Los mendigos eternos

11ª parte

 

            Al igual que provoqué en Emma un "click" en su cerebro al demostrar que los fantasmas existían, activé mi propio radar mental al probar ese brebaje... O más bien desperté esa habilidad innata. Dicen que usamos el diez por ciento de nuestro cerebro. Quizás sea cierto, el resto se activa si conseguimos encontrar el interruptor adecuado.

            Aquel verano conocí a Emma, a la que sigo viendo de vez en cuando y por la que siento algo muy fuerte a pesar de que aun no pasamos de amigos.

            Ya no hablamos sólo de fantasmas. A veces me pregunto si debo declararme pero sigo viendo que su mirada me atraviesa como si no pudiera verme. Es frustrante que a los fantasmas los vea cada dos por tres y yo sólo sea su psicólogo gratis. Lo peor es que me habla de tíos como a una amiga o un homosexual.

            Bueno he terminado volviendo al tema de siempre, ¿algún día Emma me verá como a un hombre? No creo, lo más seguro es que yo la mande a la mierda antes.

 

____________________

 

 

 

 

 

            — Eso es todo —terminó de leer en voz alta Antonio.

            Brigitte le miró sorprendida. Estaban tumbados en la cama donde él había descifrado su letra diminuta y "con forma de patitas de araña" —como describía ella—, en voz alta. Alargó la mano para que le pasara el diario y comprobó que la página siguiente era de junio. Hablaba de Emma, que era sólo su amiga y cosas similares que no guardaban relación con los fantasmas.

            — ¿Tenías el don de sentir los pensamientos más ocultos de la gente?

            — Supongo —se encogió de hombros—. Pero cualquiera que ponga interés en los demás puede sentir esas cosas.

            — Prométeme que nunca más volverás a tomar pócimas para alguna tontería de las tuyas.

            — Cariño, era un crío.

            — Ya... Prométemelo.

            Brigitte le miró con ansiedad hasta que Antonio asintió con la cabeza, resignado.

            — ¿Nunca os besasteis? —Dedujo.

            — Sí, pero para ella solo fue un gesto de cariño.

            — Desde luego era rarita —opinó Brigitte.

            — Ya...

            — ¿Quién era esa chica que te habló en sueños? ¿Volviste a contactar?

            Antonio la miró preocupado y adivinó que si se le ocurría mentirle a Brii se le caería el pelo.

            — Lo pasé mal en el secuestro pero resistí porque ella estuvo allí, como mi ángel de la guardia.

            — Eso fue antes de invitarla.

            — Siempre estaba conmigo, me lo dijo el primer día que contactamos.

            — No me has dicho su nombre —protestó Brigitte.

            — Si te digo la verdad, no sé quién es.

            — Miénteme entonces —insistió.

            Antonio soltó una risotada. Llevaba años sin hablar con ella. Fue mucho antes de escuchar a Verónica.

            — No tengo ni idea —se encogió de hombros.

            Brigitte le dio una colleja, harta de tanto enigma.

            — ¿Pero tú qué te crees, que esto es uno de tus videojuegos aburridos?

            — No puedo decírtelo, no estoy seguro... Si te dijera lo que sospecho es más locura de lo que consideras normal en mí.

            — Tengo que admitir que aun logras sorprenderme —admitió ella.

            — Está bien, ¿recuerdas que fui a Lourdes a buscar a la "Virgen María" por encargo del viejo Alastor? pues cuando apareció tenía la extraña sensación de conocerla de antes, en ese entonces no las relacioné, era tan familiar y amable conmigo, creí que sería así con todo el mundo. No me dijo que fuera ella, pero lo sospecho.

            Brigitte no sabía si mostrarse incrédula o ponerse celosa.

            — No podré perdonarme nunca haberla expuesto a su padre —reconoció con tristeza, Antonio.

            — Si te sientes tan mal por eso, ¿por qué no la ayudas? —Propuso Brigitte.

            — ¿Cómo? No sé dónde está.

            Su mujer se sentó en la cama visiblemente molesta.

            — ¿Tienes a una vidente mantenida con un sueldo para nada? Llámala y que haga algo útil.

            Antonio suspiró poco convencido.

            — ¿No has entendido nada de lo que te he leído? Tener ese don no te da el conocimiento universal.

            — Fausta es mucho más que una vidente. Si alguien te puede decir dónde está, esa es ella.

