Los grises

 John entró en una casa donde una mujer ponía la mesa. Era de mediana estatura, unos treinta años, pelo castaño oscuro, rostro ovalado, ojos pequeños de color marrón rojizo y expresión triste.
 Sus hermanos pasaron a su lado como exhalaciones, uno de ellos se llevó un trozo de pan de la mesa y después de darle un bocado el resto lo tiró a la cabeza de su hermano. Uno tenía quince años y el otro trece.
 - ¡No tiréis el pan! -Gritó encolerizada-. Que no hay más.
 - ¡Recógelo Tatiana! -Se escuchó desde la cocina.
 - Estoy harta de recoger los destrozos de estos dos. Deberías reprenderlos.
 - ¡Te lo he mandado a ti, hazlo tú!
 - Siempre lo mismo, estoy harta...Yo no debería estar aquí.
 - No para de quejarse -se burló el mayor.
 - Esta no es mi casa, sois unos bichos ratos, ¿por qué tengo que aguantaros? -completó las chanzas el otro.
 Obedeciendo a su madre recogió los trozos de pan dispersos por el suelo mientras Rubén, el mayor, cogía otro pedazo de la mesa y lo usaba para devolverte los "disparos" a su hermano José Luis.
 - ¡Basta! -Bramó John desde su invisibilidad dejando a todos paralizados por el pánico.
 Durante unos segundos los cristales de las ventanas vibraron.
 - Qu... Quién ha... -Preguntó Rubén aterrado.
 Nadie contestó. John sonrió y acarició la mejilla de Tatiana. Desde hacía años estaba enamorado de ella y de vez en cuando iba a verla a protegerla de su funesta familia. La chica, acostumbrada a su "ángel de la guardia" sonrió y asintió llorando.
 -¿Quieres venir conmigo? -La preguntó al oído.
 Ella abrió la boca con gran alegría y dijo:
 - ¡Por favor!
 - Voy a hacerme humano por ti... Recuerda nuestra canción.
 - No... No te vayas -susurró.
 - Volveré a buscarte y sabrás que soy yo. No olvides cuanto te quiero y por favor aguanta.
 Asintió con la cabeza mientras sus hermanos la miraban aterrados.
 - ¡Más vale que la tratéis bien o sufriréis mi cólera! -Les aleccionó con voz perentoria.
 - Si, sí, sí...
 - Sí, señor -dijo el más pequeño.


 Dicho eso pensó en Abby y apareció junto a ella en un hospital. Lloraba a su esposo en coma y se quedó dudando sin intervenir.
 - Puedo curarte... Dimitri, abre los ojos. Estás completamente curado.
 John no respiró. El ruso levantó lentamente los párpados y al mirar a Abby se quedó mirándola sorprendido. Ella se hizo visible y le besó con desesperación.
 - Te he extrañado.
 - ¿Qué ha pasado? ¿Me he perdido algo? -Preguntó el ruso.
 - Ya te lo explicaré. Bésame...
 John decidió que ya se había entrometido suficiente y pensó en su nuevo comandante, Antonio Jurado. Siempre le cayó mal, pero tras aquella misión se granjeó su aprecio y máximo respeto. ¿Él iba a salvar el mundo?  ¿Quién iba a creer tal cosa? Pues lo hizo, estuvo atento en el momento justo para acabar con el servidor del tal Hercolubus. Aún existía ese ser supremo o puede que fuera Alastor que nunca lo admitió. En cualquier caso la Tierra seguía existiendo gracias a ese hombre y por ello no volvería a faltarle al respeto.
 Al aparecer junto a él se lo encontró abrazando a su hijo al lado a su mujer. Prefirió no molestar y regresó a su casa... La única que tenía, la base del EICFD.
 
