Los mendigos eternos

8ª parte

 

 

 

 

30 de junio de 1989

 

 

 

 

 

 

            No voy a entrar en detalles sobre cómo he llegado al coche robado de nuestro simpático monitor, donde viajamos David y yo al norte, dirección Huesca. No por falta de tiempo, que tenemos para tres horas más de viaje, es porque me marea escribir en el coche así que resumiré nuestra hazaña. Convencí a David de que me llevara usando mis armas de mujer (cuando me dijo que no me puse a llorar y susurré que creía que podía contar con él para cualquier cosa). Le costó un par de minutos cambiar de actitud. Y entre lamentos incluí "sólo me quieres para aprovecharte de mí".

            — Pero si no tengo licencia de conducir, ¿cómo voy a robar un coche?

            — ¿Te preocupa que te pillen sin carnet, conduciendo uno robado?

            — Se nos va a caer el pelo —decidió—. Ni lo sueñes.

            — No puedo contar con nadie más —supliqué.

            — Dime una sola razón —replicó.

            — Están a punto de matar a Abel. Tenemos que salvarlo.

            David me miró furioso comprendiendo que no había modo de que dejara de insistir y finalmente aceptó ayudarme.

 

 

 

            El coche fue lo más sencillo, eran las cinco de la mañana, todos estaban dormidos y Pablo había dejado las llaves puestas. Menos mal que se nos ocurrió mirar, por si acaso, ya que pretendíamos entrar a robárselas de su chaqueta. Bueno, más bien convencí a David de que lo hiciera él. Por suerte no tuvimos que hacerlo ninguno de los dos.

            Creímos que nos habíamos perdido antes de llegar a la carretera nacional de Valencia. De ahí cogimos hacia Madrid. Luego hemos tomado la dirección de Barcelona y vamos por el kilómetro ciento setenta, más o menos.

            Tengo un mal presentimiento, me pregunto por qué hago esto conociendo el riesgo.

            Si volvemos con las manos vacías no hay duda de que se nos caerá el pelo por robar el único medio de transporte de los chicos del campamento.

            No quiero ni pensar en la bronca que nos va a caer. Más vale que Francisco me sepa guiar a buen puerto.

 

 

 

 

_________________________________

 

 

 

            No había nada más, el diario terminaba ahí y las demás páginas estaban en blanco. Brigitte chasqueó la lengua y lo examinó por todos lados esperando ver una anotación marginal de su marido. Tenía un agujero en la parte del margen inferior y por atrás una mancha negra, áspera al contacto.

            Su marido nunca hablaba de los tiempos en los que aun se llamaba Abel. Durante sus veinte años aproximadamente tuvo un incidente muy serio con la policía y se vio obligado a cambiar de identidad, tanto su aspecto físico como su nombre y apellidos. Como Antonio Jurado se había metido en muchos más lios y usaban un nombre falso los dos, pero ella le conoció haciéndose llamar Antonio y así le llamaría toda su vida. No le importaba si en su DNI había un nombre alemán.

            Lo más curioso de su marido era que tenía una facilidad inmensa de dejar atrás el pasado. Si le pregunta, no recordaba o alegaba que era una historia aburrida sin interés y, conociendo un poco mejor a Avelino Policarpo en ese diario, se dio cuenta de que en el fondo no había cambiado demasiado. Lo que significaba que no podía fiarse, quizás no quería contárselo sin más. Por lo que sabía de él, nunca había tenido una vida aburrida.

            Había encontrado ese librillo en el interior de un viejo petate militar con dibujos realizados a bolígrafo. Eran personajes manga, seguramente de Dragon Ball, serie de la que no solo era adicto sino casi fanático.

            Antonio ni siquiera le contó que hizo la mili en Ceuta, como decía en el petate. Lo tenía cerrado con un grueso candado y llevaba la llave siempre encima. Le había preguntado durante la mudanza qué guardaba ahí dentro y él se encogió de hombros respondiendo que eran recuerdos de la infancia.

            No le dio más importancia al asunto hasta que, ordenando cajas y tirando a la basura lo innecesario, él se puso furioso cuando quiso tirar el mugriento saco militar. Nunca le levantaba la voz y en esa ocasión se puso como un basilisco.

            — No tienes ni idea de lo que tengo guardado ahí dentro —zanjó, arrancándoselo de las manos.

            ¿Ah no? Ese día empezó a maquinar cómo acceder a su interior. No fue tan difícil, solía dejar sus llaves en un colgador junto a la puerta y confiaba totalmente en ella así que un día, mientras estaba en el baño cogió la llave del candado y se hizo una copia para poder abrirlo cuando quisiera. Así encontró ese libro y varias decenas de cuadernos y agendas llenos de anotaciones hasta en las tapas.

            Encontró diarios muy viejos, todos de Avelino. Los había ojeado y no quiso leerlos a fondo por respeto, pero supo que contaba sus experiencias entre los 19 y los 30 años aproximadamente. Ella le conoció cuando él tenia 28. Pero teniendo en cuenta que en ese campamento quedó patente su habilidad para ver fantasmas quizás no eran tan aburridos después de todo.

