Los mendigos eternos

10ª parte

 

 

 

            Rompieron el silencio las sirenas de la policía y una ambulancia. Emma estaba muda, rota por haber matado a una persona, y no se había apartado de mí. Pero al escuchar a la caballería se levantó y avisó con la mano al vehículo para que se acercara. El primero que salió del coche patrulla fue el guaperas del campamento, David, y Emma parecía enfadada con él.

            — Justo a tiempo, héroe —recriminó.

            — Hemos venido lo más rápido posible.

            — Claro, te fuiste justo cuando estaban saliendo. Me has dejado sola y casi me matan.

            Él protestó alegando que no sabía que iba a pasar eso mientras miraba a los dos criminales, asombrado.

            — Me ha salvado la vida —puntualicé por si los policías pensaban otra cosa, señalando los cuerpos de los guardia civiles abatidos. Ignoraba si el que golpeó Emma estaba vivo o muerto.

            David se acercó a ella con preocupación, examinando su herida y los sanitarios se repartieron, uno para estudiarme a mi, otro a Emma y el último a los supuestos policías abatidos. Constataron la defunción del más viejo tocándole el cuello, abriéndole los párpados y luego cubriéndole con una manta térmica. Siguieron el mismo procedimiento con el otro llegando a la misma conclusión y al saber que el joven también había muerto sentí una mezcla de alivio y preocupación por Emma, que los mató a ambos. No vi más, me llevaron al interior de la ambulancia y me separaron de ella. Quise pedir que viniera, que también estaba herida, pero al volverme hacia la pareja la vi besar al guaperas y no abrí la boca.

            Aquella imagen me dolió más que la paliza que recibí.

 

 

 

 

            Esa fue la última vez que la vi ese verano. Meses después se celebró el juicio, en el que tuve que testificar a su favor.

            Sobre los guardias civiles muertos pesaba la acusación de secuestro, tortura y vejación múltiple. Yo no era la única víctima de esos animales. En la vista salieron a la luz cosas horribles que estaban bajo secreto de sumario.

            Cuando escuchaba esa expresión en el telediario no le daba ninguna importancia pero conocer uno de esos secretos me dejó sin aliento.

            Mientras eran guardias civiles pesaban sobre ellos veintitrés denuncias de familias que les reconocían por llevarse a algún hijo, padre o hermano para supuestos interrogatorios rutinarios y no se volvía a saber de ellos. Estaba claro que no me habrían devuelto a casa, sabe Dios qué pretendían hacerme para deshacerse de mí. En el juicio se mencionó el nombre del niño muerto que por lo visto desapareció con sus padres después de una excursión por la zona donde lo encontramos. El fiscal señalaba a los dos guardias civiles como presuntos homicidas pero no profundizaron en ese caso porque no había pruebas y, al fin y al cabo, ya murieron.

            Fueron expulsados del cuerpo de la Guardia civil hacía dos años pero nunca pasaron por prisión. En mi interrogatorio, el abogado de Emma expuso la hipótesis de que me estaban tanteando para saber si podía identificarles como los asesinos del niño ya que aseguraba que le mataron junto a su familia. Que si les hubiera dado el nombre de Emma, me habrían matado y luego a ella. Por supuesto, nunca lo sabremos con certeza. Yo creo que no tenían motivos para mentirme y sospecho que no buscaban a los asesinos, sino a posibles testigos ya que intentaban limpiar el rastro de los auténticos culpables, quién sabe... ¿Sus hijos?

            No lo digo por decir, en el juicio tuve ocasión de conocer a Antonio Anglés, el primogénito de uno de los difuntos guardias, que me esperaba en la puerta y amenazó diciendo que pagaría por la muerte de su padre. Había mucha gente por la calle y la amenaza quedó en nada. Su mirada era la viva imagen de la locura, supe que era peor que su progenitor. Espero que nunca me vuelva a cruzar con él...

 

 

 

 

 

            Eso fue meses después. Volvamos atrás, que olvidé mencionar algunas cosas.

 

 

 

 

            Cuando estaba ingresado, tras más de dos semanas del secuestro, vino a verme al hospital Pablo, el monitor, y me dijo que todos deseaban que me recuperara pronto aunque estaba claro que nadie se acordaba de mí, sino habrían ido con él. También me dijo que grabaron en VHS la obra de teatro y me traía la cámara. Cuando la vi comprendí que Emma y David hacían buena pareja y me sentí afortunado de haberles conocido ya que se jugaron la vida para salvarme. Pensé que merecían ser felices juntos.

