Los grises

25ª parte

            Abby lo vio caer hacia el magma con estupefacción.

            —Mierda, Antonio... —iba a ir corriendo pero la detuvo John.

            —No hay nada que hacer...

            —¡Déjame! —Le empujó y corrió protegiéndose con los brazos.

            —Sugiero que cierre la compuerta, apostaría mi cabeza a que hay varios zancudos ahí dentro y no podrá verlos con eso.

            Vladimir señaló con nerviosismo el teléfono móvil que tenía sobre el rifle.

            —¡Yo te cubro! —Ignoró al científico mientras apuntaba a los zombis invisibles más cercanos.

            —Están locos, yo me largo —dijo Vladimir aprovechando su distracción.

            —Maldita sea, no perdemos nada... Ya lo hemos perdido todo.

            Tres impactos bastaron para derribar a uno se los zombis pero cinco más se abalanzaban sobre Abby y no podría con ellos.

            Al menos..., con su fusil.

            Se recostó en la pared y apuntó a los zombis con el brazalete. Éste voló hacia él y se estrelló de cabeza contra el muro que los separaba. La teniente llegó a la brecha y se asomó al agujero. La visión del magma la mareó, no se apreciaba igual el peligro que cuando lo veía sobre su cabeza. Ahora tenía doble poder de atracción, si ella caía moría... Y si se soltaba la estructura y la engullía sufriría la misma suerte. De Antonio no vio ni rastro y se sintió fracasada por no haber sido capaz de ayudarle a escapar con vida.

            Las explosiones de los anclajes no se hicieron esperar. La estructura sobre la que se apoyaba sufrió una sacudida y se precipitó un par de centímetros. Abby perdió el equilibrio y cayó al vacío mientras John gritaba su nombre varias veces. En la caída vio que los módulos permanecían enganchados al techo aunque se desprendían lentamente debido a pequeñas explosiones en sus anclajes. No importaba demasiado, ella llegaría antes a la lava.

            Entonces chocó con una superficie que apareció de repente y debido a la amortiguación de sus escudos sintió el golpe como gomaespuma.

            Antonio se acurrucaba en un lado mientras apuntaba a todas direcciones, aterrado.

            —Hay un zancudo aquí, me ha atacado y puede que pronto me convierta en zombi. ¡Estate atenta!

            Se acercó a él en cuanto se levantó y examinó el hombro del que se quejaba.

            —Pero si no tienes nada.

            —No me mires a mí, búscalo a él.

            —¿Y qué vamos a hacer? No podemos verlo.

            —Si dejas de hablar podré oírlo.

            Pero los módulos del laboratorio seguían soltándose de sus amarres y en cualquier momento caerían sobre sus cabezas.

            —¡Jerónimo! ¡Aaaah! —Escucharon encima de ellos.

            Un cuerpo voluminoso y pesado cayó en la misteriosa superficie voladora. Era John, que en su alarde de muerte en equipo se lanzó al vacío pensando que moriría como sus compañeros antes que ser arrastrado por aquella estructura. Su sorpresa fue mayúscula al verlos juntos.

            —Por todos los demonios, ¿qué hace falta para matarte Jurado?

            Esta vez lo decía eufórico.

            —Un zancudo invisible o un laboratorio a punto de soltarse —respondió nervioso.

            —¿Quien maneja esta cosa? —Preguntó Abby—. ¿Dónde estamos?

            —Debe ser el intruso —replicó John—. Es una nave alienígena.

 

 

 

 

            —Falta Tomás —dijo Ángela mientras examinaba la estructura y sus señales térmicas.

            —Esos bloques se están soltando —indicó Brigitte —. Deberías alejarte de aquí.

            En el tiempo que llevaban allí, James había adaptado el equipo de Ángela para que Brigitte pudiera ponérselo. Ésta salió al techo del OVNI, que era como una terraza circular en cuyo centro tenía una bóveda traslúcida. Desde allí pretendía entrar por la grieta de aquel cubículo rectangular cuando apareció Antonio junto antes de activar el botón de ancla gravitatoria. Ella gritó y lo esquivó saltando a un lado. Aún más asustada que él, cuando vio que caía sobre su cabeza desde unos cuatro metros quedó colgando por una mano. Pasado el susto, usó el brazalete y pudo caminar por las paredes y no supo cómo usarlo para saltar donde estaba su esposo. Desde el lateral no podía apuntar a esa parte de la nave de modo que regresó junto a Charly y desde allí vio cómo se juntaban los tres en el tejado.

