser un poco más oscura.

    Primeramente, mencionaré las cosas que me parece que pueden mejorar. La historia tiene algunos errores lógicos y de continuidad con historias anteriores. También hay ciertas situaciones que me parecen imposibles o irracionales, incluso dentro de lo sobrenatural. ¿Quién, en su sano juicio, pagaría dos mil euros mensuales a una bruja, especialmente cuando la quieres redimir y no aumentar su avaricia? ¿Cómo podría el diablo suprimir el libre albedrío de Verónica? ¿Cómo hará Jesús para que el diablo no pueda volver a controlar la sombra de Verónica de nuevo? El diablo de la historia me parece muy infantil; debería ser no solamente iracundo y portentoso sino manipulador, tentador y siniestro.

    Por otra parte, la historia está entretenida y los personajes están muy bien desarrollados y han evolucionado con respecto a las primeras historias. La versión de Jesús es maravillosa, aunque me gustaría que se viese un poco más humano.

  • #2

    Lyubasha (martes, 16 octubre 2012 18:35)

    Me ha gustado mucho el relato, aunque al principio me echó para atrás la escena en el Infierno me gustó mucho el momento en el que Jesus le pide a Satanás que acepte a Dios porque Dios quiere a todas sus criaturas, incluso a él.
    El final sorprendió muchísimo, no esperaba que Antonio intentara convencer a la bruja para que trabajara para él.
    Felicidades.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 16 octubre 2012 17:44)

    Ha llegado el final, que como todos imaginaréis, es el principio de otra futura historia.
    Ya podéis comentar y votar lo que os ha parecido, se admiten críticas positivas y negativas pero me gustan más aquellos que no solamente dicen: "Me ha gustado". A ver, se puede decir "Es muy larga pero me ha mantenido enganchado". O al contrario "Menudo petardo, me quedé en la parte 12".

    Ser sinceros, por favor, y muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí.

Animal es el que abandona a su mascota.

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