Me suicido por ti

1ª Parte

         Yadira estaba enamorada de David desde que le conocía. Era difícil entender por qué ya que él ni siquiera parecía saber que existiera. Iban al instituto y desde que entró aquel año y le vio por primera vez en el patio, rodeado de sus amigos, siempre sonriente y gastando bromas, perdió la cabeza por él. Era de un curso por encima y ni siquiera la miraba cuando se cruzaba a su lado. A veces ella se quitaba la chaqueta, se desabrochaba un par de botones de su camisa y otros detalles para que se fijara en ella. Pero él miraba a las chicas mayores.

         Durante aquel año tuvo la gran suerte de que sus hormonas comenzaban a funcionar y sus formas de mujer fueron acentuándose de forma notable. Fue el primer año que tuvo que comprarse sostenes y otros chicos comenzaban a mirarla y la hablaban con nerviosismo.

         Un día se cruzó con él y se chocó a propósito dejando caer sus papeles al suelo. Él se enojó al principio pero al verla recogiéndolo todo se agachó y la ayudó amablemente. Era la primera vez que conseguía que la mirase.

         - Eh... disculpa - dijo él -. Pero debías estar despistada, me has atropellado.

         - Lo siento, estaba mirando a otro lado - mintió ella.

         - No pasa nada... - dijo él, que no pasó por alto la mirada tímida que le dirigió ella ya que la miró con ojos tiernos.

         - Gracias por ayudarme - respondió Yadira cuando él le dio las hojas que cogió del suelo.

         - Ten más cuidado - aconsejó él, con dulzura.

         Aquel día no cambió nada, aparentemente. Para ella fue lo más emocionante que le había pasado en su vida y para él no fue gran cosa. Para afianzar el encuentro debía volver a hacer algo que hiciera que se fijara en ella pero no podía tropezarse con él por miedo a que la considerase una torpe. Lo que sí había cambiado entre ellos, desde ese día, era que él la miraba cuando creía que ella no se daba cuenta. Sospechaba que le gustaba pero no se atrevía a decirle nada así que pensó que debía darle un empujoncito si no quería esperar eternamente.

         Se le ocurrió que podía intentar hablar con un amigo común, pero al ser de cursos distintos iba a ser complicado. Era tan difícil hacerse amiga suya como de cualquier otro de sus amigos.

         En una de las casualidades de un día cualquiera, en el descanso entre clase y clase, le escuchó decir a sus amigos que iba a ir al cine esa tarde con su hermana. Se enteró que irían a ver una película de dibujos animados y sintió que su amor creía aún más porque era tan bueno que se ofrecía a llevar a su hermanita al cine.

         «Iré y nos encontraremos allí, tendrá que admitir que me conoce y puede que me hable de su hermana y nos hagamos amigos.» - pensó, ilusionada.

         Así lo hizo, fue al cine sola porque no quería que ninguna amiga le estropease el momento y, como suponía, lo encontró con su hermana. ¿Su hermana? Era mayor que él y era guapísima. Además no tenían pinta de hermanos ya que él la tenía cogida de la mano y susurraba mucho en su oído.

Aquello le sentó muy mal pero lo que peor le sentó fue verles besarse en los labios.

         Desilusionada se fue a casa sin atreverse a acercarse a él. Durante un mes estuvo deprimida y sus padres no sabían qué le pasaba. En el instituto ya ni siquiera quería fijarse en él pero no podía evitarlo, era tan lindo... En sus miradas, él comenzó a darse cuenta de que le miraba mucho y comenzó a devolvérselas, sonriendo.

         Podía ser buena señal. ¿Habría dejado a su novia secreta?

         En navidad se celebró un baile en el instituto y ella sabía que él nunca se acercaría para pedirle que le acompañara. Seguramente acudiría con su novia. Ella ni siquiera pensaba ir. Le habían pedido ser su pareja un par de chicos, uno de ellos era simpático y hacía trabajos de ciencias con ella, se llamaba Rubén y quizás le hubiera dicho que sí si no estuviera tan enamorada de David. Su corazón ya tenía dueño pero su dueño ni siquiera lo sabía.

