Los grises

33ª parte

 

 

            Miró hacia atrás, ninguno de sus compañeros entró con ellos.

            Cogió el documento y lo leyó para sí.

 

 

"Por el presente contrato renuncio a mi anterior existencia, mis recuerdos..."

 

            -Quiero recordarlo todo hasta que no vea a mi mujer.

            -Trae -se lo quitó de las manos y escribió al margen: "cinco minutos después de haber firmado, siempre y cuando mi mujer firme conmigo inmediatamente".

            -Perfecto -valoró-. Gracias.

            ¿Debería sospechar de su conducta tan colaboradora?

            -No hay de qué.

            Cogió la pluma y comenzó a escribir. Mientras plasmaba la rúbrica la imagen de su hijo se dibujó en su mente diciendo: papá.

            Tragó saliva mientras una lágrima salía de entre sus párpados y sus dedos completaron el trazo de forma casi automática. Después enrolló el contrato y se lo dio a 5900.

            -Quiero ver a mi mujer ahora.

            -Estupendo. Se despertará muy descansado y lo último que recordará será el bello rostro de su esposa, se lo garantizo.

            A su lado apareció Brigitte y le tomó las manos.

            -Sabía que vendrías por mí -dijo con lágrimas en los ojos.

            -Ahora firme usted -intervino 5900.

            -No es necesario, Herbóculus. El que ha firmado ahí era usted no yo -respondió Antonio sonriendo.

            -No diga estupideces, y le repito que es Hercólubus, y no soy yo.

            -No, no. Mire la firma no hay duda es Herbóculus.

            5900 desenrolló el contrato y vio que los rápidos grafos no eran una firma sino un dibujo, una especie de corazón entre hierbas.

            -Herbo y culus, lo que le he dicho.

            Brigitte miró el contrato y soltó una carcajada.

            El hombrecillo montó en cólera.

            -¿Pero qué ha hecho desgraciado?

            -Inutilizar el contrato para que ni yo ni nadie pueda volver a firmarlo.

            -Pero si tenemos millones como este, es un contrato marco... Aunque entiendo. Es un idiota que pagará muy cara su broma.

            La sala comenzó a arder y Antonio cogió de la mano a Brigitte tirando de ella para salir de allí.

            Fuera esperaban los demás y de alguna manera 5900 también logró escapar antes de que el techo se viniera abajo.

            -¡Estúpido tramposo! Esto no es más que un sueño, nunca lograréis escapar...

 

 

            Se despertó de repente y se encontró en una sala circular donde sus amigos estaban como él, atrapados por las muñecas en camillas metálicas situadas frente a una gran pantalla holográfica. Todos estaban despertando, incluida su mujer, pero Ángela no estaba allí.

            -La Tierra -susurró acongojado.

            La distancia parecía reducirse exponencialmente. De seguir acercándose a ese ritmo el monstruoso planeta en el que estaban la engulliría en cuestión de un par de minutos.

            -Estamos vivos -dijo Elías-. Deprisa, hay que salvar el planeta.

            De un fuerte tirón de muñeca reventó sus grilletes.

            -Tenemos el traje puesto, no perdáis más tiempo -ordenó el viejo.

            Todos hicieron lo mismo y John lo festejó con una potente carcajada.

            -Quiero un fusil de plasma XXL -recitó.

            -Marchando uno para cada uno -apoyó Antonio al verlo aparecer en sus manos.

            Al decirlo todos tuvieron su arma.

            -Además este no necesita recargar, tiene energía infinita -aportó Abby.

            Las armas brillaron un instante como si contuvieran el Sol.

            -Y nunca fallas el tiro -probó suerte Brigitte.

            -Al momento los cinco tenían un visor en la cara con el que podían acercar la vista con sólo pensarlo.

            -Puestos a pedir -dijo James-, su munición atraviesa cualquier superficie que exista.

            Los cañones se alargaron.

            -Let's go... Baby -Completó John.

