Los grises

29ª parte

            — Esto debe ser una broma, vamos a combatir a los marcianos con el apoyo de los ángeles —comentó Antonio, un tanto incrédulo.

            — Ahora que estamos todos preparados dejarme recordaros el punto crítico en el que nos encontramos —intervino el ser de luz—. Mi nombre es Azrael, soy el...

            Brigitte soltó una carcajada sonora lo que atrajo las miradas de todos, aunque Antonio también se rio más disimuladamente.

            — Disculpe, es que tiene nombre de gato —dijo, avergonzada.

            — No se lo tome a mal —explicó su marido—, tenemos un hijo de dos años y le encantan los pitufos, los vemos todo el día en la televisión. Azrael es el gato de Gárgamel, el brujo malo... Por favor que ninguno de vosotros se llame así.

            — Soy el ángel exterminador. El mismo que sacrificó a los primogénitos del faraón en el antiguo Egipto y no creo que debáis faltarme al respeto —explicó con seriedad.

            — Pues yo me cambiaría el nombre —comentó Brigitte—, o al menos no lo diría muy alto si quiere intimidar a alguien.

            — Entiendo que no está en sus cabales, aunque no es un buen momento para entrar en ese tema... —la ignoró Azrael.

            — ¿Qué? —Se dejó de reír la mujer.

            — Los grises han averiguado nuestra presencia en este planeta y no sabemos el tiempo que tardarán en enfocar su atención sobre nosotros. Puede ser una hora o una semana pero será pronto.

            — ¿Cómo lo han averiguado? —Preguntó James.

            — Más bien la pregunta es ¿cómo sabéis que lo saben? —Corrigió Antonio.

            — A pesar de que eres uno de los seres humanos de mente más abierta que he conocido, me temo que no eres capaz de comprenderlo y no hay tiempo para intentar explicártelo. Debéis equiparos y partir de inmediato.

            — ¿Vamos solos?

            Caminaron a buen paso hacia el fondo alejándose de la rampa de salida que ya no se veía porque debieron cerrarla tras la pelea.

            — Yo os acompañaré —intervino Elías.

            — ¿Eras tú el que me ayudó en aquel completo científico? —Preguntó Antonio.

            — Nuestros trajes nos permiten adoptar cualquier aspecto. Aquel día parecía un gris, otros me disfrazo de humano.

            — Vaya, eso es inquietante —opinó Brigitte.

            — Si tienes esos trajes, acompáñanos. Peleas bien, necesitamos tus habilidades.

            — Yo me mantendré al margen.  Esta misión... No quiero engañaros, es prácticamente imposible que regreséis.

            — ¿Qué? —Protestó Brigitte—. En ese caso no cuente con nosotros.

            — Estoy de acuerdo con la señora —intervino Black.

            — Suponía diríais eso pero existe una posibilidad de salvaros y de paso vuestro planeta, sino no os enviaría.

            — Yo iré —se ofreció el capitán.

            Azrael le miró sorprendido.

            — Eso te honra, John —alabó el ángel—. Sin duda eres el más preparado para esto.

            — ¿Y él sólo va a poder conseguirlo?

            — La colmena, o el Mundo Devora—Almas, es un enigma incluso para nosotros. Todo lo que se acerca desaparece y nunca vuelve a salir.

            — Como el agujero negro que es —completó Antonio.

            — Si nadie ha salido nunca, ¿por qué cree que tenemos una posibilidad de detenerlo? —Cuestionó Abby.

            — Él es nuestra esperanza —el ángel señaló a Antonio.

            — ¿Yo?

            — Hemos seguido tu trayectoria. Has salido de situaciones similares.

            — Por suerte —replicó.

            — Nadie ha atravesado el espejo jamás y ha vuelto para contarlo. Tú lo has hecho dos veces.

            — ¿Y eso qué implica? No he tenido que luchar con un planeta de lleno de enemigos.

            — Si te pago quinientos euros, ¿irías?

            — Es me ofende —protestó.

            — Has hecho cosas parecidas sin cobrar tus honorarios. ¿Por qué esto es distinto?

            — No soy un mercenario y no hace falta serlo para saber que si las hemos pasado canutas contra un grupo de diez o veinte, enfrentarnos a todo un planeta es un suicidio.

            — Hay algo que debes saber. Pero no debe escucharlo nadie más...

            El ser luminoso cerró los ojos y Antonio perdió el sentido.