         Un día le miraba, como de costumbre, y él se la quedó mirando. Se acercó y a cada paso que daba su corazón se aceleraba más. Entonces se detuvo frente a ella y la saludó sonriente.

         - Hola - dijo, despreocupado.

         - Hola - respondió ella, colorada como un tomate y sin saber qué decir.

         - ¿Cómo te llamas? - preguntó él, algo inseguro.

         - Yadira - respondió.

         - Encantado, Yadi, yo soy David.

         Yadi... Yadi... Yadi... nunca nadie la había llamado así. ¡Era tan encantador!

         - ¿Qué quieres? - preguntó hecha un manojo de nervios, tratando de disimular mirando en otras direcciones.

         - Me gustaría ir al baile contigo. Me gustas, ¿sabes?, hace tiempo que me he fijado en ti.

         - ¿Al baile? - pensó en mentir, decirle que lo pensaría, que era un desconocido... pero no lo pensó más de dos segundos -. Por supuesto, claro, me encantaría.

         Y sonrió lo más normal que pudo intentar; no sin sentirse como una tonta.

         - ¿Genial quieres que te recoja en tu casa? Puedo acompañarte luego, después de clase, y así sabré dónde vives.

         - Claro, estupendo.

         Dicho eso se despidió con un gracioso gesto de la mano y la dejó flotando entre nubes de algodón imaginario que llenaba su mundo de luces y aromas de ensueño. Se sintió tan feliz que volvió a su clase con una sonrisa de felicidad como no había tenido nunca.

        

         Cuando terminaron las clases - se le antojaron eternas -, él estaba esperándola en la puerta de su aula con una sonrisa encantadora. Saludó a un par de chicos de su clase y luego se la quedó mirando como embobado. ¿Sería verdad? ¿Estaba tan enamorado de ella como ella lo estaba de él?

         Se saludaron tímidamente y no dijeron nada en toda la salida del instituto hasta llegar a la calle, lejos de los demás compañeros. En todo ese trayecto muchos de los amigos de David le hicieron gestos aprobadores, como si hubiera conseguido un gran éxito y él simplemente les sonreía y no les daba demasiada importancia. Todo ello la hizo sentir importante ya que significaba que les había hablado de ella. Se pellizcó disimuladamente ya que temía estar soñando.

         - Hace buen día hoy - dijo él.

         - Me alegro de que me... - había dicho ella justo al mismo tiempo que él había hablado.

         - Adelante, habla tú - ofreció él.

         - No, tú.

         - Venga no seas tonta, no decía nada.

         - Solo quería decirte que me alegro de que me pidieras ir al baile, ¿sabes?

         - Más me alegro yo de que aceptaras.

         - ¿Cómo se te ocurrió? No me conoces de nada - preguntó Yadira.

         - Desde que casi me rompes el hombro, no hago más que fijarme en ti. Eres la chica más guapa del instituto.

         - Eso se lo dirás a todas - bromeó ella, sonrojándose.

         - No, solo a las que le pido que sean mi pareja de baile.

         Ella le miró enojada.

         - ¿Se lo has pedido a otras?

         - No mujer, era una forma de hablar - se disculpó él, rascándose la cabeza.

         - Bueno... lo siento, estoy algo nerviosa. No he tenido nunca una cita.

         - No te preocupes, no voy a morderte. A menos que me lo pidas.

         Yadira sonrió. Cada vez le gustaba más.

         Cuando llegaron a su casa él la besó en la mejilla y se despidió cortésmente, prometiéndola que iría a buscarla a las ocho de la tarde.

         El baile sería en unas horas y tenía toda una tarde para ponerse guapa para tal evento. Iba a tener que pedirle dinero a su padre para comprarse el vestido más bonito que hubiera en las tiendas. No era problema ya que se habían pasado toda la semana preguntándole si iría y ella respondía que no. Luego ellos la animaban y le decían que si no iba era porque no quería y al fin les había hecho caso así que no tendría problemas para que la llevaran al centro a comprar su vestido.

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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