Los grises

32ª parte

            —¿Qué tiene que ver Génesis con los planes del Gran Señor?

            — Elías desarrolló la habilidad de ver lo que yo hago y usó esa información crucial sobre el inminente ataque de Hercolubus a la Tierra. 

            —Eres un traidor —espetó Antonio.

            —¿Yo? Tú has traído a tu mujer. Tú has entregado a Génesis. ¿Te atreves a llamarme traidor a mí?

            —Y ahora que la tiene, ¿por qué va a atacar la Tierra?

            — No se conforma con destruir a los hijos de Dios, quiere el fin de su universo, de sus criaturas y convertirse él en su nuevo Señor. Dejar a Dios solo en un mundo vacío como le hizo él antes y ser su nuevo caudillo, mejorar lo ya creado y jugar con sus creaciones a su antojo. No porque le gustemos, ni siquiera le importamos. Lo hace para que Dios lo vea todo y sufra sabiendo lo que está haciendo con sus criaturas.

            —Un momento, el Gemelo quería que Dios despertase. ¿Ese es el despertar que buscaba? ¿Sólo pretendía que el creador volviera a estar solo como antes de crear el Universo y él quedarse su creación?

            —No, Dios no estaría igual. Peor, sabiendo que Mi Señor lo destruyó todo. Sin saber que al hacerlo aprendió tanto de él que después su mundo le pertenecería. El universo sin ángeles ni humanos será un nuevo comienzo para crear nuevas criaturas.

            —Dios no lo permitirá, ese Gran Señor es un estúpido si piensa que se quedará de brazos cruzados.

            —Suenas muy arrogante—respondió Alastor—. Ya ha pasado en la antigüedad, los dinosaurios no se extinguieron solos. Ellos eran sus criaturas predilectas hasta que Mi Señor se las robó. ¿Por qué crees que los demonios más mitológicos tienen forma similar a dinosaurios? Son los grandes leviatanes. Ahora está a punto de arrebatarle sus criaturas predilectas, los ángeles, y también a los humanos.

            —No lo hará.

            —Ya lo creo que sí. Tiene a su madre, su protectora, la que tan protegida estaba, la tan poderosa... Lo siento, es cuestión de horas que se complete la destrucción del Planeta. Pero no te preocupes por tu hijo, no se enterará. Nadie lo hará. La transición de un Señor a otro será indolora y el mundo creerá que sigue adelante sin saber que su Dios ya no está. De hecho muchos ya dudaban que estuviera.

            —Eso no pasará —repitió Antonio, furioso.

            —Sí lo hará y gracias a ti. Por eso te mereces un lugar en su nuevo mundo y debes firmar ese documento.

            Antonio corrió hacia Alastor y le soltó un puñetazo con todas sus fuerzas. Sin embargo fue como pegar a una columna de acero. Los huesos de la mano crujieron y sintió un dolor terrible en sus nudillos. Su rival sonreía triunfal.

            —Firma ese pacto y recuperarás tu vida. Vuelve a atacarme y no volveré a interceder por ti, te destruiré y nunca volverás a existir. Es tu última oportunidad.

            —Maldito cabrón... Por tu culpa he entregado a la persona que más quiero en el mundo.

            Antonio cayó de rodillas, llorando impotente. Tenía la muñeca rota y le dolía como si tuviera agujas clavándose en su brazo.

            —No te culpes. Se me da bien manipular a la gente, llevo milenios haciéndolo. Dame la mano y te haré una persona sin remordimientos por lo que has hecho. Olvidarás todo y tendrás tu vida normal. Esta no es tu lucha, deja de resistirte.

            —Ni lo sueñes. Nunca firmaré. Si quieres fulminarme, adelante, pero no me someteré a ti ni a tu gran Herbóculus.

            Alastor negó con la cabeza y se encogió de hombros.

            —Tú lo has querido.

