Los grises

2ª parte

 

         Le dio la dirección. Era en pueblo de al lado.

         Antonio siempre imaginó que los marcianos invadirían primero Estados Unidos ya que era lo típico de las películas y donde mayor cantidad de abducidos se concentraba por kilómetro cuadrado —según internet—. Por eso era lógico que los americanos le contactaran, aunque era preocupante que supieran lo que había hablado con Lara. ¿Acaso le tenían pinchado el teléfono? En cualquier caso estaba ansioso por compartir conocimientos con ellos.

         Al aparcar el viejo 206 junto a la dirección indicada vio un mustang rojo moderno y un Chevrolet todoterreno gris. Era un chalet adosado con pinta de estar deshabitado y llamó al timbre del exterior. Le abrieron la puerta tras unos segundos eternos y accedió al patio delantero. Estaba descuidado, con unas bancas de piedra y una mesa rústica de madera llena de hojas secas. ¿Nadie limpiaba allí?

         Llamó a la puerta de la casa y le abrió al instante una chica rubia con chaqueta militar.

         —Adelante, señor Jurado.

         Antonio obedeció y entró. La mujer que le recibió, llevaba el pelo amarrado en una coleta y tendría unos treinta años. Era tan alta como él, metro ochenta y cinco, de complexión delgada y vestía un chandal de algodón gris oscuro con la palabra "SHEALS" en medio del pecho. Cerró la puerta tras él y le hizo entrar en un salón amplio donde había un hombre que ordenó que cerrara cuando entraron. Se puso nervioso porque no parecían ir de broma.  No era el loco barbudo americano que esperaba. Se trataba de un fornido tipo de cabello blanco rapado al estilo militar, al cero, y debía rondar los cuarenta y pico años. Sus ojos pequeños y su mentón cuadrado le recordaron a los marines americanos. Vestía tejanos azules y un polo de manga corta con pecho azul y cuello y bordes blancos.

         —Señor Jurado —le habló el hombre, que apenas tenía acento—. Somos del E.I.C.F.D. Disculpe el secretismo de nuestro encuentro pero nadie debe saber de nuestra existencia.

         —¿Qué diablos es Eicfed? —Inquirió confundido.

         —Son las siglas de: "Ejército Internacional Contra Fuerzas Desconocidas". El IAAUF quizás le suene más, en USA hay bastante mitos sobre nosotros.

         —¡Venga ya! —Antonio soltó una risotada, incrédulo.

         —Las abducciones son reales y nosotros tenemos la misión de acabar con las causas de una posible alarma social —intervino ella—. Llevamos trabajando de forma conjunta con los gobiernos desde 1943.

         —Nos financia el G20, aunque no todos los países —aclaró el hombre—. Ya tendrá tiempo de ponerse al corriente de nuestras actividades. Pero no seamos descorteses, soy el capitán John Masters y ella es la teniente Abby Wrigth, somos los últimos agentes en activo de la EICFD y necesitamos nuevos reclutas.

         —¿No es broma? Me están asustando. Tengo que ir a por mi hijo a la guardería en tres horas y....

         —Espere, sólo le robaremos unos minutos. Hemos rastreando señales OVNI en los últimos años y desde el año 2010 centraron sus actividades en España, más concretamente entre Madrid y Toledo. Recientemente focalizaron las abducciones en la zona de la Sagra y no sabemos por qué. Ayer no logramos llegar a tiempo para evitar la abducción de su amiga pero gracias a nuestra intervención usted sigue con vida. Los grises no suelen dejar testigos de sus incursiones. Desde entonces le tenemos escoltado y por eso pinchamos su teléfono.

         —Ustedes fueron los de la bomba de humo —dedujo.

         —Era gas somnífero —corrigió—. Escuche, no hable sobre los grises con nadie, si lo hace pondría en peligro sus vidas porque les cazarán con tal de mantener su secreto. ¿Lo entiende? Ellos lo ven todo.

