Los grises

34ª parte

 

            Una montaña surgió de la nada y se llevó por delante a John Masters y James Black. Cuando llegó Antonio se quedó paralizado pensando que sus amigos no tendrían fácil sobrevivir a ese ataque aunque confiaba en el poder divino que les acompañaba con el traje de Gabriel.

            — Tú otra vez —protestó Alastor con aburrimiento al verlo—. Acaba con él. Voy a modificar el rumbo de Hercólubus.

            ¿A quién le decía? Alastor se alejaba volando a gran velocidad cuando alguien le disparó y desgarró su traje por el hombro.

            — Recupérate —ordenó.

            Pero no se regeneró.

            ¿Quién le atacaba?

            Buscó un nuevo tanque o alguien que pudiera hacerle frente. Sólo estaba él y Brigitte. Elías voló como un rayo a detener a Alastor.

            — ¿Quién me disparó? Ten cuidado, amor. Esa munición daña el traje y no se repara.

            Al mirarla vio que su fusil estaba apuntándole a los ojos ya que vio el rayo infrarrojo deslumbrándole.

            — ¿Amor?

            Escuchó el ruido del gatillo y esquivó el disparo por milímetros. Aunque su halo etéreo sufrió el impacto y Antonio se hizo tangible y mortal por un momento. Comenzó a asfixiarse y caer pero afortunadamente el traje se reactivó de nuevo.

            — ¡Dispárale a él!

            Era inútil, Brigitte tenía los ojos negros como los de los grises y sonreía con maldad mientras volvía a apuntarle. Su gesto era de sufrimiento, lo que significaba que el traje la castigaba por lo que hacía.

            — ¿Qué estás haciendo? ¡No dejes que te controle!

            Abrió fuego una vez más pero esta vez él logró desplazarse justo detrás de ella para agarrarla con sus brazos.

            Sin embargo Brigitte desapareció a su vez y la perdió la pista.

            — Esto lo vas a pagar Alastor...

            Temiendo un disparo desde un lugar escondido y lejano decidió atajar el problema de raíz. Si acababa con Alastor ella quedaría libre de su influencia.

            Como suponía que no encontraría al viejo fácilmente, pensó en Elías y apareció en medio de un desierto donde el profeta yacía muerto bajo un pedrusco de varias toneladas. Sólo pudo ver la cabeza.

            —Llegas tarde. Vuestros trajes no funcionan aquí —escuchó desde algún lugar desconocido.

            — ¡Qué! ¡No puede morir! Apártate piedra —la empujo con fuerza pero no se movió.

            De hecho su mano era totalmente opaca y se sorprendió al sentir de nuevo agotamiento y la quemazón de los músculos. Necesitaba respirar. ¿Allí no funcionaba el traje? ¿O la rotura del hombro hizo que su poder se agotara con su traslado?

            —Bienvenido de nuevo al mundo de los mortales—dijo Alastor, triunfal.

            — Déjame sacarlo de ahí.

            — ¿Y para eso lo he matado? ¿Crees que voy a consentir que lo lleves ahí fuera y le devuelvas la vida? Debes estar bromeando. De hecho ahora que estás aquí conmigo sabrás que no ocurre nada que yo no consienta. Por eso no tienes poderes, estás a mi merced.

            — Creí que eras tan poderoso que no te preocupaba lo que yo pudiera hacer.

            — Pero eso no es cierto. Al enemigo siempre hay que respetarlo y desarmarlo aunque sea una vil cucaracha. Pero tengo que admitir que existe un poder oculto en ti que me impide dañarte. Regalo de Génesis, sin duda, porque dudo que seas consciente de ello.

            — En ese caso devuélvenos ahí fuera o tendré que hacerte daño.

            — Pero qué dices, ¿no has entendido lo que me ha costado meterte aquí? No puedo dañarte pero sí encerrarte... Bienvenido a tu nuevo hogar. El "Páramo de los malditos". Hasta la vista, me divertiré mucho tiempo contigo. Ah, y no olvides que si alguien viene a salvarte... Correrá la misma suerte que Elías. Pero claro, cualquiera de los otros puede pensar en ti y venir jejeje. Les estaré esperando.

            Alastor desapareció y Antonio se llevó las manos a la frente, angustiado. Debía encontrar el modo de acabar con ese viejo  del demonio.

 

 

 

            Ángela cayó centenares de metros hasta que decidió dejar de hacerlo. Al detenerse vio caer a Abby y frenarse a su lado.