            Le señaló con el dedo y apareció un resplandor en su punta. Antonio le retó con la mirada mientras se sujetaba la muñeca tratando inútilmente de mitigar el dolor. Un rayo de luz apareció en el dedo de Alastor y le alcanzó... Era el fin. Sorprendentemente rebotó contra el viejo reduciéndolo a cenizas.

            Necesitó un par de segundos antes de asimilar que su enemigo más peligroso se había destruido a sí mismo con su propio ataque. Aunque posiblemente aparecería su siguiente versión en cualquier momento de modo que no cantó victoria.

            Se concentró en su propia muñeca y la imaginó fuerte y sana. Al instante el dolor cesó y al apartar la mano estaba curada.

            —También funciona en mi cuerpo... Eso significa que puedo hacer cualquier cosa.

            Se concentró en Génesis, debía encontrarla ahora que sabía que estaba allí, en algún lugar. Aunque le perturbaba que Alastor dijera que no existía.

            Recordó que su mentor 5899 fue fulminado por decirle algo inadecuado... ¿Qué fue? «Mi versión anterior te dio pistas sobre cómo encontrar a los tuyos...». ¿Se les podía localizar? Hasta ese momento pensaba que se refería a la 7898 y que debió darle alguna referencia más, pero el que le dijo eso era la 7900, lo que significaba...

            Cerró los ojos y pensó en su mujer, Elías, Abby, James y John Masters. Los abrió de nuevo y los encontró a su lado con expresiones de extrañeza. James estaba comiendo un muslo de pollo que tenía en la mano y se cayó de culo al suelo como si alguien le hubiera quitado la silla en la que estaba sentado.

            —Demonios, ¿Qué ha pasado? —barbotó, contrariado.

            —Funciona —dijo sonriente—. Gracias 7899.

            Pero no estaban todos, su mujer faltaba.

            —¿Qué ha pasado? —Preguntó Elías.

            —¿Qué número tenéis cada uno? —Replicó.

            —¿De qué hablas? —Protestó Black—. ¿Tú quién eres? ¿Qué es este lugar? ¿Qué hago aquí?

            —Veo que le faltó tiempo de firmar... —Murmuró Antonio.

            —¿A mí no me invitas a la reunión? —Preguntó alguien detrás de él.

            Éste se volvió y vio a Ángela. Su corazón saltó de alegría pero tenía un mal presentimiento sobre esa aparición. Se preguntó si estaba allí por pensar en su esposa. Tenía cierto sentido ahora que sabía lo de su intercambio.

            —Estás viva. Pero tú no llevabas túnica —intervino Abby.

            —Dime que no has firmado —suplicó Antonio con voz temblorosa.

            —¿Firmar qué? —Protestó Ángela

            Elías se acercó a Antonio y le pregunto cerca del oído.

            — ¿Quién es esta mujer que viste como una ramera?

            Ángela llevaba sus habituales leggings negros con una camisa ajustada del mismo color.

            —¿Quién es ese viejo que critica mi forma de vestir en mi cara? —Se ofendió airada.

            —Elías, él nos ayudó a venir. Ella es Áng...

            —¿En serio? O sea, vengo sola para salvaros de esto ¿y venís igualmente? ¿No sabéis respetar el sacrificio que hice por vosotros?

            —Al parecer el mundo entero estaba en peligro con tu llegada aquí —respondió Antonio.

            —¿Por mí?

            —Es difícil de explicar.

            Elías volvió a hablarle al oído.

            —¿Puedo vestirla? Es que con esos leotardos la pobre muchacha debe pasar frío...

            —¡Es ropa moderna, estúpido momio!  —Se defendió furiosa.

            —¿Una túnica tal vez? —Insistió educadamente.

            —Inténtalo —se cruzó de brazos mirándole con odio.

            —Vale ya de tonterías, por favor —protestó Antonio—. Ahora hay que pensar en encontrar a Génesis. Concentraos todos y...

            —¿En quién? —Preguntó Abby.