            —No parece que se vaya a salir nadie más, lo siento por Tomás —sentenció Ángela, sacando la nave de la trayectoria de caída.

            El complejo científico secreto se desplomó a cámara lenta pasando a escasa distancia de ellos y cuando se zambulló en el magma levantó una ola de unos diez metros de alto que formó perezosas olas en el mar de fuego. Vieron desde la pantalla algunas explosiones hasta que paulatinamente la estructura desapareció en el burbujeante líquido anaranjado.

            —Justo a tiempo —felicitó James, mientras Charly le propinaba bofetadas en la mejilla para que le soltara, partiéndose de risa.

            —¡Eh! Te he dicho mil veces que no se pega —le regañó su madre.

            —¿Puedo soltarle ya? —Suplicó el profesor Black—. Ha sacado el carácter del padre.

            —Se equivoca —replicó Brigitte—. Es el mío, Antonio es un trozo de pan.

            —Válgame Dios, ¡que alguien me saque de aquí! —Bromeó James.

            Se rieron a carcajadas hasta que vieron a los tres polizontes acurrucados en el techo de la nave, con evidente terror apuntando nerviosamente a todas partes con sus armas.

            —¿A esos qué les pasa? —Preguntó Ángela.

            —Vaya a buscarlos antes de que se hagan daño —sugirió Black—. Necesitamos cambiar de fase para salir de esta cueva y no creo que sea muy recomendable estar ahí fuera —indicó James.

            —Voy... ¿Pero cómo puedo ir al techo?

            Ángela le explicó que hiciera un salto de fe y al caer se anclase a la parte superior de la nave..

            Y así lo hizo.

 

            —Ni respiréis, sólo le detectaremos cuando se acerque, sus patas de quitina suenan tan fuerte como zapatos de claqué.

            —No escucho nada —protestó John.

           Ss —urgió Abby—. He oído algo.

            Los tres apuntaron a un mismo lugar, pues escucharon pasos en un lateral de la nave. Entonces apareció una mujer vestida de traje de grafeno y casco pecera saltando y usando el brazalete con miedo para caer en el platillo donde estaban. Antonio apartó el arma asombrado al ver su rostro, y por miedo bajó el de John.

            —No iba a disparar —protestó el capitán.

            —¿Qué haces aquí? —Preguntó enojado—. Corre, ven y estate atenta a cualquier sonido.

            —¿Pero qué os ha dado? —Increpó Brigitte, obedeciendo a regañadientes.

            —Luego te lo explicamos, hay un monstruo invisible cerca. ¿Por qué no tienes un arma?

            —Aquí no estáis más que los tres —replicó su mujer—. Y yo, claro.

            —Señora haga lo que le dice su marido, esos monstruos no son ninguna broma —intervino Abby tan asustada que Brigitte les creyó.

            —¿Cómo que invisible? —Preguntó ella acurrucándose junto a su esposo.

            —Doble escudo de alta frecuencia, no hay aparato que los detecte —explicó Antonio.

            —¿Y cómo habéis dejado que esa cosa suba a la nave?

            —¡No lo dejamos! Tiró de mí cuando me disponía a salir y caímos los dos aquí.

            Brigitte le dio un puñetazo en el hombro.

            —¡Ah! ¡Estoy herido! ¿Qué te pasa?

            —Antonio Jurado, ¡eres un auténtico tarado!

            —¿Qué?

            John y Abby se apartaron pues la furia se leía en los ojos de la temperamental mujer.

            —¿Me has llamado monstruo? —Preguntó Brigitte—. Dame tu arma, déjame dispararte una vez...

            —¿Que yo qué? ¿Pero qué dices?

            —¡Yo tiré de ti por accidente, tonto la pera! Iba a saltar al complejo cuando apareciste tú y mi rayo gravitatorio se enganchó sobre ti y casi me aplastas.