            — Seguro que él escribió su propio diario de 1989 —se dijo.

 

            Pero los cuadernos estaban fechados en su portada y eran de distintos años, entre 1990 y 2008. Lo más antiguo era el diario de Emma.

            Corroíada por la curiosidad de saber qué ocurrió en aquel secuestro, supo que no le quedaba más remedio que preguntarle a él.

            Suspiró al recordar las cosas que había leído en ese manuscrito. Emma le llamaba tarado, no hablaba muy bien de él. Pero aun así fue a rescatarlo con su novio de modo que él le tuvo que quitar el diario a Emma... A no ser que la chica muriera en el intento y pudiera quedárselo para no olvidarla. Al fin y al cabo le salvó la vida.

            — No puedo esperar, tengo que preguntarle —exclamó.

            Subió lentamente a la buhardilla.

            Con el embarazo era una odisea subir y bajar escaleras, el más mínimo esfuerzo le daba nauseas y no quería vomitar la comida en medio del pasillo. Respiró hondo al llegar a la segunda planta y encaró el tramo final hasta la buhardilla, donde Antonio llevaba media hora corriendo en la cinta estática.

            Ya bajará —se dijo, notando que su corazón latía tan fuerte como si acabara de hacer una maratón. Se fue a la habitación de matrimonio y se sentó en la cama.

            — Espero que cuando nazcas se me pase todo esto —regañó a su hijo, poniendo la mano sobre su vientre. Estaba se cinco meses.

            Cuando se recuperó del cansancio se dejó caer de espaldas en la cama y pensó que era mejor hacerse la tonta y tratar de provocar en él la oportunidad de contárselo todo.

 

            Después de ducharse, Antonio se dejó caer en la cama junto a ella. Aprovechó que le tenía cariñoso y cansado para sacar el tema.

            — He tenido una pesadilla —mintió, era por una buena causa—, me habían secuestrado y me daban una paliza mientras me interrogaban.

            — Ya pasó —replicó él cariñosamente.

            — Claro como a ti no te han secuestrado nunca...

            — Si yo te contara...

            — En mi sueño esos tipos habían matado a un niño y encontré su cuerpo... Parecía real.

            Antonio levantó la cabeza y se la quedó mirando sorprendido.

            — Lo has leído —adivinó. Ella se mordió el labio inferior, ¿se lo había puesto tan fácil?

            — ¿El qué?

            — El diario de Emma —aclaró.

            — ¿Cómo?

            — No te hagas la tonta, has abierto el petate y has encontrado su diario.

            — ¿Y por qué no me lo habías contado? —Recriminó ella.

            — Es el colmo, te lo dije, tenía cosas muy importantes para mí y tú te empeñabas en tirarlo todo. Si no te importaba, ¿por qué tuviste que fisgonear?

            — No tenía interés hasta que te pusiste furioso —se defendió Brigitte.

            Antonio se quedó mirando a su mujer con resignación.

            — Y bien, ¿qué ocurrió? —Ella volvió al tono cariñoso.

            — No me acuerdo, fue hace más de veinte años. Sabes perfectamente que olvido las cosas que ocurrieron hace unos minutos.

            — Que te secuestren no es algo que se olvide fácilmente. Vamos, cuéntamelo.

            — Fue una época muy dolorosa. —su voz se quebró.

            — ¿Ella murió?

            — Fueron muchas cosas, ya no recuerdo nada concreto. La mataron por ir a buscarme y quedó tendida en mis brazos. Aun vivía cuando me miró a los ojos y dijo...

            Antonio se mostraba triste a medida que recordaba.

            — ¿Qué te dijo? —interrogó Brigitte, impaciente.

            — No deberías hurgar en las cosas de tu novio.

            Antonio soltó una carcajada al ver la cara de sorpresa de su mujer.

            — ¿De qué te ríes? — Brigitte comprendió que le había tomado el pelo y le golpeó en un brazo—. Eres un idiota, ¿lo sabes?

             Y tú una cotilla —replicó él.

            Se quedaron tumbados en la cama mirando al techo, cada uno enfrascado en sus pensamientos y después de unos minutos Brigitte insistió.

            — Cuéntamelo —suplicó melosa.

            — No recuerdo lo que pasó —Antonio se encogió de hombros.

            — No me lo creo.

            — Vale, como me conozco y sé que se me olvidan las cosas, lo escribí todo.

            — No, tus diarios empiezan en 1990.

            — ¿Quién dijo que fue antes? No quería olvidar lo ocurrido, ese verano cambié por completo, maduré diez años de golpe.

            — Imposible, entonces como mínimo deberías alcanzar los veinte y en la actualidad no pasas de los doce.

            — Qué graciosa —se quejó.

            — ¿Puedo leerlo?

            Antonio le dedicó una mirada de incredulidad.

            — No me gusta la idea... Era muy inmaduro y escribía muchas tonterías.

            — ¿Y que opinas de la perspectiva de no tocarme durante un mes? —Amenazó ella, melosa.

            Antonio la miró muy serio y cedió a regañadientes.

            — No recuerdo la fecha. ¿Quieres que te lo busque?