 Charly se había tenido que quedar con la madre de Ainara, una compañera de guardería con la que se llevaba muy bien. Se ofreció, al saber que sus padres habían desaparecido. El reencuentro fue un momento muy emotivo para todos. Tuvieron que improvisar la mentira de que viajaron en avión a Alemania por unas gestiones de herencia de Brigitte y que se había cancelado el vuelo de vuelta, que perdieron los móviles y no tenían modo de llamar a la guardería porque no encontraron el número y se mostraron indignadísimos de que no hubiera una página web que lo tuviera.
 Antonio sólo tuvo que asentir con la cabeza y gesticular ya que toda esa historia la preparó su mujer y la improvisó sobre la marcha.
 Una vez en casa Antonio la animó a escribir relatos ya que estaba claro que no le faltaba imaginación.
 - Como si no tuviera otra cosa que hacer -fue su indignada respuesta.
 Después de uno de los días más largos de su vida se quedó pensando en que una de las cosas que más le gustaba hacer era una pérdida de tiempo para su mujer.
 Mientras ella le daba de cenar a Charly se fue a cambiar y vio sobre su cama el traje de seda metalizada, intacto. Todos sus rotos ya no estaban y lo miró con admiración. Lo tocó y se recreó en la tentación de usarlo un ratito para volar y sentir el viento acariciando su cara.
 ¿Podría viajar en el tiempo? No, el castigo por uso indebido debía ser bastante doloroso... Si tuviera algo que hacer sería lícito pero su única intención era cotillear en el pasado, presenciar sucesos que cambiaron el mundo como la crucifixión de Jesús o la extinción de los dinosaurios.
 -Tony, ¿bajas? ¿Qué estás haciendo? No puedo hacer la cena con Charly tirándolo todo por el suelo. ¡Ya basta hijo!
 Entonces pensó en Alastor y le vino a la mente su único poder contra él... "No podía hacerle nada".
 Se puso el traje lo más rápido que pudo y antes de activarlo cogió la tijera de cortar las uñas y se hizo un profundo corte en la yema del dedo gordo izquierdo.  Abrochó su último botón y al activar los poderes pensó en el lugar donde le dejaron, en el desierto del Sahara. Al abrir los ojos se encontró ante los restos calcinados del viejo.
 -Ahora voy a sangrar bastante -se dijo.
 Desabrochó el botón volviéndose mortal y tangible y su dedo herido comenzó a gotear sangre que esparció por las cenizas lo mejor que pudo.
 - Este es mi regalo de despedida, maldito viejo. No tienes poder sobre mí -miró al horizonte y vio que el Sol estaba a punto de desaparecer.
 Por los años de enfrentamiento contra él y sus hijos de las sombras, sabía que llegó justo a tiempo. Por la noche hubiera podido regenerarse pero ahora su sangre le privaría de sus poderes y nunca regresaría. Al menos eso esperaba.
 - Hasta los huevos, Alastor.
 Suspiró, se abrochó el último botón, curó su herida y regresó a casa.
 