            La cosa no pintaba bien, Alastor era indestructible y aunque ellos parecían resistir sus ataques, no sabían hasta qué punto resistirían esos trajes.

            Poco después de quedarse mirando indecisas vieron caer una mole de piedra (o metal) que explotó en pedazos surgiendo de entre los escombros James y John.

            — Gracias a Dios estáis bien —dijo el capitán.

            — ¿Qué armadura es esta? —Preguntó Ángela, fascinada.

            — Vamos disfrazados de ángeles. No sé si te da una idea —respondió Abby, orgullosa.

            — Alastor lleva una mejorada —aclaró James.

            — Lo dudo, es un arcángel el que la creó  —discutió Abby—. Imagino que él es como los hackers, ha pirateado su sistema de seguridad y la ha entendido, pero nunca podría hacer algo para mejorarla. Es más, al quitarle el sistema de auto castigo seguramente la ha vuelto vulnerable. Las cosas perfectas como una esfera no pueden ser mejoradas y si alguien intenta hacerlo la burbuja explota.

            — ¿Qué sugieres? —Inquirió James.

            — Pinchar la burbuja de Alastor. La cuestión es cómo.

            — Tengo una idea —intervino John—. Hagámosle hacer un acto de maldad, me pondré delante y le pediré piedad. Cuando ataque con todo su odio sus defensas caerán así que aprovechar a destrozarlo.

            — No lo entiendo, John —replicó James.

            — Verás —insistió Abby—, la armadura castiga a su portador cuando haces algo ilícito. Al atacarle estará provocando su reacción contra si mismo pero como la ha anulado, durante ese instante su traje no funcionará.

            Todos asintieron menos Black.

            — A no ser que lo haya mejorado —rebatió.

            — Ya te lo he explicado —protestó Abby—. Un Hacker no es capaz de mejorar el programa que piratea. Es como si uno desactiva la seguridad de Windows y de paso arregla los pantallazos azules. Es absurdo.

            Black asintió medio convencido.

            — Hora de jugar —dijo John, sonriendo—. Le haré frente y vosotros le atacáis.

            — Cruzaré los dedos por ti. Procura aguantar —dijo Abby—. En marcha, pensar en ese viejo y acabemos con él.

            Todos pensaron en Alastor pero no lograron el resultado esperado al no trasladarse.

            —Elías fue tras él —dijo John—. Pensar en el profeta.

            Así lo hicieron y aparecieron en medio de un páramo de tierras rojizas y junto a una roca de varias toneladas vieron los restos de Elías..

            —Los corderitos han caído en mi trampa —escucharon una voz del cielo—, aquí no funcionan vuestros trajes. Bienvenidos al "Páramo de los malditos", el nuevo infierno os da la bienvenida con los brazos abiertos.

           ¿Qué diablos... —Protestó Abby—. ¿Está muerto?

            Tocó el rostro azulado del profeta con horror.

            — ¿Por qué vuelvo a ser opaco? —Preguntó Black.

            — Esto no me gusta, estar atentos —apremió John.

            — Hemos caído en su trampa —dijo Ángela—. A saber dónde rayos estamos.

            — Muy perspicaz, mi querida sucesora —dijo la voz del viejo, desde arriba de su posición.

            Alastor flotaba como un fantasma junto a decenas de rocas.

            — Es una pena que nunca heredes mi legado porque vas a morir antes que yo.

            — ¡Vuestros trajes no funcionan! —escucharon desde la derecha. Era Antonio que corría hacia ellos con todas sus fuerzas, pero sin la velocidad propia de un ser angelical, más bien con lentitud y pesadez.

            — ¡Correr! —Exclamó a pleno pulmón.

            — Demasiado tarde... —dijo Alastor.

            Con un gesto de muñeca bajó la mano hacia ellos y las rocas se desprendieron bajo el efecto de la gravedad. Comprendiendo lo sucedido al profeta todos reaccionaron huyendo de las múltiples trayectorias y sólo Black se quedó paralizado. Un segundo después un peñasco del tamaño de un elefante lo hizo desaparecer con un escalofriante crujido dejando un círculo de sangre alrededor.

            Ángela rodó por el suelo esquivando uno tras otro, aunque la velocidad de sus piernas no era la habitual en ella debido a la herida de bala, aún reciente que le robaba aliento y energía. Finalmente tropezó y cayó. Una piedra letal voló directa a su cabeza.

