Nueve de corazones

11ª parte

            Recogió sus cosas, llamó al botones y le dijo que subiera a ayudarle a llevar las maletas. Se marcharía, sí, pero no muy lejos. Había visto un hotel mucho más lujoso que ese en la misma calle donde quedó con ella. Buscó entre sus pasaportes y eligió el inglés. A partir de ahora debía recordarlo ya que oficialmente dejaría de llamarse Antonio Jurado durante un tiempo.

            Una vez resuelto el tema de las pruebas, su mente volvió a ocuparse de Brigitte.

            Le propondría que se fugara de casa y dejara una nota a su marido para que no la buscara. Le diría que había que hacerlo porque el amor requiere de gestas heroicas y la mera esperanza de que ella aceptaría, le sirvió de inspiración para escribir una carta de amor. La primera que escribía en su vida:

 

Si supieras cuanto te amo

olvidarías todos los tristes momentos,

largos años que vivimos en el páramo

oprimidos sin amor hasta los cimientos.

 

Pienso en la manera de besarte,

imagino la textura de tus labios,

encuentro en esos momentos tan tiernos

nuestros sueños más románticos y eternos,

sintiéndonos felices, completos y sabios,

o pensando en cuánto me gustaría darte.

 

Eres el brillo de la vida en mis ojos,

nado en colores vivos, azules y rojos.

 

Tú me has hecho resucitar,

una vida parece insuficiente para disfrutar

si en ella tú me vas a acompañar.

 

¿Acaso vienes del cielo?

bésame en los labios, por favor

roza mis mejillas con tus dedos

abrázame y enciende mi pasión

zanja mis penas por compasión

oscurece con tu pelo mis miedos

solo a tu lado dejaré de sentir pavor.

 

¿Es que no te das cuenta?,

sin la luz de tu mirada mi vista se empaña

tengo el corazón oprimido,

oscuro, triste y suprimido

y es tu presencia que no me acompaña.

 

Vivo entre la luz y las oscuridad

aquí y allá todo cambia sin parar

con la sola condición de tu ausencia,

incómodo, soy incapaz de preparar

otra noche más sin ti en la adversidad.

 

Solo me hace falta ver tu rostro,

imagen pura de la bella adolescencia,

no me mires de reojo si ves que por ti me postro.

 

Tantas mariposas revolotean en mi pecho,

incontables latidos provocas en mi corazón satisfecho.

Para Brigitte.  

 

            Sí, había salido bonita. Siempre le había gustado escribir, no fue una mentira que le dijo a ella. Hasta ahora nunca se había planteado que lo pudiera hacer bien. Ese poema era muy profundo y además tenía una frase escondida. Leyendo la primera letra de cada frase, uniéndolas, podía leerse "Solo pienso en tus abrazos, estoy vacío sin ti". A lo mejor era demasiado, pero con un poema así, no volvería a dudar de que era escritor ni que él sentía algo que nunca había experimentado, por ella.

            Se fijó en la hora y vio que las dos agujas estaban juntas, señalando las doce. Tanto escribir le dio sueño y envió el correo antes de que se arrepintiera de abrir su corazón y exponerse por primera vez en su vida a que se lo pisotearan.

           

 

            El Sol mañanero le despertó borrando todo recuerdo de sus sueños. Se sintió abatido porque tenía la impresión de que había olvidado una experiencia bonita, algo que quería haber apuntado en sus notas. Pero su memoria comenzó a funcionar, haciéndole saber que no era un sueño, que Brigitte era real y le había dicho lo mucho que le quería.

            Casi sin poder ver, porque acababa de abrir los ojos y aún tenía la visión borrosa, encendió el portátil, ansioso por encontrar una respuesta de ella. Eran las seis de la mañana y quedaban trece horas para volver a verla conectada al Chat. Un tiempo insoportablemente largo.