¡No hay ningún monstruo!

 

            De regreso a la base, el doctor Stephen atendió a Ángela, que se quejaba mucho de su herida del hombro y era porque un punto se le había soltado y comenzaba a infectarse. Nada que no pudiera resolverse rápida y dolorosamente.

            Al terminar, moverse le parecía una heroicidad y el doctor le dio unas pastillas rojas de hierro por la gran pérdida de sangre que sufrió, aunque no sirvieron de nada para devolverle las fuerzas. Llevaba el brazo en cabestrillo y sólo quería salir de ese complejo y regresar a su casa a dormir. Creyó que necesitaría al menos una semana de cama... Y un buen novio que le llevara la comida y la calentara voluntarioso cuando se lo pidiera sin pedir sexo a cambio.

            — Esa especie de hombres se ha extinguido —murmuró—. Y si existen, están casados.

            Mientras arrastraba los pies por los pasillos se reprendió a sí misma por empeñarse en pensar en Antonio. Sus ojos azul grisáceos le hacían atractivo, pero tenía más de diez años que ella, un hijo, una mujer celosa y ni siquiera un buen cuerpo. Con lo exigente que era ella en las discotecas y tenía que fijarse en ese barrigón. Pero no era sexo, era... Una especie de goma invisible que ahogaba a su corazón cuanto más lejos estaba de él. ¿Se entendían? Sí, era eso. Nunca, nadie la entendió hasta que le conoció.

            — Ya se me pasará —susurró mientras entraba en el laboratorio y encontró a todo el equipo con cara de haber visto un fantasma.

            — No estoy muerta, no os asustéis —bromeó. Nadie rió su broma ni la miraron—. ¿Qué me he perdido?

            — Acabamos de recibir una transmisión del consejo —respondió Black—. Han declarado la guerra a los grises y nos han pedido que unamos nuestras fuerzas para un ataque conjunto el día 26 de abril.

            — ¿A los grises? ¿Dónde? ¿Por qué?

            — El porqué es evidente —alegó Black con arrogancia—. Es la respuesta por la caída de la base 57. Están furiosos y han declarado roto cualquier tipo de acuerdo del pasado con esa declaración clara de hostilidad.

            — Pero esa base es la causante de los mayores destrozos del planeta de los últimos tiempos. Jugaban con la genética produciendo seres peligrosos —protestó Antonio.

            — Eso no es lo que opinaba el consejo, ese complejo era un referente. En todos los comités exponían sus descubrimientos y los consejeros quedaban asombrados por avances como la motricidad físico—mecánica, o implantes cibernéticos, crearon soldados sin alma y sin escrúpulos que se auto destruyen sin dejar rastro, iban a utilizarlos contra el estado islámico, invisibilidad biomecánica de alta frecuencia y por último, su primer gran logro, su avance más destacado, el radar de partículas ionizadas, con capacidad de detectar incursiones de los grises antes de su llegada. Su red de satélites nos ha nutrido desde los años noventa. Y ahora estamos ciegos de nuevo —señaló el mapa del mundo totalmente apagado donde antes había infinidad de puntos rojos—. Solamente sabemos una cosa, las naves extraterrestres partían de unas coordenadas, por el Mar de China Oriental. La Organización determinó que mientras los grises fueran útiles podíamos hacer la vista horda a sus incursiones, pero han ido demasiado lejos.

            — Usted sabía lo del resto de bases ¿y no que estábamos entrando en la 57? —Atacó Antonio.

            — Estaba enterado de todo, Jurado. Les envié para que trataran de evitar su destrucción. ¿Tiene idea de los trabajos que se han perdido? ¿Los sacrificios que ha costado? Ha sido una pérdida irreemplazable.

            — Debió habérnoslo contado antes de ir. Y si tan importante era, debieron detener la autodestrucción a distancia. No me niegue que no lo sabía, el complejo estaba condenado antes de aterrizar en California.

            — Por Dios, no tiene idea de lo cabezón que se puso y ni siquiera les conté el peligro que corrían. Si se lo llego a explicar ninguno de ustedes habría obedecido.