 

 

            Lo siguiente que vio fue un lago de aguas verdosas con palomas volando en formación sobre sus cabezas. Estaba tumbado en un jardín de hierba fresca y cuidada y él vestía la misma túnica blanca y sedosa.

            Miró a su alrededor y a la izquierda vio un hombre joven de rostro recio y serio.

            — ¿Quién eres?

            — He usado uno de mis disfraces humanos. En el plano astral puedo adquirir el aspecto que desee.

            — ¿Por qué estamos aquí?

            — No quería que tus compañeros, en especial tu esposa, sepa lo que tengo que decirte.

            — Pero luego podré contárselo, ¿no?

            — No le harás ningún bien si lo haces. He podido analizar el cuerpo de cada uno de vosotros y de paso os he curado, como ya te dije antes. Pero ella no estaba completa.

            — ¿Le falta algo? —Preguntó, preocupado—. ¿No podías reponerle lo que sea?

            — ¿Sabes el dilema de un hombre que está siendo desmembrado y va asumiendo sus pérdidas progresivamente? Cuando le cortan el cuello ¿qué dice?: ¿"Mi cabeza y yo" o "yo y mi cuerpo"?

            — Que horror, dirá lo segundo poco antes de morir.

            — Es una forma de que comprendas el problema. La forma física de las personas vibra en armonía con la longitud de onda que emanan sus espíritus. He visto una clara discordancia en ella. Tu mujer no está en su cuerpo. Es otra persona que le ha robado todos los recuerdos y simplemente se ha instalado como si fuera ella. Lo que no sé es si te casaste estando así o sucedió después. ¿Has notado algún cambio últimamente en su manera de ser?

            — Pues ahora que lo dices, bastante. Pero fue desde que... Espera ¿cómo es posible?

            — Eso escapa a mi comprensión, incluso es posible que quien ha usurpado su identidad no sepa lo que ha pasado. Para que lo entiendas, el ADN emite un color único y en el interior de su cabeza veo dos colores distintos. Justo donde su cuerpo se une a su alma. Ningún avance humano podría haber obrado ese prodigio.

            — No... Tuvo que ser Alastor o Ángela—dedujo Antonio—. Sólo pudieron ser esas dos personas.

            — Ambas están en la colmena —completó Azrael—. Si quieres respuestas...

            — Ya, pero no quiero morir.

            — Eres el único que...

            — No digas estupideces, soy una persona corriente, un poco loco sí, pero no soy en absoluto especial. Si he salido con vida otras veces es porque la providencia divina me ayudó. Pero no cuentes con que vaya a un sitio del que no escapa ni la luz ni vosotros los ángeles.

            — Escúchame —se obstinó Azrael—. Eres el único que puede salvar el mundo. Tú tienes es poder.

            — ¿De qué?

            — Nuestra madre te lo dio. ¿No lo recuerdas?

            — ¿Qué? ¿Génesis?

            — ¿Quién sino?

            — Pero lo que me dio fue inmunidad a los poderes de Alastor.

            — Cuyo origen es el Mundo Devora—Almas.

            — La oscuridad elemental —dedujo Antonio—. Génesis me advirtió de que algún día la humanidad dependería de mi pero no pensé que sólo de mí.

            — Ahora que lo recuerdas es hora de despertar.

 

 

            — ¡No sigan entrando en su cabeza! Lo van a matar —despotricaba Brigitte sosteniéndole sentado sobre su regazo.

            Cuando despertó se la quedó mirando como si viera a otra persona. Era cierto que de un tiempo a esta parte se portaba de manera más fría y no parecía quererle igual, pero al verla así de enojada entendió que quien quiera que fuera también le amaba a su manera.

            — No importa cariño. Ha sido necesario.

            — ¿Estás bien? —Le preguntó preocupada.

            — No te preocupes, esta gente puede curarlo casi todo. Estoy bien.

            Al decir eso se refería al cambio de cuerpo misterioso.

            — Ahora vámonos, no os imaginaba así, la verdad —imprecó la mujer, furiosa—. Entiendo por qué mandasteis sacrificar a tanta gente en el pasado.  En lugar de enfrentaros vosotros a los problemas elegíais al primero que se dejara manipular y le mandabais al verdugo.

            — No sigas, Bri —intervino Antonio—. Tiene razón. Tengo que ir yo.

            — ¿Lo veis? Ni soñéis que le dejaré suicidarse.

            — En serio, tengo que...

            — ¡Cállate! Te han comido el coco. Nos vamos a casa y ya entrarás en razón.