            Un disparo de plasma la salvó destrozando el pedrusco. Antonio siguió disparando su fusil y acertó en muchos blancos salvando a Abby y Ángela aunque al cabo de unos segundos el polvo fue tan denso que dejó de ver lo que pasaba en la zona atacada.

            Apuntó a Alastor a la cabeza, que se regodeaba en su muestra de poder y abrió fuego con poca fe de acertar. El proyectil hizo blanco, la cabeza le explotó como una sandía y el cuerpo decapitado del viejo megalómano cayó inerte sobre la nube de polvo que él mismo había levantado.

            — ¿Le he dado? —Se dijo, asombrado—. Claro, no podía fallar con este fusil.

            Su alegría duró poco al darse cuenta de que todos sus amigos podían estar sepultados y que en ese horrible lugar no podía hacer nada por ellos.

            Corrió a la zona afectada por la lluvia de rocas.

            — Ángela...

            Con las rodillas temblorosas y deseando escucharla pedir ayuda.

            — ¡Ángela!

            Caminó con dificultad entre el suelo cubierto de rocas cortantes de múltiples tamaños, desde cantos del tamaño de un puño hasta pedruscos tan grandes como un elefante. Era imposible saber si alguien estaba aplastado bajo aquella sepultura espantosa.

            — ¡Ayuda! —escuchó a su espalda.

            Era una voz femenina. Se volvió y corrió hacia ella con desesperación.

            Encontró a Abby intentando sacar sus piernas de debajo de unas rocas. Estaba magullada y tenía la cara llena de polvo.

            Antonio levantó varias piedras y la sacó de los escombros con la alegría de verla viva  en contraste con la angustia de no saber qué pasaría con Ángela.

            — ¿Qué lugar es este? ¿Por qué no funcionan los trajes? —Preguntó la teniente.

            — Lo único que sé es que Alastor dijo que era "su" mundo, el "Páramo de los malditos".

            — Joder...

            Cuánto significado expresaba esa palabra desgarrada. Si era su mundo seguramente no estaba muerto, no les dejaría escapar nunca y cuando regresara se ensañaría aún más con ellos.

            — Yo buscaré por allí, tú por ahí —indicó Abby.

            — Lo siento —dijo Antonio con pesar.

            — ¿Por qué?

            — Vinisteis a buscarme y...

            — ¿Qué dices? Vinimos a por Alastor y ya está muerto gracias a ti.

            —Ya. No puede pasar de este día sin que le veamos acabado para siempre—dijo Antonio.

            — ¿Crees que no lo está? —Preguntó ella.

            — Seguro que sí, al menos por un rato. Pero dudo que nos dé tiempo a salir de aquí.

            — Si he visto explotar su cabeza, ¿Cómo va a volver?

            — Eso no es nada, la primera vez que le maté le metí dos tiros en la sien. Se curó como si nada. Opino que deberíamos encontrar su cuerpo antes de que se regenere y le freímos a tiros hasta que no quede nada de él, a ver si esta vez queda muerto para siempre.

            — Te avisaré si le veo —urgió ella—. Hay que darse prisa.

            Recorrieron la zona afectada por el ataque de rocas buscando a sus amigos y al viejo hasta que Abby gritó su nombre. Fue tan pronto que Antonio chasqueó la lengua con fastidio. Así nunca encontraría a Ángela... A menos que la hubiera...

            Corrió hacia Abby con el corazón en un puño. El tono de su aviso sonó muy dramático.

            Al ver que el cuerpo era el de John tragó saliva con alivio y dolor por su compañero caído.

            — Está vivo —declaró Abby al tocar su cuello.

            — Pues es un milagro... —respondió Antonio, examinando su estado con la mirada.

            Medio cuerpo estaba sepultado bajo un pedrusco del tamaño de un coche hasta la cadera, boca abajo.

            — Si llamas milagro a perder mis piernas por segunda vez...

            Era John quien hablaba mientras trataba de salir del agujero inútilmente. Era como si no sintiera dolor físico.

            — ¿Por segunda vez?

            — No lo sabías, claro. John utilizaba prótesis experimentales de brazos y piernas —explicó Abby—. Tan perfectos que si no te fijas no te das cuenta de que son de una especie de goma mate.

            — Y no puedo soltarme. Ha debido aplastarse el enganche de las piernas. ¡Ayudarme, coño!

