Los mendigos eternos

6ª parte

 

            La esperanza de ver a David ahí fuera se esfumó cuando vi la mano de un niño a la luz de la Luna llena.

            — ¿Quién eres?

            La cremallera continuó abriéndose hasta que alcanzó lo más alto y el viento entró dejándome helada.

            — Ayuda —me pareció escuchar fuera. La voz era sibilante, de un niño.

            Puede que escribir esto no parezca tan escalofriante pero lo fue, me quise mear de miedo. Que Abel pueda hablar con los muertos es una cosa, que lo crea otra. Pero que yo los vea y los oiga es escalofriante, se me puso la piel de gallina, me castañeteaban los dientes, estaba recibiendo la visita de un fantasma y no tenía ni idea de sus intenciones. ¿Cómo te defiendes de algo a lo que no puedes golpear?

            — Ayúdale —escuché con bastante más claridad.

            Entonces se hizo mucho más visible ante la entrada de la tienda. Era un niño con la ropa desgarrada, la cara descompuesta, mirada triste y tenía su mano levantada hacia mí. Se acercaba lentamente y mi tienda no disponía de apertura atrás.

            — Ayúdale —repitió.

            Se acercó tanto a mí que me tocó con su mano descompuesta y toda la piel de mi cuerpo se heló al instante.

 

 

 

            Cuando me soltó había visto cosas, como en un sueño muy real. Unos tipos vestidos de guardia civiles llegaban al campamento y hablaban con Pablo. Alegaban que Abel debía acompañarlos para responder unas preguntas y nuestro monitor les indicó dónde estaba. Lo metieron en el Land Rover y se lo llevaron.

            Si lo hubiera visto con mis ojos materiales no habría sospechado, pero lo vi todo desde la mente de Francisco. Esos dos eran su asesinos y se estaban llevando a Abel para matarlo.

            Cuando me soltó comprendí que solo yo podía salvarle y Francisco desapareció como una alucinación.

            ¿Pero cómo le ayudaría? Ignoro si esa visión es algo que ya ocurrió o está por ocurrir.

            No puedo aguantar más, tengo que hablar con Abel. Si aún estamos a tiempo haré que lo que sea necesario para que lo saquen de aquí.

 

 

Más tarde...

 

            — Ayer se lo llevaron a interrogarlo —me ha explicado Pablo—. Suponía que lo traerían de vuelta antes de dormir pero deben haber encontrado motivos para retenerlo más tiempo.

            — ¿Les ha llamado? ¿No sabe nada? —pregunté, nerviosa.

            — No hay motivo para alarmarse, está en buenas manos.

            — Tiene que llamar...

            — ¿Por qué? — Me preguntó extrañado.

            Me mordí el labio inferior para contenerme ya que si le contaba la verdad pensaría que estoy tan loca como Abel.

            — ¿Es que no le preocupa lo más mínimo? —traté de razonar.

            — No hay teléfono y el pueblo más cercano se encuentra a cinco kilómetros.

            — Pues coja el coche.

            — Seguramente está bien —recitó como si hablara con una niña.

            — ¿Y si no?

            — Si sabes algo es mejor que lo digas Emma —replicó—. Estoy cansado de vuestras intrigas.

            — He tenido... —iba a decirle un sueño pero no me hubiera creído, me mandaría tranquilizarme y me explicaría que lo que vemos en la vigilia no es real.

            — ¿Qué? —Se impacientó.

            — He visto a Francisco —me sinceré—. Me ha dicho que quienes se han llevado a mi amigo son los mismos que le mataron a él y a su familia.

            — ¿Los guardia civiles? —Se escandalizó Pablo.

            — No estoy segura de que lo sean. Por eso le suplico que averigüe si de verdad le están interrogando.

            Pablo conocía la historia del fantasma, creía en nosotros y pensé que podía confiar en él. Al contarle la verdad él se quedó pálido. Se llevó las manos a la cabeza y empezó a protestar por haber aceptado ese trabajo.

