Me suicido por ti

2ª Parte

 

         Se compró un vestido blanco con flecos violetas con un escote abierto pero no exagerado. Se ceñía perfectamente a su cintura y se sentía realmente bonita y sexy con él. Estaba a punto de cumplir los quince y su cuerpo ya era el de toda una mujer. Nunca se había sentido tan feliz y tan segura de sí misma como ese día.

         David se presentó a su hora, puntual como un reloj. Entró a saludar a sus padres y éstos le invitaron a esperar en el salón hasta que estuviera lista con el escondido pretexto de interrogarle y conocerle mejor. Mientras le preguntaban sobre su familia, a qué se dedicaban sus padres y qué notas sacaba, ella se maquilló con lápiz de labios rosa brillante y con brillo de ojos azul turquesa. No necesitaba mucho ya que sin maquillarse se veía bonita. La felicidad que rebosaba le daba una belleza indescriptible. Estaba contenta con el cambio que estaba dando su cuerpo.

         No le hizo esperar, salió y le dio dos besos. El contacto de sus labios era tierno y cálido y quería besarle en los labios apasionadamente pero era muy pronto para lanzarse. Además quería que su primer beso fuera perfecto.

         Fueron al baile andando y no se dijeron nada en todo el trayecto. No fue necesario porque en el camino él se atrevió a cogerle la mano y entrelazó los dedos con los suyos. Ella sintió vergüenza pero no se lo impidió. Le miró y vio que la sonreía.

         - Estás espectacular - dijo él.

         - Gracias, tú también - se ruborizó un poco al decir eso.

         La fiesta estaba abarrotada y él bailó con ella todo el rato, le ofreció beber ponche - supuestamente sin alcohol -, y ella lo bebía. Sospechaba que le estaba echando licor porque sentía que se estaba mareando más cuanto más ponche tragaba. Pero tenía sed y nunca le rechazó nada cuando se ofrecía a traérselo.

         Así se pasó la fiesta tan rápido que no se enteró. Eran las cuatro de la mañana y ya estaban en la puerta de su casa, para despedirse. Nunca se lo había pasado tan bien ni había sido tan feliz.

         - Déjame subir - pidió él.

         - No puedo, mis padres me esperarán despiertos.

         - No creo, las luces están apagadas.

         - Pero... ¿no crees que vas demasiado deprisa?

         - Vamos, te quiero, al amor no se le puede poner freno.

         Ella terminó aceptando porque la besó en la boca y la hizo subir al séptimo cielo con la suavidad de sus  labios y su decidido y apasionado abrazo.

         De alguna forma consiguió que sus padres no se enteraran de que él entró en casa con ella. Se colaron en su cuarto y él la abrazó y la siguió besando en silencio, lamiéndole el labio superior de la boca de una forma lasciva que la volvía loca. Yadira nunca había besado a alguien antes y no sabía si él lo hacía bien o mal, pero sí estaba segura de que la excitaba mucho cómo lo hacía.

         David le quitó la ropa delicadamente y se desnudó después. Verle desnudo no la escandalizó, cosa que fue toda una sorpresa para ella ya que era la primera vez que veía a un hombre así. Le deseó, tenía un fuego que la devoraba por dentro y le atrajo hacia ella, completamente sometida a su voluntad.

 

        

         A la mañana siguiente, Yadira se despertó con una enorme sonrisa en la cara. Abrió los ojos y vio su cama vacía... él debió marcharse antes de que pudieran descubrirle sus padres. Se dio cuenta de lo tonta que había sido por no haberle dado el teléfono el día anterior, ahora intentaría hablar con ella y no iba a poder.

         Durante todo el fin de semana imaginó cómo sería el reencuentro con su príncipe azul, en el instituto. Se verían el lunes, para recoger los resultados de los exámenes. Puede que los días de descanso normalmente fueran demasiado cortos, pero ese fin de semana se le antojó interminable. Sus padres le preguntaron qué tal lo había pasado en la fiesta y ella solo decía que muy bien, con una sonrisa tonta en la cara. No podía decirles que había perdido la virginidad con el chico de sus sueños, «no lo habrían entendido» - pensaba, feliz.

 

         El tiempo pasa incluso cuando son tan lentos como una balada de rock. El lunes por la mañana fue al instituto ilusionada y buscando a David entre la gente. Sus amigas le preguntaron qué tal lo había pasado con "ese chico tan guapo" y ella respondía que lo habían pasado genial.

