La violeta muerta

6ª Parte

            - Lo sentimos mucho - escuchó decir -. Ha muerto, no hemos podido hacer nada.

            Verónica se turbó, abrió los ojos y miró a ambos lados. Estaba completamente sola en su habitación y aunque seguía teniendo el tubo del oxígeno en la nariz, le habían quitado la aguja de la transfusión de sangre. Aún tenía el suero y el abdomen le ardía como si tuviera una toalla de agua caliente tocándole la piel. Respiró profundamente y se preguntó por qué había escuchado eso.

            La puerta de su habitación estaba abierta y allí estaba la niña y su madre. Una mujer joven, atractiva pero destrozada por la pena. Alguien a quien quería mucho acababa de fallecer. La niña se abrazaba a ella y mientras lo hacía, la miró intensamente. ¿Se acordaría de haberla visto en forma espiritual? Le sorprendió que la niña no parecía triste, tampoco alegre. Simplemente abrazaba a su madre y la miraba a ella fíjamente. Le puso los pelos de punta y apartó la mirada. Trató de mover los brazos y con la mano derecha buscó el pulsador para llamar a la enfermera.

            Ésta acudió unos segundos después.

            - Oh Dios mío - dijo al verla, asombrada -. Está despierta... ¡Doctor ha despertado!

            - Por favor - pidió con voz algo ronca -. ¿Puede cerrar la puerta?

            - Claro, claro - asintió la enfermera.

            Antes de poder hacerlo entró un hombre con bata verde y detrás su madre.

            - ¿Estás bien, cariño? - le preguntó, emocionada.

            - Creo que sí, mama... - reconoció sonriendo.

            - La operación fue bien, temíamos que la anestesia hubiera sido demasiado fuerte - indicó, orgulloso, el doctor.

            - Has sido muy valiente, mi niña - dijo su madre, emocionada.

            Verónica sonrió, no sabía si estaba fuera de peligro y no quería albergar ilusiones anticipadas.

            - ¿Cómo estoy? - preguntó.

            - Todo está bien, no te preocupes. Estarás en observación varios días pero si todo va bien, podrás levantarte en un par de semanas.

            - ¿Estoy fuera de peligro?

            - Creímos que te perderíamos - reconoció el doctor -. Estuviste muerta más de cinco minutos pero logramos reanimarte.

            - ¿Tanto tiempo? - preguntó incrédula.

            - Es un milagro - dijo su madre, llorando de alegría.

            - Sí, mama... un milagro - aunque quería darle la razón, sonó como si no la creyera.

            Recordó la conversación con Dios y sonrió. Aún podía sentir su mano estrechando sus dedos. Aún podía recordar con claridad el timbre tranquilo y afectuoso de su voz y sobre todo cuando le dijo que la amaba y que siempre estaría con ella. Cerró los ojos y pensó en él, trató de recordar sus rasgos hermosos y le llamó en sus pensamientos.

            «¿Aún estás ahí?»

            - Si necesita descansar es mejor que nos vayamos - dijo el doctor, al verla cerrar los ojos.

            Ella no volvió a abrirlos. Quería dormir otra vez y encontrarse con él. Extrañaba su compañía en aquella preciosa pradera de la montaña. Quería que le contase más cosas, que le enseñase cuanto quisiera enseñar. Por primera vez en su vida podía hablar con Dios y se sentía libre del Gemelo.           

            Sin saber cómo, sin buscarle, con solo pensar en él, volvió a esa pradera y sintió su mano cálida contra la suya. Parecía que se había dormido en aquel lugar y había soñado su curación en el hospital.

            Él la miraba sonriente.

            - Te preguntarás, qué es lo que es un sueño y qué es real - le dijo él.

            - Dímelo tú - pidió ella.

            - Lo cierto es que da igual - respondió encogiéndose de hombros -. Los sueños guían a las personas, les enseñan lo que pueden hacer, y qué sentirían al hacerlo, enseñan lo que podría ocurrir. Son experiencias gratuitas y sin consecuencias que siempre sirven de guía. Las pesadillas también, ya que alertan de miedos y la gente que las tiene aprenden a superar cosas, si tener que sufrirlas.

            - ¿Qué es lo que querías enseñarme?

            - Ah, por supuesto, ya te enseñé una parte. Quería que supieras que siempre estoy a tu lado y ya lo sabes. Que te amo, y creo que también lo sabes. Si tú me amaras a mí, sería perfecto.

            Ella sonrió y le apretó la mano.

            - He sobrevivido demasiado tiempo sin ti... No podría... No quiero perderte - respondió ella.

            - Supongo que eso vale, por el momento - dijo él, resignado.