 

 

 

 

 

 

            Un tiempo después ella me contactó por teléfono. Me preguntó, casi sin saludar, si había algún modo de dejar de "verlos". Que sólo le quedaba yo para contármelo. Recuerdo perfectamente lo que me dijo:

 

 

 

 

            — Esta tarde fue la gota que colmó el vaso. Me peinaba frente al espejo para salir con mis amigas y detrás de mi vi a una chica mirándome. Cuando me di la vuelta no estaba. ¡No quiero verlos, me dan miedo y no puedo ayudarlos, no sé qué quieren!

            Se la escuchaba tan alterada que no me atreví a confesarle que yo nunca los vi, únicamente sentía presencias y comprendía sus intenciones... Justo lo que ella no podía hacer.

            — No sé cómo puedes verlos, no entiendo el cerebro humano.

            — ¿Podemos encontrarnos? —Preguntó con ansiedad—. No lo aguanto más, ¿dónde quedamos?

            — Sí claro —respondí—. Querrás que te devuelva el diario, ¿no?

            — ¿Lo tienes tú? Creí que lo había perdido... —Se quedó pensativa—. Bueno hazme un favor y quémalo, si alguien que me conozca lee eso me llevarán al manicomio.

            Por supuesto, no lo hice, aunque quizás algún día lo haga.

            Así que quedamos en el centro y fuimos al Retiro a pasear.

 

 

 

            Mientras caminábamos cerca del lago, me dijo que había estado un mes con David y que él la dejó porque se hartó de que todos los días estuviera paranoica con sus fantasmas. Después comenzó a tener más tiempo en soledad y la frecuencia de las visiones se multiplicó.

            En ese momento se nos cruzó una gitana pidiendo dinero para sus niños y al ignorarla escupió al suelo y vociferó como una loca:

            — ¡Ay! Culo gordo, ojala se te llene de almorranas.

            Seguí ignorándola pero Emma se volvió, sumamente enojada y la encaró.

            — Culo gordo tu madre, que está ahí sentada y se avergüenza de su hija por maleducada.

            La gitana se santiguó y se fue corriendo, llorando a moco tendido.

            Ahora que lo recuerdo Emma había engordado un poco y su trasero ya no era tan perfecto... Bueno, digamos que la gitana tocó su punto "flaco".

            — Buena respuesta —felicité.

            — ¿Crees que disfruto? ¿Acaso no la ves? —Me acusó, señalando el banco en cuestión.

            Miré el rectángulo de piedra, sumamente intrigado. ¿Realmente la madre de la descarada gitana se encontraba sentada ahí?

            — Tú estarás acostumbrado, pero yo no lo aguanto —añadió.

            — Creo que puedes dejar de verlos si te cuento un secreto —reuní valor debido a que no podía soportar verla sufrir, estaba loco por ella—. Pero prométeme que no me pegarás cuando te lo revele.

            — ¿Qué es?

            — Nunca he sido vidente —solté de sopetón—. Solo tengo cierta sensibilidad a algunas cosas sutiles. Y creo que se debe a que bebí una especie de veneno que me hizo creer que podía sentir cosas... Hoy estoy seguro de que no fue la causa sino la consecuencia.

            — No entiendo nada, no te sigo —replicó Emma, impaciente.

            — Hace unos meses Bebí una pócima, un brebaje, que en un libro decía que pronunciando el conjuro pertinente adquirías sabiduría infinita si sobrevivías. Pero era muy peligroso ya que podías morir. No me importó. Lo bebí de un trago y me desmayé. Cuando desperté era capaz de sentir cosas que la gente guarda en lo más profundo de su alma. Incluso si se trata de los muertos.

            Le conté todo lo que pasó realmente en el campamento y ella no cambió su cara de perplejidad durante toda mi exposición.

            — Entonces, ¿por qué puedo verlos yo? —Me recriminó furiosa, cuando terminé.

            — Creo que... Tu fe en mí despertó una habilidad que ya tenías innata. Puede que ahora que sabes que te mentí puedas curarte, por así decirlo.

            — Ya, qué fácil lo ves todo. El problema es que ya no necesito creerte, los veo cada día. Y no son como me los describiste, están a años luz de parecer personas vivas.

            Después de aquella aclaración se quedó con la mirada perdida en el vacío.

