Los grises

23ª parte

 

            El arpón invisible intentó atravesarlo pero se escurrió a la derecha clavándose en la pared del complejo. Ese monstruo tenía una fuerza descomunal y aun desconocía su forma y tamaño. De no ser tan rápido el escudo no lo habría desviado.

             El último ataque terminó de desactivarlo y sabiéndose indefenso intentó manejar su fusil para disparar al frente. El terror le volvió torpe y cuando logró abrir fuego el escudo rojo desapareció de su vista. Aun así disparó ráfagas cortas y donde veía rebotar los disparos volvía a apuntar y disparar. Pero esa cosa no permanecía quieta y se le acabó la batería del fusil cuando ya no sabía dónde estaba. Luego buscó la pistola y descargó las veinte balas al aire, rebotando hacia las paredes casi todas las que iban al frente. Lo tenía encima y no funcionaba su escudo, recordó a su hijo, lo mucho que le necesitaba y que si no espabilaba y se le ocurría algo nunca volvería a verlo. Charly jamás sabría lo que le pasó y seguramente pensaría toda su vida que se fue con otra mujer y que su padre no quería volver a verlo. 

            Esos pensamientos destrozaron las  cadenas del pánico y por fin reaccionó saltando a un lado, seguro de que estaba a punto de ser atravesado. 

            Un impacto brutal se escuchó justo donde estuvo y vio durante un segundo una especie de insecto gigante con cuatro largas patas que se hizo traslúcido y de nuevo invisible en apenas un pestañeo. Su altura era como metro ochenta pero ya había visto antes un bicho semejante, los zancudos. Esos seres tenían un escudo óptico natural de alta frecuencia. Si un soldado con uno artificial de transformaba en esa cosa... El resultado era la invisibilidad total.

            Pero saber eso no era motivo de tranquilidad y mucho menos sabiendo que su propio escudo tardaría un eterno minuto en regenerarse. Aunque su parálisis desapareció y sabía a lo que se enfrentaba.

            Agarró un cuaderno que estaba tirado en el suelo y lo arrojó a donde temía que estuviera la criatura. El objeto regresó hacia él a gran velocidad y alarmado saltó como un felino a la derecha justo a tiempo para evitar un arpón que dibujó un surco en el suelo haciendo una vez más visible a su enemigo durante un par de segundos. Estando tan cerca reaccionó rápido y lanzó una patada sobre una de las cuatro patas aunque lo único que hizo fue desequilibrarlo el tiempo que tardó en volverse invisible.

            Aprovechando que sabía dónde estaba se levantó y corrió hacia el pasillo donde vio que se fueron sus compañeros. Pero algo duro e invisible se interpuso en el camino de su pie derecho y cayó en plancha contra el suelo. Escuchó que la criatura se reincorporaba como si alguien bailara claqué detrás de él y rodó a la izquierda chocando con una silla metálica. Dos demoledores impactos agujerearon el suelo justo por donde rodó y volvió a ver a la criatura con más claridad que nunca. Tenía cuatro extremidades con doble articulación, parecían duras como de un cangrejo de esa envergadura. Se unían en un cuerpo estrecho, de abdomen hinchado, su cabeza era minúscula, poco más grande que una lata de cerveza y tenía varias antenas brillantes que salían de la parte de arriba, ¿serían las generadoras de escudo? Además poseía dos gruesos brazos terminados en tijera, igual de duras que sus patas y salpicados de púas con punta viscosa y marrón.

            Al volverse invisible de nuevo le invadió una mezcla asco y desesperación por huir de allí, tratando de poner distancia con esa cosa endiablada.

            Apenas se levantó tropezó con algo y cayó trastabillando. Al mirar atrás se dio cuenta de que era la silla con la que antes se chocó.  Maldijo al

Objeto mientras se frotaba la rodilla derecha, dolorida por el fuerte impacto. Se levantó para seguir corriendo pero un golpe seco en la mejilla derecha le hizo caer aturdido mientras escuchaba un extraño sonido gorgoteante colocándose obre él. El pánico le invadió se quedó paralizado de nuevo.

            El golpe había desactivado el escudo óptico del zancudo otro instante y pudo ver como las extremidades delanteras se elevaban para coger impulso y atravesarle con ellas.

 

 

 

 

            —Lo siento, sólo se permite el paso de familiares —dijo la enfermera—. La ley es la ley, yo no la escribo.