            Abrió su correo y lo encontró vacío. No había contestado. Suspiró y se preguntó por qué estaba todo cambiado de sitio. La televisión ya no estaba frente a la cama sino en una esquina. Ese hotel tenía bastante más espacio, hasta tenía un comedor para él solo. Dudó si había pasado algo sobrenatural pero finalmente recordó que tuvo que cambiarse la tarde anterior y registrarse en ese hotel con otro de sus nombres falsos. Tenía siete pasaportes de distintas nacionalidades y en ese hotel había usado la inglesa. Si la policía le buscaba, no daría con él aunque pasara delante de sus narices.

           

 

            La mañana pasó lenta y perezosamente. Ni las pesas, ni la sauna del nuevo hotel, que parecía hecho para reyes y jefes de gobierno, consiguieron quitarle la pesada carga del paso de los segundos, que se movían ralentizados por alguna fuerza oscura que se había propuesto matarlo de impaciencia. Al volver a su habitación, recién duchado, volvió a consultar su correo y vio que ella había respondido.

            Al ver el contenido se quedó un poco decepcionado porque solo había tres líneas.

           

 

            Nunca me han escrito nada igual.

            Quiero verte a las siete en "tu" restaurante.

            Te amo,

                                                           Brigitte

 

 

            Cuando comprendió que volvería a verla su mente sufrió una sobredosis de felicidad y se dejó caer en la cama, dejándose embriagar por el elixir maravilloso del amor.

 

            Se pasó el día entero pensando en ella y no hizo nada que fuera digno de mencionar hasta que llegó la hora. Que se hubiera cambiado de hotel no significaba que no pudiera ir a su restaurante.

            Llegó puntual a la cita y se preparó lo más guapo que pudo. Se puso una camisa de seda negra, un pantalón de vestir negro que parecía de traje, unos zapatos que nunca había estrenado y que parecían de charol pero para ejecutivos importantes, un reloj negro tan ancho que le ocupaba toda la muñeca. Pensó que si tuviera que elegir una prenda de cada cosa que tenía, esas eran las mejores y más cómodas. También las más caras, ya que la suma de todo superaba los mil quinientos dólares.

            De camino, paró en una floristería y compró una rosa roja, la más bonita que tenían.

            Ella apareció con un vestido azul escotado. Estaba maquillada con unos colores muy naturales y se había pintado los labios de color rojo fuerte. Antonio sintió que se le paraba el corazón al verla. Creyó que nunca había visto a una mujer tan bonita en su vida. Aunque sabía que era por culpa de sus sentimientos alocados.

            - He contado los minutos - reconoció él.

            Antonio se quedó pasmado cuando ella se acercó y le dio un beso en los labios que le dejó sin respiración. Se abrazaron y se dejaron embriagar por el contacto íntimo de los dos. Nunca antes había sido tan feliz en su vida y lo único que acertó a pensar, mientras la besaba era un sentido agradecimiento a Dios por semejante regalo.

            Cuando se apartaron, la miró embobado. Ella sonreía con picardía.

            - ¿Te ha gustado tanto como imaginabas? - inquirió Brigitte.

            Antonio soltó un profundo suspiro y sintió que estaba flotando a cientos de metros del suelo. Le mostró la rosa y ella la aceptó con una encantadora sonrisa. La olió y la envolvió con ambas manos, emocionada.

            - Es preciosa.

            - Vaya - fue lo único que acertó a decir.

            - Mi marido no llega hasta las nueve - dijo ella-. Tenemos muy poco tiempo, ¿vamos a tu habitación?

            - Mi... Mi habitación - si le decía que ya no estaba allí tendría que darle una explicación y ahora su cerebro estaba bloqueado por completo.

            - ¿No estabas en este hotel? - preguntó ella.

            - Estaba - reconoció, nervioso -. Pero cuando quedé contigo vi uno mucho más bonito y me cambié. Es lo que tiene tener tanto dinero. Cuesta el triple, pero merece la pena. Deberías ver el gimnasio y la sauna.

            - No es eso lo que me gustaría ver - dijo ella con una sonrisa pícara -. Vamos, no perdamos tiempo.

Animal es el que abandona a su mascota.

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