Los grises

15ª Parte

Miércoles, 22 de abril de 2015

 

            Cuando llegó a casa y aparcó, después de dejar a su hijo en la guardería encontró el Mustang rojo junto a su plaza de parking.

            Cerró el coche y vio que Abby le esperaba sonriente.

             —Buenos días, ¿cuál es el plan de hoy? ¿Me dejarán entrenar o hay misión?

            —Nunca se sabe, de momento llama a tu amiga. El comandante nos quiere allí a las once y media.

            —Vaya —miró el reloj, eran casi las diez—. Me da tiempo a correr una hora —bromeo, irónico.

            —No seas payaso. Llámala, vamos a por ella. ¿Cuánto tardará en llegar?

            —¡Llamar a quién! —Apareció Ángela en el patio de la entrada.

            Antonio sonrió.

            —¿Lo ves? Corro media hora, me pego un chapuzón y me sobra tiempo.

            —Ni hablar, si llegamos antes mejor. Vamos subir, el comandante quería contarnos algo importante.

 

 

            Ir con tiempo influyó notablemente en la conducción de la teniente, que en lugar de tardar cinco minutos tardó un cuarto de hora. Cuando aparcaron en el parking abandonado, Ángela preguntó:

            —¿Dónde está la nave?

            Abby le prestó sus gafas transparentes.

            —No son de mi estilo, gracias.

            —Póntelas —ordenó.

            Al obedecer y ver la nave cucaracha delante mismo de ella abrió los ojos como platos

            —Pero qué coño... —Se llevó las manos a cabeza con asombro—. Esto es como un truco de magia de Chris Angel, ¿no? El cabrón ese hacía desaparecer camiones en medio del desierto. ¿Cómo lo hacéis?

            —Ya te lo explicaremos más adelante. Si el comandante te acepta en el grupo se te dará un equipo completo. Por cierto, veo que no has traído el arma de plasma.

            —Si acepto ese trabajo me plantearé traerla.

            —Nuestros ingenieros están deseando echarle el ojo encima. Después te la devolverán, pero procura no utilizarla contra los nuestros.

            Abby no le pidió de vuelta las gafas y sin embargo Antonio se fijó en que no necesitó ayuda para encontrar la rampa de entrada.

            —¿Cómo la has visto?

            —Es fácil, una vez dentro de su campo magnético puedo verla.

            —Ah.

            —Y hay un truco para ver lo que hay tras un escudo óptico sin gafas. Si miras sin enfocar la vista o pestañeas muchas veces, distingues siluetas.

            —Interesante.

            Se acomodaron en sus respectivos asientos y activaron el campo de antimateria. El sonido cesó y sin inercia ni gravedad la nave se elevó como una silenciosa pluma mecida por el viento.

            Nunca se acostumbraría a esa maravilla tecnológica, pensó Antonio.

 

            Una vez en el hangar de la base y desactivados los campos de antimateria y electromagnéticos, se preocupó de que esta vez ni siquiera recordaba el trayecto. En realidad le pareció que el vuelo duró apenas un par de segundos, el tiempo que tardaron realmente. Cuando tuviera ocasión le preguntaría a Black, aunque últimamente le pasaban cosas que no les pasaba a nadie más, como ver bailar estrellas.

            —Se han adelantado —dijo el comandante, bajando por las escaleras. A medio tramo les ordenó que le siguieran con un gesto de la mano.

            Fueron directos a la sala de reuniones a pesar de que los destrozos de su despacho estaban arreglados.

            —Adelante, les pondré al corriente.

            Les invitó a entrar esperando a la derecha de la puerta.

            —Hemos conseguido que uno de los miembros del consejo nos conceda audiencia a las once y media. Tendrá su oportunidad de demostrar lo que ha dicho.

            Miró a Ángela, retador.

            —¿Qué miembro?

            —El ministro de defensa español.

            —Dudo que me conozca, Alastor aun no informó de mi cargo.

            —Repita eso.

            —Se lo dije, soy su "heredera". Cuando alguien te hace heredero significa que en el momento que ya no esté el jefe...

            —¡Ya sé lo que significa! ¡Pero tendrá una forma de demostrarlo!

            Ángela se encogió de hombros y miró a Antonio.

            —Nunca me dio acceso a nada, estaba en periodo de pruebas.

            «Y no lo superó» —recordó Antonio.

            —Dígame al menos que podrá convencerlo de lo que dice.

            Le miro pensativa y sonrió.

           Buf, puede ser, pero necesito su "Ave Fénix".

            —¿Qué?