            —No lo entiende, esa mujer es amiga mía, tengo que verla, he venido...

            —Si no está de acuerdo con lo que he dicho, cuando haya elecciones vote al partido político que quiera cambiar la ley y quizás tenga suerte y cumpla su promesa.

            —Necesito verla ahora —suplicó la mujer.

            —¡Ah ah ahí!  —dijo el niño, tratando de soltarse de su mano para irse él sólo a investigar el interesante cubo de basura plateado, junto al mostrador.

            —Por favor, Charly, espera un momento cariño.

            —Oh, tiene un niño. A ver —la enfermera sonrió y puso cara de tonta como una actriz del canal Disney.

            —Tiene un añito.

            Se asomó por encima del mostrador y siguió sonriendo.

           Hoola, ¿cómo te llamas? —canturreó.

            —Charly —respondió Brigitte.

            —Pero quiero que lo diga él.

            —Lo haría si tuviera más de un año.

            —Ah que es chiquitito... Pero qué alto está, mi hija tiene cuatro y mide igual.

            —Sí, nunca ha usado talla de su edad real. Ahora lleva ropa de tres años.

            —Sí, sí, está gigante.

            —Por favor, déjeme verla, no le cuesta nada.

            La enfermera la miró con pena.

            —No puedo, es la ley... Pero pase.

            —¡Gracias! —Exclamó.

            —Sólo procure no llamar la atención o me caerá un broncazo por dejarla pasar. Es la 417, por el pasillo a la izquierda y luego a la derecha.

            —Dios la bendiga —agradeció de nuevo Brigitte.

            Cogió en brazos a su hijo y fue a la habitación de Ángela.

            —No debería traer niños al hospital —escuchó que recitaba la enfermera.

            Ni siquiera se volvió a preguntar por qué. Si hubiera tenido con quién dejarlo, desde luego que no lo habría llevado.

            Charly festejó que caminaran y fue de la mano emocionado porque le encantaba conocer sitios nuevos, desde un parque lleno de columpios hasta un cuarto de escobas que nunca antes vio abierto.

            Abrió la puerta de la habitación con cierto temor. Esa Ángela era puro veneno y temía enfrentarse a ella. En su interior deseó que estuviera inconsciente pero su visita habría sido inútil.

            La televisión estaba encendida y la chica morena se hallaba sentada en la cama con un vendaje en el hombro manchado de sangre y cara de aburrimiento.

            Al entrar en silencio no se cubrió el pecho, descubierto hasta que la vio.

            —¿Qué haces tú aquí?

            —Veo que sigues viva... Y no puedo decir que me alegre.

            —¿Ese es el hijo de Antonio? —Pregunto con una sonrisa—. Quiero decir, vuestro...

            Brigitte cerró la puerta y dejó suelto a Charly, que lo celebró corriendo al interruptor de la luz y pulsándolo repetidamente.

            —Ya estamos con las luces... —bufó Brigitte.

            —Qué gracioso —rió Ángela.

            —Escúchame, zorra —comenzó a decir la madre conteniendo la ira—, sé lo que hiciste con mi marido y no pienso permitir que vuelvas a envenenarle con tus artimañas de...

            —Entre tu marido y yo sólo queda un... Trabajo. Puedes estar segura de que no volverá a pasar nada.

            —Y eso ¿qué significa? ¿Crees que lo haría si tú quisieras?

            —Lo está deseando —sonrió con picardía—. Pero yo no pienso tocarle.

            —Escúchame...

            Charly apagó la luz y soltó un grito de alegría. Luego volvió a encenderla y su madre le miraba con ira contenida.

            —Resulta imposible enfadarse con ese granuja —susurró suspirando.

            —¿No te das cuenta de que nunca volverá a engañarte? —Replicó Ángela, aburrida—. Quisiera decir que te dejará, pero en realidad no porque yo le quiera sino por salirme con la mía. Tienes razón por desconfiar de mí pero de él no, créeme, volverá a casa y te querrá a su lado. Si hay algo que me fastidia de ese hombre es que sé que tú eres su alma gemela... Os envidio y creo que te lo he querido arrebatar porque deseaba que fuera la mía.

            —No eres la primera con la que me engaña —musitó Brigitte.

            —No lo sé pero seguro que soy la última.