            Antonio no replicó, quería ayudarla pero la última vez que vio a Isis, su padre Alastor le arrancó el alma. Lo que quedó de ella no era más inteligente que una lechuga. No estaba seguro de querer encontrarla.

            — ¿Qué podríamos hacer por ella? Es un vegetal.

            — Avelino Policarpo —arengó Brigitte—. Con todo el dinero que tienes eres el único que puede ayudarla.

            Antonio sonrió, cuando le llamaba por su nombre real y asomaba una vena por la sien derecha de su mujer solo cabía una respuesta posible.

            — Sí, cariño.

 

 

 

            Desde que se quedó embarazada, Brigitte no solía aceptar salir de casa para realizar trayectos largos en coche. A partir del cuarto mes Antonio iba solo a hacer las compras porque ella se cansaba enseguida. Fausta vivía en la otra punta de Madrid, a una hora y media en coche pero en esa ocasión aceptó ir con él un sábado por la mañana después de concretar con la bruja que estaría en casa a esa hora.

            Desde que cobraba su sueldo, Fausta les trataba como señores y solía ser ella la que iba a su casa para recibir el salario. En su nueva actitud humilde y servicial se dibujaba en su mirada un atisbo de maldad contenida, pero mientras recibiera su salario estarían a salvo de sus iniquidades.

            Al decirle que iban a verla, Fausta dudó unos segundos antes de aceptar que fueran. seguramente temía que iban a rescindir su contrato verbal.

 

 

 

 

            Al llegar a su casa se encontraron una sorpresa, había vallado su finca y el corto trayecto desde la carretera hasta la puerta estaba asfaltado. A los lados había sendos jardines y la fachada de la casa se encontraba oculta tras unos andamios. La quejumbrosa madera de cien años ahora era una brillante puerta blanca de PVC con un bonito aldabón dorado.

            Y tenía timbre.

            — Ha prosperado —opinó Brigitte, sorprendida de que hubiera aprovechado el dinero para reformar su casa.

            — Antes estaba a punto de caerse —recordó él—, no me extraña que estuviera desesperada por conseguir dinero. Me pregunto qué debe sentir alguien con el agua al cuello.

            — No quieras saberlo —aconsejó su mujer, acariciando su tripa con preocupación.

            Llamaron al timbre y esperaron en silencio. Se abrió la puerta y les recibió una mujer madura, de pelo rizado y negro, rasgos gitanos y ojos muy grandes. Vestía una blusa de algodón y un pantalón gris. No llevaba pendientes, la cara pintada, ni un vestido propio de bailarina de sevillanas. Simplemente llevaba un pijama con zapatillas de estar en casa de color rosa.

            — Buenos días, se han retrasado un poco, ¿quieren un café?

            — ¿Fausta? —Preguntó Antonio.

            — Disculpe mis fachas, me he levantado hace una hora, ayer estuve  con mi sobrina y llegué algo tarde.

            — ¿Cómo está Rebeca? —Antonio la conocía, había trabajado para ella hacía algún tiempo.

            — Esa chica me va a matar —se quejó, apartándose de la puerta para que entraran. Se cree que somos  de la misma edad, me llevó de marcha, por Dios, cómo tengo los pies.

            —Parece que está reformando la casa —apuntó Brigitte.

            — Pues sí hija, mi cuñado es albañil y como no encuentra trabajo le dije que si me hacía unas reformas le pagaría en la medida de mis posibilidades.

            — Qué suerte tener un cuñado así —respondió Brigitte.

            — Es el marido de la Francisca. La cosa está tan mal que ha traído a su cuadrilla. Con lo que les doy ellos se apañan. Un día viene uno, otro su primo... Siempre tengo al menos dos hombres sudorosos paseando bajo mi ventana. Hoy descansan, tienen derecho los pobres. Les doy de comer, les pago los materiales y poquito a poco se van haciendo las cosas.

            Brigitte quiso saber cuánto les pagaba pero le dio vergüenza preguntar.

            Se acomodaron en el salón, que aun presidía la mesa camilla en el centro aunque ahora tenía una televisión junto a la pared y un sofá de tres plazas.

            — ¿Qué les trae por aquí? Siéntense por favor —se interesó Fausta, visiblemente nerviosa.

            — Gracias —respondió Brigitte, que a duras penas subió las escaleras y mientras le faltaba el aire.

            Se acomodaron en el sofá y, debido al tamaño de la barriga de Brigitte y que Antonio aun pesaba más de cien kilos, Fausta tuvo que coger una silla para sentarse frente a ellos.