            Antonio se apresuró a agacharse y tiró con fuerza de él junto a Abby, hasta que lograron arrancarle las extremidades atrapadas por la roca.

            — ¿Qué miras? —Preguntó enojado.

            —¿Esos músculos de tus brazos son mecánicos?

            — Antes de unirme al EICFD era TEDAX, en Afganistán. Un explosivo me exploró en las narices. Lo siguiente que vi fue al comandante Montenegro felicitándome por sobrevivir y proponiéndome formar parte de su equipo. Me dieron un rostro nuevo y unos miembros dignos de un soldado.

            — Eso explica que no tengas vida social... Legalmente estarás muerdo.

            — Mi antiguo yo sí. Nací de nuevo. Me cambié de nombre y no he vuelto a ver a los míos.

            — Aquí está el miserable —cortó Abby la conversación—. ¡Venir!

            — Qué graciosa —protestó el capitán.

            — No vas a decirme que es la primera vez que caminas con los brazos, ¡vamos!

            Antonio quiso ofrecerle su ayuda pero al verlo incorporarse sonrió y contuvo una carcajada. Se parecía a R2D2 por su forma de desplazarse sobre sus extremidades.

            — Oh, hacía tiempo que no te veía como Arturito, John. Que mono —comentó Abby, entre risas.

            — ¿Quién? —Preguntó Antonio mientras se apresuraba a alcanzar al ágil capitán.

            — "Ar—tu—di—tu" —parafraseó ella, aburrida—. No me digas que no sabes quién es... Ah, cierto. En España era R2D2.

            Antonio soltó su carcajada contenida.

            — Justo pensaba lo mismo.

            — ¡Basta de reírse como críos! —Protestó el capitán, furioso.

            Llegaron hasta el lugar donde reposaba el cuerpo inerte de Alastor.

            — ¿Y C3PO? —continuó Antonio con las bromas.

            — Como vuelvas a burlarte de mí desgracia juro que te mataré con estas manos...

            — Lo siento, me dejé llevar —Antonio miró a Abby pero ésta miraba con asco al muerto entre el polvo.

            — ¿Dices que se regenera? No lo parece. ¡Pff! Mira eso, una cucaracha se le ha metido por el cuello. Qué asco.

            — Enterrémoslo —sugirió John.

            Un disparo pasó entre ellos tres a escasos milímetros de la oreja de Antonio. El impacto carbonizó el lado izquierdo del pecho de Alastor. Luego otro y varios más. Se quedaron inmovilizados por miedo a ser alcanzados por accidente. Al final sólo quedaba la cucaracha entre cenizas humeantes, que por algún milagro del destino se había salvado.

            — Opino como él, no hay que darle oportunidad de volver —dijo Ángela desde unos veinte metros, subida a un árbol seco.

            Antonio sintió que su corazón saltaba de alegría en su pecho.

            — Buena tiradora —dijo John—. Mereces tu puesto en el equipo.

            — Y tú eres muy malo —se burló la morena—. Pero dejaré que creas lo contrario, me das pena tío, estás hecho un desastre.

            Se bajó del árbol de un salto y caminó hacia ellos.

            — ¿Cómo regresamos ahora? —Preguntó—. Este traje no hace nada, se ha estropeado.

            Ninguno respondió.

            — A ver... —Ángela sacó el móvil del bolsillo y lo encendió—. El GPS indica que estamos... En el norte de África. ¿Esto es el Sahara? Nunca lo habría imaginado así.

            — ¿Tienes GPS? —Los tres se apresuraron a comprobarlo.

            — Imposible, el traje no funciona —protestó Antonio—. Espera un momento...

            — ¿Qué? —Preguntó Abby.

            Antonio se dio una palmada en la frente, comprendiendo lo que había pasado.

            — El traje sí funciona. Será cabrón... Me lo dijo y lo hizo desactivarse al hacerlo. ¡Claro que funciona!

            De repente se activó su halo y se volvió traslúcido.

            — Ala, qué impresionante —opinó Ángela, sorprendida.

            — Y el vuestro también. Voy a resucitar a los demás, venir —urgió él—. Y John, camina con tus piernas, hombre, no seas rastrero. Pero las de verdad

            Se alejó soltando una carcajada de júbilo.

           ¿Cómo voy a...

            Al ver sus extremidades inferiores de carne y hueso se quedó petrificado.

            — Yo me taparía... —le dijo Ángela, pasando a su lado—. Estás en pelotas.