 - Cariño, ¿por qué tardas tanto? Charly me está volviendo loca.
 - Ya voy - miró el reloj y vio que tardó menos de tres minutos. Lo que más le costaría sería volver a quitarse el traje... ¿Y si no se lo quitaba? Era tan cómodo que no le molestaba.
 - Toma el aspecto de pijama -dijo.
 La sensación de ligereza e indestructibilidad era una auténtica gozada. Pero no podía hacer nada raro en disfrutar la experiencia por miedo a las consecuencias morales. Ni siquiera bajar las escaleras instantáneamente, aunque sí bajarlas de un salto.
 De un brinco llegó al piso de abajo y al mirar hacia la cocina vio a Charly mirándole con cara de sorpresa. Hubo un par de segundos de indecisión en los que Antonio se alegró de que el niño aun no hablaba y comenzó a sentir que el traje emitía calor intenso hasta quemar por haberlo usado sin necesidad.
 Entonces Charly soltó una carcajada y corrió hacia él loco de contento para abrazarlo.
 - Pero qué bonito eres... -Le abrazó con fuerza y se dio cuenta de un gran problema... Debía cuidar todo lo que dijera pues si hubiera dicho a Duna hijo "qué mono", sabe Dios lo que habría pasado.
 - Se me ha olvidado una cosa, amor, me llevo un momento a Charly arriba.
 Debía quitarse el traje inmediatamente. Él no era una persona capaz de controlar su lengua.
 - Ni hablar, es tardísimo y hay que acostar a Charly cuanto antes. Vamos siéntate, ya harás luego lo que sea que se te ha ocurrido.
 - Ay, Dios.
 No quería discutir con ella y no debía usar su poder por miedo a las consecuencias. Podía retrasar los relojes de todo el mundo con sólo decir la hora que quisiera... Pero era un capricho sin sentido que se le ocurrió por no discutir con Brigitte. ¿Y si le decía que llevaba puesto el traje?
 - Vamos hijo, lo puedo hacer luego. Hay que cenar.
 Lo subió a la trona con fingido esfuerzo, pues era como elevar una pluma, y se imaginó con el traje tuneado de Superman surcando el cielo con la capa ondeando al viento... Eso tenía que hacerlo, por muy friki que pareciera. Debía ser gracioso ver la cara de un adolescente que contemplara un aterrizaje de un tipo vestido de superhéroe bajando del cielo y dándole los buenos días. Bien pensado debía ser gracioso ver la cara de cualquiera.
 Su móvil vibró en el bolsillo. Lo sacó y vio que era Abby.
 "Hemos recibido un mensaje urgente del consejo, voy a buscarte en 2 min".
 Iba a contestar que estaban con Charly pero enseguida pensó que Brigitte podía quedarse con él y ya no necesitaba mentirla.
 - ¿Qué pasa? -Preguntó ella.
 - Problemas. Parece que tenemos que presentarnos urgentemente ante el consejo. Me pregunto qué saben de lo ocurrido.
 - No podemos ir los dos.
 - Lo sé, iré yo. Charly, cariño, pórtate bien. Espero llegar a tiempo para acostarte.
 - No te preocupes, yo lo haré.
 - Aun así procuraré no tardar.
 Salió de casa y la teniente ya esperaba en la puerta con la luces puestas.
 Cuando entró vio que el asiento de copiloto estaba ocupado por un rubio delgado con cierto parecido a Daniel Craig, el famoso actor que interpretaba las últimas películas de 007.
 - Ve atrás. Este es mi marido, Dimitri. Él es nuestro comandante -le explicó al rubio.
 Ni él ni el ruso se atrevieron a decir una palabra mientras Abby volaba literalmente sobre el autopista. La aguja alcanzó en un momento los 230 km/h y fue adelantando un camión que iba a 100 y sorteando una serie de coches en zig zag que parecían así dispuestos para disfrute de la rubia.
 Una vez en el parking vieron la nave de Black esperándoles. Hasta ese momento no se acordaron del científico jefe al que dieron por muerto y se miraron extrañados, pues ¿Quién podía pilotar la nave si no era él?
 Entraron y vieron a dos pilotos: Brenda y su hijo.
 - ¿Estáis vivos? -Preguntó Antonio, sorprendido.
 - Y no son los únicos -añadió una voz, en la parte de atrás de la nave.
 Al volverse vieron al comandante Montenegro.
 - No hay tiempo para explicaciones, suban y pónganse los cinturones.
 - A la orden, señor -dijo Abby con una sonrisa.
 