            — Me gustaría... —Comenzó Antonio.

            — Va a ser un niño precioso —interrumpió Fausta mirando a Brigitte—. ¿Cuándo nacerá?

            Ésta tuvo el impulso de retarla a que lo adivinara, pero así vestida no parecía una bruja. Además recordó que Antonio le había dicho que la videncia no era absoluta, que adivinara algunas cosas no implicaba que lo conociera todo. Y, por otro lado, estaba siendo muy amable con ellos.

            — En junio, puede que mayo.

            — Estoy deseando conocerlo —se mordió el labio inferior, emocionada.

            — ¿Crees que será niño?

            — No lo sé —se encogió de hombros.

            Al ver que su mujer pensaba increpar a la adivina por no saber eso, Antonio volvió a hablar.

            — Necesitamos que encuentres a una persona —juntó las manos a modo de rezo y miró a Fausta expectante.

            — No tengo Internet —bromeó la bruja.

            — Debes usar tus poderes, te necesito.

            Fausta sonrió y se encogió de hombros.

            — Es una chica, bueno no es precisamente joven pero lo aparenta, se llama Génesis y debe estar en algún hospital para discapacitados mentales.

            — No puedo —respondió.

            — Te dije que conmigo podías, por eso te pago —argumentó él.

            — Quisiera poder ayudarle pero... Me he... Arrepentido, ahora estoy en gracia de Dios. He confesado mis pecados ante un sacerdote.

            — No quiero que peques —replicó él—. Solo necesito el nombre de un pueblo o un hospital.

            — Mi don ya no está. Rebeca y yo fuimos a ver a un sacerdote y nos dijo que teníamos un demonio dentro. Nos ordenó ayunar y acudir a misa a diario y, un buen día, dejamos de ver fantasmas.

            — No puedes hablar en serio —protestó él—. Te pagaba porque tenías poderes. Dame una sola razón por la que deba seguir pagándote.

            — No creí que vendría, hace más de un año que me contrató. Pensé que pretendía que dejara de invocar espíritus por salvar mi alma —el tono de Fausta se tiñó de dolor.

            Antonio se puso en pie, furioso.

            — Esa chica está viva, no es un fantasma

            — Yo no puedo contactar a un vivo, nunca he podido —replicó Fausta—. Tendría que invocar a muerto para preguntarle y ya no puedo.

            — Entonces voy a tener que despedirte.

            — Hice lo que me pediste —desafió la bruja—, que dejara de practicar brujerías.

            — Sólo para los demás —se exasperó Antonio—. Esto es ridículo, vámonos cariño, tenías razón desde el principio. Nos ha estado estafando.

            Se levantaron y se dirigieron a la puerta pero Fausta alcanzó a Antonio por la muñeca y lo retuvo.

            — Valiente redentor hipócrita estás hecho.

            — Suéltame, no vas a volver a cobrar...

            Fausta le mostró un sobre cuando se volvió hacia ella. Pudo leer el nombre de Génesis en el exterior.

            — ¿Qué significa esto? —Preguntó.

            — El día que pise una iglesia será para mi entierro —explicó con su voz áspera y despectiva habitual antes de esa farsa—. No puedo creer que pensaras que me confesé. Esto ha sido una demostración de que tu alma está tan podrida como la mía. Ahora yo pondré las reglas, tú me pagas tres mil euros al mes y adivinaré hasta el día de tu muerte.

            — No la escuches, Antonio.

            — Cuatro mil si también quieres que te diga cuándo morirá ella mientras estés a tiempo de salvarla y cinco mil por tu hijo Charlie.

            Antonio se quedó sin respuesta, eso era mucho dinero.

            — No la necesitamos, vámonos de aquí.

            — ¿Cómo sabes que queríamos llamarlo así? —Inquirió Antonio.

            — Marchaos —retó la bruja —, y nunca sabréis dónde está.

            Brigitte la miró, poseída por la frustración. Era preferible olvidarse de esa mujer que seguir teniendo trato con ella. ¿Qué sería lo próximo que les exigiría? Tenían que cortarle las alas.

            — Hicimos un trato —respondió Antonio—. Dame ese papel y seguirás recibiendo tu salario.

            — Sería una pena que vuestra vida corriese peligro por no pagarme un poco más.

            — ¿Nos estás amenazando? —Replicó Brigitte.

            — Querida, no soy necesaria para que os metáis en líos.

