Los grises

12ª parte

            Saltó el terraplén de dos metros arrastrándose por la arena y vio la estructura que divisó antes, a lo lejos. El viento levantaba polvo rojizo y tuvo la sensación de estar recorriendo un lugar de pesadilla.

            Al llegar vio que era un platillo volante gigantesco. Debía medir cuarenta metros de diámetro y unos siete de alto, contando desde el suelo incluyendo tren el de aterrizaje que lo sostenía. Dos hileras de luz roja continua titilaban en los bordes y una vidriera de cristal mate —sin brillo—rodeaba la hermosa estructura. No sabía cuántos aliens podía haber dentro, pero estaba seguro de que los que mataron junto al barco no eran ni la mitad de los que cabían ahí.

            «Quizás debí invitar a mis compañeros a acompañarme»—se dijo intimidado.

            — Eco4, no sé qué trama pero retroceda inmediatamente. Ya hemos tomado la posición que buscábamos, no necesita exponer su vida.

            — Hay una cosa que no le he contado, Montenegro. La única razón por la que he aceptado venir a este lugar es porque una amiga mía desapareció en el mismo momento que Alastor. No pienso regresar sin ella.

            — Usted en solitario se expone a una muerte segura. He mandado en muchas misiones y las probabilidades de supervivencia se reducen a la mitad cada vez que alguien muere. Debe regresar y no alertar al resto de hostiles.

            Antonio se cubrió tras unas cajas de lo que parecían contenedores de plástico gris a la entrada abierta de la estructura. Escuchó atentamente y se metió en la nave al no escuchar nada.

            — Si la tienen aquí la encontraré.

            — ¿Cómo va la búsqueda de Alastor, pelotón?

            — Aquí no hay nada, los robots siguen excavando y van muy despacio.

            — Cambio de planes, reúnanse con Eco4. Repito reagrúpense e investigue el OVNI juntos.

            — No sea idiota, estando solo haré menos ruido.

            — Deje de hacerse el héroe. Somos un equipo y hacemos las cosas juntos. Espere a sus compañeros y no se exponga.

            Pero en ese momento se aproximó un grupo de grises y Antonio se escondió tras otras cajas para no ser visto. Uno de los enemigos, un ciber gris volador, le vio y soltó un sonido similar a un chirrido. Le apuntó con su arma y disparó. Antonio se acurrucó y el plasma le rozó el brazo. Notó el calor pero no sufrió daño.

            En cuanto cesó la ráfaga le apuntó y le disparó. En enemigo seguía alertando a los demás cuando le reventó la cabeza y los otros ya tenían los ojos clavados en él. Contó al menos ocho más. Tres gigantes y cinco voladores.

            — Buen disparo —ordenó Montenegro—, pero ahora mantenga la posición, ¿entendido?

            — Como si pudiera moverme... —susurró mientras cambiaba el modo de su fusil a francotirador. Más potencia, más letal pero menos frecuencia de disparo. Le temblaban las manos, estaba en un buen lío, no podría con tantos.

            Por suerte para él, el interior era redondo y a su espalda tenía una puerta abierta con varias coberturas y sombras en las que resguardarse. Corrió hacia allá mientras escuchaba las poderosas pisadas de los gigantes y los zumbidos de los motores de los que volaban como drones.

            En cuanto se escondió se asomó de nuevo y disparó al más cercano, que le buscaba donde estuvo escondido antes. El tiro erró y el monstruo le vio.

            — Mierda —susurró.

            — No dispare, que no le vean, espere los refuerzos.

            — Con el debido respeto comandante, ya es muy tarde para ambas cosas.

            Un disparo surgió de las sombras, una potente bola de plasma blanco, y alcanzó a otro de los flotantes. El impacto lo dejó frito y explotó en pedazos. Procedía del interior de la nave, no podía ser de su equipo.

            Se alejó aún más pero el ciborg volador que le acosaba se propulsó y se situó entre su próxima cobertura y él. Le disparó precipitadamente y lo esquivó por muy poco por lo que tuvo que regresar a su anterior escondite para no quedar expuesto. Desde allí le disparó de nuevo e hizo blanco, pero sólo sirvió para romper parte de su coraza facial y descubrir su mutilado rostro sin nariz ni párpados. ¿Eran humanos? Desde luego no parecían grises.

            Mientras tanto el resto parecía ocupado con la entrada principal desde donde vio disparar a Abby, Tomás y John, agrupados.