            — No puedo creer que me mintieras, confiaba en ti...

            — Solo quería que me escucharas, estabas tan metida en tu música... No pensé que te pasaría eso.

            — Pero, ¿cómo encontraste a Francisco? —Acabo de recordar el nombre del niño muerto, al revivir esa conversación aun recuerdo el timbre crispado de su voz.

            — No podía verle ni oírle pero sí sentirlo. No sabría explicar cómo.

            — Entonces, ¿sabes lo que quieren?

            Su actitud cambió, sus ojos se iluminaron con la luz de la esperanza.

            — Supongo que sí —admití.

            — Entonces tienes que acompañarme. Hay una chica que vive en mi casa, no hace nada malo pero a veces la veo escondida en una esquina y me asusta. Otras la veo pasear detrás de mí como si tal cosa. El caso es que no sé qué quiere, parece que espera a alguien y no sé qué hacer.

            — No sé —respondí—, creo que solo funciona si la otra persona quiere ser escuchada y por lo que me cuentas ni te ve.

            — Si hay una posibilidad de que puedas ayudarla y se marche de mi casa te estaré eternamente agradecida. ¿Tienes idea de lo que es saber que alguien extraño te puede estar está observando mientras te cambias?

            — ¿Te mira? —Interrumpí, ocultando el rubor de imaginarla desnuda.

            — No lo sé. Me ignora pero siempre tengo la sensación de que está ahí, incluso cuando no puedo verla.

            — Haré lo que pueda —respondí, ocultando mi emoción.

            Lo cierto es que me encanta comunicarme con ellos, pero lo que más me emocionaba era pisar su casa, nunca había estado en la habitación de una chica, eran dos motivos para emocionarse, podía contactar con un espíritu y conocer la casa de Emma.

            Debería añadir que cuando dijo que había terminado con David, inconscientemente la empecé a mirar de otra manera.

 

 

 

 

            Fuimos y me presentó a sus padres, fue un momento extraño ya que pensaron que era su nuevo novio y creo que no se molestó en desmentirlo. Por ese entonces bebía los vientos por ella y dejé que mi imaginación me llevara a pensar: "Si no lo desmiente es porque somos novios". De modo que en todo el tiempo que estuve en su casa no podía pensar en otra cosa que en ella, en lo bonitos que eran sus ojos y que estaba viviendo un sueño.

            — ¿Qué hacemos ahora? —pregunté, nervioso.

            — Dime qué es lo que sientes.

            Qué directa, estuve a punto de responder que solo pensaba en ella y que me había dolido mucho que saliera con guaperas del campamento... Pero fue una de esas veces que mi cabeza espabila a tiempo y recordé el motivo de mi visita.

            — ¿Te refieres si siento algún fantasma?

            — Claro —resopló.

            — Pues no sé —un momento, debería hacer un paréntesis para explicar algo.

 

 

 

 

            Mi "poder" especial sólo funciona cuando estoy tranquilo y no tengo nada que ganar ni demostrar. Esa antena sobrenatural pierde fiabilidad en cuanto algo me distrae. Es como una brújula expuesta a un fuerte campo magnético. Y digamos que mi sexto sentido se colapsó por la cercanía de Emma. Los fantasmas no son tan fáciles de sentir como los vivos, especialmente estando ella cerca, "sintiendo" tan alto, por así decirlo, y unos padres preocupados de que pudiéramos estar fabricando un bebé en sus propias narices. Desde luego si había un fantasma por ahí, era imposible saber si era uno o una legión de demonios.

            — ¿Puedes verla? —Traté de concentrarme en lo que fuimos a hacer.

            — No, la veo muy de vez en cuando. Claro que entonces me pega un susto que paso una semana angustiada.

            — ¿Se lo has contado a tus padres?

            — ¿Me tomas por tonta? Estaré loca, pero no soy tan estúpida.

            — Perdona, solo preguntaba —me disculpé.

            La notaba alterada, me mandaba información sobre su angustia y desesperación. Necesitaba que la ayudara ya que rozaba el borde de la locura. Su mente no era tan abierta como para aceptar la existencia de fantasmas.

            — Siento mucha fuerza espiritual —no quería mentir, ya la había mentido lo suficiente y temía que volviera a enojarse conmigo. Pero lo hice.

            — Lo sabía, está acechando —sonrió mirando a nuestro alrededor.