            —Mira, prefiero que me grites. No soporto que me hables como una pobre mujer despechada, no te pega. He venido para avisarte de que si vuelves a ver a Antonio mi próxima visita no será tan diplomática. No quiero volver a verte nunca, ¿me has oído?

            —Trabajamos juntos, creo que será complicado no verlo.

            —¿De qué hablas?

            —¿Dónde está?

            —¿Por qué te importa?

            —Es un trabajo peligroso y me resulta extraño que no esté contigo en casa ahora. Siempre está fastidiando con que a partir de las seis no contemos con él para nada, que su familia es más importante...

            —Ya, por eso está de fiesta con sus compañeros de trabajo...

            —¿Cómo? Eso no tiene sentido. Esos tipos son menos divertidos que un anuncio de telefonía.

            Ángela cogió su móvil y lo encendió. Tenía 27 llamadas perdidas de James Black y una de Antonio.

            —Esto no me gusta...

            —¿Qué?

            Le mostró el teléfono y Brigitte frunció el ceño.

            —¿Por qué te ha llamado mi marido?

            —¿Por qué me llama Black tanto?

            Mientras el teléfono sonaba con una nueva llamada del profesor.

            —Espera —cortó a Brigitte antes de que hablara l—. Tengo que atender una llamada...

            Contestó y cambió el tono de su voz.

            —¿Qué pasa James?

            —Ya era hora, deje de hacerse la escurridiza, devuelva la nave de inmediato, es un elemento indispensable.

            —¿Devolver? Déjeme puntualizar un par de detalles: No soy empleada suya y la nave es mía, yo la robé.

            —Era miembro de nuestro equipo. Quiero ser cordial y que lo que acabo de decir sea cierto, de lo contrario tendría que considerarla una espía y me veré obligado a tratar con usted en consecuencia, ¿lo ha entendido?

            —No del todo.

            —En cuanto nombren un nuevo comandante voy a tener que explicarle lo sucedido. ¿Cuál es la versión que más le gusta? Ya sabe cómo actuamos y no hay piedad con los espías.

            —¿Quién va a nombrar a nadie? Si no hay financiación —se mofó Ángela.

            —¿Por qué cree que hay tantos miembros en el consejo? —Preguntó suspicaz—. Somos pocos pero también muy prescindibles. Aunque la base se hundiera en un terremoto crearían otra con gente nueva. Nos exigen mucho porque somos los únicos que podemos responder a sus peticiones. Y aunque nos haría daño no encontrar a Alastor o a ese tal Elías, el país que se retiraría sería España. Montenegro sólo estaba autorizado a hablar con el miembro español del consejo.

            —¿Me quiere matar de aburrimiento? —Protestó Ángela—. Siga así, lo está haciendo de maravilla.

            —Devuelva la nave. Es una orden.

            —Es mía. Pero si me ofrecen un contrato estoy abierta a ofertas. En este momento no tengo trabajo.

            —¿Cómo? Pero si ya lo tenían listo, ¿está enfadada por eso?

            —No me gusta trabajar gratis.

            —No pasará hambre, se lo aseguro. ¿Ahora puede hace el favor de entregar la nave?

            —Me gustaría pero estoy herida. He tenido un incidente con los franceses.

            Charly se resbaló en el suelo pulido y cayó de culo golpeándose la cabeza contra el mármol.

            —Ay, mi amor, pero cómo te has caído —le recogió Brigitte alarmada.

            Los gritos de dolor tardaron en llegar y cuando lo hicieron provocaron un temblor en los cristales. Ángela no escuchaba nada.

            —Hazle callar o tendré que haceros daño —amenazó, furiosa.

            —Disculpe, señora —replicó la madre, con desdén.

            Poco después el pequeño se fue tranquilizando.

            — ¿Qué decía, Black?

            —Recupérese, no apague el móvil, me temo que voy a requerirla pronto y la quiero a tope. Puede que sea la última soldado viva que quede...

            —¿Qué ha dicho?

            —No se preocupe, no puede ayudar a sus colegas. Descanse...

            —Espere un momento, coño. ¿Qué les ha pasado?

            —Llevo hora y media sin señales suyas. He recibido una orden 47 que he evitado que llegue a su destino. Pero no quiero irme sin estar seguro. Les daré media hora más y me marcharé.

            —¿Qué demonios dice? Explíquese.

            James guardó silencio entre suspiros.

            —Voy para allá ahora mismo, dígame dónde está.