            El capitán tiró una bomba dentro del OVNI y dañó a varios enemigos pero ninguno cayó. Abby hizo blanco con uno de los flotadores y lo reventó. Tomás disparó a un gigante y le dio en el pecho, pero éste se enfureció y les tiró una bomba sin importarle la integridad estructural de su nave. La explosión hizo daño a los tres aunque la que más sufrió fue Abby que salió despedida a dos metros de distancia y ya tenía el traje dañado. Al romperse la pared quedaron expuestos y se replegaron fuera de la nave. Abby seguía viva pues la vio acurrucarse tras una especie de contenedor.

            Antonio lo veía todo porque la pared del exterior era transparente, como una ventana continua.

            El misterioso aliado disparó al gigante que les tiró la bomba y sus sesos reventaron mientras se derretía y quedaba una mancha negra en el suelo. Sus compañeros se dispersaron mirando a todas las direcciones. Antonio sonrió triunfal, los aliens estaban acojonados.

            Abby disparó desde fuera y cayó el ultimo gigante. Antonio abrió fuego de nuevo al dron que lo acosaba pero éste regresaba con los demás y lo hacía tan rápido que no le alcanzó. Apenas aterrizó junto a su compañero una bola blanca de plasma lo reventó en pedazos. Alguien les ponía las cosas muy fáciles y sospechaba quién podía ser.

            John disparó a uno y lo derribó, luego iluminó el interior de la nave con su bomba de luz y Tomás terminó el trabajo disparando al dron que faltaba y haciéndolo explotar en pedazos.

            — ¿Están todos bien? —Preguntó el comandante.

            — Restaurando blindaje —respondió Abby—, capitán reúnase conmigo para que arregle su coraza.

            Masters corrió hasta ella cojeando. La última bomba les había dejado maltrechos.

            Antonio vio que Tomás también sangraba por el costado y se reunió con él. Él tenía masa reparadora de grafeno pero al ver que su propio costado estaba expuesto y faltaba bastante coraza tuvo que aplicar casi toda de la masa para cerrar el boquete de su propia armadura y el resto se lo puso a Tomás.

            — Muchas gracias.

            — No, estoy en deuda con vosotros.

            — Espero que encontremos pronto a esa amiga tuya —repuso Tomás—. Por cierto, muy buenos disparos, ¿qué arma tienes?

            — No fui yo. Creo que mi amiga nos ha encontrado a nosotros.

            Seguro de su afirmación se expuso ante el posible fuego del misterioso aliado y con los brazos en cruz exclamó:

            — Sal a donde podamos verte. Soy Antonio Jurado.

            — ¿Qué? —escuchó una voz femenina encima de un tubo de ventilación.

            — ¿Eres Ángela?

            Una mujer vestida de negro, sin más protección que la tela de licra que cubría su cuerpo, saltó y caminó hacia él con un fusil alienígena en las manos que emitía luz blanca.

            — Antonio Jurado... ¿Cómo demonios me has encontrado?

            — Con ayuda.

            — Pero... ¿Cómo lo haces para encontrar siempre a quien te propones?

            — Pues con un poco de suerte. Y me gusta cumplir mis promesas.

            Ambos soltaron sus armas dejándolas colgar sobre sus hombros y se fundieron en un fuerte abrazo. Tomás silbó al ver el cuerpazo de Ángela y John carraspeó para hacerse notar. Abby le dio un codazo aprovechando que le estaba aplicando la pasta de grafeno y le tenía al lado.

            — ¿La han encontrado? —Preguntó Montenegro—. No pierdan tiempo, nos quedan diez minutos para encontrar al comandante general.

            — Chicos, coger vuestras armas, la misión continúa —intervino Abby.

            — Buen fusil, ¿de dónde lo has sacado? —Preguntó Antonio.

            —De su arsenal. Vamos aún quedan enemigos ahí dentro.

            —Deberías quedarte fuera, no llevas protección.

            — No la necesito.

            — He venido a buscarte y quiero que te quedes.

            — Qué galán. Pero paso, ahora que somos una fuerza a tener en cuenta no pienso esconderme como una rata. Soy Ángela Dark, la asesina más letal de la tierra.

            — Y la más modesta —se burló Abby.

            — Sólo constato un hecho —respondió retadora.

            — Antes demostró ser buena  —indicó Tomás.

            — Aun no ha demostrado nada —protestó John—, el novato Jurado ha tenido mucha más suerte que ella y no significa que sea bueno.

            — Te fastidia que haya matado más enemigos que tú —replicó Antonio con aspereza.

            — ¡Señores! —reprendió el comandante—. Las cervezas y celebraciones cuando estén de regreso, les recuerdo que aún tienen enemigos en esa nave. No sabemos el peligro que representan.

            — Estamos en ello, señor —respondió el capitán.

