Los grises

6ª parte


Una vez activado el motor de antimateria el tiempo fuera de la nave se detuvo y pudieron equiparse con tranquilidad para ponerse los trajes de batalla, los escudos ópticos, la pistola convencional y el fusil de plasma. El casco llevaba incorporado en la visera la visión verdadera (que podía subirse y bajarse) y se ajustaron las botas de goma similar a los neumáticos de los coches. Los cuatro llevaban puesto el brazalete gravitatorio aunque por lo menos Antonio tenía muy claro que no lo usaría y pensó dejarlo. Al ver que Abby también lo equipaba, y que era igual de reacia a usarlo lo llevó, por si acaso.

Además el casco servía para que pudieran comunicarse entre ellos sin que nadie les escuchara fuera, lo tenían todo previsto.

 

Estaban en un campo seco lejos de cualquier poblado aunque veían hileras de humo por donde estaba saliendo el Sol.

-Corran al Este y recuerden buscar coberturas cuando avisten a los grises. El enemigo podrá verlos, igual que ustedes a ellos -escuchó que les indicaba el comandante desde la nave.

-No os separéis -ordenó John, que corría sin mirar atrás.

Abby le siguió muy cerca y Tomás y él se quedaron un poco rezagados porque no podían aguantar el ritmo que llevaban los veteranos. Cuando llegaron a las primeras casas que rodeaban una carretera, vieron varios coches incendiados y muchos heridos por las calles.

Algunas personas trataban de ayudar y otras se acurrucaban en las esquinas por miedo a salir al descubierto.

-No contacten con los civiles -ordenó el comandante-. Avancen un poco más, los hostiles están a doscientos metros siguiendo esa calle.

Vieron la nave del comandante sobrevolar sus cabezas adelantándose a ellos.

-Esto es un caos -susurró Antonio-. No parece que les importe el secreto.

-No se despiste de su tarea recluta, limítese a obedecer.

-Sí señor.

-Os lo dije, tratan de invadirnos -apoyó Abby.

Siguieron corriendo hasta que llegaron a una autopista colapsada por camiones volcados y calcinados.

-Avancen usando coberturas. Están ahí, informen de cualquier anomalía.

Cada uno se cubrió tras un coche sin perderse de vista entre ellos.

Antonio vio que Abby sacaba su móvil y oteaba el horizonte con él, protegida. En un punto se detuvo y le miró. Le hizo señas para que hiciera lo mismo.

Obedeció, en la pantalla aparecieron unas formas traslúcidas que atacaban a la gente aterrorizada. Tenían cuatro patas y dos extremidades que podían usar como arpones con los que atravesaban las lunas de los coches, asesinando a diestro y siniestro. Había bastantes de esas cosas en su rango de visión.

-¿Usan los escudos de alta frecuencia? -Protestó.

-Eso me temo -respondió Abby.

-Creí que sería una misión fácil.

-Dejen de parlotear y avancen -ordenó el comandante-. Nunca son fáciles.

Antonio estaba paralizado. ¿Sólo podían verlos con el móvil? ¿Por qué no equiparon la misma tecnología en el casco?

-Eco uno, acaben con todos los hostiles. Detengan la matanza -ordenó el comandante.

-A la orden.

-Eco cuatro, está híper ventilando. ¿Le han dado? -preguntó el comandante.

Ese era él, sólo estaba nervioso.

-Estoy bien, algo cansado por la carrera que nos hemos pegado para llegar hasta aquí.

-No me cuente su vida, dispare, se mueven rápido y perderá la oportunidad.

Antonio se fijó en Abby pero ya no estaba donde la vio por última vez. Se asomó con el móvil por delante y vio que un hostil se subía a un coche en llamas. No parecía afectarle el fuego, le apuntó con su arma y disparó a ciegas. Era imposible verlo y apuntar.

Al volver a mirar por la pantalla vio al monstruo mirándole. Ignoraba si le alcanzó y si le hizo algún daño, pero era evidente que le había visto pues dio un salto de dos metros de altura y galopó directo hacia él.

Aterrado disparó en su dirección y por los nervios se le cayó el teléfono al suelo. Las ráfagas a ciegas barrieron el lugar donde podía estar el hostil hasta que su rifle de plasma se calentó y el LED rojo se iluminó.