            Disparó a la puerta y ésta reventó en astillas dejando un boquete por el que entraba hasta una vaca.

            Varios grises les esperaban fuera con las armas apuntándoles. En cuanto salió John llovieron flashes que le alcanzaron en el pecho y la cabeza, pero no pareció herido pues disparó su fusil a diestro y siniestro acribillando a los sorprendidos extraterrestres.

            -Seguirme, no hay tiempo que perder.

            -Tenemos que encontrar la sala de control -Indicó James-. Debe haber una que indique el rumbo.

            Corrieron por los pasillos carbonizando hombrecillos y reventando todo tipo de esclusas. Hasta Brigitte hizo varios blancos ya que eran tan numerosos que no daban abasto.

             Llegaron a un inmenso hangar donde había centenares de Ovnis colocados en hileras a diferentes alturas.

            John disparó a uno de ellos abriendo un boquete en su casco.

            -No te molestes, John -recomendó Black-, son demasiadas. Dejar a uno de ellos con vida para que podamos interrogarlo

            -¿Sabrán nuestro idioma? -Preguntó Brigitte.

            -Sólo hay una forma de averiguarlo -respondió el científico-.  Aquel de allá, dejármelo a mí.

            Un grupo de diez grises estaba sucumbiendo a sus letales disparos y algunos ya emprendían la huida. El más rezagado era el que eligió Black, los demás quedaron carbonizados en un par de segundos.

            -Cubrirme.

            Le agarró por el fino cuello y lo puso frente a él.

            -Tienes una oportunidad de vivir. ¿Dónde está el centro de control?

            El hombrecillo chilló por el pánico con una voz aguda y casi infantil.

            -¡Responde!

            Pataleó como loco tratando de soltarse.

            -No voy a perder más tiempo contigo -rezongó.

            -¡No entienden! -Le disculpó Brigitte.

            -Yo creo que sí.

             Le soltó y le disparó en el suelo causando el pánico a los que se quedaron a verlo en la distancia.

            La sensación de poderío les llenó de confianza, eran como dioses, letales e indestructibles.

            -Aquella plataforma parece una sala de control -señaló Abby.

            -No llegaremos a tiempo, debe quedar menos de un minuto -protestó Antonio.

            -Podéis volar, el traje hará lo que le pidáis.

            Se miraron sorprendidos.

            -Volemos pues -dijo James.

            De un salto se elevó a gran velocidad en dirección a la lejana plataforma y los demás le siguieron.

            Antonio quiso creer que podía seguirlos pero le faltaba fe. Estaba seguro de que no podría saltar más de 40 centímetros y se quedó paralizado.

            Cuando vio llegar a Elías se atrevió a dar el salto. Se elevó a gran velocidad y aceleró a voluntad hasta alcanzar a Brigitte, que era la más rezagada.

            Aterrizaron envueltos en una lluvia de flashes verdes de los cuales varios le alcanzaron a él y a cada uno de ellos. El peor parado fue James que rodó por el suelo de la pista de despegue y su traje blanco estaba bastante dañado.

            -¡Creí que éramos inmunes! -bramó.

            -Son disparos de antimateria -explicó Elías-. Gabriel me advirtió que nos alejemos de ellos.

            Lograron parapetarse en distintas naves monoplaza dispersas por el hangar y los que les disparaban dejaron de hacerlo por no destruir sus propias naves.

            -Pues mi traje está muy dañado, no voy a moverme de aquí aunque os puedo cubrir -ofreció James.

            John fue el más decidido. Salió de su cobertura con gran velocidad y se acercó hasta la que parecía la central tecnológica del inmenso Ovnipuerto. Al correr vieron que cientos de máquinas bípedas les cercaban mientras disparaban sus cañones de antimateria.

            John disparó a dos de ellas pero no las detuvo, simplemente causó varios boquetes en las inmensas estructuras.

            -Mierda, no llegaremos a tiempo -protestó Elías.