            — Sería una pena que nos pasara algo, ¿no crees? —Añadió Antonio—. Se te acabaría el dinero. Ya que estamos cambiando las condiciones, si le pasa algo a mi familia, incluida mi perrita, tu sueldo se acabará.

            Fausta borró su sonrisa, retiró el sobre del alcance de Antonio y lo acercó a una vela del salón.

            — Quémala y no verás un céntimo más —advirtió él, manteniendo el órdago.

            Fausta esbozó media sonrisa mientras dejaba que la llama lamiera el sobre hasta consumirlo lentamente.

            — No os necesito —susurró con tranquilidad—. Pero volverás y te arrodillarás para que os ayude, entonces no pienso atenderte por menos de un millón de euros.

            Antonio saltó hacia ella y le arrancó el sobre de las manos.

            — Está bien, cinco mil. Pero no volveremos a renegociar.

            Apagó el fuego del sobre entre las dos manos mientras miraba a Brigitte con preocupación. El rostro de su mujer era una mezcla de frustración, asombro y enfado. Pero no dijo nada.

            — Sabía que podía dialogar con ustedes —Fausta recuperó su tono amable en la voz y le devolvió una hermosa sonrisa—. Espero que su embarazo marche bien, señora.

            — Vámonos de aquí, cariño —suplicó Brigitte ocultando su enojo con mucha dificultad.

            Antonio abrió el sobre mientras se aproximaba a la puerta donde esperaba su mujer y vio el nombre de un Santo escrito en su interior.

            — San Francisco de Asís —leyó en voz alta—. ¿Es un monasterio?

            — Ya lo veremos en casa —apremió su esposa—. Me estoy mareando, y este lugar está demasiado recargado.

            — Buena suerte, nos vemos en unos quince días —agregó la bruja—. No se olviden de preparar mi dinero.

 

            Una vez en el coche, y después de un silencio de más de quince minutos desde que salieron de la casa de Fausta, Brigitte habló.

            — Hay que acabar con esto. No le pagues cuando venga, haremos un viaje…

            — Verónica tenía razón… —siseó Antonio—. Esa mujer no dejará de extorsionarnos hasta que esté muerta.

            — Ya lo decías en tu diario —apoyó Brigitte—. Los mendigos eternos somos los vivos; nunca estamos satisfechos.

 

Comentarios: 8
  • #8

    LT (miércoles, 25 septiembre 2013 16:27)

    Upss creo que ya no hubo continuacion =(.... me quede muy picada,, esa bruja es una mala mujer ¡¡¡¡

  • #7

    Jaime (jueves, 14 febrero 2013 21:41)

    Leí la historia una vez más y me quedó la duda de qué hacía el fantasma de Génesis en casa de Emma. Emma comenta a Avelino que el fantasma se escondía de ella pero que no parecía quererse comunicar con ella. Después de ese incidente, Avelino cree haberse llevado el espíritu de Génesis a su casa pero no lo vuelve a sentir hasta lo del episodio en Lourdes. ¿Acaso saldrá Emma en la continuación de este relato?

  • #6

    tony (miércoles, 13 febrero 2013 15:44)

    La anterior sería "La sombra de Verónica" y la próxima será "Amnesia".

    Publicaré la primera parte durante esta semana, como muy tarde el lunes.

  • #5

    lulu69 (miércoles, 13 febrero 2013 15:25)

    Como se ha ido a otra historia, por cierto ¿cual era? me suena que es de hace poco, pero no reuerdo exactamente la que es. Muy buen final, la siguiente seguro que va de Génesis o Isis.

  • #4

    Jaime (lunes, 11 febrero 2013 23:09)

    Buena historia. Espero que la siguiente historia sea sobre Génesis, Antonio Jurado y Verónica.

  • #3

    yenny (lunes, 11 febrero 2013 20:07)

    No se envio el mensaje completo.
    Tony espero que continues con la historia de Alastor aunque se que va a ser un poco larga espero que la termines .

  • #2

    y (lunes, 11 febrero 2013 20:04)

    Espero que la proxima historia se trate sobgre Genesis quiero saber que paso con ella.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 11 febrero 2013 16:21)

    Esto es todo, pero ya sabéis que cuando se trata de Antonio Jurado, el final siempre dura poco.

    Comentar lo que os ha parecido la historia, por favor. Y no os olvidéis de puntuarla.

Animal es el que abandona a su mascota.

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