Los mendigos eternos

9ª parte

 

 

 

            Los efectos no se hicieron esperar, comencé a sentir la cercanía de personas donde no había nadie, voces en mi cabeza como si fuera un esquizofrénico, o espectadores de mi patética vida y quisieran que actuara en determinados momentos como ellos pensaban. Me di cuenta cuando mi madre recogía la mesa y una voz femenina me instaba a ayudarla.

            Después un niño comenzó a pedirme ayuda. Le pregunté qué quería de mí pero cuando trataba de hablarle dejaba de sentirlo, creía que serían imaginaciones mías, una especie de juego mental que dio comienzo cuando pensé que iba a morir.

            Un día anunciaron el campamento de verano en el instituto, algo a lo que jamás me apuntaría por iniciativa propia.

            Pero ocurrió una cosa que me hizo cambiar de idea: Soñé la muerte del niño y supe que si no iba a ese campamento nunca le encontrarían. No lo hice por él, soy bueno pero no tanto. No fui para ayudarle, sólo quería confirmar que no me estaba volviendo loco. Al fin me demostraría a mí mismo si realmente podía comunicarme con los muertos.

            Fui con miedo, ya que me cuesta hacer amistades, pero al ser todos desconocidos entre si, supuse que sería fácil congeniar con alguien. Tuve la gran fortuna de sentarme junto a la chica más guapa del autobús. Al principio me ignoró ya que no se quitó los cascos casi todo el viaje. Aún así me aferré a ella y aunque era obvio que no le agradaba me cogió confianza y me asignó un adjetivo. Me llamaba tarado y sonaba muy bien en su boca. ¿Quién podía decirme algo así sin tener confianza conmigo?

            Creo que me enamoré de ella, incluso llegamos a besarnos en las practicas de resucitación RCP. Hasta me hizo aguadillas en los ejercicios de rescate en el lago. Aunque ella lo negaba categóricamente, supe que sentía algo por mí. Bueno eso pensé.

            Quise declararme el segundo día, pero alguien me adelantó, el típico guaperas chulito que se cree que las chicas se pelean por él. No entiendo qué vio en él, aunque es obvio. Tenía muy bien ensayada la sonrisa de falso pero simpático. Y con sus amigos mostraba sus verdaderos colores. Una vez le sorprendí hablando con sus colegas y fanfarroneaba de haberse tirado a una de las chicas que siempre iba con ellos, Natalia.

            Yo sólo tenía ojos para Emma que me veía como Michael J. Fox de "Teen wolf" que competía con el chulo de turno por el amor de su vida, la que sería la madre de mis hijos -es tremendo lo que llegamos a pensar-. Pero la realidad no tiene nada que ver con el cine, me habría sermoneado mi padre o yo en la actualidad.

            Teníamos una amistad muy bonita, me tocó hacer la obra de teatro con ella pero como vi su cara de decepción le pedí a ese presuntuoso que cogiera mi papel. Así le conocería mejor y se daría cuenta de que sólo buscaría acostarse con ella. Luego lloraría sobre mis hombros y la tendría en el bote.

            Pero el niño fantasma me hizo una nueva visita y esta vez me habló. Quería que encontrara su cuerpo y matara a sus asesinos. Me dijo que siguiera el camino del río, que él me guiaría.

            No podría encontrarlo yo solo de modo que me las ingenié para que la guardia civil fuera en su busca. Modifiqué las listas de acampados y no tardaron en darlo por desaparecido.

            Pero la guardia civil no sabía dónde buscar y la noche siguiente decidí salir yo mismo a su encuentro.

            Emma me vio escapar a hurtadillas de mi tienda y se vino conmigo. Fue el acto más generoso que nadie ha hecho por mí, y eso que no me creía cuando le decía que veía muertos.

 

 

 

            El paseo resultó mucho más agotador de lo que suponía, el niño me indicaba la dirección a seguir cuando miraba hacia un lado, dicho de otro modo, "sentía" que era el camino correcto.

            Debería aclarar que nunca he visto fantasmas con mis ojos físicos. No los veo caminar por ahí ni me piden favores como mendigos. Desde que bebí el veneno se me abrió la mente a un plano en el que puedo ver lo que hay cerrando los ojos o intentando visualizar qué es lo que se esconde al otro lado.

            Quería ver a los muertos porque no entendía a los que aún vivían y después de la pócima no podía ver más que a los vivos y sus preocupaciones existenciales. Todo han sido sensaciones e imaginaciones mías. El nombre del niño me salió por pura intuición cuando lo escribía en la lista de acampados y fue una sorpresa que acertara.