 
 Una vez en la base les esperaba un comité de bienvenida de unos veinte soldados que formaban en dos hileras a la salida de la nave.
 - El consejo les espera, caballeros. Al parecer han cumplido una misión de vital importancia en mi ausencia y quieren condecorarlos -explicó Montenegro.
 - No estamos todos -dijo Antonio.
 Ángela les esperaba al final de la fila de soldados.
 - Habéis tardado -protestó.
 - Mi mujer no está aquí -añadió él.
 - Ella no es de los nuestros -protestó John, que estaba al otro lado del comité de bienvenida-. Excusada.
 Entraron al salón de conferencias y les esperaba en la pantalla el consejero español.
 - Buen trabajo muchachos. Los radares han detectado que la nave alienígena ha salido del sistema solar y entendemos que ha sido gracias a ustedes. Después de que su comandante Montenegro diera señales de vida en el Himalaya junto a los pilotos de su aeronave pensamos que la alegría no duraría mucho al detectar nuestros radares una mega estructura que colisionaría con nuestro planeta en horas. Los misiles que lanzamos se desintegraron al aproximarse y pensamos que era el fin. Sin embargo se desvió de su trayectoria en el momento justo y ustedes regresaron. Ignoramos cómo lo han logrado pero sabemos que ha sido por a su intervención. En nombre de toda la humanidad… Gracias.
 - ¿Lo saben? -Se extrañó Antonio-. Sin más...
 - Hemos recibido un informe de unos viejos amigos, los pleyadianos. Ellos nos lo han contado todo.
 - Eso lo explica, claro -aceptó sonriente.
 - Sólo hay una cosa que hacer. Al parecer han sido equipados por ellos. Solicitan en compensación por su ayuda  que devuelvan todo el equipo. Deben dejarlo en la base y nuestra gente se encargará de hacérselos llegar al punto indicado. Si no lo han traído tienen hasta mañana para hacer la entrega.
 Aunque era obvio que debían devolver el traje en algún momento a ninguno le hizo demasiada gracia.
 - ¿Por qué no se los entregamos a ellos directamente? -Desconfió Antonio.
 - ¿No querrá perder la oportunidad de que nuestros científicos los estudien? -Objetó el consejero.
 - Dudo que sea buena idea.
 - Jurado, cállese -ordenó Montenegro, crispado en un disimulado susurro.
 - Ahora recibirán de su superior la medalla de honor del congreso al héroe anónimo.
 Montenegro abrió un estuche y se acercó uno por uno a los cuatro, empezando por Ángela, seguida de Abby, John y finalmente Antonio, que recibió la suya y la de su mujer.
 -Enhorabuena -dijo el consejero-. Seguiremos trabajando juntos. Por cierto, quiero hablar con Elías en privado.
 Antonio se sorprendió de que el viejo profeta estuviera con ellos pues en el rápido vistazo a la sala no le vio. Enseguida comprendió que él les había informado de todo.
 - Gracias, señor. Vamos, chicos. Me alegro de volver a veros... Incluso a ti, Jurado -sonrió Montenegro dándole una palmada en el hombro.
 Les acompañó fuera de la sala mientras seguía hablándole.
 - Ahora que tenemos refuerzos no será necesario que continúe con nosotros. Sé que llevaba tiempo pensando dejar el servicio.
 - Bueno... Me alegro de que ya no sea tan necesario. La verdad no sé qué decir.
 - ¿Cuánto pesa? -Le interrumpió.
 - Creo que sigo pasando de los cien.
 - No ha superado el periodo de prueba -le guiñó un ojo-. Es libre de irse... Cuando entregue el equipo pleyadiano, claro.
 - Ahora que lo empezaba a disfrutar...
 - Un momento -intervino Ángela-. Si él no se queda yo tampoco.
 Montenegro la dedicó una mirada desdeñosa.
 - He leído su informe, señorita Dark, usted es peor que él. Agradezco sus servicios pero esto es un cuartel de gran importancia y cada pieza debe funcionar como un reloj, precisa y exacta. No se sienta violenta si desea marcharse.
 - Joder con el calvorotas, tranqui tío que no pienso volver. Vámonos de aquí.
 - Una pregunta... -cortó Antonio.
 - Se les pagará por sus servicios, descuiden -se anticipó Montenegro.
 - No es eso. ¿Cómo sobrevivió?
 - Yo también tengo un traje especial de grafeno, como Brenda y su hijo. Quedamos incomunicados en la nieve y nos costó llegar a un pueblo desde donde contactar con la base. Lo cierto es que les di a todos por muertos.
 - Fue un día difícil. Me alegro de volver a verle -le sonrió con sinceridad-. El mundo parecerá un lugar más seguro sabiendo que están ahí... -miró a John, Abby y Dimitri.
 - Yo también dimito -alegó el capitán Masters-. Si quiere puedo ser instructor de los nuevos reclutas pero ya no estoy en condiciones de patear culos ahí fuera. Hasta este recluta me ha dejado en evidencia -señaló a Antonio con el pulgar.
 Montenegro le miró con asombro.
 - Por supuesto, serás entrenador entonces. Al menos me queda Abby y Dimitri...
 - Señor, ahora iba a proponerle lo mismo -objetó la teniente-. Seremos instructores pero no quiero volver a perder a mi esposo.
 - ¿Ustedes también?
 El comandante soltó un resoplido de frustración.
 - Necesito a alguien con experiencia ahí fuera. Pero no sería justo obligar a unos y no a otros.
 En ese momento salió Elías de la sala de conferencias.
 - No he podido evitar escuchar su conversación -dijo-. Me refiero a la necesidad de devolver los trajes.
 - El suyo no lo pidieron -se anticipó Montenegro.
 - Claro, no voy a ir desnudo por aquí, no tengo más ropa. Lo que quería decirles es que no se molesten en estudiarlos. Es imposible para la tecnología actual detectar su poder oculto.
 - Nuestros científicos están más adelantados de lo que cree.