            Verónica sonrió, lo que le había dicho era lo más cariñoso que le había dicho a nadie... desde que conoció a Pedro.

            - Quiero que aprendas muchas cosas. Quiero que te des cuenta de que tu poder no se limita al mundo de los espejos y que podrías usarlo incluso despierta. Lo que puedes hacer supera con creces el poder de muchos de mis ángeles más poderosos y quiero que sepas cómo hacerlo. El uso que quieras darle, es algo que tú debes decidir por ti misma.

            - ¿Cómo puedes confiar en mí después de todo el mal que he hecho? ¿Por qué no me quitas el poder?

            - Verónica, tú eres como una violeta muerta. Una muy hermosa flor seca que quien la mira piensa en lo bonita que es la flor, en muerte e inmediatamente después piensa cuán bonita debió ser en vida. Usaste mal tu poder, tu corazón se secó y el odio y la ira te consumieron. Sin embargo sigues siendo lo que eres, una violeta.

            - No entiendo lo que quieres decir.

            Él suspiró, comprensivo y asintió con la cabeza.

            - Tu corazón está muerto y por eso haces el mal. No puedes sentir el dolor ajeno, no sientes, sabes que haces mal, tu cabeza te dice lo que está mal. Te guías por un extraño sentido de justicia, pero nunca por el corazón, por tanto, haces mal aunque no quieras. Realmente no te importaba porque no sentías nada por tus víctimas. Por eso eres como una flor muerta. Voy a seguir manteniendo tu poder por que tu corazón está volviendo a la vida. La violeta muerta, resucitará.

            - Supongo que ya empiezo a sentirlo - reconoció ella, al sentirse tan feliz a su lado.

            - Mi luz es como la luz del sol. La gente que cree en mí por una religión es como si se construyera una casa y tuviera varias ventanas. La religión y los ritos es como si abrieran la ventana y dejaran penetrar la luz en sus almas. Luego la gente suele cerrar las persianas y espera una semana hasta volver a dejar entrar mi luz. Ese tiempo lo pasan en tinieblas.

            Verónica le observó con curiosidad. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el Sol, en aquella ladera, daba con toda su fuerza y no le molestaba en absoluto. Sus ojos espirituales no se sentían afectados por toda esa luz.

            - ¿Por qué me cuentas eso? - preguntó, sabiendo que ella dejó de ir a misa hacía muchos años -. ¿Acaso todas las iglesias y religiones tienen ventanas? ¿Todas son válidas?

            - Ninguna es válida - replicó él -. O todas lo son.

            - Ya empezamos con los jeroglíficos - se rió ella.

            - Si las iglesias son como ventanas que dejan entrar la luz, sus fieles viven en tinieblas y no son capaces de verme si no abren sus ventanas. ¿Cómo crees que pueden hablarme las personas, creer en mí, si solo escuchan lo que otros les cuentan de mí? Imagínate que tienes un amigo de confianza y una chica que tú conoces está enamorada de él. Te pide que le cuentes todo, lo que ha hecho, lo que hace, sus gustos, sus costumbres más extrañas y ella piensa que con todo lo que sabe de él, en cuanto se vean pueden hasta casarse. Eso es lo que promete la religión, los sacerdotes dicen hablar conmigo, ellos hablan con la gente contándole todo lo que creen saber sobre mí y les prometen que en cuanto mueran se casarán conmigo y vivirán en el cielo para siempre. ¿Por qué se lo creen? Las personas que me quieren normalmente pasan el tiempo fuera de casa, dejando que la luz les bañe por completo y luego, los domingos o el día que tengan establecido, van a su casa y cuando abren la ventana se dan cuenta de la limitación de la luz que están recibiendo. O bien se dan cuenta de cuánta razón tiene el que les habla de mí o se fijan que desde su ventana pueden ver mucho más lejos que si salen ellos a la calle. No creas que estoy en contra de los que me adoran en sociedad, hablando entre ellos sobre mí, escuchando a alguien que realmente me aman, es como los demás llegan a conocerme. Cuanto más me ama una persona, más necesita salir de esa casa en la que habitan y más me buscan fuera.

            - Yo pensaba que los que iban a misa se salvarían. Me lo cuentas como si solo fueran para establecer el primer contacto y luego ya no fuera necesario.

            - Ir a misa no es como la gente va al cielo - añadió él -. Tienen tantas posibilidades de entrar los cristianos, como los budistas, los islamistas... todos. Y cuando digo que tienen tantas, me refiero a que tiene tan pocas posibilidades unos como otros. No hay una puerta del cielo, no es un club elitista donde los hombres tienen a cincuenta vírgenes, no es un lugar adornado con nubecitas de algodón y ángeles bebés volando de un lado para otro cantando con sus voces dulces. El cielo es esto, Verónica. Estar conmigo y sobre todo,... verme en todas partes.