            — Ojalá pudiera. Pero no habrá donde volver si no lo impido.

            — ¿Ah sí? Pues voy contigo —le retó.

            — Ni hablar, tú te quedas.

            — Elige destino, amor. Pero no te vas a librar de mí. Te hago responsable de lo que me pase.

            Antonio se puso en pie mirando a John y Abby. Ambos le miraban con resignación.

            — ¿Qué nos hemos perdido? —Preguntó la teniente—. Antes no te importaba la misión.

            — Llévala a casa. Y tú John, ve con ellas.

            — Ni lo sueñes, jamás he rechazado un encargo por peligroso que sea.

            — Soy tu comandante. Te estoy ordenando que protejas a mi mujer en caso de que yo no logre evitar el ataque.

            — He vencido al tanque alienígena yo sólo. Si alguien tiene que salvar el mundo soy yo. No pienso perderme esta misión por mucho rango que tengas.

            — Yo tampoco me voy sin ti —le retó Brigitte.

            — Debemos darnos prisa —intervino Elías—. Si seguimos discutiendo no habrá nada que salvar.

            — Os llevaré a donde está el equipamiento —indicó Azrael.

            Con un fuerte resplandor quedaron cegados y un momento después estaban frente a la entrada de lo que parecía una casa con patas, de piedra y sin ningún tipo de mecanismo propulsor visible.

            — Adelante —dijo el ángel.

            — ¿Cómo se maneja esto? —Preguntó Abby.

            — No os preocupéis, todo se os explicará a su debido tiempo.

            — ¿Cuando? —Preguntó, confusa—. Dudo que en eso podamos viajar al espacio exterior.

            — Elías responderá a todas vuestras dudas.

            — Buen viaje —dijo James Black—. Yo os espero aquí.

            —Ni lo sueñe, amigo. Si yo voy, usted también —recriminó Brigitte.

            — Los seis estabais destinados a hacer este viaje —comentó Azrael—. Lo que te incluye.

            — Acompañarme —dijo Elías.

            Le siguieron al interior de lo que parecía una capilla y se quedó frente al altar, una especie de sarcófago de piedra blanca sin pulir.

            Se quitó la túnica dejando ver un pequeño sudario tapando sus partes nobles y un cuerpo fibroso de una delgadez extrema pero claramente entrenado. Antonio sólo había visto a una persona con un físico similar, su profesor de Taekwondo de metro sesenta con el que entrenó durante un año en su juventud, antes de cambiar de nombre. Éste tuvo un accidente de moto a más de cien kilómetros por hora y rodó por el suelo de tal manera que no se hizo ni un rasguño. Era tan ágil como un gato.

            Elías tenía mejor aspecto físico y más volumen muscular.

            — Caray con el viejo —murmuró asombrado.

            El altar resultó ser un arcón que se abrió al colocar la mano encima.

            La luz surgió del interior deslumbrándoles. Elías cogió una tela fina que parecía gris con hombreras metalizadas. Al ponérsela se ajustó a la perfección a su cuerpo quedando como si su piel fuera de marfil y metal recio. Abrochó sus botones de abajo a arriba excepto el de su cuello.

            — Gabriel nos ha preparado estas túnicas divinas —explicó Elías.

            — Parecen frágiles —cuestionó John al coger la suya y comprobar que apenas pesaba.

            — Ignoro cómo están hechas pero os aseguro que son más fuertes que vuestras armaduras.

            Al abrochar el último botón del cuello el rostro de Elías se volvió traslúcido y apareció una aureola redonda sobre su cabeza.

            — Al activarse —explicó—, nos volvemos etéreos, ligeros e invisibles a voluntad. No necesitamos comer, beber, respirar ni dormir. Podemos elegir la persona que podrá vernos y el resto no. Hace casi dos mil años que no la uso. En aquella ocasión nos encontramos con Jesús, cuando aun vivía entre los mortales. Recuerdo la cara de asombro de Pedro, Santiago y Juan, creyeron que... Me estoy desviando del tema. Daros prisa en ponerlas, no hay tiempo que perder.

            Obedecieron impacientes por verse dentro de lo que parecía el mítico cuerpo celestial.

            — Recuerdo ese fragmento evangélico —dijo Antonio—. Aquel día fuisteis dos personas a ver al maestro, que también brilló como tú ahora ¿Quién era el otro? ¿Moisés?

            — Es grato hablar con alguien versado en las escrituras. Cada día es más raro encontrar gente así. Pero este no es un buen momento para platicar sobre el pasado. ¿Estáis todos listos?

