Los mendigos eternos

3ª parte

 

 

            Han desaparecido dos de los que fueron a buscar al que se perdió. Tomaron el camino hacia la ladera, donde están los barrancos y nadie sabe qué les puede haber pasado. Gracias a Dios David volvió después de tres horas recorriendo la parte derecha del camino del río llamando a voces a Francisco, que así se llama el crío desaparecido de catorce años. Han avisado a la policía y la guardia civil y van a venir a ayudarnos en la búsqueda. Bueno, es un decir porque todos queremos ir pero nos lo han prohibido. Temen que nos pase lo mismo, supongo.

            No importa, tampoco dejan salir a los mayores de modo que David y yo hemos tenido tiempo de leer más escenas... Que por cierto, si no fuera por él sería mucho más duro esto. Las siguientes son terribles, según el monitor está traducido al castellano actual, pues qué suerte porque vaya palabras. Si no llegan a traducirlo... He intentado entenderlo pero es algo así como:

            — Insensato, más vale que desistas porque no sabes el lío en el que te estas metiendo.

            Pero dicho con palabras muy rimbombantes y extrañas. Menuda parrafada, si suelto eso no lo entendería nadie y suponiendo que no me trabe, que ni leyéndolo he podido.

            No quería mencionar lo que más me preocupa, pero no me lo saco de la cabeza... Cuando nos reuníamos en la hoguera nocturna a contar historias de miedo alguien dijo que en esta región de Valencia ha habido muchas desapariciones y hasta ahora nadie sabe el paradero de los desaparecidos. El mes de abril se perdieron tres excursionistas y se cree que hay un animal enorme que se los come. El que contaba la historia era  Roberto, uno de los amigos de David que en sí mismo ya me da bastante miedo porque va vestido con chupa de cuero y cadenas, el típico navajero madrileño con el que no querría cruzarme en una calle desierta. Cuando nos contó eso aun estábamos todos. Es imposible evitar que vuele la imaginación y tememos que nuestros compañeros se hayan topado con lo que quiera que sea lo que mata a la gente, puede que asesinos, o un lugar fatídico donde no se pueda salir. Recuerdo que en mi pueblo, en el monte hay unos agujeros escondidos en la maleza y que dan a unas antiguas minas. Si alguien pasa y cae dentro  nadie sabe más de ellos. Me pregunto si no habrá un lugar así por aquí o realmente nos acecha una banda de asesinos sin escrúpulos... Aunque lo que preferimos pensar todos es que están bien, perdidos en el monte sin saber regresar.

            Pero entonces, ¿por qué nos ha pedido la policía que no salgamos a buscarlos nosotros?

 

 

            Más tarde...

 

 

 

            Nos habían reunido en la pradera para informarnos sobre los resultados de la búsqueda de la guardia civil y vemos aparecer por el camino del río a la pareja desaparecida. Venían cogidos de la mano y se asustaron al vernos rodeados de policías.

            — ¿Qué ha pasado? —preguntó Lucía.

            — ¿Dónde narices os habíais metido? —interrogó Ana, la monitora.

            — ¿Nos estabais buscando? —Se sorprendió su novio, estupefacto—. Pero si ni siquiera es hora de cenar.

            — ¿Dónde estabais?  —insistió la Rotelmeyer con una voz de ogro de película.

            — Salimos a dar un paseo, ¿está prohibido o qué? —respondió el chico, que creo que se llama JR como el de la serie Dallas. Son de los mayores y se creen con derecho a contestar a los monitores por ser casi de la misma edad.

            — Señores —intervino el guardia civil al mando—. Es un alivio para todos que estén sanos y salvos. Les informo que el joven desaparecido aún sigue perdido de modo que les ruego que no abandonen el perímetro de la acampada. Hemos hablado con los encargados de la organización de este campamento para que los autocares vengan pero dado el giro que ha tomado la situación al aparecer ustedes dos, creo que la actividad ecuestre puede continuar. Manténganse alejados del agua y que no emprendan misiones de búsqueda. ¿Lo han entendido?

            No sé si la idea de ese hombre era tranquilizarnos o provocar más misterio a la situación. Seguramente pretenden que nos quedemos sin hacer nada para no fastidiar posibles pistas o no complicar aun más las cosas ya que este terreno no es muy seguro que digamos. De camino al río tenemos que atravesar un bosque y luego pasamos cerca de un barranco de más de cien metros de profundidad. Lo peor es que abajo es una vieja cantera abandonada que ha sido invadida por las zarzas. Si caes y nadie te ve estás jodido. Todos tememos que Francisco esté ahí abajo y los especialistas en rescate de la guardia civil están peinando especialmente esa zona.

 

            Pobrecito, si ha caído ahí, entre las zarzas y los bichos, y no puede moverse... Por favor Dios, que lo localicen rápido.

 

 

 

            Más tarde...

            No puedo creer que sean incapaces de contactar con los padres de Francisco. He escuchado decir a Nuria que el teléfono que apuntó en el formulario no es correcto y son incapaces de contarles lo que ha pasado.