            — Apúntate hombre, es un dinero extra y así entiendes mejor a los chicos... —gruñó imitando a una mujer—. Se me va a quedar el pelo blanco de tantos problemas, ni en doscientos años volveré a ser responsable de otro campamento. ¿No podía tocarme uno aburrido donde el peor percance que ocurra sea una pelea o un tobillo torcido?

            — ¿Qué va a hacer? —Le metí prisa.

            — Vamos al cuartel —respondió, resignado.

 

 

Más tarde...

 

 

            Cuando nos dijeron que nunca habían solicitado la presencia de Abel saltaron todas las alarmas. Pidieron a Pablo que describiera a los agentes que se lo habían llevado y si anotó la matrícula. Qué va a anotar... No necesitaron decirnos que era vital encontrarlo cuanto antes ya que era más que probable que se lo habían llevado unos hombres sin escrúpulos que si eran capaces de usurpar la identidad de dos agentes de la ley podían hacer cualquier cosa. Al ver nuestra palidez nos tranquilizaron diciendo que no tenía por qué ser así, que seguramente habían olvidado registrar su entrada y que nos avisarían cuando dieran con él.

            He pensado que si Francisco consideraba necesario que yo lo supiera para que intentara salvarlo ya hice algo por él. ¿Sería suficiente acudir a la guardia civil para que le rescataran? Quería pensar que sí. Y ahora debo creer que podrán encontrarlo porque yo no puedo hacer nada más.

 

 

            Regresando al campamento David se acercó al coche cuando nos vio llegar.

            — ¿Qué ha pasado? —Preguntó preocupado.

            — Abel ha desparecido —expliqué.

            — Joder, ese imbécil ya no sabe qué hacer para llamar la atención —barbotó fastidiado.

            — No he dicho que se haya marchado —repliqué—, se lo han llevado al cuartelillo pero nos han explicado que allí no está. Dicen que puede que sea un problema de la administración y que se les haya olvidado registrar su entrada.

            David me miró como si estuviera loca.

            — ¿Qué dices? Es imposible entrar en cualquier recinto militar sin que registren tu entrada, mi hermano está en la mili y lleva siempre encima un carnet de soldado que acredita su identidad. Una vez se le olvidó en casa y tuvo que volver a por él después de llegar y suplicar que aceptarán su DNI, cuando regresaba por la mañana de la pernocta. Por llegar tarde le arrestaron tres días sin poder salir. No, Emma, si no lo han registrado es porque nunca estuvo allí.

            — No puede ser, eran guardias civiles. Quizás no son tan estrictos.

            — Anda que no —insistió—. Esos son peores, ¿no ves que si no fuera así cualquiera podría entrar? Sí claro, con la ETA como está, que el mes pasado han matado a  dos policías de Vizcaya. Te aseguro que tu amigo nunca puso sus pies en ese cuartel. No sé quién te diría que se lo llevó la guardia civil.

            — Pablo los vio —repliqué, pálida por lo que significaba todo eso.

            David se encogió de hombros y me miró como a una niña pequeña a la que un mayor sin escrúpulos le descubre un gran misterio de la vida.

            A decir verdad quise pegarle, no tenía ni idea de lo que estaba sugiriendo o bien le importaba muy poco que la vida de Abel estuviera en peligro. Si no eran guardias civiles, debían ser los asesinos de Francisco.

            — No te preocupes, serán unos amigos disfrazados —trató de quitarle importancia, al ver que me quedé pálida.

            — Sí, Supongo... —mentí.

            Pero Francisco no me habría mostrado lo que pasó ni me diría que lo ayudara si no fuera un secuestro...

            — El ensayo de la obra es muy aburrido sin ti —cambió de tema David. Ahora me doy cuenta de que le corté un poco brusca.

            — No puede ser —dije—. Tenemos que encontrarlo.

            — ¿A quién?

            — Perdona, necesito aclararme. ¿Puedes dejarme sola?

            El pobre se quedó abatido y le dejé con la palabra en la boca sin escuchar lo que decía.

