Los grises

30ª parte

 

Antonio suspiró, asustado. Todos lo estaban. Acudir a un lugar donde nada podía escapar, ni siquiera los ángeles, ponía la piel de gallina a cualquiera.

            — Si vamos al espacio —dijo Abby—, espero que con esto podamos respirar.

            — Él ya ha estado —respondió Antonio—. Iré yo primero. Y tú... —miró a Brigitte—... Deberías quedarte por si no hay retorno. Charly se quedará sólo, por favor, recapacita.

            — Te conozco, Tony. Sé de lo que eres capaz para que regresemos todos si voy contigo. Sino puede que no te esfuerces tanto.

            — Me pregunto si sabes lo "difícil" que es algo "imposible" —replicó pesimista.

            — Eso me ha costado entenderlo —protestó John Masters—. Voy adelantándome.

            — ¿A nadie le preocupa que no tengamos armas? —Protestó Abby, mientras desaparecía detrás.

            — Dame la mano —invitó Antonio—. No te separes de mí.

            Brigitte obedeció. Ambos estaban asustados pero cerraron los ojos y se concentraron en Elías.

            Al abrirlos flotaban entre las estrellas como en un sueño. El anciano sonrió al verles mientras John y Abby discutían sobre las armas.

            — Aunque sea una misión de sigilo yo creo que necesitamos armamento pesado —decía John.

            — Ha dicho que sólo llevemos una —terció Abby—. Conviene una ligera.

            — La señora Wrigth tiene razón —intervino Elías—. Pero me refería a que el único arma que llevamos es la imaginación.

            — ¿Cómo?

            — Este no es un traje cualquiera, amigos, es una túnica sagrada, los católicos lo llaman "La divina gracia". Con él no existe arma del mundo que pueda dañaros, solo puede quebrarse con vuestras iniquidades. Y sino...

            James Black apareció al lado del legendario profeta emitiendo gritos de dolor.

            —... Preguntarle a vuestro colega qué le ha pasado.

            — ¡Qué porquería de traje es este! —Protestaba—. Decidí ir por casa a recoger una cámara de video y se puso a arder. Mierda, si no se ha quemado... qué raro.

            — Cada uno sabe lo que maquina pero el traje lo juzga —completó Elías.

            — Qué tiene de malo ir a buscar un teléfono con cámara. Es un momento único para documentar sobre la nave nodriza de los grises.

            — No puedes cargar objetos —respondió Elías—. La única forma de que podáis tocar algo es desactivando el traje con el último botón del cuello.

            — Podía haberlo dicho antes.

            — Os dije lo que necesitabais oír. Ahora ha llegado el momento, si os fijáis en ese sector de ahí —señaló un espacio vacío entre las infinitas estrellas—, veréis que no hay nada. Extender las manos y sentiréis la fuerza gravitatoria. Avanzaremos y veremos lo que nos depara el destino. Estamos a punto de cruzar una frontera que nadie ni nada ha cruzado y ha vuelto.

            — Es como la muerte —comentó John.

            — ¿Ni siquiera Dios? —Preguntó Brigitte.

            — Si él atravesara el "horizonte de sucesos", el universo entero desaparecería  —replicó Elías.

            — Así que esto es el despertar que mencionó el gemelo —murmuró Antonio.

            Todos se lo quedaron mirando, sorprendidos.

            — Si sabes algo que pueda ampliar nuestros conocimientos sobre ese vacío, es el momento de compartirlo —invitó Elías.

            — No sé, es difícil de explicar.

            Los cinco le miraban absortos.

            — Hace bastantes años tuve una extraña experiencia mística. Sería muy larga de contar pero si os interesa lo registré todo en mi página web. Tendríais que leer "La leyenda de Verónica", "El Gemelo", "Camino a los infiernos" y "Nueve de corazones".  Algunas son largas, así que tardaríais un buen rato pero merece la pena, si es que volvemos.

            — No hay tiempo para eso ahora —protestó Brigitte.

            — Lo sé pero es complicado de explicar... Bueno, bien pensado no lo es tanto. En esos viajes místicos descubrí que Dios es un ser durmiente, solitario, que en su sueño eterno imaginó todo cuanto existe y le gustó tanto que decidió vivir el universo desde el punto de vista de cada uno de los seres creados. Pero el Gemelo, que no es otro que el subconsciente del Creador, está empeñado en recordarle que nada es real. Y su única meta es destruir todo para que se despierte de su letargo.

            — ¿Despertar? —Preguntó Elías—. ¿Esa es la mentira que te hizo creer esa serpiente?