 

            Mientras hablaban iban tomando posiciones y cerciorándose de que no quedaban enemigos atrás. Alcanzaron varias puertas luminosas que se abrían con la cercanía y encendían las luces de las estancias. La que examinaban ahora era una cubeta donde podía entrar un niño de unos diez años. El líquido verdoso de dentro estaba en ebullición y tenía luz propia. Sin embargo al tocarlo era más frío que el hielo. Tomás tuvo que agitar la mano enguantada para recuperar la sensibilidad de los dedos.

            — Creo que es la sala de hibernación de alguno de los grises enanos —dijo John—. Si pudiéramos llevarnos esta nave a los laboratorios podríamos hacerles una visita y devolverles todos los estragos que nos han dado ellos.

            — De eso nada, amigo, la nave es mía —replicó Ángela.

            — Después se la juegan al póker si lo desean —intervino el comandante, enojado—. Ahora encuentren a Alastor.

 

            Antonio agradeció que Ángela no pudiera oírle, no sabía cómo reaccionaría si se enteraban que le buscaban a él y no a ella, aunque ya debía sospechar algo.

            — Sí, señor —respondió John.

            — ¿Con quién habláis? —Preguntó Ángela.

            — Con el comandante —respondió Antonio.

            — Soldado, no le cuente nada, podría estar abducida y ser un señuelo.

            — Imposible, ha matado al menos a tres —replicó.

            — No podemos fiarnos de nadie.

            — ¿Me estáis diciendo que vuestro jefe está escondido como una rata mientras os da órdenes?

            — Ni una palabra, ¿entendido? —Ordenó el comandante.

            — Tenemos una misión que terminar y no hay mucho tiempo —respondió Abby.

            Después de la sala de hibernación encontraron una más grande donde se veía una pantalla de ordenador flotando sobre un panel con cientos de botones grandes con formas dibujadas similares a cuernos en distintas posiciones.

            — Espero que entiendas el idioma de estos seres —siseó Antonio—. Lo necesitarás para pilotar esto.

            — ¿Son ordenadores? —Preguntó Ángela—, ¿nos han copiado?

            — Llevan siglos usándolos —respondió John—. Nosotros les hemos imitado a ellos.

            — Sí claro.

            — Tesla hizo el primer plano de una CPU con válvulas de vacío a partir de lo que aprendió de ellos —explicó Abby—. Ese plano se vendió a IBM para financiar nuestra organización cuando era una empresa que se debatía entre fabricar armas o chocolatinas. Con esos planos crearon los primeros ordenadores y se convirtieron en el gigante tecnológico que son.

             Espera, tengo una duda ¿Tesla quién es? —Preguntó Ángela.

            Antonio iba a responder cuando un alien gigante apareció tras el ordenador con un arma que emitía luz verde de un tubo de cristal y disparó hacia ellos.

            Al atravesar la pantalla el ordenador exploró en pedazos y luego el rayo les hizo saltar por los aires, excepto a Ángela que rodó por el suelo de la nave buscando cobertura antes del impacto.

            Las cubiertas de grafeno transparente de sus cabezas quedaron destrozadas y sus trajes bastante deteriorados. Antonio sufrió quemaduras en el hombro y cortes en la cara, nada que le impidiese seguir moviéndose, pero ninguno de ellos resistiría un impacto más. Se dispersaron quedando en el centro Tomás, que fue el único capaz de disparar antes de recibir el impacto. Hizo blanco pero sólo le dañó la armadura por el brazo derecho. Se libró de la onda expansiva porque el proyectil impactó un paso detrás de él.

            Otro gris alargado les observaba desde una sala elevada. Antonio le disparó en cuanto le vio pero el disparo rebotó en los cristales.

            —¡Allí! —Exclamó, señalándolo.

            — ¡No disparéis! —Ordenó John—. Me encargaré de él...

            Sacó una granada y se la tiró. Al impactar con el cristal explotó y lo rompió en mil pedazos, dañando al que debía ser el jefe enemigo.

            — ¡Cuidado! —Reprendió el comandante—. Alastor podría estar ahí.

            El gigante bramó furioso y cargó contra Abby que aun intentaba levantarse. La bestia la cogió por el cuello y la levantó en volandas, alejó su otro puño y una bola de luz blanca le alcanzó en el pecho. Salió despedido a dos metros, soltando a la teniente. Pero como acto reflejo, antes de caer de espaldas disparó su arma al techo y abrió un enorme boquete en el platillo volante.

            — Mierda, ¿por qué tuviste que hacer eso? ¡Es mi nave! —Gritó Ángela, furiosa, mientras le remataba con dos disparos más. El segundo le alcanzó cuando sólo quedaban cenizas y abrió otro boquete en el suelo.