            -No, a menos que lleguemos volando. No podrán alcanzarnos a todos -propuso Abby.

            -Los tres a la vez -miró a Antonio y Brigitte.

            Éstos asintieron.

            -¡Ahora!

            Como tres cohetes volaron hasta la cabina circular atravesando el muro gracias a los disparos de sus fusiles.  Adentro encontraron a varios grises altos manejando unos paneles. Chillaron algunas órdenes y cinco gigantes equipados con cañones de plasma  aparecieron por las puertas.

            -Yo me encargo de esos -urgió Abby-. Antonio, haz lo que todos esperamos y detén este monstruo como sea.

            La esperanza manifestada por la teniente era lo que más deseaba hacer, pero eso no era un videojuego ni un recreo, aquellos seres no cooperarían...

            Brigitte frio a tres de ellos y al último le apuntó a la cabeza y le gritó:

            -Puedes elegir, morir como una rata exterminada o ser una deshonra para los tuyos, y detener esta cosa antes de que alcance mi planeta. ¡Y vas a elegir la vida!

            El extraterrestre puso la mano temblorosa en una superficie redonda del panel de mandos y deslizó los dedos hacia atrás. En el monitor holográfico vieron la Tierra tan cerca que ya podían distinguir la península Ibérica a plena luz del día con cielo despejado. La velocidad de aproximación se fue reduciendo y luego desvió la trayectoria de Herbóculus, pasando entre la Luna y la Tierra a gran velocidad.

            -¿Cómo le has convencido? -Preguntó Antonio, pletórico.

            Entre tanto Abby tenía problemas con los nuevos tanques andantes que disparaban chorros verdes de luz del grosor de un brazo. Los impactos provocaban vacíos en las superficies alcanzadas y uno de ellos desintegró al gris y al panel de mandos.

            -Buf, que suerte que nos desviamos antes -resopló Brigitte.

 

 

            Entre tanto John Masters mantenía una batalla sin cuartel contra decenas de enemigos tratando de salvar a James, agazapado tras un caza gris.

            -¡Vete John! Los demás te necesitan y yo estaré bien.

            -¿Qué ocurre? -Preguntó Elías, aterrizando al lado del científico.

            -Manga destrozada, el traje está echo unos zorros -se lo mostró y James le miró con fastidio.

            -Sólo tienes que pensar en repararlo, ¿es que no escuchaste lo que te dije?

            -¿También puedo conseguir eso?

            -¡Pues claro!

            -¡Entonces arréglate! ¿A qué esperas?

            No ocurrió nada.

            -No es un soldado al que dar órdenes. Imagínalo arreglado. Tu traje ya está bien, míralo... La próxima hazlo tú.

            Black miró su manga incrédulo y al verla nueva abrió la boca asombrado.

            -No te quedes ahí, reagrupémonos.

 

 

            La cabina de control explotó cuando los tres salieron disparado volando como misiles.

            Antonio se lo estaba pasando en grande disparando a los enormes tanques cuadrúpedos y viendo como de dos o tres disparos los reventaban. Llegaban grandes oleadas de grises, y de gigantes que intentaban alcanzarlos con sus armas sin el menor acierto dado que su velocidad de vuelo era elevadísima.

            Por doquier se veían explosiones y mientras se recreaba haciendo limpieza se dio cuenta de que no podían destruir el Herbóculus sin antes encontrar a Ángela. Debía estar en alguna celda similar a la suya pero sin el traje de Gabriel estaría atrapada. Nunca podría liberarse sola.

            ¿Entonces dónde la buscaría?

            -Todo lo que imagine lo tendré... Seré tonto...

            Imaginó a su amiga cerrando los ojos y al abrirlos la encontró delante de él junto a otros humanos que, como ella, estaban sumidos en un sueño profundo. Aquello no era una celda, ni una sala de observación como había imaginado al despertar él. No vio pantalla holográfica ni siquiera luz. Aquello era una tumba.