            — ¿Qué tela es esta? —Preguntó Brigitte—. Me encanta como se siente.

            Al abrocharse el botón del cuello se activó el traje y su rostro brilló como el de una diosa justo antes de aparecer la aureola y volverse semitransparente.

            Antonio se la quedó mirando, confundido y fascinado por lo hermosa que le pareció durante ese instante. Juraría que no vio ese fenómeno en Elías aunque no estaba seguro y seguramente si ocurrió no se interesó de la misma manera.

            Todos los demás estaban preparados. El único que faltaba era él. Se apresuró y al abrochar el último botón un torrente de energía invadió su cuerpo haciéndole sentir una felicidad indescriptible. Además perdió la sensación de peso y ahora era ligero como una pluma.

            — No necesitamos una nave para ir a la colmena —explicó Elías—. Ahora podemos desplazarnos a cualquier lugar del universo con sólo pensarlo.  Más allá de la muerte, a los justos se les otorgará un cuerpo similar. Moisés —miró a Antonio sonriente—, no necesitó traje para tener este aspecto.

            — Esto debe ser una alucinación —protestó Black—. Yo no creo en nada de todo esto, Dios no existe y los ángeles menos.

            — A mí también me costó creer que una caja metálica se moviera sin ayuda de caballos o perros y sin embargo los coches siguen existiendo —respondió Elías, burlón—. Ahora escuchar, podemos desplazarnos a cualquier lugar del universo pero sólo cuando estamos lejos de la colmena donde existe una frontera a la que llaman "horizonte de sucesos". Nada puede escapar de ahí, ni siquiera nosotros. Yo sé llegar así que concentraos en mí y me seguiréis.

            — ¿Podemos ir a cualquier lugar? —Pregunto James.

            — No dejéis divagar vuestra mente o sufriréis el castigo de los infames. Ese traje se os ha dado exclusivamente para cumplir esta misión y si lo usáis con fines egoístas el castigo no se hará esperar.

            Los cinco se miraron con preocupación.

            — Quedando claros estos puntos, procedamos —concluyó Elías.

            Desapareció como un fantasma y se quedaron perplejos.

            — ¿En serio podemos ir a dónde queramos? —Preguntó Black—. Habrá que probar.

            — Sugiero seguir al anciano —aconsejó Antonio.

            — Sí, eso haré —replicó James, socarrón.

            Dicho eso desapareció de la misma manera.

 

 

 

 

Comentarios: 5
  • #5

    Chemo (sábado, 06 febrero 2016 18:40)

    Yo quiero que aparezca Génesis. Espero la continuación.

  • #4

    Tony (sábado, 06 febrero 2016 08:28)

    Estoy sorprendido por vuestro entusiasmo. La verdad es que este relato lo tuve clarísimo desde que lo empecé y lo difícil está siendo entrar en los detalles. Para escribirlo me estoy basando en bastantes cosas aunque la verdad es que me enfrento al reto diario de saber que no se parece a nada escrito hasta ahora y eso me encanta.
    Como siempre hay un gran componente real en todo lo que escribo y lo aderezo con una pizca de imaginación.
    Me alegro de que os esté gustando.

  • #3

    Alfonso (sábado, 06 febrero 2016 01:39)

    Aún tengo dos inquietudes: ¿Alastor es un aliado de los Grises o una víctima de la Colmena? Si el Mundo DevoraAlmas es el origen de la oscuridad primigenia, entonces los vampiros, zombis y otros seres originados de ésta. Si los Grises conocen a la Oscuridad, entonces ¿los Grises son una forma evolucionada de estos seres sobrenaturales? ¿qué opinan?

  • #2

    Yenny (sábado, 06 febrero 2016 00:27)

    Por fin se están atando muchos cabos que quedaron en el aire en las otras historias.
    ¿Quisiera saber como se te ocurren estas cosas Tony? con cada historia nos sorprendes.
    Ahora a esperar otra semana, pero la espera vale la pena.

  • #1

    Jaime (viernes, 05 febrero 2016 02:02)

    Joder con esa imaginación tuya, Tony. En mi vida se me hubiese ocurrido una historia tan interesante como ésta. Creo que muchas cosas de historias pasadas comienzan a tener sentido. Pensaba que ya no ibas a escribir hasta la semana próxima, pero ha valido la pena la espera. Espero la continuación.

Animal es el que abandona a su mascota.

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