            — Nos interesa, ¿verdad? Imagínate que no lo es y es verdad. Yo mismo he presenciado el mundo desde los ojos del Gemelo y es terroríficamente convincente. Por lo visto ya había empezado a despertar al creador hace bastantes años. Supongo que era cuestión de tiempo que nos alcanzara su ola de destrucción.

            — Hablas como si fuera imposible detenerlo —opinó Abby.

            — Si los propios ángeles no saben cómo impedirlo... ¿Tú qué crees? Nunca dije que pudiéramos detenerlo, pero si fuera posible, creo que soy el único que puede.

            — Estamos aquí para eso —dijo Elías—. Nosotros le detendremos.

            — ¿Cómo? —Objetó Abby—. No tenemos armas.

            — Tienes la imaginación —respondió el viejo—. Imagina que alguien explota y lo hará. Y si quieres curar, también lo puedes intentar. No necesitas estar con él, piénsalo y será real...

            — Como un sueño —añadió Antonio—. Esperemos que nuestro poder sea suficiente para contrarrestar eso de ahí.

            Abby se quedó un minuto pensativa y cerró los ojos. Frunció el ceño mientras una lágrima salió de entre sus párpados. Antonio se sintió conmovido, nunca había visto llorar a la teniente.

            La mente de la mujer viajó junto a su esposo postrado como un vegetal, con la cabeza tan deformada que ella la había cubierto con un fular para que nadie viera su espantosa cicatriz.

            Extrañamente lo vio con gran claridad, como si estuviera allí.

            «Dimitri...» —pensó, recordando la primera vez que le vio, un recluta ruso que se le asignó para su entrenamiento diario. Él era su compañero y en la instrucción le gritó que no debía jugar con su arma mientras apuntaba a un perro del descampado acariciando el gatillo queriendo dispararle. Le dio un puñetazo en la nariz y le gritó que como volviera a hacer algo así haría que le expulsaran del EICFD. Él, en respuesta, la besó. Lo suyo siempre fue irracional, eran el ying y el yang, totalmente opuestos hasta que por el continuo riesgo comenzó a sentir algo profundo por él. En su carácter tan rudo y machista encontró a un niño asustado con esa máscara que ocultaba ante los demás sus miedos más inconfesables. Ahora sabía que nunca habría disparado a ese perro. Era pura fachada, se hacía el duro para impresionarla.

            «Si es cierto lo que ha dicho Elías... Despiértate para cuando vuelva a tu lado. Y si no vuelvo no te despiertes, no sé si te gustará lo que veas».

            Abrió los ojos y vio a sus compañeros mirándola.

            — ¿Alguien más quiere despedirse? —Invitó Elías.

            Abby miró a Antonio y éste negó con la cabeza.

            — ¿No querías arreglar lo de tus padres? —Insistió—. Hicimos un pacto, ¿recuerdas?

            El aludido suspiró resignado. Cerró los ojos y pensó en su padre...

            — Estamos demasiado cerca —indicó Elías—. Ya no podemos escapar, hemos estado mucho tiempo expuestos a su campo gravitatorio.

            Antonio abrió los ojos y entendió lo que decía el anciano. Ya no podía usar el pensamiento para viajar.

            — No perdamos más tiempo. Dejaros llevar y llegaremos a alguna parte. Cogeos de la mano, no nos separemos —aconsejó Elías cogiendo la de Abby y la de John. Éste cogió la de Brigitte y ésta la de su esposo. Finalmente Antonio cogió la de James Black.

            — Que Dios nos proteja —oró Elías.

            Las estrellas se fueron borrando del firmamento tras convertirse en líneas de luz. Notaron vértigo cuando apareció una estructura gris con luces repartidas por su superficie. Era un platillo volante con forma elíptica y según iban cayendo fueron distinguiendo que los puntos de luz eran generadores de gravedad hacia los que caían meteoritos de inmensas dimensiones y al alcanzarlos se veían diminutos antes de sed engullidos. A juzgar por el número de luces el objeto seguía a muchísima distancia aunque su velocidad de caída era cada vez mayor.

            — ¡No podemos caer en esas turbinas! —exclamó John—. Dame la mano James,  tenemos que girar para desviarnos hacia allá.