 

_________________________________

 

 

 

30 de junio de 1991

 

 

 

            Hoy se cumplen dos años desde que ocurrió. Estoy cansado de escribir cosas que no interesan a nadie cuando se me está olvidando ese verano que me marco a fuego para siempre. No quería que nadie pudiera enterarse pero a estas alturas ya nunca me preguntan por el tema.

            Pero todo empezó unos meses antes de aquel campamento. Estaba solo en mi casa, estudiando un examen cuando vi que el reloj marcaba las seis en punto de la tarde, un hecho que para nada habría sido importante si no fuera porque estaba seguro de que ese día iba a morir.

            Desde que tengo uso de razón he sido objeto de burlas de mis compañeros de clase y cuando estaba en mi casa, lo normal era que llegara del instituto y estuviera completamente solo, sin nadie a quien contar nada.

            Así comencé a interesarme por temas sobrenaturales, compré varios libros de magia en unas librerías del centro de Madrid, por la zona de Callao. Mi existencia era tan solitaria y vacía que recuerdo el día que los compré como algo excitante, igual que si hubiera atracando un banco. Eran libros prohibidos por la iglesia, uno de Eliphas Levi, "Los misterios de la kábala" y otro más oscuro de Aleister Crowley, "El libro de la ley" que trataba a fondo la magia negra. Llegué a practicar brujería y el único propósito que me motivaba era ponerme en contacto con entes del más allá... Leí los pentagramas de la luz, del que consideraba un gran mago blanco, Eliphas levi, y trataba de comprender ese lenguaje divino, que no era otra cosa que hebreo antiguo. Supongo que no me gustaba la gente del mundo real. De Crowlie leí su libro y me pareció peligroso que cayera en malas manos.

            Quise tirarlo. ¿Qué pensaría mi madre si lo abría y encontraba símbolos satánicos?

            Entonces en otro libro que no recuerdo vi una pócima que servía para abrir mi ojo espiritual. Advertía que se trataba de un veneno y si sobrevivías recibías el conocimiento divino, como el rey Salomon. Si no eras considerado digno, morías. Advertía que muy pocos se atrevían a intentarlo ya que era un producto que se emplea hace siglos para matar caballos. Durante siglos la logia blanca empleaba esa pócima para deshacerse de los aprendices que no fueran puros de alma y corazón.

            Mi vida no valía nada cuando vi esa pócima pero aun tenía esperanzas de ser feliz en el momento de encontrarla. Así que decidí que el 6 de mayo de 1989 a las seis de la tarde probaría el veneno si es que no encontraba una razón para seguir viviendo como alguien normal.

            Y ese era el día que se cumplía el plazo y no la encontré. Con miedo, mezclé los ingredientes y pronuncié el conjuro, una especie de oración a Dios en latín que entendía vagamente, en la que pedía iluminación y vida eterna si me consideraba digno.

            Cuando lo completé bebí el mejunje y noté que me ardía la garganta, el esófago y una vez en el estómago sufrí un mareo y mientras perdía el sentido recuerdo que me invadió una sensación de paz.

            Cuando desperté por el ruido de mi madre entrando en casa, regresando del trabajo, me sentí extraño. Notaba que mi cuerpo estaba más caliente de lo normal y me embargaba una calidez extraña, como de poder.

 

            No había muerto, que va, todo lo contrario, sentía que acababa de nacer.

 

 

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    carla (domingo, 27 enero 2013 01:56)

    oook..... CONTINUACIIOOOOOON!!!!!!!!! \o/

  • #6

    Lyubasha (jueves, 24 enero 2013 14:52)

    Yo tampoco me esperaba que el diario estuviera en casa de Antonio Jurado.

    A ver qué pasa en el final de la historia.

  • #5

    Daniel (lunes, 21 enero 2013 19:31)

    Te quedo bien la parte de la entrega pero pense que todo loque pasaba era relatado por emma en un futuro cuando leia su diario, ea buena la histori espero la siguente parte

  • #4

    Bellabel (lunes, 21 enero 2013 18:13)

    :)

  • #3

    lulu69 (lunes, 21 enero 2013 12:09)

    Ya decía yo que el nombre me sonaba, como no nuestro incombustible Antonio Jurado. Ya lo estaba echando de menos, espero ansiosa la continuación. Saludos

  • #2

    Jaime (lunes, 21 enero 2013 03:13)

    El relato va progresando bastante bien. Espero que se revele el desenlace del rescate de Avelino en la próxima entrega. Tenía la sospecha que la historia de Emma no iba a terminar bien, y veo que así fue.

    Tenía entendido, por relatos anteriores, que la primera experiencia sobrenatural de Avelino fue cuando conoció a la vampiresa, pero veo que este personaje tiene todo un bagaje oculto detrás de él...

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 21 enero 2013 01:10)

    Gracias a todos por vuestras aportaciones, tengo en cuenta todos vuestros comentarios aunque la historia no continúe como decís. Cada una de vuestras aportaciones, incluso las negativas, me han servido para tratar de continuar a gusto de todos.
    Seguir así, que sin vosotros esta página moriría sin remedio.

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