            - Pero creo que yo te... que tú me gustas... que te quiero porque eres un chico muy guapo - replicó ella -. Si fueras una chica... Quiero decir, si un chico te ve, no te va a querer tanto como puedo quererte yo a menos que sea gay.

            Él soltó una carcajada al escuchar eso.

            - Estás cerca de conocer todos mis secretos, pero ese es uno que aún te va a costar asumir. La forma que estás viendo es la de tu alma gemela. ¿Recuerdas a Olivia? Ella estaba viendo a Juan.

            - ¿Qué? - replicó ella, confusa.

            - Yo soy. ¿Entiendes? Nada existe fuera de mí. Cada persona que he creado, soy yo.

            - ¿Qué quieres decir?

            - Quiero decir que tú también eres yo. Y aprendas, entenderás que tú podrás hablar con otros y les hablarás de mí hasta que te amen y entonces, cuando su amor sea perfecto, les dirás que soy yo. Las personas que me ven tal y como soy son como cristales pulidos. Si el Sol entra por una ventana es porque el cristal es transparente. Ni siquiera ves el cristal, solo ves la luz que entra por él. Cuando tú seas así, la gente no se fijará en ti, aunque sea esa la forma que tienes.

            - Pero si yo soy tú... eso sería como anularme...

            - No, al contrario, eso es llegar a tu plenitud. Es el Nirvana, como lo mencionan los budistas. Fíjate en mí, ¿crees que solo soy una cáscara y que quien te habla sería igual que, por ejemplo, un niño o una anciana? Imagina que tienes dos amigas del alma, una es alegre, extrovertida, te cuenta todo y la otra es más rarita pero también eres muy feliz de estar con ella y no sabes a quién quieres más. Sientes lo mismo por ellas, pero son personas distintas. Eso mismo es lo que tú serías para la gente, una persona totalmente diferente a otras, pero sin la fe necesaria, las personas te verán a ti y no a mí. Eres yo porque les amas mucho más de lo que ellos pueden imaginarse.

            - Creo que entiendo. Por eso cuando me poseía el odio era el Gemelo.

            - Llevabas al mundo la voluntad del Gemelo, eras él, su esclava, por así decirlo. Lo que me lleva a pedirte algo...

            Verónica le miró con cierto recelo. Él parecía nervioso y eso le hizo pensar que no le gustaría lo que iba a pedirle.

            - ¿Recuerdas lo que te dije? - comenzó él -. Que cuando hay una desgracia es porque nadie la evita. Quisiera enviar a todos los rincones del mundo a alguien que sepa exactamente qué hacer para evitar las cosas y por desgracia no tengo tantos voluntarios. De hecho, muy pocos...

            - ¿Quieres que evite cosas malas? - dedujo ella.

            - No solo eso. Aunque sería un buen comienzo. Sería como si te diera una placa de policía, ¿sabes? Mucha gente quiere ser la elegida, la enviada de Dios. No pienses que te voy a dar poderes espectaculares como para dividir un mar o caminar sobre las aguas. Lo único que vas a tener de especial es que sabrás que tú eres mi mano y que puedes evitar las cosas que pasan a tu alrededor con el único poder del amor.

            - ¿No me darás unas alas blancas que deslumbren a los demonios? - dijo ella, burlona, pero esperanzada.

            - No, solo serás tú.

            Ella sonrió y asintió con la cabeza.

            - Ahora aceptaría porque estás a mi lado, pero sé que en cuanto me olvide de este sueño podría volver a ser la misma.

            - No, Verónica - rectificó él -. Si aceptas mi proposición de ser mi enviada, romperás tus cadenas con el Gemelo.

            - En ese caso acepto - replicó ella, sin dudar.

            Cerró los ojos y esperó sentir algo, una ruptura en su interior, la ira del Gemelo en alguna parte. Pero lo único que sintió fue alegría. Fue como si hubiera estudiado una dura carrera durante años y hubiera leído la carta en la que le decían que había aprobado. Como si le hubieran arrancado de golpe miles de kilos de culpa, de carga pesada.

            Y entonces entendió que tenía muchas cosas que hacer y que estaba deseando hacerlas cuanto antes.

            - ¿Me acompañarás? - le preguntó.

            - Por supuesto, esa es la idea.

            Quería ver a Samuel antes de morir. Usó su poder de manifestarse en otros tiempos para acudir al lugar de su accidente, unos minutos antes de que ocurriera. Necesitaba hablar con él y pedirle perdón por todo.

Animal es el que abandona a su mascota.

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