         —Los grises... Pues ya es tarde, se lo conté a mi mujer, aunque está convencida de que fue una pesadilla. Ah, ¡y la inspectora Emmerich!

         —No hay problema cuando no le creen, no se preocupe.

         —¿Por qué no lo cuentan a la prensa? La gente tiene derecho a saberlo.

         —La masa popular es estúpida —replicó el militar—. No podemos permitir que lleguen miles de llamadas por falsas alertas de avistamientos. Además, ya lo hemos intentado pero nadie nos cree.

         —Ya. ¿Y tienen alguna idea de lo que buscan aquí?

         —Es como si necesitaran encontrar a alguien en concreto —respondió Abby—. Vienen, se llevan a uno y se van, se diría que buscan a esa persona y a los testigos les matan o se los llevan sin dejar rastro. La mayoría de las veces esas personas abducidas reaparecen sin recordar lo que les ha pasado y actúan como si nada, inconscientes de que todo lo que ven y oyen es recibido por ellos. Pierden unas horas de sus recuerdos y en la mayoría de los casos no se dan cuenta por lo que es imposible saber cuántos ojos y oídos tiene el enemigo en este momento.

         —Ayer detectamos una actividad inusual sobre la zona —intervino John—, un fuerte campo magnético sobrevoló su casa. Sus vecinos lo consideraron un débil seísmo. Era una de sus naves ocultas por un escudo óptico. Son invisibles incluso a plena luz del día. Cualquiera que no pueda recordar lo qué hizo aunque sólo sea por una hora podría llevar sus implantes.

         —¿Creen que yo...? —Miró a Abby preocupado por no recordar nada desde que cayó desmayado hasta que apareció en el hospital.

         —Llegamos a tiempo y no te capturaron, pero si tienes algún implante anterior lo sabremos cuando te escaneen los científicos.

         —Si lo tengo sáquenlo, no quiero llevar esa cosa en la cabeza.

         —Se lo íbamos a comprobar de todos modos —insistió el capitán—. No podemos arriesgarnos a meter a un topo enemigo en nuestro cuartel.

         Hubo un tenso silencio en el que Antonio no supo si podían confiar en él o no.

         —¿En serio los grises tienen desintegradores y naves invisibles? —Preguntó ilusionado como un niño.

         Abby sonrió, pensó que no se tomaba nada en serio.

         —Quizás ha escuchado el caso de un cazador, un tal señor Hindon —intervino John, con tono aburrido—. Un día salió a cazar y disparó una bala a unos alces. Esta se detuvo en el aire y cayó sin más. Entonces un ser gris de metro y medio le contactó y se lo llevó a un platillo volante. Tras una serie de pruebas le devolvieron a la tierra. Le forzaron a tomar una píldora del olvido. Cuando llegó a casa sabiendo que no recordaba absolutamente nada de su cacería, preocupado, se sometió a hipnosis para averiguarlo y lo recordó todo, acudió al lugar donde los vio y encontró la bala en el suelo, intacta.

         —¿No puede ser que sean dos especies de aliens? —Preguntó Antonio—. Eso explicaría que a unos los devuelvan y a otros no.

         —Las hay, son al menos dos —explicó el soldado—. Una es salvaje, semejante a insectos de cuatro patas, hemos abatido a varios de estos el día que secuestraron a su amiga. Cuando mueren se transforman en una especie de moco amarillo que en cuestión de segundos quema lo que alcanza y no queda ni rastro, es como plasma. Sus armas simplemente explotan cuando ellos mueren.

         —¿Por qué creen que se llevaron a Fausta? —se interesó Antonio.

         —Dígamelo usted —replicó John—. ¿Su amiga era importante?

         —Una gitana adivina. Que yo sepa no tenía cargo político alguno. Aunque en cierto sentido sí era importante. Además dijo que unas "fuerzas desconocidas" la llevaban rastreando durante... Años —no sabía si podía confiar en ellos como para contarles nada acerca de la inmortalidad de Fausta.