         Entonces le vio. Al verle aparecer su rostro se iluminó con una sonrisa. Iba con su grupo de amigos y hablaban y se contaban cosas entre carcajadas. Él no la vio a ella pero pudo escuchar lo que iba diciendo.

         - Fue facilísimo - explicaba -. Solo tuve que echarle ron en el ponche y al final de la noche estaba rendida a mis pies. ¡Me la follé como tres veces y la tía quería más!

         - Uuuuu - corearon sus amigos -. Voy a tener que probar con esa gatita.

         - Colega, eres un fiera - le decía otro -. Mi ejemplo a seguir. La mía fue de lo más estrecha.

         - Pues yo ni siquiera llegué a su casa - protestó otro -, se marchó con sus amigas. No me extraña, me puse a beber... no sé ni como llegué a mi casa.

         Todos se rieron. Entonces se cruzaron con ella y David la miró. Cuando lo hizo ella esperaba ver su cara sorprendida, quizás avergonzada porque le hubiera podido escuchar. Esperaba que saliera del grupo y se intentara explicar pero pasó algo mucho peor. Siguió caminando y ni siquiera la saludó.

         - ¿David? - dijo ella, apenas sin aliento y con lágrimas brotando de sus ojos que escapaban de su control.

         Sus amigos se detuvieron y él no tuvo más remedio que hacerlo también.

         - Vamos, habla con tu novia - recomendó uno de ellos.

         - No es mi novia, es un rollete - replicó él malhumorado.

         - Pues ella no lo ve así - contestó el otro.

         David se quedó y los demás se marcharon. La miró como si sintiera lástima, como a un perrito lastimado.

         - ¿Qué te pasa? ¿No tuviste suficiente? - preguntó, incómodo.

         - No puedo creer lo que oigo - susurró ella, con las lágrimas goteando en el suelo -. Creí que entre tú y yo había algo.

         - Fue increíble, ¿eh? - replicó David sonriente -. Pero solo fue un rollete. Ni siquiera me conoces, ¿me vas a decir que te has enamorado de mí?

         Iba a contestar que sí, pero no lo hizo. En su lugar le dio la espalda y salió corriendo a las escaleras.

         Se alejó de él y le perdió de vista. Su dolor era tan intenso y se sentía tan sucia, tan utilizada, tan terriblemente engañada, que no se creía capaz de soportarlo ni un segundo más.

         Se metió en el cuarto de baño del último piso y en una de las letrinas se encerró y lloró a moco tendido sufriendo temblores y espasmos que no podía detener.

         Si David, que era el chico de sus sueños, la había ultrajado de esa manera, quería morirse y que se la tragara la tierra. Nadie entendería el dolor que estaba sintiendo. Si se enteraban sus padres… no quería ni pensarlo, la matarían. Y más si se quedaba embarazada. Habían estado horas en la cama. La primera vez usaron protección, la segunda también, pero la tercera no le quedaban más condones y lo hicieron sin nada. Recordó que le dijo que siempre llevaba algunos encima por costumbre, no porque planeara nada. Qué cerdo mentiroso. Se sintió asqueada por recordar esos momentos como algo maravilloso e inolvidable cuando había sido utilizada sin escrúpulos y sin el menor sentimiento. La había engañado, la había seducido y ella había picado como una tonta.

         "Solo era un rollete", esas palabras se clavaban con crueldad en su corazón y le causaban un dolor insoportable. ¿Por qué había sido tan ingenua?

         Sin darse cuenta se había estado cortando las muñecas con las uñas. Vio que salía sangre de varios de los cortes y aunque no le hacían sentir mejor, al menos era una forma de expresar su ira contenida. Ira contra ella misma por ser tan estúpida.

         Cuando logró controlar sus lágrimas salió de la letrina y se lavó la cara y se cubrió la muñeca para que no se vieran sus heridas. Qué diferente estaba respecto a la noche anterior. Sus ojos tristes, sus labios contraídos, sin color, pálida y sin una chispa de vida ni alegría en su rostro.

         Salió del baño y fue a su clase a recoger los resultados de los exámenes de todo un año de estudios. Allí estaban sus amigas, que al verla llegar le preguntaron de mil maneras diferentes qué habían hecho. Estaban más interesadas por el chisme general que por su estado de ánimo. Se dio cuenta de que todos los chicos la miraban ahora con otros ojos, no con cariño ni respeto, solo con ojos sucios y pervertidos, y las chicas con desprecio.

 

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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