            Me siento un poco mal por que a Emma le dije que veía fantasmas y que había hablado con ellos igual que con personas vivas. En realidad quise decir que hay vivos que parecen fantasmas pero creí que le llamaría más la atención si afirmaba ver lo que nadie veía. Era difícil captar su interés en el autobús ya que se ponía los cascos y ni me miraba así que amplifiqué un poco mis habilidades y a cambio me gané el sobrenombre de tarado. Al principio creí que era un buen mote, es mejor eso a que no sepan que existes, pero cuando me llamaron así los demás ya no me hizo tanta gracia. Emma se dio cuenta de que me molestaba y paulatinamente comenzó a llamarme por mi nombre.

            En el camino hasta el cuerpo del niño se dio cuenta de mis sentimientos y me confesó que no tenía interés alguno por mí. Comprendí que sólo podía aspirar a ser su amigo. Ese conocimiento supuso un duro golpe a mi creciente autoestima pero también me quitó el nudo de la garganta y me abrí más a ella ya que no tenía nada que perder.

            Cuando nos encontraron seguí con la farsa de que habíamos encontrado el cuerpo gracias al fantasma ya que si hubiera dicho que simplemente "sentía" las indicaciones que me daba y no podía explicar cómo, no me habría tomado en serio.

            Lo malo fue al regresar al campamento, que nos interrogaron sobre quien puso el nombre del niño muerto en todas las listas. No quise que Emma sufriera el posible castigo así que confesé inmediatamente. Lo que más me sorprendió fue que nadie se cuestionó la autenticidad del nombre... Ni siquiera me acuerdo cómo le llamé.

            Es más, yo seguía sus indicaciones como si me lo estuviera inventando y cuando encontré el cadáver me sorprendí. Para mí ya había tenido sentido el campamento, tenía lo que fui a buscar, la prueba de que sentía cosas reales.

            Bueno, mis habilidades convencieron a unos pocos. Pero la mayoría de los chicos del campamento estaban convencidos de que tuve algo que ver con la muerte del crío. Ojala me hubieran culpado... Por desgracia la prensa se enteró de todo y demasiada gente supo lo que había hecho. Dos individuos uniformados como guardias civiles me fueron a buscar y me llevaron en coche más de cinco horas de distancia. Les pregunté a qué cuartel estábamos yendo y respondieron: "A las puertas de infierno, chico. Pero antes vas a tener que darnos muchas respuestas."

            Nunca he temido a la muerte, la tenía idealizada, era como el punto y final a mi historia aburrida que a nadie le interesaba... Pero enterarme así de que no moriría sin más, sino que pensaban interrogarme y torturarme, acabó con esa idea romántica de la muerte en un santiamén. El miedo se manifestó de inmediato y no fui capaz de decirles a mis captores que les había empapado el asiento de atrás del Land Rover. Cuando lo descubrieron al llegar a nuestro destino me dieron tal puñetazo que casi me rompen el pómulo.

            Habíamos llegado a un pueblo en los Pirineos. Estuve atento a los carteles de la carretera, por si podía escapar, el pueblo se llamaba Hoz de Jaca, jamás lo olvidaré.

            Entramos en un garaje que apestaba a humedad, con varias hileras de cubas de vino. La pared era de piedra, una construcción antigua, de esas que aguantan dos mil años en pie. Aunque hubiera gritado con todas mis fuerzas nadie habría venido en mi ayuda.

            - Dinos cómo encontraste el cuerpo del niño muerto -inquirió el más viejo de los dos.

            - Fue casualidad, nos habíamos perdido y...

            - ¡Me tomas por imbécil! -Me abofeteo tan fuerte que me dejó la mejilla derecha insensible-. Los periódicos dicen que tienes dotes de médium, que cuando te fuiste sabías exactamente donde buscar.

            - No es del todo cierto, el espíritu del niño me guió.-repliqué angustiado.

            - No nos vaciles -advirtió el joven-. Los fantasmas no existen.

            Me recordó a algún actor famoso, tenía pinta de simpático pero era el peor de los dos.

            - Os juro que fue así -respondí llorando.

            - ¿Quién iba contigo? - Insistió el más viejo, que aun estaba tranquilo.

            - Una amiga -respondí.

            - ¿Tiene nombre?

            Contesté a su pregunta con una evasiva.

            - No sabe nada, lo juro.

            - Te dije que no íbamos a sacarle ninguna información -intervino el joven-.  Deberíamos soltarle.