 - Como quiera, luego no les culpe si no descubren nada, no es culpa suya.
 Antonio se debatía internamente si devolverlo ya o apurar el plazo. No había disfrutado suficiente con él.
 - Quítenselos y entréguenselos ahora -ordenó Elías-. Si lo desean, yo les llevaré a sus casas.
 Los cuatro se miraron sorprendidos. Luego resoplaron al entender que Elías debía saber que los llevaban puestos a pesar de su invisibilidad.
 Antonio lo hizo visible con pensarlo y Los demás hicieron lo propio.
 - Cuanto menos tiempo lo tengan mejor será para ustedes ya que produce una adicción peligrosa.
 - Eso es muy cierto -respondió Ángela, sonriente-. ¿Qué pasaría si nos negamos a devolverlo?
 Elías soltó una carcajada.
 -No quisiera estar en su pellejo, señorita.
 Borró su sonrisa burlona y asintió. Depositaron los trajes en manos del profeta y Montenegro objetó con indignación:
 -Yo me haré cargo de ellos, quiero que nuestros científicos les echen un vistazo.
 -Ha llegado la hora de quitarles la venda de los ojos -insistió Elías-.  Señores, señorita, esto que tengo aquí no tiene más poder que la ropa que llevan puesta ahora.
 Antonio negó con la cabeza, contrariado. Miró a Ángela y ésta le devolvió la mirada con cara de incredulidad.
 -Eso es imposible, hemos volado, respirado en el vacío, curado y hasta le he resucitado a usted -objetó la mujer.
 -De hecho sí, lo han logrado gracias a mí.
 -¿Cómo? -Pregunto Masters-. ¿He recuperado mis piernas con un truco mental?
 -Los trajes son simples semillas de fe. Yo fui el agua que hizo crecer esa fe en cada uno de ustedes. Todo cuanto creyeran se haría real porque con un grano de mostaza de fe sus poderes serían infinitos.
 -No lo entiendo -protestó Abby-. ¿Cómo pudo entonces derrotarle Alastor? Si su fe es tan fuerte que no necesita traje.
 -Me engañó. Descubrió ese secreto cuando les capturó, me hizo creer que estaba en su mundo. Por eso en cuanto aparecieron a su lado les dijo que allí no tenían poder. Les quitó el grano de mostaza y se hicieron vulnerables ante él. Pero él no esperaba que alguien pudiera atacarle, comprender el secreto de los trajes le hizo vulnerable a su vez.
 Abby resopló.
 -Entonces no fue por lo de atacarle cuando él atacaba.
 -Su teoría era interesante pero cualquiera podía haberle alcanzado mientras estuviera desprevenido y hubiera caído igualmente.
 -Entonces, ¿si lo he entendido bien, podemos hacer todo lo que hicimos sin los trajes? -Preguntó Antonio.
 Elías soltó una risita pícara.
 -No, me temo que no. La fe no es un simple pensamiento, señor Jurado. Es la presencia de Dios viva y si él no está, no hay fe. Yo les puse al alcance el poder de Dios, les mostré el camino y ustedes actuaron en su nombre. Ahora ya no es así, vuelven a ser humanos. ¿Entiende por qué sus científicos nunca encontrarán nada en estas telas? -Preguntó a Montenegro, que seguía con cara ceñuda.
 -Me cuesta creer lo que dice -barruntó.
 -No, lo que pasa es que no quieren creerme. Pero me creen… Sino nunca hubiera funcionado. Tengo que irme, espero que no volvamos a vernos. ¿Quieren que les lleve a casa?
 - Necesito hablar con usted... A solas -suplicó Antonio.
 - No hay problema, ¿alguien más viene?
 - Yo -se apuntó Ángela.
 - Nosotros también -dijo Abby.
 - Cuento con ustedes como instructores -se despidió Montenegro.
 - Por supuesto.
 - ¿John? ¿Quiere venir? -Preguntó Elías.
 - No me importa ir en la nave, no se preocupe.
 - Agárrense a mí, primera parada la casa de Abby.
 Dicho eso aparecieron en una calle desierta en plena noche.
 - Ahora usted, señorita Dark.
 En un pestañeo estaban en ático de la morena.
 - Su turno, Jurado.
 Sin dar oportunidad a Ángela a despedirse aparecieron frente a la entrada de la casa de Antonio.
 - Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?
 - Quiero que restituya el espíritu de mi mujer, ahora que sabemos que está en el cuerpo de Ángela Dark. Iba a hacerlo mientras dormían, con el traje, pero ya no puedo.
 - Descuide, mañana cada una volverá a ser quien era.
 - Otra cosa, ¿Cómo pudo retenerle en prisión Alastor en Francia si tiene todo este poder?
 - Muy sencillo. Aun no tenía el traje pleyadiano.
 - ¿Qué?
 - Cuídese. Ah, una última cosa.
 Antonio le miró a los ojos intrigado esperando una explicación.
 -Nunca deje de creer.
 Dicho eso desapareció.
 - Viejo zorro... Nos ha mentido, claro que tenían poder. ¡Cómo nos ha engañado!
 Intentó abrir la verja de su casa y se encontró con que no llevaba las llaves encima. Claro, las prisas por salir a tiempo. Eran las once y media de la noche y seguramente el niño estaba dormido.
 Examinó la valla y pensó que si se subía al coche podía saltarla y con suerte no se partiría la crisma. Luego llamaría a la puerta con los nudillos para no despertar a Charly.
 O podía intentar abrirla con la fe...
 - A ver si me ha dado poder al despedirse.
 Miró fijamente la cerradura y dijo:
 - Ábrete.
 No pasó nada, seguía cerrada. Resopló.
 Se fue a subir al capó del coche pero sólo el peso de sus brazos hundió la chapa. Al apartarlos ésta volvió a su lugar y suspiró aliviado.
 - Mejor llamo - decidió.
 Según tocó el botón vio que se encendía la luz de la habitación de matrimonio.
 - ¿Quién es? -Brigitte sonaba enojada.
 - Olvidé las llaves, amor, abre.
 - No me ha contestado.
 - Antonio, quién voy a ser.
 Hubo una pausa de cinco segundos. Tragó saliva.
 - Pasa, pesado. Y no te las vuelvas a olvidar.
 