            —Creo que se refiere a su  mujer —explicó Elías.

            —Eso... Quise decir.

            —Pues no sé dónde quieres empezar a buscar. Esto es un páramo y no se ve ni una luz —protestó James—. Entiendo que quieras encontrar a tu mujer, amigo, pero yo estaba muy bien acompañado antes de venir aquí y no puedo ayudaros en nada. ¿Me puedes devolver a mi casa?

            —No sé qué a qué te refieres, pero es una mentira y te aconsejo que vengas con nosotros. Además, no tengo ni idea de dónde estabas así que no puedo llevarte.

            —No me jodas.

            —¿Y dónde vamos? —Preguntó Elías.

            Antonio se hacía la misma pregunta. Alastor le dijo que su mujer había sido destruida y sólo existía un modo de traerla de regreso... Hacer creer al gran Señor que la necesitaba para algo.

            —Un hombrecillo debe estar huyendo a alguna parte —recordó—. Seguramente nos escucha si le llamamos, le perdí de vista por allí.

            —¿Para qué quieres que venga? —Preguntó Elías.

            —Él me trajo aquí con una especie de tele transporte, tiene muchos recursos y sabe mucho más de lo que dice. ¡Cinco mil novecientos!

            Esperó un poco.

            —¡Vuelve! —Insistió—. ¡He cambiado de idea, quiero firmar!

            Detrás de una roca asomó una cabeza y el tipo de metro cincuenta les miró con desconfianza, aunque finalmente se acercó a ellos con fingida dignidad y confianza en si mismo.

            —¿Y no podías hacerlo venir como nos trajiste a nosotros? —Preguntó Elías.

            —No lo sé, este mundo es muy raro —respondió—. Y ese hombre forma parte de él. Además sabía que no andaría lejos, si no firmo un documento corre el riesgo de ser destruido.

            —Permíteme hacer una corrección... Seremos destruidos los dos —objetó 5900, con aires de prepotencia.

            —Ahora puedo entender por qué 5899 tuvo que ser reemplazado, finalmente encontraste a tus amigos por hablar demasiado.

            —Llévame al mundo donde viviré cuando firme. Mejor dicho, llévanos a todos. También firmarán si les convencen las nuevas vidas que les esperan.

            —Pero ellos no han sido elegidos para el nuevo mundo. Sólo usted.

            —¿Eso debería preocuparnos? —Preguntó Abby, socarrona.

            —Depende —respondió 5900—. ¿Dónde estabais antes de que él os llamara?

            —En una celda —respondió John.

            —Como yo. Una sin puertas ni ventanas —comentó la teniente.

            El hombrecillo soltó una risotada.

            —¿Y usted? —Le preguntó a Elías.

            Éste no respondió.

            —Ya sé que Alastor te espiaba y que tú me has traído aquí pensando que si venía con mi mujer salvaríamos el mundo —se adelantó Antonio—. ¿Dónde estabas?

            Tardó un par de segundos en responder.

            —Me engañaron, me hicieron creer que si os traía el planeta Tierra sería perdonado... Pero cuando llegamos aquí y completaron el enlace astral de Génesis se dieron cuenta de que de nada sirve tener uno de sus fragmentos. Ahora quedan escasos minutos para que la Tierra sea destruida. Y usted se equivoca —miró al hombrecillo—. Yo también he sido elegido.

            5900 volvió a reír con suficiencia.

            —Si consigue que él firme —corrigió—. Ah, ustedes también disfrutan de esa oferta —miró a Abby y John—. Pero supuse que no aceptarían, son obras primordiales y aún no han sido educados. Aun así, aunque no cooperen, extiendo el trato si no ponen impedimentos.

            —¿Y yo? —Preguntó Ángela.

            —Usted es un caso aparte, su presencia aquí es un error.

            —¿Qué?

            —¿Debería sentirme ofendida por llamarme "obra primordial"? —Preguntó Abby a John.