            Todos obedecieron y giraron como un aro humano tratando de salir del potente campo. Aunque consiguieron moverse en zig zag no conseguían alejarse de la espiral gravitatoria en la que estaban atrapados. Las masas de roca que caían junto a ellos a kilómetros de distancia se deshacían en trozos cada vez más pequeños hasta quedar reducidas a polvo antes de ser engullidas por los generadores. Ellos estaban protegidos con sus túnicas divinas pero cuanto más se acercaban más tangibles se volvían hasta que fueron totalmente opacos.  Después la presión empezó a dañarles y luego dejaron de agarrarse por el intenso dolor que sintieron. La velocidad de descenso era ya tan elevada que les fue imposible intentar salir del campo magnético y alcanzaron el generador cogidos aun de la mano.

 

 

            —Mirar el cielo, lo que veis blanco son las nubes. ¿A que parecen de algodón? —decía Chelo, con su sonrisa simpática. Charly miró arriba como ella le dijo y vio exactamente eso, en el cielo había montones de colchones de algodón y quería alcanzarlos para tumbarse encima y dormir sobre ellos.

            — Ah, ah, ah, ah —estiró la mano hacia arriba y trató de cogerlas aunque sabía que estaban muy lejos.

            — Oh, Charly, están muy altas. Pero toma, así sabrás lo que se siente si las alcanzaras —le dio un trozo de algodón y lo cogió con curiosidad.

            ¿Se habría subido a una escalera y para recoger esos pedazos de nubes? En cuanto volviera a casa le pediría a su papá que subiera a bajarle un trocito más. Se lo pasó por la cara y sintió que era tan suave como Murci, el peluche con el que siempre dormía.

            — No sé por qué no llaman cuando llegan tarde. Algunos padres deberían ser más responsables —Protestó Chelo.

            — Mujer, les habrá pasado algo. Llámalos.

            — Lo he hecho, tres veces y me dice que está fuera de cobertura.

            Charly se acercó a la maestra con el algodón en la mano y se lo dio. Era el último niño que quedaba y ya estaba cansado. Quería ir a casa a merendar. Fue a su abrigo y lo cogió, se lo llevó a Chelo y le pidió que se lo pusiera.

            — Ah, ah, ah, ah...

            — Espera cariño, tú y yo nos quedamos jugando un ratito más.

            "Jugar". No quería, ¿por qué no podía ir a casa con sus papás igual que los demás? Tiró el abrigo al suelo y fue a la caja de los juguetes, cogió un coche y lo arrojó lo más lejos que pudo.

            — Tienes que esperar, cariño. Tus papás no vienen todavía.

 

            Antonio despertó con la imagen de su hijo con lágrimas en los ojos y cogiendo otro coche para tirarlo más lejos.

            Estaba vivo en alguna celda de metal sin ventanas ni puerta. Aun llevaba el traje divino. Se preguntó si el resto del grupo también sobrevivió al generador de gravedad.

            Se puso en pie, allí no flotaba, no era etéreo. Se preguntó si conservaba algún poder, comprobó el último botón de la túnica al tacto y seguía abrochado.

            Escuchó varios gritos pidiendo auxilio, creyó identificar a Brigitte y a James, o le pareció. Eran bastantes voces similares. Aunque la estructura metálica que les aprisionaba tergiversaba los sonidos.

            Una de las paredes se levantó y apareció ante él un largo pasillo con luz al final.

            — Espero que este no sea el túnel que lleva a la luz de la muerte —murmuró.

            Lo cierto era que no parecía un lugar agradable ni cómodo así que decidió aprovechar la ocasión de salir, por miedo a que la compuerta se cerrara de nuevo y quedara atrapado para siempre. No sabía qué normas regían ese lugar.

            Pensó en Charly y se le encogió el corazón. ¿Cuánto tiempo había permanecido inconsciente? ¿Habría visto el momento presente? ¿O se lo imaginó todo?

            Al salir a la luz vio que daba a la salida de una cueva y que debía saltar un metro para no caer en una grieta en la que no se veía el fondo.

            De un salto pisó con seguridad el otro lado y luego miró hacia atrás al escuchar chirridos metálicos a su espalda.

            Se quedó perplejo al contemplar que un enorme brazo articulado se retiraba y plegaba junto a una gigantesca torre metálica. Aquello debía albergar a miles de personas atrapadas como él en celdas sin salida.

            Buscó algún modo de volver para rescatar a sus compañeros, que también debían estar ahí. Pero el abismo que había bajo sus pies no parecía tener fondo.

            — No mire atrás, siga adelante por favor.

            Era la voz de un hombre mayor, de unos cincuenta años y no estaba muy lejos de él.

            Se dio la vuelta y le buscó.

            — Bienvenido a Hercólubus —por lo visto tenía un discreto comité de bienvenida consistente en un tipo bajito y regordete vestido de traje negro camisa blanca, corbata celeste y con barba de dos semanas—. Soy tu mentor en esta nueva vida.