            Antonio corrió en ayuda de Abby, que se quedó tendida al caer desde dos metros de altura.

            — ¿Qué haces aquí? Ve a por el otro —le apartó enojada.

            — ¿Estás bien?

            — No lo sé, ¡vete!

            Antonio se puso tras el ordenador humeante y John trató de subir trepando por los tubos que salían de la máquina. Una vez arriba se quedó paralizado.

            Antonio le siguió y Ángela también haciendo un doble salto apoyándose en la pared lateral.

            Una vez arriba John les esperaba y le disparó destrozándole media armadura a Antonio. Su hombro quedó desnudo y se le cayó el arma, la piel le ardía. John le miraba con odio mientras le veía caer. Todo ocurrió como a cámara lenta, ¿por qué le disparó?

            — Maldito cabrón... —dijo Ángela mientras disparaba dos proyectiles de plasma y el gris quedó desintegrado.

            John soltó un  bramido de dolor, sujetándose la cabeza con las manos y cayó arrodillado mientras sangraba por la nariz.

            — Ese era el último —dijo Montenegro—. Busquen al Comandante general.

            — No perdamos tiempo, busquemos a Alastor —se incorporó John entre quejidos y enfrentándose a dos miradas acusadoras.

            — ¿Por qué coño me has disparado? —Preguntó Antonio.

            — No fue él —replicó Ángela—. Ese monstruo manipulaba los pensamientos de las personas, he visto cómo controlaba a los hombres de Alastor. Y tú —se volvió a John—, perdéis el tiempo aquí si le buscáis. Se fue con ellos hace tres días.

            — ¿Cómo? —Protestó John.

            — El tiempo es elástico en esta dimensión, capitán —explicó el comandante—. No pierdan más tiempo y regresen a la nave, les esperamos fuera.

            — A la orden —repuso John.

 

Comentarios: 8
  • #8

    Yenny (miércoles, 22 julio 2015 18:22)

    Ya me confundieron, Tony espero que en este relato salga la verdad definitiva sobre Alastor.
    Espero que puedas subir pronto la continuación :)

  • #7

    Tony (miércoles, 22 julio 2015 07:24)

    La realidad misma está llena de contradicciones. Pero en el caso de Alastor y su origen aqui se descubrirán cosas nuevas.
    En cuanto al origen escrito en "tocando las estrellas", tener en cuenta una cosa: lo escribió Antonio Jurado antes de todo esto y por lo tanto, podría estar lejos de la verdad.

  • #6

    Jaime (miércoles, 22 julio 2015 01:19)

    Yo recuerdo que "En el investigador que interrogaba a las paredes" los secuaces de Alastor desmienten a Antonio sobre su teoría de que Alastor proviene del espacio y Aquiles menciona que Antonio solamente conoce lo que Alastor quiere que él sepa. ¿O me equivoco, Tony? Entonces, puede ser que la teoría de Antonio sobre el origen de Alastor no sea completamente correcta. Después de todo, no sería la primera vez que hay una contradicción en los relatos de esta página.

    Por cierto, Tony, espero que puedas publicar la siguiente parte hoy.

  • #5

    Yenny (sábado, 18 julio 2015 20:08)

    Jaime en Tocando las estrellas se conoce el origen de Alastor.
    Que bueno que Ángela este viva es uno de mis personajes favoritos junto a Samantha.
    Si recuerdo bien creo que Alastor quería regresar a su lugar de origen o eso era lo que le dice Génesis a Antonio, se supone que con la tecnología de los grises lo puedo lograr, entonces porque crea la organización para destruirlos¡?
    Esa parte me confunde un poco, espero que mas adelante se revelen las intenciones de Alastor.

  • #4

    Alfonso (sábado, 18 julio 2015 01:13)

    La historia es muy interesante. Espero que puedas publicar con más frecuencia, Tony.

  • #3

    Jaime (jueves, 16 julio 2015)

    Interesante historia. A diferencia de Chemo, no creo que Alastor se haya ido voluntariamente con los Grises. Espero que se revele algún hecho relevante sobre el origen de Alastor o incluso de la raza humana. También me alegra que Ángela esté viva. Quisiera también que se explorase la relación entre Antonio y Brigitte, sobre todo cuando esta última posee la psique de Ángela.

  • #2

    Chemo (miércoles, 15 julio 2015 05:29)

    Buena historia. Me alegro que Antonio se haya reencontrado con Dark. Seguramente Alastor encontrará lo que siempre ha buscado si se une a los Grises.

  • #1

    Tony (miércoles, 15 julio 2015 00:58)

    Espero que os haya gustado. No olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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