            —Si se refiere a que no somos fotocopias —objetó el capitán—, yo estoy feliz con esa condición.

            —Todos ustedes son copias exactas de sus originales —desengañó 5900—. Sólo que vosotros dos no habéis sido mejorados.

            —¿Y él? —Preguntó Ángela.

            —Setenta y ocho veces —respondió gustoso el hombrecillo.

            —¿Y siguen sin domarlo? —Se rio John.

            —Quiero firmar —insistió impaciente—. Pero no lo haré si mi mujer no firma conmigo —propuso Antonio.

            —No estoy seguro de poder aceptar ese trato.

            —Y ella también debe estar incluida —señaló A Ángela—. Confíe en mí, de mi firma depende que ellos cinco vuelvan a vivir en este nuevo mundo. Sois casi como hermanos para mí y no puedo sentenciaros. No se puede detener al Herboculus, es demasiado poderoso...

           Hercolu—bus —replicó 5900, enojado.

            —¡Es lo que he dicho! ¿Entonces qué me dice? Haga venir a su señor y que traiga a mi mujer. Si lo hace firmaré, se lo aseguro.

            —El Gran Señor acepta tu oferta —respondió huraño—. Pero no verás a tu mujer hasta que firmes.

            —Ni hablar. ¿Cómo puedo confiar en eso? ¿Y si te lo acabas de inventar?

            —Está bien, no confías en mí —replicó enojado—. Entonces confía en tus sentidos. Mira a tu alrededor.

            De repente se oscureció su vista y se encontró flotando en el espacio junto a 5900. Vio desplazarse a su lado el cadáver de su esposa. Cerca flotaban todos los demás aunque tuvo que parpadear varias veces al ver su propio cuerpo inerte, congelado,... exánime.

            —Estás contemplando el momento presente, vuestras respectivas formas originales. Has muerto, mejor dicho tu molde lo está. Tú eres un subproducto. Todo lo que crees ser es una mentira. La única verdad sobre esto es que si no firmas ese documento, "este" va a ser tu único yo existente.

            —¿Dónde están los demás?

            5900 chasqueó los dedos y volvieron al páramo infernal. Los miembros del equipo le miraban preocupados.

            —¿Cómo pueden hipnotizarle tan fácilmente? —Protestó John.

            —Puedo hacer lo mismo con todos vosotros —se defendió 5900.

            Antonio estaba perplejo. ¿Lo que le acababa de decir era cierto?

            —No te creas una palabra de este enano —le dijo Ángela—. Si fuera verdad, ¿por qué insisten en que firmes? No necesitarían tu consentimiento.

            —Ni siquiera me creo eso de que somos fotocopias —apoyó el capitán.

            —Si no nos queda mucho tiempo —añadió Ángela—este tipejo nos lo está haciendo perder a espuertas.

            —De acuerdo, firmaré —aceptó Antonio, ignorándolos—. Pero quiero ver a mi mujer en cuanto lo haga. Nada de trucos como perder el sentido y borrarme la memoria.

            Miró a John de soslayo.

            —Os doy permiso para reventarle el cráneo a este tipo si no cumple lo prometido.

            —¿Hablas en serio? ¿Vas a firmar? —Se asombró Ángela.

            Antonio cerró los ojos y recordó que su mujer se empeñó en ir para que él hiciera lo imposible por traerla de vuelta. La imagen de su cuerpo en el espacio le tenía traumatizado, de ser realmente ella, había fracasado y si firmar ese documento era el único modo de hacerla regresar, lo firmaría una y mil veces.

            —Si es como dice 5900, el mundo no se enterará...

            —No, será destruido —barruntó John—. Por nosotros no te preocupes, no me hagas responsable de la destrucción de toda la gente por la que tanto he sufrido. Hemos venido a derrotar a estos cabrones, no a bajarnos los calzoncillos a la primera de cambio.

            —¿Cómo vamos a derrotarlos? —Replicó—. Y si lo lográramos, necesito encontrar a mi mujer.