         —Maldita sea. En ese caso puede que esa mujer sea clave.

         —¿Qué pueden querer de ella? —Inquirió Antonio.

         —No tenemos la más remota idea. Si vuelve a verlos o escucha que alguien los ha visto, llame inmediatamente al número de la tarjeta, no se exponga. Aunque dejaré que Abby le escolte unos días. Acudiremos tan pronto como nos sea posible. Tengo que contarle todo esto al doctor White.

         Antonio asintió, pero dudaba que lo que les había contado fuera de utilidad.

         —Nos mantendremos en contacto..

         El militar salió de la casa.

         —No puedo creer que hayamos tenido esta conversación —comentó divertido—. Si no supiera que es verdad pensaría que es surrealista.

         —No es para tomarlo a guasa —Abby encendió su teléfono móvil y le mostró una foto.

         Era un simple montón de cenizas en medio de un campo de hierbajos. Resultaba casi imposible determinar qué fue incinerado allí.

         —Ayer hice esta foto —comentó—. Era el último de los bichos que bajaron a matarte. Fíjate en la parte superior izquierda, aún se distingue algo de gelatina amarillenta. Al morir… se los come una especie de miasma que les sale de dentro. Sirve para no dejar restos de sus muertos y no podamos estudiar ni demostrar su existencia. Fíjate que no queda una planta donde cae ese líquido asqueroso.

         —Joder, pues si no me lo dices parecen los restos de una hoguera.

         —¿Aún no me crees?

         —Sí, sí. Me refiero a que nadie diría que eso fue un marciano, qué cabrones.

         —Cuando yo me alisté éramos diez soldados. No es para tomárselo a broma, ahora solo quedamos tres.

         —¿Quién es el otro a parte del capitán Masters y tú?

         Abby negó con la cabeza.

         —Tú eres el tercero. John debe contactar a otros tres que si se animan se unirán a la instrucción mañana.

         Antonio sonrió ilusionado.

         —¿Y el sueldo? Supongo que pagan bien.

         —Eso lo hablaremos si aceptas el trabajo.

         —Digo yo que es un dato relevante. No voy a jugarme la vida por cien euros al mes.

         —De eso no te preocupes.

         —¿De cuántos ceros estamos hablando?

         —El salario base es 20.000 €. Eso sí, en sobre y sin declarar porque nadie puede saber lo que haces ni lo que cobras.

         —¿Qué? Pero si eso es lo que gana mi mujer por ser administrativa —protestó.

         —El presupuesto es muy limitado, es imposible pagar más al mes —aclaró Abby—. Además hay incentivos por misiones cumplidas, medallas... Si no te convence...

         Antonio se quedó boquiabierto, suponía que decía al año. En ese caso era mucho más de lo que él mismo ganaba.

         —¡Joder! —Abrió los ojos como platos—. ¡Acepto! Me he jugado la vida montones de veces sin cobrar un puto euro. Por fin alguien sabe valorar mi trabajo.

         —Cualquiera diría que hubieras aceptado incluso gratis —replicó ella—. Está previsto que seamos seis personas en el pelotón. Si conoces a alguien que pudiera encajar y no se tome el trabajo a broma no dudes es presentárnoslo.

         Sacó una tarjeta de su bolsillo y se la entregó. La leyó y se quedó sorprendido: "Se vende solar para construcción". La dirección no era una calle sino un punto kilométrico de una autopista, no muy lejos de Madrid. También había un teléfono.

         —Si traes a alguno llama antes de esta noche.

         —¿Mañana a qué hora?

         —A partir de las doce. Ya nos veremos. Recuerda que todo lo que hemos hablado es confidencial. No se lo cuentes ni a tu mujer.

         —Pero sospechará si salgo regularmente y no le digo a dónde voy.