            No sé si he sido una estúpida por no aprovechar para estar más tiempo con él pero siento que cada minuto cuenta. Si pudiera ver a Francisco como le veía Abel podría decirme dónde está.

 

 

            Más tarde...

 

            Estoy completamente loca, si antes lo dudaba ahora no hay duda. Después de escribir volví a la casa a hablar con Pablo. No tenía ni idea de qué decirle, me inventaba mentiras sobre la marcha, pero ninguna me servía así que cuando me lo encontré en la esplanada reunido con un buen grupo de acampados y me di cuenta de que lo tenía delante, no sabía qué decirle, me quedé muda y me gritó.

            — Necesito hablar con usted.

            — ¿Que le ocurre ahora?

            Me sentí como una idiota... ¿Qué le podía decir? ¿Que saliera a buscar a Abel? ¿A dónde? Y entonces, mientras me corroían las dudas explotó:

            — Señorita Emma, entiendo que se aburra ahora que su compañero está ausente, pero yo estoy a años luz de aburrirme y no tengo tiempo para compartirlo con usted.

            Será gilipollas, mira no me gusta escribir tacos en mi diario. No puedo evitar pensar que un día lo podría leer mis y trato de contenerme, pero vamos... Se lo ha ganado.

            Lo que más me fastidió fue que no me lo dijo en un despacho, no. Ahí en medio del campamento, todos fueron testigos de su nueva pataleta.

            Creo que por eso me quedé muda, le dije que quería hablar con él y en vez de apartarse a un lado y atenderme, salió con esas. Quisiera decir tacos aun peores, qué vergüenza me hizo pasar el muy asqueroso.

            Pero no puedo quejarme ya que todos los que profesan por él los mismos sentimientos que yo me apoyaron y no son pocos. David se presentó como todo un caballero y me alejó del impronunciable llevándome junto a su grupo. Le seguí, roja como un tomate, y ellos se presentaron con la más abierta de las sonrisas.

            Así conocí oficialmente al grupo, Juan Ramón, Lucía —novios a los que he mencionado antes—, Jorge, Sara y Natalia. Me han aceptado como si me conocieran de toda la vida, las chicas que parecían drogadictas. Ahora Sara tiene los ojos bien así que imagino que se le pusieron rojos en su día por algún tipo de alergia. Jorge se ha ofrecido a llenar de cucarachas la cama de Pablo y, la verdad, tardé varios segundos en responder que no era necesario. Ignoro si sería capaz.

            Lucía me confesó que tras la fuga romántica con Juan Ramón les habían vetado de todas las actividades que se fueran a hacer saliendo del campamento.

            — A cualquier lerdo le pagan por ser monitor—protestó su novio.

            — Lo que no entiendo es por qué tenemos sólo dos —continuó Lucía—. En mi parroquia siempre mandan un monitor por cada cinco niños. Es imposible controlar a treinta entre dos. Entiendo que esté saturado.

            — No le defiendas que no podía haberla cagado peor —protestó Juan Ramón. En cuatro días cree que pierde un niño y resulta que no estaba perdido.

            — No, muerto. Hay que ser gilipollas —intervino Jorge soltando una carcajada.

            David era el que más me interesaba de todos y fue el que menos habló. Pero no dejó de mirarme con una media sonrisa como si estuviera feliz de que fuera parte de su pandilla. No negaré que yo también lo estaba, es que es tan mono...

            — Puedo hablar contigo —me susurró al oído mientras los demás seguían poniendo a caer de un burro al monitor.

            — Claro —respondí.

            Nos alejamos de ellos discretamente y me invitó a entrar en su tienda de campaña, una de las más grandes del campamento, el doble que la mía, donde quepo yo y mi mochila. Hacía calor allí dentro pero cabíamos sentados uno frente a otro con las rodillas pegadas y podía ser por lo excitada que estaba por tenerlo tan cerca.

            — ¿Sabes como se hicieron novios Lucía y Juanrra? —Me preguntó con esa media sonrisa que tiene, que me vuelve loca.