            —Su maravilla voladora, necesitaré tiempo para encontrar algo. Lo bueno es que sé dónde está y lo malo es que es más peligroso que rezar un padre nuestro delante de extremistas islámicos.

            Montenegro miró su reloj al mismo tiempo que Antonio. Eran las diez y media.

            —Hagámoslo rápido. No podemos regresar sin esa prueba.

            —A la orden, señor —se cuadró Abby.

 

 

            Serían los tres quienes intervendrían en la incursión relámpago, no había necesidad de recurrir a John, que necesitaba reponerse de sus heridas.

            Ángela indicó a Brenda, la piloto, que fueran al ministerio del interior.

            —No podrá hacerlo sin el equipo, señor —objetó Antonio.

            —No os necesito —replicó ella.

            —Se refiere a la equipación —añadió Abby.

            —No iremos armados —aclaró el comandante—. No serán grises ni enemigos. Nadie puede saber que estuvimos ahí. Llevareis los escudos.

            —¿Y para qué? —replico ella, socarrona—. Prefiero una espada.

            —Se trata de un campo magnético óptico que se lleva ajustado al pecho —explicó Antonio—. No sólo te hace invisible sino que detiene las balas—. Al menos unas pocas.

            —Tú lo flipas —replicó incrédula—. ¿eso existe?

            —Te darán también un fusil de plasma, unas gafas como estas —señaló las suyas—, un traje de grafeno y el brazalete anti gravitatorio. Pero sin tu código genético no te pueden dar armas.

            —¿Vosotros qué sois? ¿Los X—men?

            —Con esas gafas podrás vernos y el escudo póntelo ahora porque allí no habrá tiempo —ordenó Abby—. Recuerda que aunque no puedan vernos sí nos oyen.

            —¿Esta plaquita hace todo eso? ¿No necesita el disfraz ese de goma? —Levantó la placa metálica con las dos correas ajustables y la miró desde todos los ángulos—. Pierde glamour, la verdad.

            —El traje de grafeno debe ser a medida, no podemos darte ninguno ahora.

            —Qué lástima. Me gustaba, parece ligero y cómodo. Aunque debes cocerte dentro.

            —Al menos bloquea gran parte del impacto —indicó Antonio.

            —¿De dónde habéis sacado todo eso?

            —Muchas cosas son inventos de Tesla, otras hemos ido aprendiendo de los grises —respondió Abby.

            —Ardo en deseos de conocer a ese friki.

            —Murió en 1943 —dijo Antonio.

            Ángela frunció el ceño extrañada mientras se puso el escudo.

            —Venga ya... ¿Acaso viajaba en el tiempo? Todo esto tiene que venir del futuro.

            —Ese es otro de sus muchos inventos —intervino el comandante—. Pero debido a la peligrosidad que supone está guardado en un lugar super secreto que sólo conoce una persona del mundo.

            —Usted —dedujo Ángela—. ¿Me está diciendo que tiene en el garaje de su casa una máquina del tiempo?

            —Ese es uno de tantos secretos que sólo yo guardo. Si muero el EICFD desaparecería... Y si esta misión fracasa también.

            —¿Qué más inventos creó Tesla? —Preguntó Antonio, asombrado.

            Desde niño había soñado con viajar al pasado o al futuro. Casi todos los que vivieron los años ochenta en su pubertad habían disfrutado de las películas de Michael J. Fox, de "Regreso al futuro".

            —Créame que son muchos, y ninguno debe ser hecho público. El más solicitado por excéntricos millonarios es la máquina de la felicidad. Pero nos faltan siglos de desarrollo civil y moral. Estamos perdiendo el tiempo. Si se han equipado pongámonos en marcha.

            Se pusieron los arneses de seguridad y la nave activo el campo de antimateria.

 

            Lo siguiente que recordó Antonio fue que descendía por la rampa en el tejado del ministerio con el escudo óptico activado junto a sus compañeras.

            —Esto es muy raro —dijo.

            —Usen sus dispositivos, no hablen. Nos jugamos mucho, soldado.

            «Es absurdo, tardaría demasiado en escribir» —pensó. «Mejor así, no diré tanta tontería».

            Sólo podían entrar desde el tejado ya que los estrechos balcones del siglo XIX estaban cerrados. Buscaron un acceso desde el tejado y llegaron a una puerta de acero cerrada con llave que ni con la mas poderosa patada hubieran podido derribar.

            Ángela no esperó órdenes y con una horquilla del pelo hurgó en la cerradura y la hizo saltar abriendo la puerta de inmediato.

            Antonio sonrió mirando a Abby y ésta la observaba con una sonrisa de admiración.