            — ¡Tomás murió en esa misión suicida! —Escupió Antonio—. Y no entiendo aun qué cojones fuimos a buscar.

            — Se lo he dicho... Necesitábamos el OVNI.

            — Pero allí no estaba —protestó Antonio.

            — ¿Ah no? —Miró a Ángela con media sonrisa.

            — ¿Les mandó a esa misión suicida para que yo aceptara a entregar esa nave? —Dedujo, asqueada—. Es un puto cerdo manipulador y sin escrúpulos.

            John asintió esperando ver la reacción del científico.

            — Ahora contamos con Brigitte —dijo James, impasible—. Ha demostrado ser buena y será de gran ayuda en el ataque global.

            — ¿Cómo? —Se escandalizó la mujer de Antonio—. Yo no voy a ninguna parte. Y tú tampoco.

            Miró a su marido con evidente furia. Antonio quiso discutir con ella porque le disgustaba que le diera órdenes, pero ahora estaba de acuerdo.

            — No pensaba ir. No soy el fusil de unos cabrones sin miramientos. Los grises no son la amenaza, lo son ellos, el puto Consejo, Organización y sus bases secretas.

            — ¿Cómo ha dicho? —James Black le asesinó con la mirada.

            — Ya lo ha oído. No vuelvan a contactarme a mí ni a mi familia, no pienso luchar para esos desgraciados.

            — Si cree que esto es una pandilla de la que puede desentenderse...

            — Nos vamos —Antonio cogió a Charly en brazos y se encaminó al hangar—. Ven, cariño, mamá... Nunca debí trabajar para esta gente.

            — Eso te pasa por no contarme las cosas. Ya te lo habría dicho y te habrías ahorrado todos estos líos.

            — Deténgase —ordenó James.

            No obedecieron.

            — John, Abby, deténganlos, no podemos tener traidores libres...

            El capitán sacó la pistola y la martilleó. Antonio se detuvo en seco y se volvió hacia él, asustado.

            El capitán estaba apuntando a Black.

            — ¿Habla de traidores? Tiene razón, pero solo veo un traidor aquí. Hemos trabajado fielmente durante años —manifestó John con seriedad—y esos malditos zancudos asesinaron  a mis compañeros: Elena Petrova, Juan Bosco y Sebastián Romanos. Pensábamos que los grises se habían puesto especialmente peligrosos desde su aparición hace unos meses.

            Abby cogió su pistola y apuntó al científico declarando así que no contara con ella para apoyarle.

            — Esto es alta traición —escupió Black—. Lo van a pagar caro, y lo que es peor, la humanidad será la principal perdedora. El consejo necesita esa nave para el ataque frontal...

            — Empiezo a conocer su retorcida mente, James —cortó Abby—. Nos habría engañado, enviado como "avanzadilla" y usted no vendría, por supuesto. Secretamente colocarían una bomba nuclear y cuando estuviéramos lo bastante cerca: ¡Bum! No hay ataque conjunto, ¿verdad?

            — No sabe de lo que habla.

            — Usted primero. Tire para los calabozos, no vamos a dejarle contar esto al consejo —le indicó el camino la teniente con la pistola.

            — ¿Creen que encerrándome estarán a salvo de ellos? No tienen ni idea, son los seres más poderosos del planeta, su fortuna unida triplica la del resto del mundo. Y saben cómo encontrarlos, tienen profesionales que no dejan rastros, no descansarán hasta destruirlos... Y no me refiero a conseguir que les maten. Lograrán arruinarles, encarcelarles, separarles de los suyos...

            Abby le golpeó en la oreja con la culata de la pistola y Black soltó un gemido.

            — Gracias, me estaba aguantando las ganas de volarle los sesos —indicó John, sonriente.

            — No tardaré mucho en volver —replicó ella—. ¡Vamos, alimaña!

            — Lo pagarán —amenazó Black.

            — ¿Nosotros solos? ¿Por qué cree que usted no? Camine y piense en ello —se burló Abby mientras se perdían por los pasillos—. Que cabronazo, ahora que lo pienso no necesitaba que sobreviviéramos, sólo quería la nave y el motivo de venganza para Ángela quisiera traérsela en bandeja... No le mato porque tengo muchas preguntas que hacerle, pero sepa que me está tentando el Diablo.