Se agachó a recoger el móvil del suelo y al usarlo nuevamente vio que el monstruo estaba justo encima suyo y a punto de atravesarle con las extremidades superiores.

El impacto lo absorbió su escudo magnético pero cayó de bruces y soltó el rifle.

-¡Aléjate! -Exclamó Abby, por el audífono.

La vio aparecer por detrás apuntando hacia él. Estaba en su línea de fuego.  No se le ocurrió otra cosa que usar el brazalete. Apuntó a un edificio de al lado y presionó los botones a la vez.

-¡Joder! -Exclamó al volar hacia allá.

«Suéltalos antes del impacto» -recordó.

En pleno vuelo los soltó con la fortuna de caer a tres metros sobre el capó de un coche, en pie. Un aterrizaje perfecto del que se sintió orgulloso.

Se volvió hacia su enemigo, aterrado porque no lo podía ver y vio que de repente aparecía un cuerpo desmembrado a un metro de donde estaba él antes. El alienígena muerto ardió como si le saliera lava desde dentro.

-Recupera tu equipo ordenó el comandante-, ponte las pilas, que esto no es un juego.

Recuperó su arma y el móvil. Abby le pidió con un gesto que se acercara, seguía a su lado y él saltó junto a ella. 

-Ponlo aquí.

Le quitó el fusil y el móvil. Lo acopló encima del arma, tapando la mira telescópica y quedó perfectamente encajado sobre ella.

-Joder, menos mal. ¿Por qué no me lo contaste ayer?

-Se me olvidó, ¿a ti no se te olvida nada?

-Eco dos y Eco cuatro se aproxima un grupo de hostiles, ¡espabilad! -Les reprendió el comandante.

Abby le tiró el arma y ambos miraron a su alrededor. Estaban rodeados por cinco cuadrúpedos. Ella concentró el fuego en el más cercano de su lado. Antonio hizo lo mismo sobre otro y a pesar de darle de lleno el escudo del extraterrestre detuvo cada impacto.

-Mierda, son indestructibles.

-Eco uno, corra a ayudar a sus compañeros.

-Nosotros también estamos en aprietos -protestó Tomás-. No me quite el apoyo de Masters.

-Maldito novato, ¡Tenemos nombres clave! -Bramó John-. ¡Úselos, recluta!

-¡Agrúpense! Eco tres, mantenga la posición -Ordenó el comandante.

Antonio escuchaba todo mientras disparaba sin descanso al esquivo hostil que brincaba hacia él sin que pudiera detenerlo. Finalmente logró dañarle aunque su rifle de plasma se calentó y supo que si volvía a disparar sólo tendría la pistola durante todo un minuto. Pero no tuvo más remedio y abrió fuego. El cuadrúpedo esquivó el disparo y dio un brinco hacia él. En el aire alineó las extremidades superiores en dirección a su pecho y Antonio, con la mano derecha sacó su pistola y le disparó en lo que debía ser la boca del monstruo. Cayó rodando por encima de él y luego se auto destruyo con su sangre ígnea.

Otro alienígena le atacó a su espalda y el escudo detuvo el ataque, pero entre el ataque y el golpe contra el suelo se le desactivó y supo que era vulnerable.

Al hacerse visible una mujer acurrucada dentro de su coche le miró desde la ventanilla con estupefacción. Antonio le pidió que agachara la cabeza con un gesto y ésta obedeció aterrada.

La criatura lanzó nuevas y repetidas estocadas contra su pecho y le dejó sin respiración. Aun así no le hizo heridas porque su traje de grafeno evitó que le traspasara.  Antonio trató de recuperar el fusil para saber dónde estaba su atacante, pues no sabía desde donde le caían los golpes. A pesar de que no le dañaban era como recibir una lluvia de puñetazos.

Cuando al fin pudo ver con la pantalla del móvil apuntó a todas las direcciones y no vio a ninguno. Entonces John apareció volando sobre él y chocó con algo justo encima de su cabeza.

Después reventó al enemigo con la pistola convencional disparándole a la boca. Luego se apartó y vio que el monstruo se incineraba a sí mismo.

-Gracias.