 
 Le contó a Brigitte, en voz baja para no despertar a Charly, todo lo que pasó, le dio su medalla de honor del congreso al soldado desconocido y la miró por los dos lados con ojo crítico.
 - Esto no es de oro.
 - Bueno, es un gesto honorífico con valor simbólico.
 - Bah, quédatelo. ¿Para qué quiero yo esa huevada?
 - Eh... -Antonio se la guardó en el bolsillo-. Estoy molido, buenas noches.
 Se despidió con un beso en los labios y ella le detuvo con una sonrisa pícara.
 - ¿Qué te parece si tú y yo nos ponemos esos trajes y damos una vuelta volando? Luego podríamos ir a la cama y hacer cosas, sería tan romántico...
 - ¿El traje? ¡Es verdad! El que te dieron no lo he entregado.
 - ¡Ss! Vas a despertar a Charly ¿Has devuelto el tuyo?
 - Sí, ah claro, no lo han echado en falta porque el de Ángela se lo di yo... -sonrió.
 - ¿Qué? -Preguntó Brigitte expectante.
 - Póntelo, dime que yo tengo otro traje sin limitaciones y luego yo quitaré las tuyas.
 
 Aquella noche la cámara de la habitación Charly funcionaba sin límite de distancia, a petición de Antonio, y volaron por el simple placer de hacerlo juntos a plena luz de las estrellas.
 Después tuvieron una noche de pasión desatada y cuando no les quedaban fuerzas se quedaron dormidos juntos.
 
 Al despertar juntos Antonio miró a los ojos a su mujer y sintió de nuevo la conexión instintiva que hacía tiempo que no veía en ella. Sonrió y la besó ardientemente.

 

 