            — Cómo —pregunté.

            — Lucía es de una parroquia, ya sabes, celibato hasta el matrimonio. Juanrra lleva detrás de ella dos años, se han vuelto inseparables pero jamás se han atrevido a decir lo que sienten. Se fueron de paseo hablando de todo un poco y de repente se quedaron callados. No se dijeron una palabra en horas. ¿Sabes porqué?

            Me encogí de hombros, hechizada con el aterciopelado susurro de su voz.

            — Él la cogió de la mano —explicó, soltando una sonrisa pícara al tiempo que cogía la mía.

            — ¿En serio? —logré decir, con el corazón latiéndome con la fortaleza de un potro salvaje.

            — ¿Y sabes lo más extraño? —añadió jugando con sus dedos entre los míos.

            — Qué.

            — Aun no se han dicho lo que sienten.

            — Anda ya —repliqué.

            — Ni se han besado —añadió mirándome fijamente a los ojos y entrelazando los dedos de su mano con los míos.

            Se inclinó hacia delante y con la otra me atrajo, cogiéndome la nuca, dándome un beso que me pilló por sorpresa. Sentí sus ásperos labios y su barba incipiente me hizo cosquillas en la barbilla. Como no lo esperaba le mordí sin querer y le hice un corte en el labio inferior.

            — Perdona —me disculpé.

            Nos reímos a la vez mientras se tocaba la herida y se miraba la gotita de sangre que le salió.

            — Sabía que eras un peligro en cuanto te vi —bromeó.

            Me quedé muda porque no tenía ni idea de lo que hacíamos. ¿Qué significaba ese beso? ¿Estábamos saliendo? ¿Debía suponer que sí y no hablar de ello como sus dos amigos? No me atreví a decir nada porque me aterraba que fuera un simple tonteo sin significado alguno.

            — Tengo una sorpresa para ti —cortó el silencio, sonriendo.

            — ¿Más?

            — Adivina.

            Quería gritar y hasta tirarle de los pelos para que hablara de una vez, pero se limitó a sonreír sin abrir la boca.

            — No tienes idea de las ganas que tengo de hacerlo contigo —añadió.

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    naruto7 (viernes, 11 enero 2013 07:01)

    el conmentario anterior yo no lo puse alguien mas ocupo mi nobre, ahora cuando comente le voy a poner de nombre Daniel,
    sobre la historia cuenta algo que nunca me imagine pero esta bien que tenga cosas inesperadas para que pensemos como puede seguir.

  • #6

    naruto7 (miércoles, 09 enero 2013 22:05)

    La verdad que me ha decepcionado, la parte anterior me atrapó mucho mas, pero ésto es un total desencanto

  • #5

    carla (miércoles, 09 enero 2013 04:36)

    seria gracioso si paa lo que dijo Lyubasha xD

  • #4

    Garroso barroso (miércoles, 09 enero 2013 01:35)

    Todavía no entiendo la razón del título de la historia. ¿Quiénes son los mendigos eternos? ¿Acaso se refiere a Avelino y Francisco, quienes quedan varados en ese lugar porque nadie los quiso ayudar?

  • #3

    yenny (martes, 08 enero 2013 16:19)

    Tienen razón pobre Avelino si su salvadora va a ser Emma va a esperar mucho para ser rescatado.

  • #2

    Lyubasha (martes, 08 enero 2013 12:10)

    Jajajaja algo me dice que cuando Emma esté a punto de acostarse con David, va a aparecer Francisco para decirle "eh, que Avelino está en problemas".
    Está muy interesante, a ver qué pasa en el próximo capítulo.

  • #1

    Jaime (martes, 08 enero 2013 00:04)

    El pobre Avelino ha sido secuestrado mientras que Emma se estás liando con David... A este ritmo de la historia, Avelino será el nuevo compañero de andanzas de Francisco y los asesinos seguirán impunes.

Animal es el que abandona a su mascota.

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