            Su mente trabajó rápido, en un instante entendió que al despertar él, despertó a su equipo porque era lo que deseaba. Además apareció aquella pantalla por su mero deseo de ver la situación de la Tierra.

            Eso explicaba que en su sueño apareciera Ángela cuando pensó en su esposa y que al despertar la que estaba allí era Brigitte. Herbóculus había descubierto su secreto pero no se molestó en emparejar las piezas.

            -Tengo que sacarte de aquí -susurró.

            Le puso la mano en la mejilla y la besó en los labios, sabiendo a ciencia cierta que era su verdadera esposa. Eso explicaba muchísimas cosas que empezó a sentir por ella de repente.

            Cuando abrió los ojos estaba despierta y llorando de emoción.

            -¿Estoy muerta?

            -No, pero si no salimos pronto de aquí, lo estarás. Escúchame, tú también vas equipada con el traje de Gabriel. Cualquier cosa que imagines será real, pero cuidado, usarlo para fines egoístas hará que el traje te castigue por ello.

            -¿De qué hablas? -Replicó, confusa.

            Aunque no era cierto que lo llevara al decirlo apareció y fue tan real como el suyo.

            -Pero yo prefiero mi ropa -protestó.

            -No te preocupes por la comodidad, este te hará tan rápida como el pensamiento. Mírame a los ojos y no dejes de hacerlo.

            Antonio le puso el fusil entre las manos y  ella se quedó fascinada con semejante obra de arte.

            -Mírame, nos vamos.

            Al conectar con su mirada la prisión desapareció y en lugar de eso flotaban en un hangar donde se producían explosiones por doquier.

            -¿Pero qué pasa? Explícamelo.

            -Voy a decirle a los demás que ya hemos cumplido, podemos irnos.

            Antonio se concentró en John, Abby, Brigitte, Elías y Black. Éste último se había emocionado destruyendo naves, robots y fue más difícil convencerlo que se reunieran.

            -¿Nos vamos o qué?

            -¿La has encontrado?  -Se maravilló Abby.

            -Podemos hacer cualquier cosa con este traje. Vámonos, ya no pintamos nada aquí.

            -Hermano, te equivocas -replicó Elías-. Ahora sí que Hercólubus va a estar enojado con nosotros. No podemos dejar que este monstruo de guerra siga existiendo.

            -Dejármelo a mí -se ofreció James-, no necesito vuestra ayuda.

            -Estamos causando daños mínimos -explicó Elías-. Debe haber millones de hangares como este. Esto es inmenso.

            -¿Qué propones? -Preguntó Brigitte.

            -Tenemos que encontrar a su creador, debe estar en alguna parte de esta mega estructura -intervino John.

            -Como encontrar una aguja en un pajar -protestó Abby.

            -Mientras perdemos el tiempo devanándonos los grises no se están destruyendo solos -replicó James Black-. Llamare si me necesitáis, voy a entretenerme un rato.

            Dicho eso se hizo visible y siguió con la vendetta que tanto le divertía destruyendo naves, estructuras y grises por doquier.

            -Me tienta unirme a él -dijo John-. Si no supiera les está causando menos daño que si se pone a rascar la nalga de Herbuloquesea.

            -Yo puedo encontrarlo -dijo Antonio-. Dejarme probar y cuando desaparezca, pensar en mí.

            -No te molestes -se escuchó una voz que parecía venir de todas partes-. Estoy aquí.  Ha sido impresionante vuestra demostración de fuerza aunque habéis olvidado que he tenido oportunidad de estudiar vuestras estupendas armaduras.

            Dicho eso una figura se materializó frente a ellos. Al verlo todos retrocedieron.

            -¿Cuantas veces hay que matarte, Alastor? -Preguntó Ángela.

            -Soy un dios, estúpida. No se me puede matar. Estoy harto de veros entrometer en mis planes. ¡Desaparece!

            La chica se vio envuelta en una bola de energía verde y chilló de dolor.