            — Es una chica muy inestable, ha perdido todo en muy poco tiempo y no sabe qué hacer. Se siente atrapada en sus trágicas circunstancias y como no la ayude alguien pronto va a estallar.

            — No fastidies —se maravilló Emma, ignorante de que hablaba de ella. Puede que fuera lo que necesitaba escuchar—. ¿Y cómo la podemos ayudar?

            — Aceptándola —sugerí sin saber muy bien lo que decía, le dije lo que yo hubiera hecho si en lugar de estar con el guaperas yo fuera su novio, jamás la dejaría por algo así—. Tiene que entender que estoy aquí para ayudarla, que no está sola y puede contar conmigo, que si ha sufrido un desengaño o las personas que quería la han abandonado cuando más los necesitaba, yo no me iré.

            Temí que fuera demasiado obvio que hablaba de ella, pero...

            — Eso —apoyó aliviada—, llévatela, que a mi me pone los pelos de punta.

            Me pregunté si esta vez necesitaba saber la verdad, mentirla se había convertido en una adictiva costumbre. Pero estaba tan ciega que jamás me vería igual que no era capaz de verse reflejada en mis palabras.

            — No es un llavero, es libre de venir o quedarse —declaré.

            — Si entiende que aquí no la quiero y tú estás dispuesto a ofrecer tu mano para lo que sea, seguro que es suficiente —insistió—. Vamos pídele que te acompañe.

            — No sé... —dudé.

            Claro que dudaba, no tenía ni idea de a quien quería que invitase a mi casa.

            — Me lo debes —insistió—, tú me has metido en este lío y, además, te salvé la vida.

            Tenía razón, era lo menos que podía hacer como pago por lo que hizo por mí.

            — Está bien, lo haré.

            Emma se apartó de mí y se dejó caer en la cama, expectante.

            — Si me escuchas, quien seas, —lo intenté—, debes acompañarme. Aquí no te puedo ayudar...

            Me sentía estúpido, no sabía si esa chica nos escuchaba ni qué quería. Pero estaba dispuesto a que viniera conmigo con tal de ayudar a Emma.

            — Ya está, creo que me acompañará —mentí de nuevo ya que no tenía ni idea de si había funcionado.

            A pesar de que no hacía más que mentirla, Emma me sonrió como si acabara de hacer un milagro. ¿Cómo podía seguir creyendo en mí?

            Me acompañó hasta la puerta y nos despedimos con dos besos. Me dijo que me llamaría si había alguna novedad.

 

 

 

 

            Apenas unas horas más tarde, en la intimidad de mi casa y mientras me quedaba dormido estudiando, sentí que había funcionado.

            No estaba solo, alguien me acompañaba.

            Pero no recuerdo lo que me dijo por primera vez. Su voz no se escuchaba, ni la veía aunque en mi mente era una mujer bonita que inspiraba confianza y me sentía a gusto con ella, fue más como si me hablara desde un sueño, uno de esos que se desvanecen al despertar y sabes que no es real.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Carla (viernes, 08 febrero 2013 14:54)

    No puede ser Vero!! O si?? O.o noooo... Continuacion!! \o/

  • #6

    Diana (miércoles, 06 febrero 2013 22:36)

    Bueno en realidad yo no creo que sea veronica pero quien sabe tony nos podria dar una sorpresa. me he leidos todas las historias pero esta ultima no aguanto la desesperacion de saber como sigue. tony eres genial!!!!!!!!!

  • #5

    Daniel (miércoles, 06 febrero 2013 19:34)

    tambien pienso que tiene que ser veronica, pero puede ser otro fantasma malo o bueno.

  • #4

    Jaime (lunes, 04 febrero 2013 21:52)

    Bueno, parece ser que la historia está cerrando bien. Dudo que el fantasma desconocido sea Verónica porque ¿qué haría ella en casa de Emma?
    Espero que Emma regrese junto con Antonio Jurado en alguna otra historia posterior.

  • #3

    yenny (lunes, 04 febrero 2013 17:13)

    Yo tambien creo que es Veronica

  • #2

    melich (lunes, 04 febrero 2013 15:55)

    yo creo que es veronica jejeje

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 04 febrero 2013 15:20)

    Estamos en la recta final de esta historia,... pero posiblemente sea el comienzo de una aún más importante.

    No te olvides de comentar lo que te parece la historia y si te quedan muchas dudas, exprésalas porque la próxima será la parte final.

Animal es el que abandona a su mascota.

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