            ¿Soltarme? Por un momento me dieron esperanzas.

            - Aquí mando yo -replicó el otro con voz autoritaria.

            La desesperación me venció y comencé a llorar sin control. Quería mostrarme fuerte pero era incapaz de contener las lágrimas.

            - Por favor, no me maten, no les he hecho nada -supliqué.

            - Sácale el nombre de su amiga, me voy al bar -añadió el más mayor. Al principio pensé que eran padre e hijo pero no lo eran-. Tengo que saber si nos han visto traerle.

            - Me voy a divertir -se arremangó el aludido, mirándome con cara de sádico.

            Sólo me preguntó una cosa y no escuchó mi respuesta.

            - ¿Quién era tu amiga?

            - Ella no sabe...

            El golpe me rompió el tabique nasal y estuve a punto de perder el sentido.

            - Mi jefe no se anda por las ramas -explicó-, quiere una respuesta y eso es lo que le vas a dar. Cuando esté claro ese punto házmelo saber y dejaré de pegarte.

            - No me importa lo que me hagas -susurré sin apenas voz-. Ya sé que me vais a matar, no pienso decir nada.

            - ¿Qué? Somos guardias civiles idiota, de la Brigada secreta y sabemos que eres el único que conoce a los asesinos del niño que encontraste. Si no hablas puede que sí acabes muerto de la paliza que te daremos.

            - ¿No sois los asesinos?

            - Si lo fuéramos ¿porqué ibas a seguir con vida? Tenemos los nombres de los responsables de su muerte pero necesitamos un testigo. Si hablas estarás en tu casa en menos de veinticuatro horas. Te ofrecemos inmunidad y protección así que lo mejor que puedes hacer es contar todo lo que sabes.

            ¿Y si decía la verdad? Tenía sentido, si fueran los asesinos ¿por qué me iban a mantener con vida?

            - Si conocen los nombres ¿porqué me necesitan a mí? -Pregunté.

            - Por que tú podrías suponer la diferencia de que los metan entre rejas o salgan de libres. ¿Quién iba contigo cuando lo encontraste?

            -¿Por qué os interesa ella?

            - Seguro que le contaste todo, hay mucho tiempo para hablar durante los dos días que estuvisteis solos.

            Resultó que estaba equivocado con ellos. Saber que no eran los asesinos me tranquilizó un poco pero yo no tenía las respuestas que ellos buscaban y me guardé el nombre de Emma porque sabía que tampoco me habrían soltado. Estábamos en un callejón sin salida, yo les ocultaba algo y creían que era crucial para encontrar a los asesinos.

            Y no me lo pusieron fácil, utilizaron un barreño y me sumergieron la cabeza hasta casi la asfixia, usaban almohadas para golpearme la cara sin dejar marcas, descargas eléctricas, incluso amenazaron con violarme con una porra eléctrica. No cedí y ellos se quedaban sin ideas. Fue crucial para mí y mi capacidad de aguante enterarme de que no eran los asesinos. Entonces, a los dos días de encierro, se hartaron y dijeron que acabarían con "esto".

            Me sacaron del garaje con las manos atadas y casi ni me sostenía en pie. Nunca supe a dónde me llevaban porque según salíamos alguien golpeó en la cabeza al guardia civil más joven y el veterano, por acto reflejo, sacó su pistola y abatió al agresor.

            Me quedé blanco cuando reconocí a Emma.

            El agente que la disparó se acercó a ella con decisión con intención de rematarle, la apuntó a la cabeza y volvió a disparar. Si no le hubiera empujado lo habría conseguido, pero debido a mi empellón falló. Al perder el equilibrio y caérsele la pistola tuve tiempo de coger el palo de Emma y rompérselo en la cabeza. Pero entre que era un tipo muy duro y que yo estaba sin fuerzas, ni siquiera perdió el sentido. Me quitó el palo con odio y Emma cogió la pistola del suelo y le disparó a quemarropa al centro de su pecho.

            - Hijos de puta, esto lo pagaréis en el infierno...

            Cerró los ojos y cayó muerto junto a su compañero más joven, que no sabíamos que falleció en el acto con el palazo de Emma.

            - ¿Estás bien? -Me preguntó ella, jadeante.

            ¿La habían disparado y me preguntaba a mí? Yo estaba hecho un cromo, sí, pero ella sangraba de la tripa y aun así se preocupaba por mí. A juzgar por su sonrisa era feliz de haber llegado a tiempo para salvarme... Pero, ¿me había seguido? ¿Por qué estaba sola? ¿Cómo llegó tan lejos? Tenía muchas preguntas que hacerle pero sólo podía mirar la herida de su estómago.