            Antonio rugió de rabia y tan rápido como un pestañeo su puño se incrustó en el estómago del arrogante padre de Génesis.

            Ya esperaba mucha resistencia y aplicó toda su fuerza y se imaginó partiéndolo por la mitad esperando que el traje hiciera el resto.

            «Ángela está bien» -pensó, deseando que su pensamiento actuará igual que un escudo.

            Alastor no se partió como deseaba, ni Ángela estaba ilesa. De hecho sólo consiguió enfurecerle y ella cayó perdiéndola de vista.

            -Estás siendo más molesto que mi querida hija, insecto -susurró a su oído el viejo, antaño llamado dios Amon -. He tenido tiempo de estudiar la capacidad de tu bonito regalo pleyadiano y me he tomado la libertad de mejorarlo para la ocasión. ¿Quién es tan idiota de castigar al que hace cosas de dudosa moralidad?

            -Vamos a destruirte para siempre.

            Le dio un puñetazo imaginando que trituraba todos los huesos de su cara pero Alastor se hizo etéreo y le atravesó como si fuera niebla.

            -Me has quitado las palabras de la boca. Muere...

            Apretó el puño en el aire y Antonio imaginó un escudo aunque no pasó nada.

           Abby! -Exclamó John.

            Antonio se volvió y vio que la teniente explotaba en una bola ígnea. Sus restos cayeron inertes perdiéndola de vista en el abismo inferior.

            -¡Se acabaron las charlas! -Clamó John Masters que hizo aparecer en sus manos un cañón tan grande como él mismo. Apuntó a Alastor y disparó un misil. El agredido, con una sola mano lo detuvo pero la explosión lanzó a Antonio a gran distancia.

            -¡Muere, cabrón!

            No atacó sólo el capitán, se unieron los demás, con James enarbolando una espada, Brigitte disparando desde la distancia y Elías una inmensa bola de fuego que surgió de sus manos.

            Antonio vio el ataque desde la distancia y voló hacia ellos sin demasiada prisa ya que Alastor debía estar hecho trizas después de tal orgía de destrucción.

            Sin embargo al disiparse el humo vio que el viejo se frotaba las mangas sin inmutarse.

            -Me toca -dijo.

 

Comentarios: 6
  • #6

    Alfonso (viernes, 25 marzo 2016 00:38)

    Cada vez está más interesante. Creo que ya han dicho todo Jaime y Yenny. Espero la continuación.

  • #5

    Chemo (jueves, 24 marzo 2016 03:06)

    La historia se pone cada vez más interesante. Yo creo que a Antonio se le ocurrirá algo para detener a Alastor. tengo una duda. ¿El Gran Señor de Hercúbulus es Alastor?

  • #4

    Yenny (miércoles, 23 marzo 2016 22:55)

    No entendí bien ¿Abby y Ángela fueron asesinadas?, se me hizo algo extraño el cambio de actitud de James, no me parecía de confiar.
    Estoy de acuerdo con Jaime, la única manera de derrotar a Alastor parece Génesis así que tendrá que aparecer o ayudar de alguna manera.
    Espero que ahora si derroten a Alastor, no me agrada aunque creo que nos quedaríamos sin villano y siempre debe haber uno.
    Sube pronto la siguiente parte Tony, porfa :)
    Todos disfruten de las pascuas.

  • #3

    Ariel (miércoles, 23 marzo 2016 22:40)

    El funcionamiento de esos trajes es ilimitado ? Porque parece que podrían estar haciendo esto todo el dia

  • #2

    Jaime (miércoles, 23 marzo 2016 00:50)

    No veo cómo puedan derrotar a Alastor, ahora que tiene también el poder del traje pleyadiano. Supongo que Génesis aparecerá finalmente para detener a Alastor y salvar a todos.

  • #1

    Tony (martes, 22 marzo 2016 02:07)

    Espero impaciente vuestros comentarios.

Animal es el que abandona a su mascota.

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