El capitán le ayudó a levantarse. Las rodillas de Antonio temblaban. Su arma y su escudo se recargaron.

-Los enemigos se repliegan -urgió el comandante-. No dejen que escapen, corran tras ellos. Han salido del autopista y huyen hacia el monte, ¡De prisa! ¡Encuentren su nave!

-Mierda, otra vez correr no... -bufó Antonio.


Corrieron durante minutos hasta la costa, donde los querían atrapar. Pero hacía tiempo que no los veían ni con los teléfonos móviles.

-Olvídenlo, han desaparecido. Vamos a recogerles y volvemos a la base. Buen trabajo.

Tomás sonrió orgulloso y Antonio aprovechó que ya no había prisa para dejarse caer al suelo de espaldas y darse un respiro.

El escudo era la mar de cómodo y agradeció el descanso que le dio de cinco segundos.

-Les hemos dado una paliza -dijo Tomás, pletórico-, ahora se lo pensarán dos veces antes de volver a atacarnos.

-Confirmadas cuatro bajas enemigas, señor -habló John, indiferente por la victoria-. Avistamos una decena al menos, no es normal que se retiren.

-Puede que ya tuvieran lo que buscaban -contestó el comandante-, lo que importa es que hemos detenido la matanza y que ustedes están bien.

El interior de la nave apareció ante ellos de la nada y subieron corriendo.

Activaron el generador de antimateria y volvieron a la base. Esta vez Antonio de fijó en varios detalles dentro y fuera de la nave: Podían atravesar objetos físicos sin colisión, no escuchaban sonidos y afuera el tiempo se hallaba detenido. Aterrizaron en el mismo parking abandonado y les ordenaron quitarse el equipo y volver a vestirse con su ropa civil antes de que pudieran marcharse a casa. Intentó hablar, preguntarles si era posible ir a las islas Bermudas y buscar restos atrapados en la antimateria, entre ellos a su amiga Ángela Dark.

Pero no consiguió emitir sonidos y su móvil no funcionaba. Ya lo consultaría con el comandante en cuanto pudiera.


Comentarios: 7
  • #7

    Yenny (domingo, 07 junio 2015 01:22)

    Antonio necesita hacer mucho ejercicio, el único deporte que hace es con los videojuegos, estoy con Jaime debería participar Brigitte creo que sería más útil que Antonio.

  • #6

    Jaime (sábado, 06 junio 2015 05:22)

    Opino igual que Chemo. Sería interesante que el EICFD ingrese a Brigitte psicópata-Ángela a sus filas. Estoy seguro que le ganaría a la teniente Wright. Jeje

  • #5

    Tony (viernes, 05 junio 2015 09:25)

    El tema de los grises y Tesla lleva más de cien años inspirando juegos, películas y mitos. Es muy posible que este relato se asemeje a algunos de ellos porque beben de las mismas fuentes.
    Por curiosidad, ¿a qué juego te refieres?
    En cuanto a ti, Chemo, la próxima parte tendrás la foto de Wright.

  • #4

    Da'niel59 (jueves, 04 junio 2015 04:10)

    No me joden parece los juegos de los celulares

  • #3

    Chemo (miércoles, 03 junio 2015 22:07)

    Yo sugiero que pongas una foto de la teniente Abby. Es my difícil imaginarse como está la tía nada más por los comentarios de Guerrero. Por cierto, me gustaría que regrese Ángela, y que escribas acerca de la nueva personalidad psicópata de Brigitte. Si no mal recuerdo de la historia anterior, Ángela y Brigitte intercambiaron cuerpos, ¿o no?

  • #2

    Jaime (miércoles, 03 junio 2015 06:14)

    Estuvo interesante esta parte. Me intriga saber qué es lo que buscan los Grises en el planeta para que hagan tanta destrucción. Como siempre, el gobierno echará la culpa a los terroristas por la masacre en Sudáfrica. Presiento que Masters ya sabe sobre Ángela y seguramente la están estudiando en una base secreta de la Organización.

  • #1

    Tony (miércoles, 03 junio 2015 00:47)

    A ver si consigo retomar el "martes de relato". Llevo una temporadita que me ha sido imposible.

Animal es el que abandona a su mascota.

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