            - Hay que buscar una ambulancia -le dije, preocupado.

            - Ya viene de camino con la policía local -explicó con tranquilidad.

            Me dejé caer a su lado mientras iban saliendo unos pocos vecinos del pueblo y con suma cautela se acercaron a nosotros.

            - Lo conseguimos Abel... -dijo Emma, mientras su mirada se desenfocaba, sonriendo.

            Me abracé a ella y comencé a llorar preguntándome por que no podía haber muerto yo en su lugar.

            Entre su blusa noté un bulto y vi que la bala había impactado en un librito que no llegó a atravesar del todo. La frenó lo suficiente para causarle a Emma una herida superficial por encima de la cadera. El proyectil estaba aplastado en el agujero del diario y lo que la hirió fue las esquineras metálicas del mismo. Busqué su pulso en el cuello, como nos enseñaron en el campamento y suspiré aliviado al constatar que tenía palpitaciones fuertes y seguía respirando.

            - No te tomes tantas confianzas -me regañó Emma con los ojos cerrados.

            - ¿Cómo me has encontrado? -pregunté, impaciente.

            - Resulta que me has contagiado tus poderes. El fantasma de tu amigo muerto -me dijo su nombre pero no lo recuerdo- me estado haciendo visitas nocturnas.

            - ¿Le has visto? -No pude creerla.

            - Es un pelmazo, si es así muerto no me lo quiero imaginar con vida. Yo también le hubiera matado.

            - No hay duda, era él -deduje sonriendo.

            - Al menos ya puede descansar en paz, hemos cogido a los asesinos.

            Volví la cabeza hacia ella y la miré con miedo.

            - ¿Qué? -preguntó.

            - No eran ellos, no son sus verdugos.

            Escuché su carcajada de incredulidad.

            - Él me lo dijo, claro que son.

            - Que no, son dos policías con el sentido de justicia un poco pasado de rosca -la desengañé-, no sé si pretendían matarme, supongo que sí, pero están buscando testigos para pillar a los asesinos. Por su empeño por encontrar pruebas a cualquier precio diría que no soy su única víctima.

            - ¿He matado a un poli? -Emma se quedó pálida... Aun ignoraba que mató a ambos.

            - Fue defensa propia -la tranquilicé-. Era peligroso, se lo tenía merecido.

            Pero Emma entró en estado de shock. Me quedé con la duda si realmente eran los asesinos del niño, que habían tratado de engañarme con la patraña de ser de la Brigada secreta. ¿Y si eran ambas cosas? Creo que nunca lo sabré.

            Se me pasó por la cabeza contarle la verdad pero no quise insistir en el grado de detalle con el que veía al fantasma ya que sería como admitir que la había mentido desde el primer día.

            Pero no parecía en condiciones de razonar.

           

 

 

 

Comentarios: 3
  • #3

    yenny (martes, 29 enero 2013 23:18)

    Buena parte quiero saber como continuara, y ¿que paso con David se supone que estaba con Emma y no se le menciona?

  • #2

    Jaime (domingo, 27 enero 2013 20:33)

    Me ha gustado mucho esta parte de la historia. Parece ser que todos los cabos sueltos se están revelando. Sigo intrigado en cómo ha sido capaz Emma de ver a Francisco, aunque supongo que ésta es una de las incógnitas que van a quedar al aire.

    Con respecto a los secuestradores, pienso que sí eran éstos los verdaderos culpables de la muerte de Francisco. Ningún investigador en sus cabales, aunque perteneciese a la Brigada Secreta, torturaría al testigo de un crimen para sacarle información, al menos no en las primeras investigaciones. Si fuesen verdaderos policías hubieran hubieran tenido acceso a los interrogatorios de los directamente involucrados en el hallazgo del cuerpo del niño (Abel, Emma, el monitor, etc.) y sabrían que Emma ayudó a descubrir el cuerpo. Más aún, si los policías supuestamente ya conocían a los presuntos homicidas, sería más sensato para ellos buscar y torturar a los delincuentes que al principal testigo ocular. Supongo que, al no poder investigar directamente el caso por temor a ser descubiertos, los secuestradores se guiaron únicamente por las noticias de los diarios y Abel fue torturado para saber el nombre de Emma y eliminar así a todos los posibles testigos.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 27 enero 2013 17:25)

    Espero que os gustara.
    Hora de leer vuestros comentarios.

Animal es el que abandona a su mascota.

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