 John durmió en un hostal cerca de la casa de Tatiana.
 Ahora que su cuerpo era casi humano, excepto los brazos, ya que volvía a tener piernas y sus funciones fisiológicas intactas y ya no dependían de un cambio periódico de bolsas, decidió regresar al mundo y darse una oportunidad de volver a vivir. A su vez sacaría a su amada del infierno en el que vivía.
 Se puso ropa rota, vieja y desgastada, se manchó la cara con polvo y salió a la calle dispuesto a encontrarse con ella. Solamente llevaba su teléfono móvil con su canción preparada. Se sentó en una esquina cerca de su casa y puso un cartón a su lado que decía: "Te doy una bendición a cambio de limosna".
 Pasaron frente a él centenares de personas, era una calle transitada y la inmensa mayoría pasaba a su lado sin mirarle. Él sólo quería que le mirase una persona que, sobre esa hora, regresaba de su trabajo aunque no podía precisar el momento porque la hacían quedarse una o dos horas más de su horario según le conviniera al jefe.
 Cuando la vio aparecer con su habitual mirada triste no se atrevió a decir nada. Esperaba que ella le viera, se lo quedara mirando y entonces pondría la música. Pero le miró de refilón y pasó de largo como quien ve llover.
 Se dio cuenta de lo extraño que sería poner ahora la canción, con varias personas entre ellos y se sintió como un estúpido.
 Entonces la vio regresar sacando el monedero del bolso y cogió un euro.  Le miró a los ojos y se lo dio en la mano con una encantadora sonrisa.  Él tragó saliva y sonrió.
 - Gracias.
 Mantuvieron la mirada unos segundos y no se acordó del móvil con la canción preparada ni de lo que planeó decir si eso ocurría.
 Ella se dio la vuelta y se marchó. John buscó el teléfono y puso la canción. Una balada de Sirenia con título "Save me from myself" que ella misma escuchó un día en su casa cuando se tomó un bote de pastillas con intención de matarse. Estaba sola y si no hubiera estado él con ella habría muerto aquel día. La llevó a urgencias y se marchó.
 Otro día que la visitó al hospital, sintió su presencia y le preguntó si la había salvado él. Le susurró:
 - Estoy aquí para salvarte de ti misma.
 Aquel día ella lloró emocionada y prometió no volver a intentar suicidarse.
 Cuando le dio al play, todo el mundo se dio la vuelta excepto ella que se quedó paralizada. Cuando todos los viandantes reemprendieron el camino Tatiana se volvió hacia él con lágrimas en los ojos.
 John se puso de pie y la miró sonriente pero igual de emocionado que ella.
 Tatiana corrió hacia él con desesperación y se fundieron en un férreo abrazo donde no dejaban pasar ni el aire.
 - Has venido -dijo ella.
 - No podía dejarte sufrir más.
 

Fin

Comentarios: 14
  • #14

    Yenny (miércoles, 27 abril 2016 18:49)

    Tony espero que no sea nada grave, cuídate mucho y recupérate pronto :)

  • #13

    Tony (miércoles, 27 abril 2016 09:23)

    Pues será difícil, pero lo intentaré. He estado malo llevo dos dïas sin escribir. Pero si tienesmuchas gamas vete leyendo "A partir de la media noche".
    El relato que llega es la continuación inmediata.

  • #12

    Chemo (miércoles, 27 abril 2016 03:47)

    Gracias por sus respuestas. Tenía el presentimiento que Tony subiría la nueva historia hoy, pero me equivoqué. Mañana no tengo clases, por lo cual me caería bien leer la nueva historia si es que Tony la sube. Igual y soy ahora el primero en comentar. jeje

  • #11

    Tony (domingo, 24 abril 2016 00:35)

    Olvidé responderla duda de chemo.
    Los pleyadianos nunca intervienen en la historia humana pero sí aportan su granito de arena para ayudarnos. La razón de eso... Sólo Dios lo sabe".

  • #10

    Tony (domingo, 24 abril 2016 00:11)

    Tampoco has faltado nunca asi que no habia por que extrañarte Chemo. Pero que sepas que si faltas tambien te extrañaremos.

  • #9

    Yenny (sábado, 23 abril 2016 23:46)

    Jaja si se te extraña Chemo, pero tu sueles comentar 3 o 4 días después que sube nueva parte así que estás en tu rango normal de tiempo.

  • #8

    Tony (sábado, 23 abril 2016 18:53)