            Se alejaron y no les escucharon más.

            Los demás se quedaron en silencio mientras Charly parecía haber entendido y miraba a su padre con preocupación.

            Después de unos segundos le dio una bofetada sonora que despertó a todos de su ensimismamiento.

            — Charly, no se pega —le regañó Brigitte—. Y menos a papá... Aunque se lo merece por meterse en estos follones. Vámonos.

            — Eso, ya estoy cansado de todo esto —Gruñó Antonio.

            — ¿En serio? —Dijo John con cara de odio—. ¿Nos dejas con el marrón? Sabemos que van a atacar a los grises, van a desatar una guerra que no podremos ganar. ¿Vas a irte y dejar que ocurra?

            — No es mi problema, los grises les aplastarán y volverán a sus abducciones, como llevan haciendo miles de años. Ten la seguridad de que les estarán esperando, ahora Fausta les ayuda. Es imposible sorprenderles y si el plan era ponernos una bomba, yo que vosotros me alejaría de ese Ovni hasta el día 27, por si acaso ya está puesta. Sin bomba no tiene plan, cancelarán el ataque.

            — Espero que nadie haya tocado mi nave o rodarán cabezas —susurró Ángela.

            — Es imposible saberlo —opinó Antonio—. El hangar estaba lleno de operarios, no la hemos vigilado.

            — Ahora que no tenemos el radar pueden invadirnos y no nos enteraríamos hasta tenerlos encima —gruñó John.

            — ¿Quien nos defendía cuando sólo contábamos con arcos y flechas hace mil años? —Replicó Antonio—. No digo que los grises sean buena gente, pero no nos quieren destruir, eso seguro.

            — ¿Sabes pilotar el halcón plateado? —Preguntó John—. Porque Abby es la única que sabe. Tendréis que esperar.

            Antonio se detuvo y Charly volvió a atizarle.

            — Por Dios hijo, me haces daño.

            Brigitte chasqueó la lengua con fastidio.

            — Si a alguien le interesa mi opinión —intervino Ángela, que se había sentado porque no tenía fuerzas para permanecer en pie—. Creo que debemos aprovechar el momento de internarnos en la nave nodriza de los grises antes del ataque y encontrar a Alastor y a Fausta. Sabemos dónde y cuándo estarán, ¿no?

            — Está loca, eso sí que es un suicidio —declaró John.

            — ¿Quién nos matará antes, la bomba o los grises? —Preguntó Antonio—. No cuentes conmigo, tampoco pienso jugarme la vida por ese viejo.

            — Lo sé —sonrió—. Yo podría pilotar el ovni y podríamos llevar el halcón en las bodegas. Cabe de sobra, de modo que fingimos ante el consejo que vamos a cumplir nuestra parte y escapamos antes de que explote. Nos cargamos a Alastor, los grises y Fausta y el consejo nos deja en paz porque nos da por muertos... Ah y Black vendrá con nosotros y se quedará en el ovni. ¿No le tiene tanto aprecio? Creo que es un plan redondo.

            Todos la miraron asombrados.

            Antonio dudó.

            — Es un suicidio, comparto la opinión de John. Black no es estúpido.

            — Por eso mismo, le contaremos el plan. Es nuestra garantía de que nos dará tiempo de escapar. Negociaremos con él, todos ganamos pero en el último momento le dejamos tirado.

            — No creo que pueda garantizar nada —protestó Antonio.

            — Llevaremos a Emmerich. Con ella lo conseguiremos.

            — ¿Lara? —inquirió él—. Ya lo intenté, no me creyó cuando le mencioné a los grises.

            — Yo me encargo de eso.

            Miró a Brigitte y suspiró temiendo su respuesta si decía que aceptaba.

            Entretanto regresó Abby y preguntó.

            — ¿Qué pasa?

            — Nos espera una última misión —explicó Antonio con una expresión preocupada.

            —Pues esta vez iré contigo, no vas a dejarme fuera de esto también —Brigitte bufó y se marchó sola a la nave.