            John se miró sus partes nobles con una sonrisa de incredulidad.

            — Actívate traje —dijo sonriendo. Se elevó flotando y cerró los ojos imaginándose con su uniforme de combate.

            Un segundo después desapareció.

            — ¿John? —Preguntó Abby—. Ha desaparecido.

            — Aprovechar a hacer lo que tengáis pendiente —dijo Antonio desde arriba, como una voz etérea—. Los pleyadianos pronto nos quitarán estos trajes.

            Abby le miró sonriendo.

            — Vete anda. No te necesito aquí —ordenó él.

            Con lágrimas de emoción cerró los ojos y la teniente desapareció.

            — Espera, cómo se vuela —urgió Ángela.

            — Es muy fácil, piensa en ello y lo harás.

            La chica lo hizo así y comenzó a elevarse.

            — Mierda, yo quiero quedarme esta maravilla... Un momento, no me duele la herida —se miró sonriente—. ¡Me he curado!

            — He aprovechado estos poderes para curarte. Dudo que nos los presten mucho más tiempo.

            Antonio se arrodilló frente a Elías y puso su mano sobre la roca que lo aplastaba convirtiéndola en polvo con su mero contacto.

            — ¡Espera! —Chilló ella.

            — ¿Qué?

            — No lo hagas tan cerca de Alastor, ¿éste no era el "vivificador"? Si no lo entendí mal, cerca de Elías la gente resucita y aquí hay un miserable que no queremos ver de vuelta... Yo me ocupo del profeta.

            — ¿A dónde irás? —Preguntó él.

            — A mi casa. Después te pasas y te tomas unas birras conmigo para celebrar la victoria, si te deja tu mujer claro.

            — ¡Brigitte! —Exclamó, llevándose las manos a las sienes.

            Desapareció dejándola sola con el viejo muerto.

            — Cabeza hueca...

            Tomó de la mano aplastada de Elías y desapareció junto al profeta.

 

            Antonio apareció frente a Brigitte, que disparaba aun a las incontables hordas de robots y grises. Ya no tenía los ojos negros.

            — Detente, vámonos de aquí esta cosa se aleja ya de la tierra y no volverá.

            — ¡Estás vivo! —Exclamó, abrazándole.

            Costaba creer que se alegrase teniendo en cuenta que la última vez que la vio trataba de matarle.

            — Ve a por Charly—la pidió—, yo tengo que sacar de aquí a alguien más.

            La besó emocionado y desapareció.

            — Espero que no piense sacar a todos.

 

 

            Apareció frente a Fausta. Estaba recluida en una celda circular sin puerta con otros cinco abducidos. Esta vez, sin la presión implícita de una cuenta atrás se tomó su tiempo para examinarlo todo y hasta de fotografiarlo.

            — Despierta —ordenó.

            Fausta abrió los ojos pero no le vio, aquella estancia no tenía luz aunque él sí veía gracias al traje (más tarde descubriría que las fotos salieron completamente negras).

            — Vamos a casa —Antonio la cogió de la mano y pensó en la de Fausta, recién reformada, antes de que Ángela se la derrumbara.

            — ¿Cómo lo has hecho? —Preguntó.

            — Creí que eras tú la adivina.

            — Ya... Algún día te contaré cómo adquirí este don. Pero cuéntame por qué puedes ser un fantasma y sin embargo estar vivo. ¿Cómo es posible que mi casa esté intacta?

            — Digamos que yo te lo contaré a ti cuando tú me cuentes esa historia tan interesante. Nos vemos, tengo prisa.

            Fausta se quedó boquiabierta al desaparecer ante sus ojos sin el menor ruido. Después se miró las manos temblorosas y se tocó el rostro. Aspiró y espiró... Estaba viva. Ya no era vampiresa.

            —Tenías razón. Era él... —dijo, mirando al cielo, a alguien invisible.

 

Comentarios: 14
  • #14

    Katti (miércoles, 13 abril 2016 22:26)

    Hola Tonny,

    Saludos desde Ecuador, por fis publica pronto la siguiente parte, esta muy interesante

  • #13

    Yenny (martes, 12 abril 2016 20:02)

    Saben estoy algo preocupada, Alfonso suele comentar entre los primeros, espero que se encuentre bien y sólo sea que se quedó sin internet :/

  • #12

    Chemo (martes, 12 abril 2016 03:44)

    Se ve interesante la historia, supongo que sería como una novela histórica con tintes sobrenaturales (como la última historia de Fausta). Apoyo a Yenny con su comentario.