            —¿Qué? No serviría de nada. Estamos en California, no llegaría a tiempo a menos que tenga la nave aparcada en la puerta del hospital.

            —Mierda...

            —La orden 47 puede ejecutarse en la distancia o en caso de no recibir la señal se activa automáticamente transcurridos sesenta minutos. Ahora mismo hace media hora que la recibí.

            —Venga a buscarme, es la única forma de que llegue a tiempo.

            —¿Está loca? ¿Y si muere usted también? Dígame dónde se encuentra la nave.

            —Lo haré, pero venga a recogerme. Si mis compañeros mueren olvídese de la nave y de que yo acepte su contrato.

            James suspiró contrariado.

            —Vaya saliendo, espero que a estas horas no haya demasiada gente que pueda verme.

            Y colgaron.

            Ángela se levantó de la cama con evidente dolor y buscó su ropa en el armario.

            —Mierda, ¿dónde la han puesto?

            —¿Qué ocurre? —Indago Brigitte preocupada.

            —Tengo que irme, gracias por la visita.

            —¿Crees que no te he escuchado? ¿Qué pasa con Tony?

            —Trabajo,... No tengo tiempo para explicaciones... ¿Me dejas tu abrigo?

            —¿Qué tal si te acompaño y me lo cuentas por el camino?

            Le entregó su chaqueta y Ángela se la puso por encima.

            —Carga a tu hijo, hay que irse ya —ordenó.

            Salieron de la habitación y fueron directas a los ascensores.

            —Al final te has decidido a dar un paseo  —dijo una enfermera que pasaba por allí.

            —Sí, me dolía el culo de estar sentada.

            —Muy bien... ¿No pensarás salir?

            Por la chaqueta que llevaba encima era difícil mentir.

            —Es que... —Miró a Brigitte tratando de improvisar—... Nos vamos a follar, estoy que no puedo más.

            La enfermera abrió los ojos como platos y se puso colorada. Aunque la cara de sorpresa de Brigitte casi la hace partirse de risa.

            El ascensor se abrió y entraron. Ángela se agarró del brazo de Brigitte más por el dolor que por fingir que decía la verdad.

            —¿Cómo has podido decir eso? —Protestó cuando se cerraron las puertas.

            —Deben ser las drogas contra el dolor —le quitó importancia.

            —Ahora habla —urgió la otra.

            Al estar tan juntas, Charly aprovechó para tocarle el pelo a Ángela. Su acción pudo ser por curiosidad pero Brigitte lo interpretó como un gesto de cariño.

            —Hijo no molestes —le apartó la mano con brusquedad, apartándolo de ella, a lo que el pequeño respondió con una torta en la cara de su madre.

            —¡No se pega a mamá!

            Le señaló con el dedo índice, enojada.

            Ángela notó un dolor intenso en su alma mientras contemplaba la escena. De repente deseó con todas sus fuerzas ser ella su madre y el hecho de saber que no era así le produjo un nudo en su garganta.

            Al llegar abajo Brigitte insistió.

            —¿Dónde está mi marido?

            Despertó de su ensimismamiento.

            —En problemas muy gordos. Tengo que ir a rescatarlo.

            —Pero si no puedes ni andar.

            —Si podré...

            —Necesitarás ayuda, iré contigo.

            El teléfono sonó y Ángela respondió "sí" con voz débil. Escuchó:

            —Corran a la salida, no hay nadie.

            —Vamos —urgió la mujer herida, sin dejar de usarla de bastón.

            Fuera estaba casi desierto, cosa lógica a las once de la noche. Pero tampoco veían a Black.

            —Corre, la compuerta está abierta… Espera ¿quién va contigo?

            —Ya te lo explico luego, viene conmigo.

            —¡Imposible!

            Al dar unos pasos fuera del hospital vieron la rampa y Charly chilló de excitación al ver que aparecía una nave delante de ellos. Brigitte en cambio quedó paralizada y Ángela tuvo que tirar de ella.

            —No hay tiempo.

            Mientras tanto un hombre de unos cuarenta años las vio salir del hospital y al ver que desaparecían se quedó estupefacto, dejando caer la colilla en su propio zapato.

            Con apenas un zumbido similar al de una nevera encendida, la nave se alejó del hospital y se quedó flotando a unos quinientos metros de altura. Black dejó los mandos y se acercó a ellas. Ángela se tuvo que sentar, mareada por el paseo.