         —Ya lo hemos hecho otras veces, se te puede hacer un contrato formal de trabajo para no levantar sospechas. Tu salario legal será modesto. Por supuesto no tendrás que trabajar, es un puesto ficticio en una consultora con la que tenemos un acuerdo. Ellos ni siquiera saben a qué se dedican sus propios empleados, existe una cláusula de confidencialidad. Se llevan una buena comisión por gestionar tus papeleos legales y no hacer preguntas.

         —Lo tienen todo pensado... Aunque me duele mentir a mi esposa.

         —No se lo puedes contar no ya por tu propio bien sino por el suyo y el de tu hijo. Entonces, ¿Aceptas?

         —¡Claro!

         La mujer se encogió de hombros, se levantó y le invitó a salir delante de ella para cerrar con llave.

         —No tengas miedo, Tenemos muchos contactos. Tu mujer no descubrirá a lo que te dedicas ni aunque caigas en acción.

         Antonio se quedó pálido y Abby le miró como si hubiera dicho algo inadecuado. Si pensaba que no duraría mucho el subconsciente debió traicionarla. Para ella era otro más, un futuro ataúd. Se dio cuenta de lo peligroso que debía ser ese trabajo y por primera vez su vida él era necesario en su familia. Además Brigitte hablaba ya de buscar el segundo niño para que Charly tuviera compañero de juegos mientras él... Se jugaba la vida ante quien sabe qué peligros y amenazas.

         Pero aun así estaba ansioso por empezar, era el sueño de su vida, luchar contra fuerzas de otro planeta, ¿a quién no le gustaría? Se preguntó excitado.

 

Comentarios: 7
  • #7

    Yenny (martes, 19 mayo 2015 20:06)

    Ojalá existiera un trabajo así, está muy buena la paga jajaja
    Tengo una pequeña teoría sobre a donde puede dirigirse esta historia, aunque todavía me la guardaré.

  • #6

    Chemo (martes, 12 mayo 2015 02:59)

    Yo espero que reaparezca Ángela o Génesis. Me gusta la teoría de conspiraciones de Alfonso. Sería interesante que Tony ahondara en una organización secreta que quiera manipular a Antonio para sus propios fines.

  • #5

    Ariel (domingo, 10 mayo 2015 14:47)

    Parece una agencia bastante modesta, Antonio deberá someterse a algún entrenamiento ? O ya tienen sabido a todo lo que se enfrento ? A quien más invitara para unirse ?

  • #4

    Tony (domingo, 10 mayo 2015 01:04)

    Mensaje para "age". Si vas a insultar vete a la guardería y que te enseñen a repetar a los adultos. Que tras un nombre así cualquiera es valiente para insultar a los demás, chaval. Aquí solo se puede comentar sobre los relatos. Lo demás lo borraré.
    Para Jaime. Entiendo que los demás no comentan porque la temática no les llama la atención. Seguiré escribiendo igualmente, espero que vuelvan al saber que es la continuación directa de muchos personajes.
    Sobre lo que es real y lo que no, os puedo decir que aquí se van a contar cosas que no me he inventado yo. Pero tampoco puedo asegurar que sean reales 100%. Este relato se basa en todo lo que se dice de los grises y como siempre hago, voy a componer un puzzle con todas las piezas a ver si queda un mosaico interesante.

  • #3

    Alfonso (jueves, 07 mayo 2015 19:52)

    Bueno, yo creo que la Organización está detrás del grupo EICFD. Si ellos están detrás del G20, entonces es obvio que el EICFD son solamente uno de los tantos proyectos de control mundial y de estudio extraterrestre.

  • #2

    Jaime (jueves, 07 mayo 2015 05:14)

    Creo que he sido el único en escribir en varias semanas. Me parece bastante interesante la historia. Tony, ¿en qué te basaste para inventar la organización EICFD? Me gustaría saber qué parte de toda la historia es real.

  • #1

    Tony (jueves, 07 mayo 2015 00:07)

    Aunque seas nuevo no te cortes y comenta. Acepto de buen grado toda clase de críticas.

Animal es el que abandona a su mascota.

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