  • #11

    Yenny (lunes, 11 abril 2016 18:09)

    Al leer tu breve reseña Tony, fue como ver el avance de una película que se ve muy interesante y piensas quiero verla pronto y al final dice estreno 2017 jajaja
    Lo que quiero decir es que ya quiero saber de que va a tratar esa historia, espero que tengas aunque sea algo avanzado para no esperar mucho.
    Pd.: Haz feliz a Chemo y pon tías buenas jajaja

  • #10

    Tony (domingo, 10 abril 2016 08:35)

    Pues estaría genial.
    El relato se ambienta en el siglo XIX de Madrid. Samantha está desatada como
    Vampiresa y sólo piensa dn alimentarse seduciendo a caballeros de alta posición para obtener sus fortuna. Hasta que día descubre que una de sus victimas no era quien decía ser... Y lo que descubre la hace replantearse toda su existencia. No cuento más.

  • #9

    Chemo (domingo, 10 abril 2016 04:25)

    Me parece bien la protagonista. ¿Y podrías dar una breve reseña de lo que tratará la siguiente historia, Tony?
    Sería interesante que hicieses algunos vídeos basados en tus historias y los pusieras en la red; incluso para darte a conocer a más público. Tengo un compañero de estudios que lo ha hecho y tiene bastante seguidores. Eso sí, aunque sus relatos no son tan buenos, le pone mucho empeño a la edición y musicalización de sus vídeos.

  • #8

    Tony (sábado, 09 abril 2016 23:03)

    En el próximo relato serán dos las protagonistas. Una de ellas Samantha Razda y la otra ya lo veréis (una desconocida por ahora). ¿Te parece buena la protagonista, Chemo?
    De momento quiero centrarme en la última parte de los Grises porque aquí van a cerrarse muchos temas y quiero hacerlo bien.

  • #7

    Chemo (sábado, 09 abril 2016 04:19)

    Ya tenía tiempo que Tony no actualizaba la página; supongo que se había ido de vacaciones. Ésta es una de las historias que más me han gustado. Tony, si todavía no has escogido el título de la siguiente historia, me gustaría que fuese de terror o suspenso. O que al menos aparezca una tía muy buena, jeje.

  • #6

    Tony (viernes, 08 abril 2016 00:49)

    Acabo de añadir un enlace en la portada para el que quiera saber dónde comprar Fausta.
    Si gano os lo haré saber. Podéis entrar y dar vuestras opiniones ya que vosotros ya lo habéis leído y así, quizás mejore mi posición en el concurso.

  • #5

    Tony (viernes, 08 abril 2016 00:39)

    Gracias Yenny. Supuse que estaba todo bien, pero como subí la parte de madrugada no me di cuenta de que quedó mal.
    No puedo activar el relato de Fausta por que lo he presentado a un concurso. Está a la venta en papel por si a alguien le interesa. Solo tenéis que buscarla en la página de bubok y no hay más libros que se llamen así.

  • #4

    Yenny (jueves, 07 abril 2016 20:08)

    Pd.: en el inicio sale la parte 33, creo que por eso no están ingresando a leer, sólo se puede acceder por el continuará.

  • #3

    Yenny (jueves, 07 abril 2016 20:05)

    Opino como Jaime no creo que Alastor este realmente muerto, puede haber usado a Ángela nuevamente para sobrevivir.
    A ver si alguien me ayuda con esto, cuando Samantha regresa a ser humana tiene la edad de cuando es convertida entonces lo mismo debería pasar con Fausta.
    Como ya no sale la historia de Fausta y me falla la memoria realmente no sé a que edad se convierte en vampiresa.

  • #2

    Jaime (miércoles, 06 abril 2016 01:59)

    No puedo creer que Alastor haya muerto tan fácilmente, sobre todo porque tenía los poderes del traje jaqueado. ¿Estará realmente muerto? ¿Qué pasó con el Gran Señor de Hercóbulus, que nunca apareció a defender su planeta? Espero que Tony pueda despejar las dudas antes del gran final.

  • #1

    Tony (miércoles, 06 abril 2016 00:16)

    La próxima parte será el final. Espero que no tarde demasiado y no dudéis en sacar a relucir todas vuestras quejas y dudas ahora por si se me olvida algún cabo suelto.

Animal es el que abandona a su mascota.

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