            Con el escudo óptico pasaron sin dificultad por las escaleras vigiladas por cámaras y abajo se encontraron el acceso abierto.

            Ángela presionó el picaporte con un golpe seco y luego empujó la puerta con suavidad. Pasaron sin hacer el más mínimo ruido por un amplio pasillo adornado con doble techo de escayola y con varios accesos a despachos con placas doradas.

            Ángela se adelantó y se acercó a una puerta en el principio del pasillo, junto a unas amplias escaleras y aprovechando su invisibilidad ignoró a los guardias que la escoltaban, parloteando sobre fútbol.

            Abrió la puerta y los vigilantes disimularon pensando que salía alguien importante. Antonio y Abby siguieron a Ángela al interior del despacho y se quedaron quietos.

            —¿Quién ha abierto la puerta? —dijo el hombre, que se extrañó de no ver a nadie.

            Al no responder salió de su asiento y se asomó al exterior.

            —¿Y bien?

            Los guardias le miraron como a un loco.

            —¿Desea algo, señor? —respondió uno.

            —¿Me toma el pelo? Ustedes han abierto.

            —No, señor... Sería el viento.

            Ángela aprovechó para meterse en el ordenador y tratar de buscar la información que necesitaba. Antonio miraba nervioso a la puerta y al PC, temiendo que el ministro volviera y descubriera que alguien invisible tecleaba.

            —Sería eso señor —escucharon la voz del otro.

            —Seguramente... —declaró el hombre de unos sesenta años que Antonio pero no reconocía su nombre en la placa de su mesa.

            El ministro regresó pensativo y Ángela se apresuró en sacar una foto a la pantalla y cerrar el programa que tenía abierto justo antes de que el ministro viera lo que había hecho.

            Antonio suspiró aliviado y el dignatario se giró hacia él, buscándolo.

            —¿Quién está ahí?

            Abby le hizo señas para que no se moviera. Ángela puso los ojos en blanco y él obedeció aguantando la respiración y cerrando los párpados por instinto.

            La teniente puso la mano sobre su hombro y le indicó que se moviera. Antonio pestañeó al descubrir que el ministro se había sentado frente a su ordenador y no insistió en interrogar al vacío aunque parecía asustado.

            Subieron por donde habían venido y llegaron a la nave en un momento. Ángela sonreía triunfal, la prueba que buscaba estaba en su teléfono móvil y por lo visto fue coser y cantar.

            Una vez en la base, tras un viaje que no pudo recordar, cuando desactivaron el campo de anti materia cogió a Abby del brazo y dijo:

            —¿Qué me está pasando? No me ignores, por favor. Ayer vi danzar en el cielo a la estrella Vega...

            —Continúe, soldado —cortó Montenegro—, no tenemos tiempo para chácharas.

            —Sabe lo que me está pasando. Dígame algo al respecto.

            —Es usted el personaje más sugestionable que he conocido nunca —replicó enojado—. ¿Ha visto bailar una estrella y ésta va y justo deja de hacerlo cuando la graba en video? Claro, el universo, que tiene miles de millones de estrellas y un buen saco de años, se dio cuenta de que usted miraba a una de ellas y la desplazó miles de millones de años luz como si bailara para luego devolverla a su sitio cuando se dio cuenta de que le iba a hacer una foto. ¿Quiere que le responda? ¡O el universo es muy tímido o usted lo ha imaginado! ¿Qué cree más probable?

            —¿Seguro que no tiene que ver con los efectos de la antimateria? —Insistió, enojado.

            Montenegro le ignoró sumamente irritado.

            —Menudo gilipollas —susurró Ángela, al pasar a su lado.

            —Es tarde —apremió Abby.

            —¿Y no podría ser que un OVNI aprovecha la luz de la estrella para esconderse.?

            —Es ridículo, usan escudos ópticos, nadie les ve —explicó Abby.

            —Pues te juro que lo he visto. Y no estaba borracho... Puede que cansado, pero recuerdo que se desplazó entre otras estrellas.

            —¡¿Y por qué no escribe un libro y ya si acaso nos lo leemos cuando vayamos a cagar?! —Explotó Montenegro, furioso—. Si tantas ganas tiene de enterarse de esos efectos, podrá ir a ver al doctor después. Pero ahora hay cosas importantes que hacer.

 

            La sala del consejo estaba oscura cuando entraron. El comandante encendió la pantalla de la pared, que era un enorme televisor de plasma de sesenta pulgadas. En ella aparecía en letras verdes sobre fondo negro: "unpluggued".

            —Falta un minuto para la conferencia, hagan el favor de no hablar si yo no se lo pido. 