            — ¿Qué nueva vida?

            — Acompáñame a la sede central. Hay que rellenar unos papeleos pero no te preocupes, yo te ayudaré para que tu aterrizaje aquí sea lo más...

            — ¿Herbóculus? —Le cortó, jocoso.

           Herlu—bus —parafraseó el tipo.

            — Es lo que he dicho, no pienso acomodarme en ninguna parte, allí dentro están mis amigos y tengo que rescatarlos.

            — Ah, no tiene caso —respondió sonriente—. Allí dentro no hay nadie más.

            — Pero si he escuchado gritos.

            — Los experimentos del gran señor suelen salir mal. Esos nunca salen de allí.

            — ¿Cómo que experimentos? ¡Son mis amigos!

            El hombrecillo levantó el dedo índice mientras sonreía con prepotencia.

            — Si me acompañas lo entenderás todo y verás que no es difícil. Tu coeficiente de 123 por lo que supongo que lo pillarás rápido. Vamos.

            Le cogió del brazo tirando de él y aparecieron en una sala de estar similar al despacho de un abogado. Vio cuadros del peculiar tipo y en todos parecía tener la misma edad.

            — ¿Quién eres? —Preguntó Antonio.

            — Aquí no tenemos nombre, somos números. El mío es 5899 y el tuyo, si te interesa, es 78. Siéntate y te lo explico.

            Antonio, ó 78, como le llamó ese hombre, obedeció con curiosidad. Si le ponía al día voluntariamente sería más rápido que si le obligaba. Cuanto antes supiera qué era ese mundo más rápido rescataría a sus amigos. Recordaba a fuego las últimas palabras que dijo Elías: Tenemos un arma ligera e invisible,  nuestra imaginación.

            Mientras se sentaba practicó algunos experimentos rápidos para ver si conservaba la "Divina Gracia" y su poder. Al sentarse y tocar el sofá imaginó que se quemaba el cuero al contacto de sus dedos y al ver que los hundía y se derretía como chocolate sonrió pletórico. Pero no era un buen momento para demostrar nada y lo reparó al retirar la mano. Al hacerlo el sofá estaba intacto.

            — Usted es escritor, entenderá este símil a la perfección —comenzó a hablar 5899—. Cuando termina un relato, ¿qué es lo que hace?

            — Pues...

            — Revisarlo —no le dejó responder—. Le da un repaso rápido para comprobar si las frases estás bien construidas y si se le ha colado alguna falta de ortografía. Cuando termina ya tiene la versión 2.

            — Sí, claro — ¿cómo sabía ese tipo su procedimiento?

            — Luego le pasa el corrector ortográfico y siempre encuentra fallos que se le pasaron por alto, versión 3.

            — Casi siempre son pocos.

            — Eso no es transcendental —le ignoró—. La pregunta es ¿qué hace usted con las versiones anteriores?

            Le miró en completa expectación. Esta vez sí le permitía responder.

            — No las mantengo por si me lío y me quedo una defectuosa.

            — Sabía que no necesitaría mucho tiempo para que lo entendiera. Usted es la versión 78 y yo la 5899. Es cuestión de tiempo que el gran señor le vuelva a encontrar fallos y le sustituya por el 79. Cuando uno es tan viejo como yo pasa mucho tiempo antes de que le mejoren. Diría que usted durará unos minutos.

Comentarios: 13
  • #13

    Tony (sábado, 20 febrero 2016 22:36)

    Son unas teorías muy interesantes. Aunque no las había visto hasta hoy. Intentaremé no tardar mucho en subir la próxima parte.

  • #12

    Alfonso (sábado, 20 febrero 2016 18:02)

    No es nada, Yenny. Ahora, a esperar otra semana para una nueva parte.

  • #11

    Yenny (viernes, 19 febrero 2016 23:15)

    Muchas gracias Alfonso, acabo de leer y es muy interesante aunque tu forma de explicarlo fue mas sencilla. Ahora entendi mejor tu predicción ;)

  • #10

    Alfonso (viernes, 19 febrero 2016 01:15)

    Yenny, es un tema complejo, pero puedes ver un resumen en el artículo https://es.wikipedia.org/wiki/Destino_final_del_universo. En resumen, existe el universo se originó de una singularidad y se encuentra actualmente en expansión. Cuando la energía en expansión llegue a su punto máximo, la energía oscura hará colapsar la materia-energía de nuevo en una singularidad, hasta que de nuevo nazca un nuevo universo de mayor densidad relativa. Y así sucesivamente. El especio Frontera sería el espacio adimensional al cual se contraería el universo actual y contiene la "entropía" que limita al universo actual.