            —¿Quién es usted y cómo se le ocurre, Ángela, invitar a una civil con exceso de equipaje?

            Miro al niño con disgusto.

            —Es la mujer e hijo de Antonio.

            —Oh, claro... Eso lo cambia todo —recitó burlón—. No perdamos más tiempo, lléveme al platillo.

            Ángela le miró suspicaz.

            —Cuando me lleve hasta mis compañeros. ¿Cree que soy tonta?

            —He puesto la nave a toda potencia para llegar lo más pronto posible a recogerla y aun así he perdido diez minutos. Si volvemos con esto… No tendrá mucho tiempo si desea rescatarlos. Si vamos con el platillo estaremos enseguida.

            Las veces que puso en marcha el OVNI no se atrevió a ponerlo a potencia máxima y llegó del Himalaya a España en unos cinco minutos. Podían llegar a Los Ángeles en dos o tres, más el tiempo que perdieran tomando decisiones y cambiando de nave.

            —Tiene razón —aceptó Ángela.

            Cada minuto era vital así que no lo perdió discutiendo.

 

 

 

Comentarios: 8
  • #8

    Tony (viernes, 30 octubre 2015 00:13)

    Gracias Yenny, acertaste de pleno. Es mi cumple.
    Esta senana no he publicado para poder escribir el relato de todos los santos, o en americano, Hallowen (y es español castizo "jaloguiín").

  • #7

    Yenny (jueves, 29 octubre 2015 23:19)

    Llegué un poco tarde :(, yo también esperaba una pelea más fuerte entre Ángela y Briguitte, espero que en la próxima parte sea posible.
    Tony feliz cumpleaños, aunque un poco tarde jeje (espero no estar confundida en la fecha, nunca he sido buena con eso)
    Entraba especialmente a pedir la historia de hallowen correspondiente, no hay que perder las tradiciones de la página :) veo que ya pensaste en ello, asi que esperaré a ver que tal sale la historia.
    Pd.: deja que Chemo ligue con una tía buena, lo harás muy feliz jaja

  • #6

    Chemo (miércoles, 21 octubre 2015 02:15)

    Me gusta la idea de la historia de terror, con zombis y asesinos seriales. Me conformo con quedarme con la chica buena del grupo. jeje.

  • #5

    Alfonso (martes, 20 octubre 2015 03:13)

    Me gusta tu idea, Tony. Siempre me ha gustado la combinación de la tecnología con lo sobrenatural, así que propongo una historia que ataca a los que visitan una página web, y así no habría necesidad de reunir a todos los participantes.
    Por cierto, yo también hubiese querido una batalla épica entre Ángela y Brigitte. Presiento que en la siguiente parte lucharán por ver quién logra salvar a Antonio. Jeje.

  • #4

    Ariel (martes, 20 octubre 2015 02:28)

    La mujer de Antonio consciente de otras infidelidades ? No me esperaba eso.
    Me gusta la idea de participar de un relato, soy de Chaco - Argentina, tierra rica de leyendas, pero acá es una fecha cualquiera el 31,

  • #3

    Tony (lunes, 19 octubre 2015 00:00)

    Eso de que el relato sea sobre vosotros es muy complicado porque no sé nada de vuestras vidas. La idea era usar vuestros nombres y lo poco que sé de vosotros para hacer un relato con todos. Aunque ya que lo has dicho puedo basar el relato en tu ciudad, Jaime.

  • #2

    Jaime (domingo, 18 octubre 2015 23:02)

    Quedé un poco decepcionado pues me esperaba la pelea entre Ángela y Brigitte. Aunque creo que era lógico que tarde o temprano Brigitte se involucrara en la lucha contra los Grises.
    Me gusta la idea del relato especial de Halloween. Aunque supongo que varios vivís en distintas partes de España o América, así que habrá que buscar alguna razón que nos junte a todos. Jeje. Por lo pronto, yo vivo en la ciudad de León, donde podría tomar lugar la historia.

  • #1

    Tony (domingo, 18 octubre 2015 01:01)

    Espero vuestros comentarios. Recordar que el relato especial de Halloween tendrá como protagonistas a los que más comenten estos días. Claro, los que pongáis nombres normales... De momento ya tiene asegurado hueco Yenny, Alfonso, Jaime y Chemo. Animáos y comentar.

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