            —Volvamos adentro —sugirió 5900—. Si le molestan puedo devolverlos a sus celdas con un chasquido de dedos.

            Antonio miró a Ángela asustado, ésta le miraba con reproche aunque no dijo nada. ¿Qué hubiera hecho si fuera el espíritu de Génesis? Se preguntaba quién ocupaba su cuerpo y si existía un modo de averiguarlo.

            —Vamos, no perdamos tiempo.

            Siguió al hombrecillo, que no tuvo problemas para saltar el gran escalón de aquella casa que por fuera parecía una ruina. Él si lo pasó mal ya que se golpeó la rodilla en el marco de la puerta y el dolor casi le hizo gritar. Cojeando y frotándose la pierna se volvió a sentar frente a la mesa de madera negra. El contrato seguía allí.

            5900 miró el reloj con impaciencia.

            —Tendría que leer esto bien —dijo Antonio.

            —Tómate todo el tiempo que necesites —concedió el hombrecillo con media sonrisa.

 

Comentarios: 9
  • #9

    Tony (martes, 22 marzo 2016 00:38)

    Esoero poder publicar hoy o mañana.
    Creia que ibaa ser la parte final pero no, por lo visto aun faltan dos partes como poco.
    Gracias por estar ahi, Yenny.

  • #8

    Yenny (lunes, 21 marzo 2016 23:09)

    ¿Qué pasa con la siguiente parte? Espero que solo sea un retraso y te encuentres bien Tony :)

  • #7

    Alfonso (sábado, 12 marzo 2016 01:28)

    Se me hizo muy sencilla la forma que Alastor aceptase ser vasallo del gran Señor, ya que Alastor siempre ha sido muy orgulloso. Sería interesante ver cómo conoció Alastor a este ser. No veo cómo pueda Antonio convencer al señor de Hercóbulus de revivir a Génesis. Ya ven que es más sabio el diablo por viejo que por diablo...

  • #6

    Tony (viernes, 11 marzo 2016 16:42)

    Si se me escapan cabos sueltos confío en vuestra agudeza para que los saquéis a relucir.
    De todas formas siempre dejo abierta una puerta a futuras historias aunque intentaré que sea una puertecita muy pequeña.

  • #5

    Yenny (viernes, 11 marzo 2016 16:17)

    Jaja era una broma Tony pero la verdad sentí un dejavú con esa parte, recordaba haber leído algo parecido.
    Espero que sea cierto que esta historia quede completamente cerrada es frustrante cuando hay que esperar que empieces una nueva historia, tarda mucho :(

  • #4

    Jaime (jueves, 10 marzo 2016 01:37)

    La historia va bien hasta ahora. Solamente espero que el final sea tenga sentido dado lo que ha pasado hasta ahora. En fin, a esperar otra semana.

  • #3

    Tony (jueves, 10 marzo 2016 00:18)

    No había caido en lo de harry Potter, pero tienes razón.
    Aunque no lo parezca este relato tendrá un final muy definido dejará pocos hilos abiertos.

  • #2

    Yenny (miércoles, 09 marzo 2016 21:26)

    Bueno ten un merecido descanso Tony :)
    Por fin apareció Ángela también quiero saber sin todavía hay algo de Génesis en ella.
    Creo que algo trama 5900 por eso está desesperado en que firme.
    Parece que esta historia va a tener continuación en otra, por lo que dices Tony ya se acerca el final pero se siente que todavía falta mucho para que acabe completamente.
    A esperar la siguiente parte y lo pronta aparición de Génesis.
    Pd. ¿ Sólo a mi me recordó la parte de Alastor siendo fulminado por su ataque a Voldemort cuando quiere asesinar a Harry Potter?

  • #1

    Tony (miércoles, 09 marzo 2016 00:30)

    He sacado fuerzas de donde no las había para publicar antes de acostarme.
    No voy a adelantar nada para no destripar el final.
    Por favor, comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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