            Hay una cosa que no he comentado en mi diario y es la extrañísima actitud de Abel desde que renunció a ser Calisto en la obra de teatro. Si tenerlo como alma en pena rondándonos sin decir nada no era lo bastante escalofriante, ahora con las desapariciones es el único que no parece preocupado. Una vez incluso preguntó al monitor si estaban seguros de que se había perdido alguien y le dejo todo loco. ¿Cómo se le ocurre preguntar eso? Ese tío da escalofríos, menos mal que ya no le tenemos tan cerca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Ya lo veía venir, Abel ha perdido la cabeza y lo peor es que cree que puede contarme sus locuras porque como no digo nada piensa que le creo... Y me dijo que sabe donde conseguir una prueba de que Francisco no vino con nosotros en el autocar. Que no entiende cómo demonios ha conseguido que todo el mundo crea que le ha visto ya que según él, es un fantasma que quiere que encuentren su cuerpo. Lo malo es que pretende escaparse por la noche y me ha pedido que yo le cubra las espaldas. Si alguien pregunta por él tendré que mentir, aunque seamos realistas, ¿quién va a interesarse por él?

            Mierda, está saliendo de su tienda,  que se va... Maldita sea, no puedo dejarle solo.

 

 

 

 

 

 

            26 de junio de 1989

 

 

 

            Estamos perdidos y no da la vuelta, dice que falta poco para llegar pero no sé a dónde. Debí hacerle caso y regresar, no quiso que le siguiera porque decía que sería muy peligroso pero no creí que tardaríamos tanto en llegar. Hemos tenido que dormir entre unos arbustos para que el viento no nos cortara el aliento con el frío nocturno.

            No sé por qué me traje el diario, estoy harta de cargar con él pero no puedo dejarlo, hay demasiados secretos de mi vida en estas páginas y no quiero que pueda leerlos cualquiera.

            Quizás debería dar la vuelta, este chico no razona, pero luego si me pierdo al volver... No recuerdo por dónde vinimos, debemos estar a más de treinta kilómetros del campamento. Estoy agotada, hambrienta y Abel tampoco está bien. He tenido que ayudarle unos kilómetros porque insistía en continuar y no podía con su alma. Creo que sigue a algo o alguien que sólo puede ver él, pero no me dice qué es. No he debido llamarle tarado tantas veces, ahora ya no me cuenta lo mismo que antes. Veo en su mirada cuánto le duele mi incredulidad.

            Cuando le he preguntado a dónde íbamos me ha respondido:

            — Francisco lleva meses buscando que alguien le ayude.

            — ¿Tanto? —Le pregunté.

            — Eso es lo que él dice —fue su enigmática respuesta.

            — ¿Acaso puedes hablar con él? Lleva todo el día desaparecido.

            Me miró sonriendo y me preguntó.

            — Si eres tan lista, ¿qué aspecto tiene?

            — No lo sé.

            — No lo sabe nadie. Pero no lo pueden admitir porque se les caería el pelo. Cuando los... —me miró asustado por mi posible reacción—, quieren algo, no se cansan de pedirlo y si un día se hartan pueden causar bastante daño a la gente.

           ¿Me estás diciendo que si nadie le encuentra...

            — ¡No quiere que lo encuentren!  No sólo eso —se desesperó—. Desea vengarse del que lo mató.

            Su frenesí me asustó un poco pero tenía demasiada curiosidad como para callarme, sabía que Abel era capaz de no decir una palabra durante horas.

            — ¿Qué estamos buscando? —pregunté aterrada.

            — ¿Qué más da lo que diga? ¿No soy un tarado? Vuelve y déjame solo.

            Eso fue hace unos minutos. Estamos descansando entre dos salientes rocosos, es medio día, tengo hambre y no sé cuánto tardaremos en encontrar lo que sea que estamos buscando... Y ruego a Dios que sea el cuerpo del niño.

            Vaya, tanto tiempo con Abel es malo para mi salud mental, ahora creo sus locuras.

 

 

 

 

Comentarios: 4
  • #4

    Natalia (lunes, 17 diciembre 2012 15:26)

    Estoy ansiosa por leer la siguiente parte, llevo días esperando esta parte, está bastante buena ^_^

  • #3

    Jaime (domingo, 16 diciembre 2012 02:42)

    Me quedé con algunas dudas del relato. Si Francisco no quiere que lo encuentren y quiere vengarse de su asesino, ¿por qué se ha dejado ver por Abel? ¿Acaso ve Abel al fantasma del niño perdido? Y lo más intrigante es ¿cómo ha hecho Francisco para que lo crean perdido si nadie lo conoce y nunca existió? Espero que se revelen estas incógnitas en la siguiente parte.

  • #2

    Lyunasha (sábado, 15 diciembre 2012 08:59)

    La historia cada vez es más interesante. Espero que logren encontrar el cuerpo del niño y descubrir quién lo mató.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 14 diciembre 2012 23:42)

    Gracias por seguir leyendo mis historias. Si quieres comentar algo es el momento y si crees saber cómo debe continuar no te cortes y cuéntaselo a todos.

Animal es el que abandona a su mascota.

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