    En realidad he dejado ocultas muchas respuestas que esperaba que alguien supiera encontrarlas:
    - Antonio va a los restos de Alastor y deja su sangre allí para que no pueda usar el poder de la noche y resucite.
    - Elías no mintió acerca de los trajes. Realmente funcionaban por que ellos lo creían así. De igual modo Elías no pudo liberarse de la prusión en Francia por que no tenía su traje y por tanto no tenía fe. ¿Qué es la fe? Lo explica Elías: La presencia de Dios vivo. No hay fe donde él no quiere manifestarse.
    — El regalo de despedida a Antonio es precisamente ese, le dice que nunca deje de creer, le devuelve la fe en los trajes y sabe perfectamente que su mujer tenía uno.
    — Alastor fue quien envió a Hercolubus a la Tierra, que no es una persona sino un mundo devorador de mundos. Al morir y desviar su trayectoria, los grises quedaron sin líder que lo gobiernan, se aleja y quizás cuando pongan un nuevo líder quieran venganza. Aunque ya saben que la Tierra es peligrosa y quizás no.
    — Alastor descubrió el poder oculto de los trajes pero no para sí mismo (pues no sntiende qué es la fe) sino par la hacerles frente haciénsoles creer que es inmune a sus trajes y que tiene su mismo poder. Por eso les quiso engañar diciéndoles que estaban en un mundo donde no tenían poder. Antonio sin fe le disparó y cayó.
    Todo esto no quita que Alastor pueda volver, Hercólubus también... En fin, nada os libra de que algo así pueda pasar en el futuro. Hablo de la leyenda de Hercolubus (que yo mismo me lio y escribo mal segun me da), que no me la he inventado yo, podéis buscarla por internet... Y a Alastor, y a los grises y todo lo que cuento sobre ellos.

  • #7

    Chemo (sábado, 23 abril 2016 18:19)

    ¡Qué mal que nadie me extraña por aquí! La verdad es que esperaba que el final fuese más emocionante, o al menos que los Grises contratacaran con mayor fuerza. Y es que si los pleyadianos tienen estos trajes, ¿por qué no derrotaron a los Grises desde un principio? En fin espero la próxima historia con ansias.

  • #6

    Yenny (viernes, 22 abril 2016 18:21)

    Que bueno que tengas un mejor trabajo Jaime, pero que pena que sea más pesado supongo que sólo será hasta que te acostumbres :)
    Creo que Tony no asesina del todo a los villanos para poder reciclarlos más adelante jajaja es su forma de ser ecologista.
    Jaime espero que sigas entrando a la página, Alfonso donde esté se encuentre bien y que regrese y a Tony le arreglen el internet porque gastar los datos no sale muy a cuenta.

  • #5

    Jaime (viernes, 22 abril 2016 03:57)

    Entonces, esta parte no es el final, ¿o sí? Ha muerto Alastor, pero nunca apareció el Gran Señor de Hercóbulus para detener a Antonio. Se me hace muy improbable que Alastor fuese el único ser de gran poder entre los súbditos del Gran Señor. Hubiese sido interesante ahondar en ello. Al menos no habrá Alastor hasta que a alguien se le ocurra ir al desierto a quitar los restos de sangre de Antonio del cuerpo momificado de Alastor.

    Estos últimos días he estado muy ocupado en mi nuevo trabajo, así que dejaré que Yenny tome mi lugar de comentar primero por el momento. La paga es el triple de mi antiguo empleo, pero el trabajo es cinco veces más pesado...

    Por cierto, Tony, recuerdo que allguna vez comentaste que harías un relato sobre el origen de la oscuridad elemental, que supongo estaría ligada al Señor de Hercóbulus. Me gustaría leerla antes de que el trabajo ya no me deje conectarme a leer, jeje.

  • #4

    Tony (viernes, 22 abril 2016 00:09)

    Habrá otra historia dobde se responderán tus dudas Yenny.
    Y sobre Génesis aparece al final. No hace nada, pero salir sale jeje.
    Estoy ya enfrascado en la nueva historia, espero que todos vayan sacando cabos sueltos y opinen. Jaime ha dejado de ser tan puntual y Alfonso también. Espero que estén bien.
    No sé cuando me pondrásn internet, de momento estoy con los datos del movil y como siga tardando los agotaré antes de tener wifi.

  • #3

    Yenny (jueves, 21 abril 2016 18:38)

    Ahora que lo pienso ¿ alguien recordó ayudar a Black? no se le menciona en la condecoración,

  • #2

    Yenny (jueves, 21 abril 2016 01:04)

    No es justo Tony, soy una llorona y la última parte me hizo derramar lágrimas, que bueno que a pesar de todo John es un cursi, que lindo sería encontrar a alguien así.
    Ahora que las cosas han vuelto a la normalidad momentáneamente, nos toce esperar a ver si Alastor continúa muerto y si Ángela volverá a ser como antes.
    Me quedé con las ganas que apareciera Génesis :(
    Pd.: ¿Antonio entregará los trajes?

  • #1

    Tony (miércoles, 20 abril 2016)

    Espero que os haya gustado. Siento el retraso pero no tengo internet haces una semana y así es complicado.
    No olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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