            Ese comentario fue acompañado de una mirada a Antonio como si fuera dirigida a él.

            —Es de los pocos miembros del consejo que aún confían en nosotros.

            El texto desapareció y la pantalla se iluminó en blanco con un cartel en medio que decía "Incomming call".

            —Es la hora —Montenegro pulsó un botón en la mesa y apareció un despacho con un hombre sentado frente a la cámara al que sólo veían un traje con corbata y la imagen se cortaba en su cuello para evitar verle la cara.

            —Montenegro, dese prisa, no tengo mucho tiempo. ¿A qué viene esta reunión de urgencia?

            —Quería corroborar con usted un cambio en la cúpula del EICFD.

            —No me conciernen sus actividades.

            —¿Cómo dice? Necesitamos fondos en el consejo del día 26 y deben saber quién estará representando a nuestra organización.

            —¡Me trae sin cuidado! —Golpeó la mesa con los puños—. Lo que quiera que esté pasando arréglenlo cuanto antes porque tienen tareas atrasadas. Si no cumplen la lista de peticiones antes de ese día no cuenten con nuestra financiación un sólo mes más. ¿lo han entendido?

            —Disculpe la pregunta, ¿qué lista es esa? —Inquirió el comandante, confuso.

            —Déjeme hablar con su nuevo jefe.

            Montenegro miró a Ángela y esta intervino.

            —Soy yo. ¿Qué quiere saber?

            —¿Qué quiero saber yo? Ustedes tienen poco tiempo, atiendan la petición o no aprobaré el presupuesto.

            —No hemos recibido la lista de peticiones.

            —¿Están de broma? No puedo creer que tengan problemas técnicos... —Suspiró—. Ahí la tienen.

            En la pantalla apareció un sobre parpadeante con un letrero: "fichero recibido".

            —Recuerden, cumplan su parte y tendrán financiación.

            La pantalla volvió a ponerse negra con el texto de desconectada.

            —Abra ese fichero —se impacientó Ángela.

            —Nunca habían mencionado las peticiones. Alastor omitía esa parte —susurró Montenegro.

            Utilizó el ratón para abrir el sobre virtual que titilaba en la esquina superior izquierda de la pantalla y apareció un mensaje.

            "Password:".

            —Genial, estamos jodidos —refunfuñó el comandante.

            —¿Por qué? —Replicó Ángela —. ¿Acaso cree que nuestro paseo por el centro de Madrid fue un pachangueo?

            Sacó su teléfono móvil y revisó la foto que hizo.

            —Escriba 7211.

            Obedeció y al pulsar Intro se abrió un fichero de texto:

 

 

 

Comentarios: 8
  • #8

    Tony (viernes, 14 agosto 2015 03:09)

    Vaya dia. A versi mañana puedo subir algo... Disculpar el retraso.

  • #7

    Chemo (viernes, 14 agosto 2015 02:14)

    Espero que Ángela Dark entre en acción de nuevo. Ojalá esté la continuación pronto. Felicidades, Tony, por el nuevo integrante de tu familia.

  • #6

    Tony (miércoles, 12 agosto 2015 21:10)

    No te preocupes, espero que entre hoy y mañana suba la continuación.

  • #5

    Cecilia (miércoles, 12 agosto 2015 20:50)

    Nooo puede ser, me dejó en suspenso, bueno con ansias esperare la continuación... saludos a tod@s...

  • #4

    Yenny (sábado, 08 agosto 2015 01:42)

    Noooo! es cruel hacer eso, pensé que no podía ver la lista de peticiones desde el móvil y cuando entro veo que no la has puesto, te guardas lo mejor.
    Tony aprovecha en descansar mucho cuando nazca tu hijo regresaran las noches de desvelo :), aunque todavía estas familiarizado no se llevan mucho tiempo tus hijos, me hubiera gustado que tengas una niña para que puedas disfrutar de lo bueno de ambos géneros :)
    cuídate y a esperar otra semana

  • #3

    Tony (viernes, 07 agosto 2015 08:58)

    Gracias, Jaime, eso espero.

  • #2

    Jaime (viernes, 07 agosto 2015 05:04)

    Ha hecho su aparición el primer miembro de la Organzación. Presiento que se revelarán más cosas sobre la relación entre Ángela y Alastor la semana próxima. Espero que tu segundo hijo nazca con bien, Tony.

  • #1

    Tony (viernes, 07 agosto 2015 01:26)

    Esta semana se me ha complicado la cosa. Cada día puedo escribir menos y eso que mi segundo hijo aún no ha llegado.
    Pero no os preocupéis, sigo aquí.

Animal es el que abandona a su mascota.

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