  • #9

    Yenny (miércoles, 17 febrero 2016 17:13)

    Me gustaría conocer mejor tu teoría Alfonso, ¿me podrías explicar mejor eso de las secuencias creacionistas o decirme como buscarlo?

  • #8

    Chemo (miércoles, 17 febrero 2016 01:09)

    ¿Pero qué habéis fumado? Ni en mis viajes oníricos más vívidos habría llegado a Hercúbulus, jeje. Espero que Génesis aparezca pronto. Aún no entiendo cómo Antonio puede salvar al universo.

  • #7

    Alfonso (miércoles, 17 febrero 2016 01:07)

    La ficción no puede estar tan lejos de la realidad; muchas filosofías hablan de la búsqueda de perfección de Dios en la creación y de varias secuencias creacionistas ad infinitum.
    Como Jaime no ha predicho nada creo que ahora es mi turno: como Dios es toda la creación, si Antonio llega a cruzar el Espacio de Frontera Dios despertará y la creación terminará para comenzar un nuevo ciclo. Por otra parte, si Antonio falla el mundo se destruirá y el Gemelo logrará evitar un nuevo ciclo creacionista.

  • #6

    Tony (martes, 16 febrero 2016 23:46)

    Y hasta 6 versiones.
    No te preocupes por esta próxima parte que llegará puntual a principios de la semana que viene. Se van a aclarar muchas cosas y si queda algo en el tintero espero que me lo recordéis. Aun no terminará aunque ya queda poco para el final.

  • #5

    Yenny (martes, 16 febrero 2016 22:33)

    Muchas veces son cuatro versiones, la cuarte es cuando se corrigen los errores que encontramos los lectores jajaja, nada es perfecto una vez que otra se cuelan los errores.
    Aunque me mareó un poco eso de la versión 78 de Antonio, no la entiendo muy bien espero que la continuación me aclare eso.
    Como siempre Antonio haciendo publicidad de la página, aunque me quedó la duda ¿ Brigitte tampoco lee las historias? que mala :P
    Estas últimas semanas se hacen largas, creo que tendré que leer todo otra vez cuando la termines,
    Saludos Tony y para todos los que comentan, se me hace extraño no ver a Alfonso, bueno ya llegará.
    Bye, besos.

  • #4

    Tony (martes, 16 febrero 2016 07:09)

    Puede que tengas virus. Ultimamente están bastante violentos e intrusivos. Yo tuve que reconfigurar windows completon por culpa de ellos wue me sacaban ventanas e spam por todas partes y era imposible navegar por interrnet.
    Me alegro de estar sorprendiéndote. Sé que no es fácil porque siempre adividas bastante bien mis siguientes pasos.

  • #3

    Jaime (martes, 16 febrero 2016 05:06)

    Cada vez me sorprende más la historia. No creo poder adivinar qué ocurrirá después. Espero que aparezca algún ente poderoso, como el Gemelo versión 2.0. Y al parecer Dios no podrá ayudar a Antonio del todo.

    Por cierto, me ha llevado varias horas escribir esto. Mi teclado se desconfiguró y aún no he podido arreglarlo del todo. Cuando oprimo una tecla aparecen varios caracteres que no corresponden con la tecla oprimida. Voy a llevar mi PC con el médico (o con un exorcista), jeje.

  • #2

    Jaime (martes, 16 febrero 2016 04:25)

    Cada tve

  • #1

    Tony (martes, 16 febrero 2016 01:39)

    Espero que no se os haga muy larga esta semana. Trataré de ser puntual y publicar el próximo martes.
    No olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

Si es la primera vez que entras a la página, te recomiendo que entres al Indice.

¿Te gusta esta página?

 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

El asesino que escribía cartas de amor

 

Libro primero de la recopilación de relatos más relevantes de la página.

Disponible a la venta. 

 

Haz click para ver detalles.

  

Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

Próximamente:  Segundo volumen recopilatorio.

 

Fausta

 

Ya disponible en papel

 

CONTACTO: 

 

Si quieres recibir por email los avisos de las novedades más recientes, inscríbete en el enlace siguiente.

 

Si quieres contactar conmigo directamente por email, escríbeme a esta dirección:

 

tonyjfc@yahoo.es

Chat

Contenido protegido por la ley

El disco de 2 Gb más pequeño del mundo
El disco de 2 Gb más pequeño del mundo