 

Comentarios: 11
  • #11

    Tony (jueves, 03 diciembre 2015 15:49)

    No tepreocupes Yenny, Yuven no saldrá ni mencionado en los grises. Aunque no quiero destripar nada asi que no digo más que falta bastante por contar, aunque temporalmente es un par de días.

  • #10

    Yenny (jueves, 03 diciembre 2015 15:00)

    Ojalá Tony regresen los martes de historia porque me pone ansiosa la espera.
    Alfonso no invoques a Yuvén, no es malo pero es algo desesperante , aunque concuerdo contigo en que haya novedades sobre Génesis hace tiempo que no se sabe nada de ella.

  • #9

    Alfonso (jueves, 03 diciembre 2015 02:53)

    Tengo el presentimiento que seré la siguiente víctima en el relato de El Cuadro. Jaime, debes ayudarme a sobrevivir...
    Volviendo al relato que nos incumbe, quisiera agregar que aún desconocemos el paradero de Génesis, Alastor, Fausta, Elías y Yuvén. Ojalá se les mencione antes de que finalice.

  • #8

    Chemo (jueves, 03 diciembre 2015 01:45)

    Me he quedado enganchado con la historia. Espero que aparezca Génesis, quien seguro podrá asesorar a Antonio sobre los Grises.
    Prometo regresar del más allá para terminar lo que empecé con Vanessa. Jeje

  • #7

    Tony (miércoles, 02 diciembre 2015 22:58)

    Nunca pierdo ocasión de pescar ideas. Sólo espero que los desenlaces de ambas historias salgan perfectos. Ahora estoy inspirado así que espero volver al ritmo de "martes relato". También espero lograrlo.

  • #6

    Yenny (miércoles, 02 diciembre 2015 22:44)

    Heyy no es justo, yo tengo antigüedad en la página no debían asesinarme tan rápido, Jaime espero que hagas justicia y tienes que vengar nuestras muertes ( obviamente tiene que ser una venganza espectacular mejor que las de Liam Neeson, sino aparece para atormentarte todas las noches jeje)
    Regresando a la historia se está poniendo interesante, quiero saber para que quieren los grises a Fausta y Alastor, recuerdo que tenían que localizar y entregar al sujeto"Elías" antes del 26 eso ya no se ha vuelto a mencionar espero que no lo dejes en el aire.
    Espero que hayas disfrutado del viaje Tony y tengas nuevas ideas :)
    Saludos cuídate

  • #5

    Jaime (miércoles, 02 diciembre 2015 20:41)

    Jeje - será difícil que muera, al menos no hasta que finalice la historia. De lo contrario, ¿quién investigará las muertes misteriosas o hará el análisis forense para descubrir el modus operandi del asesino sobrenatural? A menos que sea una típica película superficial de asesinatos sin sentido ni trama sólida. Prometo vengar las muertes de Chemo y Yenny.

  • #4

    Tony (miércoles, 02 diciembre 2015 18:54)

    Por comentarios como este, te has ganado el protagonismo de El Cuadro, al menos la próxima parte. Vamos a ver si te dejo vivir más jejeje.

  • #3

    Jaime (miércoles, 02 diciembre 2015 15:47)

    Parece que se empiezan a atar los cabos sueltos. Dudo mucho que el plan de Ángela funcione o que al menos engañe a la Organización. Si el plan funciona, Antonio y los demás deberán cambiar sus identidades para que la Organización no los pueda rastrear, y dudo que Antonio lo haga ahora que está casado.
    Todavía falta revelar cuáles son los motivos reales de esta guerra entre los Grises y la Humanidad (i.e. la Organización). Dudo que los Grises sean belicosos ya que si lo desearan ya hubieran aniquilado a la humanidad, incluso desde la Antigüedad.
    Espero con ansias la continuación de El Cuadro.

  • #2

    seguss (miércoles, 02 diciembre 2015 01:38)

    Me confundi un poco con esta parte aunque gracias por
    la continuacion

  • #1

    Tony (miércoles, 02 diciembre 2015 00:24)

    Lamento el retraso de una semana, pero estuve de viaje y me fue imposible subir más.
    No olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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